Tomado de la National Geographic
miércoles, abril 13, 2016
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Tomado de la National Geographic
martes, abril 12, 2016
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lunes, abril 11, 2016
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Es paradójico que este tiempo e impulso para escribir de nuevo en el blog tenga origen próximo en dejar de leer el periódico. Cómo si pasara de consumir las noticias a producirlas. Dejar de ser una caja de resonancia y volver al reportaje. Es ahí cuando uno vuelve a caer en cuenta de lo pequeña de la experiencia individual, la arrogancia inherente a escribir. Tal vez sea por ello que hay tantos megalómanos y narcisistas entre los escritores. Con esos cimientos es más fácil pontificar.
domingo, abril 10, 2016
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sábado, abril 09, 2016
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viernes, abril 08, 2016
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jueves, abril 07, 2016
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Esta mañana seis niños y sus madres ocupaban la sección del tren a la que usualmente me subo. Cada uno llevaba un Nintendo DS y jugaban todos el mismo juego de carreras de karts. Las madres, desentendidas, charlaban o dormitaban. Aunque el tren se fue llenando, los niños siguieron festivos, hablando sin mirarse, o mirándose a través de sus personajes.
miércoles, abril 06, 2016
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Cuando empecé con éste blog, lo mío era la ficción frentera y, de alguna manera, lo conservo con la ilusión de volver a ella. Intentos de escribir historias en estos diez años han sido esporádicos e infructuosos. Recién llegado garrapateé un cuento sobre los movimientos del vecino de la residencia estudiantil, y luego un par de poemas y ya. De un momento para otro el placer de escribir se refundió entre la experiencia de volver a nacer en tierras extrañas y la responsabilidad de desarrollar una tesis doctoral durante cinco años de casi total (y bien remunerada) libertad.
martes, abril 05, 2016
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La historia de los 100 sacos de arroz ha sido fuente de inspiración para la inversión en educación en Japón y, a través de la cooperación internacional del país, en otros países. Trata de un clan que después de perder en una guerra quedó en la miseria y sin que comer. Ante la situación, un clan amigo decidió enviarles 100 sacos de arroz para que aliviaran las necesidades más urgentes. Sin embargo, el jefe del clan decidió vender ese arroz y usar el dinero en educación. La gente del clan criticó el plan, pero al final prevaleció lo que el jefe dispuso. Años después—quién sabe cuántos—las personas que aprovecharon tal oportunidad trajeron de nuevo prosperidad al clan y sus gentes.
lunes, abril 04, 2016
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domingo, abril 03, 2016
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Al final de los Siete Samurais, Kambei lamenta que aquella haya sido otra guerra perdida. Las victorias del general son aquellas en las que no se pierde ni una vida de la tropa. Las otras serán quizá victorias para el pueblo, pero no para él. La idea del bien común sobre el del individuo debió ser difícil de celebrar en el Japón de la posguerra. Aunque creo que debe ser un sentimiento compartido entre personas de guerra. Los ejércitos no deberían de ser una institución tan complicada de cambiar.
sábado, abril 02, 2016
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viernes, abril 01, 2016
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* Hermana mayor es la traducción literal.
domingo, enero 17, 2016
Contra los prólogos
Los libros de literatura japoneses no tienen prólogos. Por lo menos los que he leído. En su lugar, al final incluyen un comentario que se debe asemejar a un prólogo, aunque en verdad no lo sé porque nunca los leo. Me parece que esto tiene todo el sentido del mundo, porque al final se puede comentar con tranquilidad la obra sin miedo a malograrle la experiencia al lector, ni a condicionarlo a leer el libro como sea que le parezca mejor al prologuista. Pensándolo bien, es una cosa bien arrogante eso de anteponerse al autor y su obra con una sarta innecesaria de zalamerías que además , en el esfuerzo de comentar el libro sin contarlo, resultan en una exhibición pedante de la erudición del que prologa.
domingo, enero 03, 2016
Lecturas del 2015
- Imposible de leer en el transporte público: hice el deber de cargarla unas semanas pero era muy difícil leerla de pie en un tren lleno. Esas faenas me recordaron algunos compañeros del colegio que desarmaban los libros para cargar sólo los capítulos que estábamos estudiando en el momento. No fui capaz de imitarlos.
- No tengo una cita que destacar: leer semejante libro es como nadar en el océano, donde cualquier error puede resultar en una muerte prematura. La novela tiene suficientes sub-divisiones para hacer la lectura fácil, pero aún así no podía dejar de concentrarme en llegar a la siguiente pausa para descansar. Ese afán por terminar no permite disfrutar de los detalles de la buena prosa.
- No es un buen regalo: los que la han recibido de mis manos se quedan con una risita nerviosa.
Para el 2016 no hay promesas. Hay libros apilados, como siempre, pero me gustaría encontrar algo nuevo. Bienvenidas todas las recomendaciones.
Feliz resto de año.
miércoles, agosto 26, 2015
Comunismo (o algo así)
Frente al trabajo ha habido obras durante todo el año. Los vecinos capitalistas decidieron modernizar sus oficinas, construyendo edificios nuevos en dos de las manzanas aledañas. A pesar de la polvareda, la entrada al instituto está ganando algo de vida.
lunes, julio 27, 2015
Tarea terrorista
Siempre se termina negociando con terroristas y no hay 1 sola instancia histórica en q alguno de esos grupos haya sido vencido militarmente
— Sandra Borda (@sandraborda) July 13, 2015
domingo, julio 26, 2015
Bitácora del verano
lunes, julio 13, 2015
Tegucigalpa blues
Hace 17 años el Huracán Mitch se enzañó con los hondureños. Desvió su furia en un giro inesperado y les recorrió de este a oeste sin dejar piedra sin lavar. Los 600 milímetros de lluvia incesante arrastraron miles de vidas, de tierras, de bestias, de montañas que luego represaron las aguas y se llevaron más vidas y más de todo.
domingo, marzo 29, 2015
Universidad para señoritas
lunes, enero 12, 2015
Lecturas del 2014
La doble novela de Ricardo Silva están buenas, pero creo que es un ejercicio muy arriesgado: obligar al lector a leer dos libros con estilos (o de géneros) diametralmente opuestos da pie a juzgar en que la va mejor al escritor. Los personajes malos de El Espantapájaros son demasiado malos para ser ciertos. La decadencia en el libro de Caballero también es teatral, pero no se siente forzada. En cambio, Comedia romántica fluye muy agradablemente a pesar de que esté totalmente construida a través de un diálogo, en la que los personajes van envejeciendo a medida que avanza el libro. Me sorprendió que Ricardo haya salido indemne con una frase que el personaje masculino dice en la primera página: sobre la forma de ser del personaje femenino dice "… nada que no se pueda domesticar con un embarazo." Aplausos para la madurez del público y del escritor.
A Piedad Bonet quería leerle algo, pero creo que El Prestigio de la Belleza no fue el mejor lugar para empezar. Tal vez intente de nuevo.
De las traducciones al español hubo un poco de todo. Disfruto mucho la historia de Omar Khayyám, uno de esos genios musulmanes de la época dorada de su civilización—el vivió en Persia entre 1048 y 1131. Amin Maalouf, un escritor libanés radicado en Francia, escribió una novela sobre su historia y su famoso libro de poesías, las Rubaiyat. La primera mitad del libro cuenta la vida del poeta y la segunda una historia de aventuras en Irán durante la revolución. Muy refrescante y entretenido.
La Trilogía de Nueva York de Paul Auster estuvo entretenida. Son unas historias de detectives escritores surrealistas, a la David Lynch. La última parte la devoré en las vacaciones de verano en un cuarto sin aire acondicionado, así que la asocio con algo de sofoco. Leí El Jugador de Dostoevsky, y no me mereció ningún comentario en particular. Tal vez agradezco que nunca me ha tentado el mundo de las apuestas.
Tenía curiosidad de leer a Margarita Yourcenar porque un profesor que tuve en Bogotá hacía referencia a ella por su uso del lenguaje. Las Memorias de Adriano son sin lugar a dudas un libro hermoso, muy elaborado, investigado en detalle y lleno de pasajes sublimes. Sin embargo, no soy muy bueno para seguir elucubraciones que fluyen sin parar por páginas y páginas, así que se terminó yendo a medio leer, como se escuchan a los locos que se encuentra uno en las reuniones de académicos.
Natsume Soseki es un famoso escritor japonés de finales del siglo 19 a quien también estaba en mora de leer. Kokoro es su obra más conocida y la traducción que se consigue está muy bien. Lastimosamente, el año pasado se cumplieron 100 años de su publicación y leí por error un artículo donde contaban el final del libro, así que no lo disfrute. Aún intentando poner esto a un lado, no quedé convencido.
Por último, De que hablamos cuando hablamos del amor de Raymond Carver. Este tampoco necesita presentación. Que cuentista tan poderoso.
En el 2014 dejé The Walking Dead porque no me gustó como cerraron el arco de las primeras cien ediciones. También dejé de mezclar música en casa, de ver cine, y me dediqué de lleno a los juegos de mesa y a la paternidad. Leí mucho de ética consecuencialista, lo cual disfruto en demasía. Las lecturas matutinas merecerían un post aparte, pero supongo que son aburridas y no le interesan a nadie.
Confieso que tengo aún varios libros que traje conmigo hace 9 años y que aún no he leído. No creo lograrlo, pero me gustaría terminarlos antes de cumplir una década con ellos.
Gracias por leer. Abrazos.
domingo, diciembre 07, 2014
Lo que hay detrás de una golosina
"El espíritu de la GOLOSINA. Es él quien provee a la humanidad de paz y placer. Todo el tiempo el hombre busca romance en la GOLOSINA. Nosotros hemos estado trabajando duro y con cuidado, y seguimos trabajando. Para entretejer el romance y el lujo en cada GOLOSINA. Esto, por fin, lo hemos logrado en xxxx. Si usted prueba la sensación y el espíritu de la GOLOSINA que valora la tradición y la vida en los tiempos, no existe un placer mejor que este."
lunes, octubre 13, 2014
El pasado no perdona
lunes, julio 07, 2014
Suerte moderna
domingo, julio 06, 2014
Lección de juegos
lunes, mayo 05, 2014
La cuidad y los afanes
domingo, abril 06, 2014
Delator
viernes, enero 03, 2014
Lecturas del 2013
jueves, agosto 22, 2013
El viento se levanta — 風立ちぬ
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De ñapa, acá está el tema principal de la película: Nube de avión.
+ El día que Horikoshi termina su avión, la esposa desaparece para siempre—se va a una clínica en las montañas donde al parecer muere. Tal vez sea una impresión errada, pero me parece que la muchacha durante la película es una alegoría de la nación y su relación con Horikoshi: la belleza y la inspiración que le mueve, pero que a la vez conoce en la adversidad y quien vive en una condición muy frágil de salud. Aún así le apoya y acompaña en su sueño, sin importar que ha de desaparecer en parte por cerrar los ojos al contexto.
domingo, agosto 11, 2013
Las manos detrás de la mirada
Pensándolo con detenimiento, el argumento del fin último debe provenir de otros tiempos, de la era de oro de la imagen. Antes, cuando no había cámaras en todos lados y sólo se transmitían las palabras, seguramente una imagen era capaz de cambiar el rumbo de la historia. Pero ahora que estamos saturados y que se han entendido los límites de lo que la imagen puede decir sin desinformar, ¿tendrá aún sentido eximir de responsabilidad a los observadores de oficio?
Jonathan Katz, un periodista de AP que trabajaba en Haití cuando ocurrió el terremoto, no está tan seguro. Durante las primeras horas de la emergencia, acompañado de su guía local, Jonathan recorrió el infernal Puerto Príncipe intentando asimilar la dimensión de la debacle y transmitirla a su audiencia alrededor del mundo. En un momento intentó ayudar a alguien que buscaba dentro de una de tantas montañas de escombros. Iluminó el interior del arrume con el flash de su cámara pero no logró ver nada. Sólo mucho después pudo ver que en las dos fotos que tomó una persona se movía. Estaba viva, pudo haber ayudado. Después de la experiencia cree que por lo menos existe la opción, que nunca se sabe.
Durante la etapa diecinueve del Tour de Francia, un corredor dio al piso en una bajada empinada. Los comentaristas llevaban rato advirtiendo que el trayecto era peligroso y que la llovizna que caía hacía más traicionero el descenso. Lo que sucedió fue inesperado: la moto que seguía al ciclista se detuvo al ver la caída. Al parecer el conductor llevaba la cámara encima porque la transmisión siguió mostrando al ciclista incorporándose con dificultad y al copiloto acercarse a intentar auxiliarlo. A decir verdad, no parecía que el copiloto pudiese hacer mucho en el momento, pero de alguna manera la carrera se sintió más humana.
domingo, julio 14, 2013
Sin falta
En ese momento pensé que dicho premio debía ofrecer una oportunidad de oro para investigar si se ve reflejada o no la asistencia escolar en los logros durante la vida de los estudiantes. Si existían archivos sobre los estudiantes premiados, como efectivamente parecen existir**, se podría hacer un muestreo aleatorio en diferentes generaciones y hacer una encuesta sobre diversos aspectos del desarrollo personal. Me alcancé a imaginar haciendo regresiones que seguramente encontrarían lo que me parecía apenas lógico: no faltar al colegio no estaría correlacionado con el éxito.
La idea me quedó dando vuelta varios días en la cabeza. Semejante es el tamaño de mi estupidez.
¿Cuál sería el aporte de dicho trabajo al saber? La zona del desastre ansiosa de esperanza y yo pensando en poner a prueba la relevancia de sus voces de aliento.
Por supuesto, el sistema es mucho más inteligente y yo soy un gran ingenuo. Claro que todos saben que el premio no implica nada para el futuro de los que se lo ganan. Es la virtud detrás de estar ahí todos los días lo que se busca inculcar en los estudiantes: la virtud de ser responsables con el mínimo que es exigible a todos por igual. Sin importar los resultados, la sociedad está mucho mejor si cada uno de sus miembros reconoce que es admirable estar donde se debe estar todo el tiempo. La vida se encargará de premiar a los que sean exitosos, a quienes sus capacidades los harán merecedores de muchos otros logros y distinciones. En cambio, estar en el colegio todos los días es lo único que se podría dar por descontado, pero es eso mismo lo que lo hace valioso cuando se le mira en el largo plazo. ++
Luego, cuando le pregunté a Hiroko, me dijo que ella estuvo a punto de ganarse el premio en bachillerato, pero prefirió faltar unos días porque los que se ganan el premio dan la impresión de ser super saludables—¡no les da ni una gripa!—y eso no le parecía tan deseable. Después de un rato, confesó que ahora de adulta lamenta no haber recibido el premio.
Creo que no hay mayor premio que vivir en una sociedad donde es posible que exista tal premio.
** En la página de Wikipedia del premio dicen que algunas escuelas esculpen el nombre de los estudiantes premiados en un mural de piedra conmemoratoria que se encentra a la entrada. Nunca he visto alguno. Sin embargo, también dice que otros lugares son menos rígidos en la definición de una falta para evitar los problemas que conlleva competir por el premio—sobre todo epidemias.
++ Otro ejemplo de estos premios son unos pases especiales que les dan a los conductores que no cometen ninguna infracción durante los 5/10 años que dura el documento. Estos, claro está, no salen en el periódico.
domingo, junio 30, 2013
Vida y destino
Vasili Grossman escribió un libro colosal, que lamentablemente nunca vio publicado. Tal vez hasta dio por perdido. Es la historia de la Batalla de Stalingrado vista desde los ojos de múltiples personajes en distintas posiciones sociales, militares y políticas, muchos ligados a una familia rusa con raíces judías. Sus más de mil páginas son un testamento de la complejidad de la guerra y las incongruencias profundas del régimen soviético.
La extensión del libro es una necesidad que tal vez muchos de los jóvenes lectores no sabían que les faltaba. Sólo las voces de varias docenas de personajes pueden ofrecer una visión tan siquiera cercana a lo que es la guerra. La idea cinematográfica de la guerra, aún la que intenta ser más fiel a los hechos, no puede evitar caer en lugares comunes: dar mayor peso a la acción, cuando mucho más tiempo se pasa en calma, así sea chicha; la imagen y el video no pueden dejar de concentrarse en el campo de batalla, mientras que la vida sigue a su alrededor a pesar de la tragedia; la épica de la guerra se encarga de crear héroes y alimentar egos, cuando son mucho más los anónimos que comparten el escenario y juegan sus minúsculos papeles en el trasfondo, como todos, y cuya sumatoria de vidas es en últimas la guerra. Todo eso dicen que lo había logrado Tolstoi con Guerra y Paz, hazaña que Grossman repite en el contexto de la Segunda Guerra.
Grossman no ahorra páginas explorando la humanidad de sus personajes. Irracionales, llenos de dudas y de nostalgias, cada uno de los personajes enfrenta la guerra con un pie en su patria y el otro en sus dramas personales. Gran parte de los diálogos de los miembros del ejército giren en torno a la comida y la bebida, añorando a sus familias, sus amores, compartiendo la alegría o la tristeza de las cartas que llegan o que no, haciendo planes como si hubiera mañana. Desde las ciudades se piensa en el frente, pero no en la estrategia, sino en los hijos, hermanos, madres y compañeros que el manto negro de la guerra a sumido en la incertidumbre. Las victorias son de la patria, las pérdidas siempre personales.
El enemigo muchas veces, más que una presencia maléfica, aparece en la novela como todas esas rupturas con el fluir de la vida. Esto con excepción de las partes describiendo el campo de concentración y la cámara de gas, las cuales son un crudo testamento de lo que aquellos sitios fueron. Deben existir muchos otros relatos novelados de este episodio funesto de la humanidad, los cuales no he leído porque creo que la ficción tiene poco que decir al respecto, pero el libro de Grossman hace un gran trabajo en el retrato personal con el que aborda el tema.
Hay otra cuestión que sólo la extensión del relato permite transmitir: el totalitarismo del sistema soviético. Presentando al enemigo en la batalla como una presencia insustancial, la tiranía del régimen se hace más evidente. Cada personaje tiene que enfrentarse con las ordenes que el estado de guerra les impone, y con la manera indirecta en que los ojos de los demás parecen atentos a cualquier reproche para ponerlos en la picota pública. El miedo a decir, a ser malinterpretado, o el remordimiento que trae lo dicho, así sea por descuido, es algo que la novela logra transmitir hasta el agotamiento psicológico del propio lector. *+
Una de las reflexiones de las lecturas del año pasado fue lo fuerte que se sentía leer sobre problemas contemporáneos. Vida y destino me recordó lo poco que se de la guerra, peor aún si tenemos en cuenta que para los que vivimos afuera, haber nacido en Colombia significa saber de ella. No es una cosa consciente, producto del estudio del conflicto, sus causas y sus consecuencias. Es más una presunción de los demás que luego el emigrante internaliza. Nació y vivió en Colombia, Colombia lleva mucho años en conflicto, ergo sabe. Tiene que saber. Tiene que tener una opinión. Puede que nunca lo haya tocado particularmente, el colombiano ha experimentado los horrores de la guerra interna, no tener idea de lo que sucedió y sigue sucediendo es impensable.
Lean Vida y destino, lean antes y después a Juanita León. Entierren la guerra conociéndola.
No puedo dejar de pasar la oportunidad de recomendar una vez más la columna que Orwell escribió sobre la autobiografía de Ghandi. Es un texto muy profundo que dice mucho de estos dos personajes que parecen extremos opuestos de la decadencia del imperio británico, pero que une la conciencia de dicha decadencia. La más aguda crítica en el artículo es que una protesta como la de Ghandi nunca habría tenido efecto en un régimen como el soviético. Vida y destino muestra una vez más que tan atinado fue Orwell.




