martes, diciembre 09, 2008

Un bonito pensamiento

Una mujer feliz durante el festival Tanabata

Mi estimada amiga Chen regresó a su natal China después de acabar su doctorado en la facultad de ingeniería ahora en noviembre. Luego de intentar varias veces salir a comer antes de su regreso, nos tocó conformarnos con un café y unas galletas en el comedor de la universidad. Chen sólo vino por un año para terminar su disertación sobre consumos energéticos en diseño arquitectónico, y ese tiempo vivió en un apartamento de las residencias universitarias, justo encima del mío. De ahí que yo supiera cuando entraba o salía y, luego de coincidir varia veces en el transporte público, terminara por invitarla a salir a comer. Tomando el café recordamos todas esas cosas, charlamos también del futuro y de los planes de cada uno. Antes de separarnos, le pregunté porque había estado tan ocupada en esos últimos días en Japón. Me contestó que había tenido que ir a Tokio, a una fiesta donde le presentaron a un premio Nobel. ¡Un premio Nobel! Wow, ¿Nobel en qué? Le pregunté. Ella dudó. En el Nobel de nuestro campo, dijo aún pensativa. ¿El de física? ¿O quizá el de química? Este año hubo laureados japoneses en ambas ramas, así que era bastante posible. ¡No, no! El otro, el de nuestra rama... pensamos juntos, pero a mí no se me ocurría nada... El del año pasado, el de Paz, por fin dijo con una sonrisa. Se refería al IPCC y el trabajo en cambio climático. Comentamos un poco la experiencia y al rato nos depedimos, por quién sabe cuanto tiempo. Algún día querría agradecerle la buena energía que me dejó.

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