viernes, octubre 06, 2006

Republica Pop: The Wall (Primera parte de la Trilogia del Miedo)


Nada que hacer, la vida se me pasa por los sentidos como arena entre los dedos, quedando tan pocas cosas entre las uñas que luego contadas no parecen más que mugre. Esta metáfora describe, más o menos, lo que he sentido las pocas veces que he relatado la historia de las dos semanas y media en la República Popular China. Así que doy gracias a Diego por hacer una muy buena crónica de la experiencia, y con ello doy un paso al lado para salirme del canon, dejando atrás itinerarios y su cronología, y dedicarme a lo que mis manos aprehendieron.

Hace unos años,, el primer astronauta chino en surcar el espacio miraba atento en su escotilla, tal vez sin parpadear, esperando comprobar uno de los grandes orgullos de su pueblo: distinguir la serpenteante muralla entre el uniforme paisaje que desde el espacio ofrece la tierra. Una vez de vuelta, en tierra, con un coraje inigualable, confesó lo inconfesable: no la vio. Pero, a decir verdad, eso no le quita ni le pone al mayor monumento al miedo que existe en este mundo de vanidades.

Un poco menos de cinco horas caminamos por un tramo de aproximadamente 10 Km. de muralla, a unas tres horas en bus del centro de Beijing. La primera impresión: un muro de entre dos y cuatro pisos de alto subiendo y bajando tan abruptamente como las montañas que llenaban el resto del paisaje, perdiéndose ella en dos direcciones del horizonte. De alguna manera, era como estar parado en el horizonte mismo.

Recorriéndola, con paso a cada segundo más sensato (o menos deslumbrado), se empiezan a distinguir las particularidades del diseño. La muralla tiene, como diría mi mamá, un derecho; un costado desde el que se apostaban los vigías y se podrían guarecer guerreros para defender el imperio; del otro lado, espacios más amplios, accesos abiertos, quizá para transmitir mensajes y facilitar reacomodamientos. Cada cierta distancia se encuentran torres, generalmente en cimas o puntos de quiebre, en los que se pueden distinguir habitaciones y espacios para las provisiones. También existen puertas al campo enemigo, ellas son mucho más estrechas, no más de dos hombres podrían pasar al tiempo, las cuales se encuentran dispuestas a manera de foso, de modo que una vez cruzado el umbral haría falta subir unas escaleras para estar verdaderamente adentro, dando la oportunidad a los guardias de acabar al enemigo sin enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Luego de dos horas de caminata, de escarpadas subidas y bajadas, mirando hacia el enemigo, uno empieza a fantasear con él. ¿Qué clase de criatura sobrenatural asechaba al imperio chino capaz de sobreponer cuestas tan intrincadas con aliento para lidiar una batalla? ¿Era tal el poder de los magníficos mongoles? ¿Tal la entereza de su afamada caballería? Tal vez, pero seguro no eran ingenuos, no se iban a desgastar por unas cumbres sin sentido, con todo en su contra. ¿Entonces, qué es verdaderamente la muralla? Un monumento construido sobre los cadáveres de miles de chinos, una advertencia al enemigo sobre lo que eran capaces sus constructores, la diadema del imperio.

Al final del recorrido, un río rompe la unidad de la muralla con inocencia; casi parece una broma. Después de cuatro horas de adoctrinamiento de la muralla sobre la grandeza de las gentes a las que representa, incluso de la raza humana sobre la faz de la tierra, viene la naturaleza a ponernos en nuestro sitio. La mole se torna vana y recordamos que los muros no nos ponen a salvo sino que crean a nuestros enemigos.

Ojala mis hijos, o mis nietos o sus similares, tengan la oportunidad de pasearse un día del distante futuro, con el mismo desparpajo, por entre las ruinas de las grandes murallas de nuestros días y los que están por venir - arsenales nucleares, muros fronterizos, alambres de púas – que lo hagan con unos buenos amigos y celebren los pequeños triunfos de la trágica condición humana.

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Edictos Imperiales

Gracias por los mensajes al correo electrónico. Pongo la excusa de mis ocupaciones y todo lo que dejé botado por irme un mes de vacaciones. Intentaré dar respuesta a ellos en algún punto del futuro cercano.

El resultado del concurso sigue en veremos porque el verano añadió un nuevo ingrediente al problema: todo está lleno de hongos. Así que aún no me he podido sentar a intentar cada una de las estrategias.

Estoy intentando mejorar el lugar (gracias a Olavia, los chinches me enseñan cosas), así que esperen cambios. Por ahora ya tengo profile, y los links de otros salvajes. Para los que les interese, también empecé a administrar un blog académico en inglés de una de las materias de la maestría. Ahí pueden encontrar otra semblanza interesante sobre China y Japón comparadas (por favor, comentarios sobre mi inglés arrastrado háganlas a mi correo para corregir cuanto antes).

De nuevo gracias y monerías

2 comentarios:

Carlos dijo...

Oscarín:

¡Que descuido! ¡Que vergueza! Tanto tiempo sin cruzar palabras pero que bueno es después de tanta distacia leer un poquito sobre tus monerias.

Algo que no entendí de tí ni de Diego es la caminata de las 5 horas ¿hubo una razón especial para tal caminata? ¿un punto de entrada y de salida? ¿o simple capricho y después de cinco horas "pues que, ¿nos vamos?"?

Anónimo dijo...

y de las torturas chinas?...espero no hayan sabido nada