viernes, diciembre 23, 2011

El Catador de Embutidos

Segundo tomo de la pentalogía de la incompletud

(hoja rasgada por la mitad, numerada con un tres)

...para siempre perdida. Quizás

sábado, diciembre 17, 2011

DDHH: Aquella nueva vieja utopía

(Hace más de dos meses empecé a escribir esta reseña y si no la publico así, a medio acabar, luego se pierde. Disculpas)

¿A quién no le gusta hacer parte de una gran narrativa histórica? Saberse heredero de la fuerza y la sabiduría de una civilización capaz de proezas deslumbrantes; pertenecer a aquella estirpe que en determinado momento jugó un papel fundamental haciendo del mundo lo que es y será; verse legitimado a emprender proyectos hercúleos, en la frontera de lo imposible; dar opiniones sobre lo humano y lo divino, separar el bien del mal.

Muchas de esas historias pululan en el día a día. Historias de patria, de raza, de clase, de religión. Ideas que usamos de escudo y bandera para sortear las incertidumbres profundas de la existencia, algunos incluso para ganarse la vida. Entre estas podemos contar también la idea de los derechos humanos: esa visión utópica de una humanidad en plenitud, aquella certificación que expide cada año los Estados Unidos, ese cubil en Naciones Unidas donde africanos y asiáticos discuten sobre la verdad del holocausto, contundente leitmotif que adereza los reportes de sufrimiento alrededor del mundo, esa compañera habitual de la indignación. El conjunto es particular, no hay duda, pero eso sólo hace más intrigante conocer los recovecos en la evolución de una idea tan poderosa a la hora de mantenerse a la altura moral de la época.

Pero ¿y si no existe tal legendaria historia? ¿En qué quedamos si los derechos humanos resultan ser un movimiento que apenas empezó en los setentas? Porque ese es precisamente el principal hallazgo de Samuel Moyn, un historiador de la universidad de Columbia que se dio a la tarea de construir por primera vez esta historia. Si, por primera vez, porque aunque sería falso afirmar que es escasa la literatura sobre los derechos humano, todo lo contrario, Moyn se encuentra con que los especialistas presentan aquella historia de la misma manera como antes se presentaba la historia de la iglesia. Es decir, verdad revelada, algo que en lugar de ser inventado es descubierto. Moyn dedica entonces el ochenta por ciento de su libro a desmentir uno a uno los mitos fundacionales de los derechos humanos, y al final dedica un momento a responder la pregunta de marras.

El primero y más famoso origen de los derechos humanos es la larga discusión sobre la existencia de derechos naturales, la cual empieza con los griegos y se materializa en los derechos del hombre y la revolución francesa. Dejando a un lado lo que en la práctica resultó de dicha revolución, Moyn muestra cuan distinta es la naturaleza de ambas ideas. Mientras que los derechos naturales y del hombre sirvieron—y aún sirven—para fundar la idea del estado, los derechos humanos buscan, por el contrario, trascenderlo. Los derechos naturales aparecen ya en Hobbes con el fin de fortalecer al Leviatán. Así aparecen en la constitución estadounidense, entre otras. Incluso Marx presento en su obra los derechos del hombre como parte del problema, no de la solución. La idea romántica que ensalza a los pensadores franceses con la moral mundial de hoy en día carece de fundamento real.

El referente por antonomasia de los derechos humanos es la Declaración Universal que acompañó la creación de las Naciones Unidas pero, como comenta un observador, la idea murió en el proceso de su nacimiento. Los derechos humanos aparecieron como un eslogan de la guerra, una razón para apoyar a los Aliados. Sin un contenido definido, la idea sirvió a Roosvelt para promover sus ideas, algo así como las famosas 'locomotoras'. Luego, la creación de las Naciones Unidas tuvo por objetivo lograr una balanza de poder, no moralizar el mundo. Una vez claras las reglas de funcionamiento del Concejo de Seguridad, el resto fueron adornos. La formulación de la declaración fue percibida desde el comienzo como "occidental", y de su votación se abstuvo el gobierno soviético—síntoma de cosas por venir.

Sin embargo, los detalles que más convincentes de la historia de Moyn tienen que ver con la irrelevancia de la Declaración después de su aprobación. Mientras los cristianos, que antes se oponían a los derechos porque a través de ellos se creó el estado secular, empezaron a apoyar los derechos humanos—prueba de que los humanos son hijos de Dios, no del estado—ningún pensador en ese momento le interesó promoverlos, defenderlos, o tan si quiera definirlos. Las misiones humanitarias de NU que se siguieron no usaron los derechos humanos como bandera, y tanto los resultados de los juicios de Nuremberg y la convención contra el genocidio fueron concebidas en su propio marco de ideas.

Los derechos humanos tampoco surgieron con los movimientos anti-coloniales y de autonomía que se sucedieron en la posguerra. Muy al contrario, argumenta Moyn, estos surgieron en parte debido a la crisis de estos. Las campañas de liberación no usaron la idea de los derechos humanos, aunque sí la de los derechos del hombre, en tanto que servía de sustento para crear sus propios estados. Los idealistas de pies en la tierra al comienzo apoyaron los alzamientos en armas que siguieron al anti-colonialismo, pero pronto tuvieron que repensar su posición, ante las guerras, dictaduras y estados totalitarios que siguieron aquellos sueños de libertad.

Moyn encuentra el germen de lo que hoy llamamos derechos humanos en los disidentes del régimen soviético en los sesentas y setentas. Por ejemplo, Andrei Dmitrievich Sakharov tituló su discurso al recibir el nobel de paz en 1975 "Paz, Progreso y Derechos Humanos", leído en su ausencia por su esposa. La idea es simple: ante el fracaso de las grandes ideas, "volver de los problemas globales a la defensa de los individuos".

Claro, la cosa en Latinoamérica no podía ser sencilla. Los derechos humanos fueron usados por OEA después de expulsar a Cuba, mientras se hacían los de la vista gorda con otros regímenes. Por otro lado, la iglesia en los estados militares como Chile, se acogió a la idea de los derechos humanos para intentar hacer contrapeso a las atrocidades en su propio patio.

Entre tanto, la conferencia de los 20 años de la Declaración Universal en Teherán terminaba en un soberano fracaso. Los derechos humanos también aparecen en los acuerdos de Helsinki, que buscaban reducir las tensiones a ambos lados de la cortina de hierro, pero esta sección del tratado, según Henry Kissinger, importaba un pepino.

Parte del problema, académico por lo menos, radica en la dificultad de introducir en el derecho internacional a los individuos a la par de los estados, su objeto original de estudio. A esto Moyn le destina otro capítulo de su estudio, delineando los argumentos que disuadieron un apoyo temprano a la idea, que sólo surgió hasta que el movimiento fue creciendo por si solo.

Moyn cierra haciendo un balance de las tensiones que soporta esta última utopía en pie. Mientras la idea de los derechos humanos se consolidó por su minimalismo, más allá de lo político, bajo su sombra se han ido acumulando asuntos que no corresponden a esta naturaleza. Pero esto es algo que los seguidores del movimiento aún no aceptan. Es una elección dura: dejar la moralina y reconocer su nuevo carácter político, o retroceder en sus exigencias. En mi opinión, ninguna de las dos parece posible, aunque me inclino por la segunda. Como admite el autor, quien prefiere la primera, que sólo haya quedado esta, no quiere decir que en el futuro no habrá otras utopías. Mi apuesta va por esas utopías invisibles.

Un muy buen libro, sobre todo para los escépticos.



lunes, octubre 10, 2011

¿Existe el UNal style?

Esta semana que pasó fui testigo mudo de un intercambio de correos electrónicos, de esos que antes enardecían pasiones, pero que ahora producen algo distinto. Con la intención de exorcizar esos demonios, reproduzco los sucesos:

Primero, Mr. T, a través de una lista de correo sobre innovación de la U Nal anuncia un evento sobre innovadores en el aprendizaje de ciencias, el cual tiene un precio de 100.000 pesos por participante.

Dos días después aparece Mr. H, sociólogo de la UNal:
Me parece el colmo que cobren por una actividad de ese tipo.
Ese fue todo el contenido del correo.

Entonces Mr. TT, al parecer no relacionado con W, responde:
Estimado H

Creo el colmo es que haya personas que no conozcan el costo de las cosas y/o llevarlas acabo y quieran todo gratis !

Un cordial saludo,
Mr. H empieza:
En un país serio, nadie haría negocio con los profesores de ciencia y tecnología. La idea de sacarle ganancia a todo, termina por empobrecernos a todos. Por supuesto, esto no lo pueden ver aquellos que creen que la suplica es por que den todo gratis. Nada es gratis. la diferencia es el criterio con el cual se realizan los proyectos.
Mr. TT contesta:
H,

Parece que estás asumiemdo que el evento es para dejar ganancias a sus organizadores y no para los objetivos consignados, adicional estás pasando por alto que se requieren recursos para organizar el evento.

Por otro lado, ¿a qué te refieres con "país serio"? ¿podrías, por favor, exponer tu idea y dar ejemplos?

Muchas gracias y un feliz día,
Entonces cae la bomba H:
Gracias por las preguntas. Países cono la China, Japón, Corea, la India y Singapur e incluso Brasil envían a sus estudiantes PAGOS POR EL ESTADO a estudiar en universidades europeas y norteamericanas. Los escasos latinos que llegan son los hijos de los terratenientes que controlan el 50% de la tierra y los hijos de los políticos que se enriquecen con los presupuestos públicos. En Colombia se pierde por corrupción el 50% del presupuesto legalmente establecido. Una densa red de ladrones se quedan con la plata, aquella que se debería utilizar en eventos como el que nos ocupa. No tengo nada en contra del evento ni de sus organizadores, pero cobrarles $ 120.000 a aquellos que a duras penas llegan a dos salarios mínimos no me deja de producir vergüenza. El análisis de la economía política de un simple evento como este me permite afirmar que la ciencia y la tecnología se encuentra muy lejos de ser un objetivo colectivo y nacional, que a él sólo pueden acceder los que cuenten con los recursos, que en poco se tienen en cuenta las iniciativas y las capacidades. Igual esto hace parte de la ideología neoliberal que deja en manos de particulares lo que debería ser un objetivo nacional. Contrariamente a la ola de pensamiento imperante, que por todo se debe cobrar, deben existir cosas cuyo costo sea asumido por la sociedad en general. Es un tanto triste que en Rock al Parque el acceso sea gratis, en tanto en un evento de ciencia y tecnología sea necesario pagar. Es un tanto triste que las regalías sean apropiadas por una camarilla de mafiosos mientas que un evento de ciencia y tecnología debe ser costeado por los particulares. El mundo al revés. Colombia es un país salvaje que no logró estructurarse como una nación moderna, civilizada y democrática. Finalmente, nos encontramos tan alejados del mundo civilizado, que aquello que es claramente precario, distorsionado, pobre y salvaje, nos parece normal. De nuevo gracias por las preguntas.
Supongo que Mr. TT no tiene mucho tiempo para esto, así que se limita a:
H,

Las preguntas no iban por el lado de políticas educativas y no creo que éste espacio sea el adecuado para debatir al respecto.

Ahora, respecto de los ejemplos citados, conozco muy de cerca los casos de Japón, Corea e India y puedo afirmar que la observación hecha es bastante imprecisa por no decir completamente errónea.

Para resumir, dado que el estado no pagó por la realización del evento y sus organizadores aún así, motivados por colaborar, lo han de llevar a cabo, el que esté interesado en asistir, debe pagar por tal concepto.

Un cordial Saludo,
Alguien pide que dejen de usar el espacio para estas discusiones, pero pronto llega X, sociólogo UNal a mediar:

Buenos días, disculpen que intervenga en el debate. Me gustaría decir dos cosas:

1) Hay una polémica sobre la precisión o no de los argumentos de H, me parece interesante en aras de cualificar la polémica sí se sustentan dichas afirmaciones con textos puntuales, qué incluso permitan un seminario sobre Inversion pública en educación, administración y prioridad del gasto. Y hacerlo de manera comparada, por ejemplo entre paises de la OCDE.

2) Comprendo el punto de H, en principio este evento no debería limitar la participación de las personas interesadas tan solo por criterios económicos, "sí tiene dinero asista, de lo contrario gracias por su interés". Sería bueno, a manera de propuesta, ensayar una forma de inscripción alternativa, como por ejemplo una o dos cuartillas, manifestando el interés por el evento. Y otra quién desee apoyar ecomicamente y de manera desinteresada, que lo pueda hacer con toda libertad, y esperar qué pasa.

Saludos
cordialmente
Mr. Y, ingeniero agrícola U Nal a pedir más
Considero oportuno que no se termine un debate en este sentido, leyendo las intervenciones de las diferentes personas, considero que los argumentos que se estan dando deberían motivar un espacio de construcción sobre la ciencia y tecnología que requeire el país y las condicones que debería brindar el estado para que se construya -CTS.
Y Mr. Z atina a decir:
Triste pero muy cierto, lamento estar de acuerdo con H, pero es la triste realidad, en Colombia no hay con quien ni con que. Basta ver el papeleo de las convocatorias docentes o de Colciencias para unos becas y créditos condonables, cuando los padres de la patria, muchos de los cuales no tienen ni posgrado, se dan el lujo de que les paguen un súper salario y miles de ventajas mas. Yo era un abogado de Colombia, un acérrimo defensor, un patriota, pero en verdad, uno se cansa.

Ojalá algún día en el nuevo orden mundial encontremos nuestro lugar porque como estamos, estamos muy mal...

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La marea baja con N:
si señor que tristeza
Y Mr. H pone su broche de oro:
Excelente idea el seminario sobre Inversión pública en educación, administración y prioridad del gasto. Este seminario se debería complementar con un seminario sobre transparencia en Colciencias y acción colectiva e investigación científica en Colombia. Los resultados podrían ser sorprendentes. Pensemos en mecanismos para sacar adelante esta iniciativa. Agradezco a las personas que han tomado el debate con ética y altura. Cordial saludo,
A Mr. TT le queda cerrar cuando el auditorio ya está medio vacío:
Acuerdo en que es una excelente iniciativa, espero que sea llevada a cabo.

Adicional sería muy interesante que aquellos que creen que un evento se puede hacer fácilmente abierto al público sin pago, ojalá con sinceridad, al final compartan su experiencia y comentarios, ahora con una mejor visión de la realidad.

Un cordial saludo,
*****************************

La verdad, después de leer una vez más el intercambio, se queda uno cansado, sin ganas de replicar. ¿Es este el germen de la innovación nacional? ¿Se está gestando la nueva era de vanguardia tecnológica colombiana que anuncian los Santos? Creo que todo está resumido en la frase de Z:
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Nos vemos en los comentarios. Tal vez.

viernes, septiembre 23, 2011

Inframundo

Bienvenidos
Kyoto, Otoño 2010

Hay varias formas de pasear por un cementerio. Muchos sólo van el día que son llamados a ayudar con la mudanza de alguien cercano, cuando no se tiene cabeza para ponderar las condiciones del vecindario. Mantienen la mirada baja, procuran guardar silencio, y no pisan el pasto más de la cuenta. Algunos no volverán al sitio sino hasta la próxima mudanza, mientras que aquellos que repiten las visitas con alguna frecuencia suelen ignorar el bosque de tumbas cuando propician cuidados a su árbol particular.

Otros pasean por los cementerios para recrear una historia que sienten les pertenece pero que a veces parece desfallecer. Aquellos lugares donde se apilan recuerdos de caudillos y visionarios son común objeto de reverencia, y nunca faltan fanáticos y curiosos que se asoman cada tarde en busca del recuerdo de aquella fuerza que ahora les falta.

No sólo los ídolos inspiran a los paseantes. También las tragedias de legiones con o sin nombre convocan a la contemplación de lo que fue y podría volver a ser. Tanto la monotonía sagrada de los cementerios militares como las interminables colmenas donde yacen las víctimas motivan de vez en cuando un paseo dominical. El laberinto con o sin muros de las osamentas en reposo reduce al visitante a la nimiedad de su pequeña existencia, abriendo el camino a lecciones profundas de vida—aunque estas no necesariamente sean deseables. En todo caso, a pesar de su multitud, estas necrópolis se presentan como la unidad de un bien (o un mal) superior, y en la agregación pierden algo de humanidad.

Otro tipo de fuerza es la que se extrae del ejercicio subversivo de colarse en medio de la noche a hacer gala de las ínfulas de poder adolescente. La soledad acompañada de los cementerios cobra un nuevo significado cuando se pone el sol, y la miopía da vía libre a la imaginación. No es seguro si los adolescentes retan al mundo con sus transgresiones, o si las sociedades mantienen los tabús para cultivar a sus jóvenes; el caso es que la idea de mezclarse en la penumbra con los que ya no están es perturbadoramente seductora. El primer paseo tal vez no deje de ser placer onanista, pero quienes perseveran en este ejercicio, que no siempre requiere del desplazamiento físico e incluso puede prescindir de la oscuridad de la noche, tienen la oportunidad de descubrir tesoros preciosos, como los que se encuentran encerrados en la colección de cuentos 'Inframundo' de Javier Moreno.

Los cementerios son al final de cuentas colecciones de historias que no nos sabemos pero que tienen aquel final común que sobrecoge al visitante. Son potencia y diversidad, pero con un grado menor de incertidumbre. Los relatos de 'Inframundo' aprovechan esta poderosa multiplicidad para recrear pasiones cotidianas que carcomen hasta a los mortales más serenos. Cada una de las exploraciones y los casos escava un hoyo en el camposanto y deja que los restos hablen por sí mismos. Las voces se dejan escuchar con propiedad, dejando a un lado el lirismo de los ventrílocuos impostores. No hay excesos de drama, ni chistes flojos. Es decir, el médium hace su trabajo cabalmente y nos hace avergonzar de nuestro morbo juvenil.

Cuidadosamente elaborado, el Inframundo lo deja a uno con ganas de pasar más seguido.

jueves, agosto 25, 2011

Anhelos de equilibrio

Buqué de fuego

¿Por qué gustaran tanto aquellas obras que tienen una tragedia humana en el trasfondo? Hace unos meses comenté un libro de David Vann, el cuál extraía mucha de su fuerza de la experiencia del suicidio de su padre. El año pasado también leí "Indigno de ser humano" , un pequeño y caótico libro de Osamu Dasai, quién lo logró terminar de escribir antes de triunfar en su mayor pasatiempo: autodestruirse. Le tengo ganas a una novela que sólo se consigue en japonés, "Puente de madera", escrita en la cárcel por un japonés llamado Noryo Nagayama, cuyo caso es usado por la rama judicial japonesa como estándar para decidir cuándo un asesino merece la pena de muerte. En esta ocasión hago un breve comentario a la última novela de 'Proyecto' Itoh, Armonía, quién la terminó mientras estaba en el hospital intentando infructuosamente de ganarle la batalla al cáncer a sus 35 años.

En un futuro cercano, toda la información de la situación de los cuerpos humanos es trasmitida a una computadora central que les advierte de vuelta si se están comportando o no de manera saludable. Este gran hermano de la salud, encabezado por la Organización Mundial de la Salud, no llega a entender los pensamientos de las personas, pero las delatan sus signos vitales, según los cuales son reportados a los profesionales a cargo, "admedistradores"—mitad médico, mitad administrador—quienes se aseguran de que estén saludables. El sistema no es perfecto, porque sólo se puede entrar en el sistema después de la pubertad. Y tres jovencitas están dispuestas a hacerle trampa a su destino suicidándose mientras pueden.

El libro no será un hito de la ciencia ficción, pero esta lleno de detalles interesantes. Está parcialmente escrito en código de programación, lo que para los que entienden del tema les dará un relieve especial a la lectura. En el mundo imaginado por el autor, los libros electrónicos son lo normal, y ver los de papel es extraño; ser duro y pesado es algo antisocial. Además, la constante reflexión sobre lo subversivo del suicidio cuando se vive por obligación es un tema que en lo personal encuentro muy atractivo. Y, por último, el enigma central del libro, como lograr una sociedad en completa armonía, tiene un final perturbador. Los humanos tendemos a olvidar cuánto dependemos de estar fuera del equilibrio.

Recomendado, reyes filósofos.



domingo, agosto 21, 2011

Teoría general de las energías

En busca del consentimiento divino en forma de viento, Templo Jingu en Ise, Prefectura Mie

La sabiduría popular dice que uno debe reservarse de celebrar los buenos pronósticos hasta que se hagan realidad. ¿Puede haber algo más difícil? No creo ser el único que habrá experimentado esas ganas de compartir aquella alegría que tal vez será, de pensar en voz alta acerca de las posibilidades que parece traer el destino cuando esta de humor. Las noticias no dejan de rebotar entre sien y sien, y es imposible pensar en otro tema de conversación.

Pero la sensatez de los siglos y siglos dice que no, que hay que aguantarse. No ensilles antes de traer las bestias, recalcan algunos. Otros traen a colación la historia de aquel soberano romano, quien en medio de todas sus riquezas no se consideraba feliz. ¿La razón? No se puede cantar victoria hasta que se muere. Siempre existe la posibilidad de que la vida se guarde una última curva por la que nos iremos al abismo; las tragedias aguardan en cada esquina, y para sufrirlas no hay sino que estar vivo.

La formula más "académica" en que se expresa esta creencia es quizá aquella que aduce la disipación de las energías. Cuando uno recibe la noticia, toda la potencia de que las posibilidades se concreten se aglutinan en nuestro pecho, y de canalizar esta energía depende que la suerte se apiade cuando llegue el momento. Ir contando por ahí las posibles buenas nuevas es dispersar esta energía, mezclarla con los pensamientos impuros de otros, incluso generar un ambiente adverso hecho de las envidias que salpullen hasta en los corazones menos esperados—porque así somos lo humanos.

Cerrar el pico se vuelve entonces la prueba de fuego con la que se le mostrará al destino que uno es digno de sus dones. Parece sencillo, pero todo esa energía hace de los actos más naturales una proeza hercúlea, como pedirle a Orfeo que no mire hacia atrás en su camino fuera del inframundo. ¿Es esto suficiente para triunfar en la vida? Seguro que no, pero no seguir los principios de los antiguos es suficiente para sentirse culpable del resultado de la historia, así la revisión racional de todos los hechos nos haga pasar por orates.

Ahora bien, ¿y qué pasa en los casos en que los buenos presagios son todo por lo cual uno podrá ser feliz? Hay un comercial de alguna lotería japonesa que promociona no la dicha de los futuros multimillonarios, sino la felicidad habitual que le trae a las personas que la compran; ese galope de corazón que trae una esperanza. Dada las bajas probabilidades del asunto ¿hace alguna diferencia que uno le cuente al mundo que compró la lotería? ¿Necesitamos de una mejor teoría general de las energías para sobrellevar la menuda incertidumbre de nuestras vidas?

En todo caso, es de oráculos expresarse con palabras veladas, así como es ingenuo suponer que el destino no entiende que la entrada teórica en un blog cualquiera es un intento solapado de hacerle trampa.

miércoles, julio 27, 2011

Paraíso Reggeton

(Varios sucesos de esta semana me han hecho recordar este cuento que escribí hace más de siete años. Lo subo a la propia nubecita antes de que se refunda)


“Es chévere ser el mejor, pero es mejor ser chévere”

Héctor Lavoe


El Chamo asegura el amplificador a la parrilla de su ninja, enciende y arranca endemoniado. En un minuto ya está en la carretera, subiendo la loma. A pesar de la velocidad el aire está caliente, lleno de tierra seca y sal marina. Se va formando a su espalda el remedo de ciudad en la madrugada. El Rodadero es un poco de luces y bulla, una discoteca que tiene al mar de accesorio para cuando la montonera se emborracha o se arrecha. Por él, que se levantara una ola gigante y se tragara a ese burdel de mierda.

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El Chamo García vivía en el cuarto pequeño de una pensión en María Cacho, un barrio al occidente de Santa Marta. El abanico que venía con la habitación funcionaba y el baño estaba al final del corredor, como a dos puertas. Aunque tenía derecho a un cajón en la cocina, no lo usaba; en su lugar se robaba un espacio en la nevera, que no era comunal sino de su vecino del lado, el Joe, para guardar una botella de whiskey y una jarra de agua. El Joe (que el Chamo pronunciaba Jou, como le había escuchado a un gringo) al comienzo se emputaba, pero con el tiempo había terminado por ignorarlo. Sin embargo, jamás le dio su consentimiento. “Ese se guarda motivos para mandarme a comer mierda cuando se le de la gana”, decía el Chamo siempre que se acordaba del asunto.


Era sábado. Con un cruel mediodía de julio encima, no sabía si el dolor de cabeza era por el calor, la dormidera o puro guayabo. Apenas sintió algo de fuerzas se paró por un vaso de agua. En la cocina estaba el Joe, hombre juicioso, pescador de oficio, siervo de Cristo, almorzando lo que dejó para sí de la atarraya de la mañana.


- Entonce Joe, ¿harto pescado?- dijo con naturalidad el Chamo, sacando la jarra de agua de la nevera. El Joe levantó la mirada del plato e hizo esa mueca que no era ni una sonrisa prepotente, ni una cínica desaprobación, sino algo intermedio, la cara que el Chamo imaginaba hacían los curas del otro lado del confesionario.

- Gracias al señor - la cara se fue desarrugando, los ojos reaparecieron y siguió con su pescado.


El Chamo sintió que no iba a ser capaz de retener lo que llevaba en el estómago, así que se bebió a fondo la jarra entera, dejando que un poco resbalara, escurriera por su cuello, su camiseta manga sisa, los boxers, y terminara encharcando el piso.


- ¡No Chamo! Tiene que limpia,

- Fresco Joe que yo ahora limpio- dejó que el agua calmara el caos en su panza y pasó el pie por el charco para esparcirlo. El Joe, intentado contenerse, se concentró en su almuerzo – Y qué viejo Joe ¿Qué va hacer hoy? Vamo a la Escollera que hoy me presento.


Antes de contestar pasó con tranquilidad el bocado, tomo un sorbo de jugo de mango, tras lo que procedió a hacer de nuevo su cara:- Gracia, Chamo, pero tu sabe que yo no tomo, no bailo, y no me gusta esa carajada de música demoníaca.

- Pero ¿cuál demoníaca?

- Ese ritmo del infierno sólo incita a la lascivia, al morbo, al pecado de la carne.

- ¿Cuál infierno? ¿Pero de qué me habla mi Joe? ¿Me va a decir tú a mí que no hay algo má natural que querer tener a la hembrita bien pegadito, bien rico?

- Pero no a la primera que se te pasa por el frente. ¡Y no te la va a dar tú de santo! Yo te he visto Chamo en… ¿cómo e que le llaman? Ah sí, en el perreo, con una y con otra. Y no sólo e eso, ese ritmo embruja la gente, la vuelve lujuriosa y puerca, y despué ya no hay arrepentimiento que valga.

- Joe, eso lo que es e ¡pura sabrosura! Lo que te pasa e que te falta una buena hembra que te la mueva, ¡no joda!, verá como te cambia esa cara; ya parece un viejo de 60 año.

- ¡A mi no me hace falta que me la mueva nadie! –se paró de la mesa y se llevó los platos al fregadero para lavarlos- Es precisamente eso Chamo, no e sino ponerse a escuchar esa música tuya, y ya no puede uno dejar de menearse, como se debe menear el mismísimo Lucifer.

- Te a puesto que a Cristo también le gustaba el meneo- el Chamo se tomó el cuncho de agua en la jarra y la puso a llenar de nuevo, evitando que el Joe siguiera lavando –¿y sabe una cosa?- puso tono reverencial y le dijo al oído- te juro por lo que má quiera, por tu señor que también e el mío pero má chévere porque, ajá, e el mío, que un día te va a cantar a travé de mi labios y va a tener que reconocerlo, porque lo mío e pura sabrosura divina.

- ¡No joda Chamo!- sacó un brazo y lo empujó fuerte- Que lo que tú eres e un demonio, y el día que mi Señor se ponga en tu boca te va e a callar.


El Chamo se carcajeo con sorna. Guardó de nuevo la jarra en la nevera y se fue para su cuarto.

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La Mona, que parecía no existir a la espalda del Chamo, se decide a agarrarlo por la cintura para no caerse. Él ni se mosquea. Llegan a la cima y aparece la ciudad: menos hipócrita y superficial, pero no por eso menos animada. Bajando se ve el morro rodeado de mar y un barco anclado. “Eso,” piensa la Mona “un barco pa’ largarme de una buena vez. Me destierro yo sola ¿Quién quiere esta vida de mierda? ¡Qué se joda el Chamo! ¡Qué se joda mi familia! ¡Qué se jodan! Me largo en un barco, ayudo en la cocina y se lo doy al capitán. Igual, pa’ nada má me ha buscado un hombre. Me largo con mi capitán y no vuelven a saber de mí.” El Chamo acelera y la Mona, de puro instinto, lo termina de abrazar.

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Plantada junto al Rodrigo del malecón, la Mona chupaba raspado y miraba al mar. El Chamo pitó dos veces, ella lo reconoció y fue hacia él. Su pelo dorado jugaba con el sol del atardecer, uniéndola al paisaje. Vestía un top y una faldita, verdaderos responsables de contener toda esa voluptuosidad que la ropa interior si acaso tapaba. Le dio un beso al Chamo y se encaramó a su espalda, entre el amplificador y él, sin el más mínimo pudor por lo que se le pudiera ver.

- ¿A dónde vamo, mami?

- De concierto- contestó la Mona sin dudarlo. El Chamo arrancó rumbo a su casa.


Estacionó la moto en la pensión, se metieron al cuarto y echaron llave.


La Mona se fue bajando los cuquitos sin quitarse la falda y se dejó caer de espaldas en la cama. El Chamo ya se le iba a echar encima cuando ella lo repelió con las piernas:

- ¡Ah - ah! Así no -entonces el Chamo se desvistió, tomó a la Mona por los pies y se empezó a acercar.


Escúchame mami,

Que te vo’ a dar tu merecido


TU

patu patu, patu patu,

patu patu, papapa papa

TU

patu patu, patu patu,

patu patu, papapa papa


Encontré a mi mami un atardecera,

ella ya sabía que venía a querela,

moviendo su cosita se me acercó,

me dijo: papi, papi, quiero tu cuerpó.


La llevé para la pieza y la quise amar,

pero mi mami quería antes oírme cantar,

yo le digo: mami, mami, no sea mala conmigo,

ábreme las piernas que hoy vengo decidido


TU

lo sabe mami que hoy vengo decidido.


Muerde la almohada,

viene la marea,

ya no lo resistes,

mira como se menea.


La Mona se retuerce

El Chamo se estremece

El Chamo te lo dijo

Y te dio tu merecido


TU

lo sabía mami que venía decidido.

TU

lo sabía mami, ese fue tu merecido.

____________________________


Después de la loma van apareciendo casas y casas. En una que otra se ven tipos bien acomodados en sus mecedoras tomando ron con los amigos, equipos a todo volumen, todos muertos de risa. El odio del Chamo ya no tiene limites. “Todos se pueden ir a la mismísima…”. Deja la avenida y se mete entre calles, pero no le da resultado. Al parecer, Santa Marta entera se le estaba burlando en la cara.

____________________________


Cerró la puerta con seguro y se apoderó del baño, que al Chamo se le hacía que era un soberbio camerino. Se detuvo sorprendido al ver el tipo que tenía en frente. “No joda, Chamo, lo vamo acabar”. Su pelo, perfectamente engominado, parecía querer escapar de la cabeza para tapar su rostro. Su camisa de rayas oblicuas se abría casi hasta el abdomen, revelando ese jugoso y lampiño trozo de man que era el Chamo, bestia bronceada, canela lujurioso. El pantalón se le ceñía con lascivia a las piernas y al bulto; remataban el atuendo unas sandalias tejidas, de esas de la Sierra. “No joda Chamo, tú lo que eres e un ángel obsceno, un cupido del sexo”.


Se echó unas gotas de agua en la cara, para que pareciera que ya empezaba a sudar, y salió del baño. Lo esperaban el Pete y el Migue, sus compañeros de grupo. Ellos estaban de negro y el Chamo de blanco, listos para el show. Se fueron caminando entre el tumulto a la tarima. El Chamo podía sentir como iba en cámara lenta mientras la gente lo deseaba sin saberlo, del puro feeling de tenerlo cerca.


Antes de subir se les acercó un camaján de dos metros, gafas oscuras, ropa elegante.

- Chamo, te tengo una razón de Don Rafa.

- Claro, como no, ¿qué será?- Don Rafa era un traqueto de la región, conocido y respetado por el empuje y progreso que llevaba por donde iba. Siempre que le salía bien un negocio armaba unos parrandones del carajo, una semana de sólo música, trago y putas. En una de esas conoció al Chamo, y de ahí no dejó de contratarlo cuando se quedaba en el Rodadero.

- Te manda a decir que tiene una lunita de miel esta noche, que tú sabes, en su apartamento, en dos horas.

- Dile que con mucho gusto, que allá no vemo- Don Rafa descubrió el particular poder de la música del Chamo en una de esas celebraciones, así que también lo tenía reservado para otras ocasiones, en las que les terminaba yendo mejor a los dos, por lo que el Chamo se animó.


Se despidieron y siguieron su camino. Arriba tomaron sus puestos y el Máni, su DJ, respondió desde la consola con una descarga tremenda. Lleno de ilusión con todo lo que le esperaba, el Chamo se sintió inspirado.


¡Mi gente!

Te lo voy a decir una sola vez,

y ya no va’ a poder dejar de perrear.


Mi táctica

¡Mi táctica!

E mirarte despacito pa’ que no te me acobarde

calentarte suavecito pa’ que no te de calambre

quererte y aprenderte pa’ que nunca te me espante


Mi táctica

¡Mi táctica!

Es hacerte sentir como mujer ninguna,

que cuando te levante te duela hasta la nuca

que me busque no me encuentre y toqué pedir ayuda


Mi táctica

¡Mi táctica!

Que e mi estrategia, te la dejo con cariño

decirte mil palabra pa’ tenerte a mi ladito

y luego al fin diga: I need you, papi, I need you.

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- Toma, mami.

- Gracia papi ¿pitillos?

- Acá tienes.

- ¡Está delicioso!

- Como te venía contando. Me bajé entonce de la tarima y se me acercan esa do viejas. Yo pensé que eran gringas porque eran alta, flaca y monas; pero cuando me llamaron que dizque tío, pue yo ya supe.

- ¿Y qué querían?

- Primero me pidieron que le enseñara a bailar, que ella querían saber como era que se hacía pa’ moverse así y yo ahí, ajá, chévere. Me la lleve pa’ la pista y le enseñé uno pasos. Eso sí, al principio me tocó arrimarselo pa’ que cogieran el ritmo, pero ya despué no podían parar.

- ¿Ah sí?

- No te moleste, mami, que fue con la mejor intención patriótica.

- Ajá.

- El caso e que empezaron a pasar trago la españoleta esa y a calentarse. Ahí fue cuando una me preguntó que si le mostraba lo que era el perreo. Yo me le puse serio y le dije “el perreo no e cosa de broma, puede que despué de saberlo no quiera salir de aquí, que quedes atrapada” Ella se rió y me dijo que no le importaba. Entonce me la llevé y le mostré.

- ¡No Chamo! Ya me cansé tu siempre la misma pendejada, no puede ver una falda porque sale babiando detrá.

- Pero si no pasó nada mami, lo único que hice fue decirlo que e el perreo.

- Ese cuentico…

- Te lo juro.

- A ver, ¿qué le dijiste?

- Pue nada, mami, que esa cosa e algo metafísico, mami, algo de espíritu. Que empieza con el ritmo, el corazón se calienta y parece que estuviera montando burro…

- ¿¿Burro?? ¿Tas loco?

- ¿Tú te imagina un perro cuando hacemo un perreo bien chévere? ¿Tú siente un perro? No joda, mami, si acaso diciendo burro me entendió un poquito de lo que le estaba explicando. Luego de lo del burro, le dije que tenía que abrí los ojo y ver a su papi al frente y darse cuenta pa’ donde iba todo ese cuento del burro. Entonce ambo saben lo que sienten pero no como hacerse entendé, y empieza uno a menearlo de una forma y el otro de otra, y se sienten frustrado y se buscan má, pero tampoco y ¿entonce qué? Pue se acercan má, cierran los ojo y se concentran en el burro y de nuevo se buscan, se aprietan, se sueltan, y le meten má flow al asunto, y se provocan, se azotan, se devoran... Pero se acaba la canción y se da cuenta de que sólo pasó en su cabeza.

- Ya, ya, ya, y se supone que yo me quedo como una imbécil, convencida de que tú ere un santo.

- Pero Monita, si eso fue lo que pasó ¿Qué quiere que te diga? ¿Qué me comí a la españoleta esa? Te lo juro por lo nuestro que e sagrado que yo no la he vuelto a embarrar.

- Tú lo que ere e un sinvergüenza degenerado, bueno pa na.

- ¡No seas tan complicada, mujer…! ¡Mujer, no te vayas!

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Cuando los gemidos cesaron, el grupo dejó de cantar. Una espinita se alojaba en la cabeza del Chamo, y empezaba a darle mal genio.

- ¿Qué hacemo, Chamo? –murmuro el Pete. Detrás de la cortina que dividía el cuarto del Penthouse se escuchaba movimiento. El Chamo les hizo señas de que empacaran y dijo fuerte:

- Bueno Don Rafa, nosotro no vamo.


Se corrió la división y apareció el mulato gigante en calzoncillos, con un fajo de billetes en la mano.

- Gracias muchachos. Cualquier cosa los llamo de nuevo- les dio la mano, les entregó la plata y se fue para el baño -¡Ah! Háganme el favor y me dejan a esa vieja en Santa Marta.


Don Rafa cerró la puerta y se oyó la ducha. A Pete y a Migue esa cosa ya les olía mal, habían sentido una sospecha creciendo en el Chamo al escuchar los gemidos, así que cogieron sus equipos como pudieron y se fueron.

- Suerte, Chamo. No vemo mañana en playa.


Él ni se volteó. Se acercó a la cama y el contorno fantasma bajo la sábana fue apareciendo hasta que ya no lo pudo negar.

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Apaga la moto y la mete empujada. La Mona mantiene la cabeza baja y lo sigue. El Chamo lleva el amplificador consigo. Se detiene en la cocina, saca su jarra, la bota en el fregadero, y se lleva su whiskey. La Mona se adelanta hasta la puerta de la pieza, la abre y espera en el umbral a que el Chamo la ponga dónde quiera. Pero él no se acerca. Busca por el corredor una toma para su aparato y alista todo. La Mona, inmóvil.


- Sónido -ajusta el volumen y apaga el micrófono. Baja un sorbo grande de su botella. Camina hasta la Mona, la toma por el antebrazo y la arrastra por el corredor. Ella, resignada, ni se inmuta cuando la mete de un empujón dentro de un cuarto y la encierra.


Check it out Joe,

que así e como comienza.


Era de madrugada,

las estrellas brillaban,

entonce la Mona

se metió entre tu cama.


Llevaba en su cara un poco de tristeza,

pero con ese cuerpo a nadie le interesa.

Check it out Joe, de lo pies a la cabeza.

Check it out Joe, que así e como comienza.


Su cuerpo se desnuda,

te amarra a su cintura,

y te dice al oído

“al que madruga Dios le ayuda.”


Check it out Joe, que del cielo te saludan.

Check it out Joe, que de milagros no se duda.


Siente su fuego,

siente su calor,

no retroceda

ella e pura vibración

vibración vibración

pura vibración

vibración

vibración

vibración.


Joe,

Esto te lo trae el Chamo pa’ que lo bailes pa’ que lo cantes pa’ que lo goce…

Tú sabes quien e…


¡Mañana!

¡MAÑANA!

que no se pare hasta mañana.


¡Mañana!

¡MAÑANA!

que si no para no se calla.


Check it out Joe, que ella e pura alimaña.

Check it out Joe, que si no hay plata no se amaña.


Check it out Joe, que así e como esto se acaba.

Check it out Joe, que así e como todo acaba.


De una patada deja sus equipos esparcidos por el corredor. Sólo lleva consigo su botella a través del corrillo de vecinos que lo veían cantarle a la puerta del Joe, sin siquiera intuir lo que estaba pasando. Se toma otro sorbo, se acomoda en su ninja, más liviana que nunca, y la enciende.

- ¡Y ahí tiene su puta nevera pa’ que se la meta por donde le quepa!- sale rugiendo fuera de la pensión, sin cerrar la puerta.

domingo, julio 24, 2011

Despertando solo



* * * * * * * * * *

El contador dice 309 veces desde el once de agosto de 2008
Sobrepasada sólo por otras dos canciones melancólicas
si el video contara, tal vez el trono sería suyo

La verdad, no importa.
¿Quién se va a pelear por tal distinción?
¿Para qué querría uno deslumbrar, a sabiendas de que sólo quedará desvanecer?

¿Y por qué no?

No todas las estrellas están fijas en el cielo
Arañas y mantis macho dejan su esperma para luego ser consumidos por su pareja
Salmones vuelven saltando río arriba, a desovar y fenecer
El mundo lleno de maravillas hechas de las entrañas de sus creadores

Y uno ahí, de polizón

* * * * * * * * * *

sin saber si de mañana en adelante se va a despertar menos o más solo

domingo, julio 17, 2011

Señal que envejecemos

Super héroes en algún lugar de Caracas

Paradójico como pueda sonar, la vejez no se mide en unidades de tiempo. El numerito aquel puede darnos alguna idea de las condiciones de un cuerpo, de las experiencias que cualquier animal humano ya debió haber vivido, pero estas aproximaciones pueden ser engañosas. Las dos abuelas de la casa tienen ochenta y tantos, y mientras una apenas si puede caminar, la otra monta una hora de bicicleta diaria y mantiene una fanegada de hortalizas. Aunque las sociedades y sus gobiernos se valen de estas cuentas para intentar poner un orden a sus incertidumbres, la experiencia personal de atravesar el espacio-tiempo tiene poco que ver con el número de días, meses, o años que llevamos respirando. La memoria, por poner otro ejemplo, no es transitiva: que hoy me acuerde de lo que hice ayer, y que ayer me acordara de lo que hice antes de ayer, no quiere decir que hoy me acuerde de lo que hice antes de ayer. La asimetría de los recuerdos no guarda proporción con el contador en el documento de identidad.

Así las cosas, la vejez tiene que medirse entonces a punta de síntomas. Y las edades no pueden ser un guarismo, sino una matriz alfa-numérica de estados y eventos que dan una idea de lo que el cuerpo de cada mortal puede o no puede ya dar. En mi caso, soy ya de los que tienen que preocuparse del colesterol, de los que le duelen las rodillas al hacer deporte, de los que las películas de culto le dejan de maravillar, de los que no rezonga al tener que hacer oficio en la casa, de los que baila una vez cada dos meses no más de cuatro horas, de los que no le ve gracia a emborracharse por el simple gusto de hacerlo.

También soy ya de los que reconoce la literatura existencial adolescente cuando se la encuentra, con sus urgencias y sus vacíos. Esto lo descubrí después de leer la colección de cuentos de Mauricio Salvador "El hombre elástico", parte del encomiable proyecto editorial pariente de el Hermano Cerdo. Trataré con un par de brochazos dibujar la matriz a la que me refiero.

Primero, todos los cuentos están en primera persona, el narrador que mejor responde a la necesidad de plasmar constantemente todas las vacilaciones del protagonista. Por esto mismo, no es fácil encontrar en los 'yos' de cada cuento a una persona diferente, aunque debo resaltar que Salvador logra por momentos transmitirnos la niñez del protagonista del cuento que le da el título a la colección. Sin embargo, y este es otro rasgo, en este género es inevitable ceder a menudo al lirismo propio de lo existencial, remitiendo al lector de nuevo a lo inconfundiblemente adolescente. Las relaciones problemáticas con el padre o la madre, o con los hermanos son otro ingrediente común en los relatos. Y no es que estos sean temas exclusivos de este tipo de literatura, pero en este caso las relaciones son generalmente monocromáticas, y es difícil ver humanos más allá de los estereotipos familiares que atormentan al adolescente. Las arandelas respectivas, como la novia, usar el carro de la casa, o conseguir dinero para salir a divertirse, terminan de redondear el perfil del libro.

La lectura de "El hombre elástico" fue, en últimas, una señal de que envejezco; tal como los resultados del laboratorio clínico. Eso hizo nuestros momentos juntos provechosos, a pesar de lo que los rasgos que describo puedan hacer pensar. No se puede disfrutar la vejez si no se es consciente de ella. De hecho, quizá el único lunar que le encontré al libro fue no aceptarse a sí mismo por lo que es. En el último mini-relato, 1990, el personaje supone sus escritos "en el bote de la basura una tarde de depresión postadolescente", pero nada en la colección da pie para agregar aquel "post", para hacernos creer que existe un más allá que ese vacío de incertidumbres más allá del hogar. Pero, ahora que escribo esta reseña, me parece que esta negación es de lo más consecuente, y que el detalle no es un lunar sino una espinilla.