viernes, octubre 16, 2009

Cabeza de ratón, Cola de león


Animal life - My Little Lover

Creo que escuhé ese refrán por primera vez cuando pasé de la primaria al bachillerato, repetido una y otra vez por las directivas, quizá para que no nos amilanásemos en la nueva tierra de gigantes que teníamos por segundo hogar. El dicho hace referencia a un hecho del que al parecer no podemos escapar: al inevitable movimiento de la vida, en el que pasar a una fase distinta implica aceptar el yugo de una jerarquía cada vez mayor; mas sin embargo, sólo de esta manera se llega a ser parte de aquella realeza, las ligas mayores, con todo y la posibilidad de convertirse algún día tan siquiera en un pelo de la melena. En todo caso, descontando la existencia de otro animal con una cabeza más prominente - o una cola más prometedora -, me parece que el dicho esconde más de lo que enseña.

El ejemplo que tengo en mente es el de la inserción de las empresas colombianas en los grandes mercados. Aclaro que no se trata a priori de una perorata anti-globalización; es más bien una crítica a la reacción a ella. Es apenas lógico que las empresas, a la medida que crecen y se distinguen en sus oficios, piensen en aventurarse más allá de las fronteras que las vieron nacer. También tiene sentido que en este proceso se triunfe, se perezca, se compren amigos, o se subyuguen a una estructura mayor. Pero, en ese proceso, ¿qué tanto queda de nación en el accionar de la empresa?

Me lo pregunto mientras leo noticias sobre Avianca, o Bavaria, en las que parece asomar una satisfacción pratiotera, como si sus triunfos fuesen los nuestros, como si esas compañías fuesen la cabeza de la larga cola de colombianos. Sí claro, todo éxito es bien recibido, y si en algún momento esto llega a representar un trato preferencial para nuestros nacionales, pues aún mejor. No se trata de envidia, ni mucho menos. Sólo me cuestiono porqué he de emocionarme ante dichas noticias. El rugido del león no tiene porque hacerle gracia a la ratonera.

La cosa toma un tinte más preocupante cuando las empresas tienen un impacto importante en la opinión pública. Una cosa es que nos amarremos a consumir ciertas marcas, y otra cosa es que se afecten los canales por los que fluye la información. No me voy a referir al triste caso de Claudia López y el Tiempo esta semana que pasó, porque ya suficiente gente ha opinado al respecto. Pero no ha dejado de llamarme la atención que se mantenga en línea la noticia del premio planeta de novela, uno de tantos, pero del único que nos enteramos. Ni siquiera una nota para dejar claro las relaciones entre el diario y la compañía, como si pasa por ejemplo con The Economist, que también publica libros y también los cubre, pero siempre dejando en claro la existencia del vínculo. Esos rincones tan dejados hasta de las malas lenguas, como la industria editorial, son reflejos más claros del problema. En un país con tan pocas noticias literarias, nos toca conformarnos con lo que quieran vendernos. No se puede olvidar que las buenas intenciones de las compañías están supeditadas a sus utilidades.

La cola de león no vive ya de queso.

1 comentario:

Diego dijo...

Ese patriotismo del que habla yo creo que está muy ligado al "triunfalismo" (o como qiuera que se le llame a eso) que hace que la gente se someta a una especie de alegría y fascinación cada vez que algo relacionado con Colombia sobresale. Y como a los medios más populares en Colombia les encanta eso pues no se sorprenda con el caso de las grandes empresas que usted nombra.

Creo que muchos han caído en esa euforía y optimismo casi obsesiva cada vez que los medios hablan de los logros de algún deportista, artista, científico o personalidad colombiana en el exterior.

No se ve la imagen/video/lo-que-sea!!