domingo, marzo 29, 2015
Universidad para señoritas
lunes, octubre 13, 2014
El pasado no perdona
lunes, diciembre 28, 2009
Especial de fin de año: los posts que nunca fueron (1)
Es cierto que últimamente no he escrito mucho que digamos, y el eje temático que pretendía seguir en mis escritos se ha más que diluido. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya intentado escribir. Así que para limpiar esta casa y empezar el año bien fresco, una serie de escritos sin editar que se quedaron en el tintero.
Frase Monumental
"La mujer latina no puede compararse con otra mujer. La nuestra es una mujer suave, que le gusta ser ama de casa y mamá. Una rusa, por ejemplo, se cria en un clima de 40 grados bajo cero, se tiene que parar en una fila tres horas para comprar un kilo de papa... Todo eso forma un carácter que en Latinoamérica no tenemos y no vamos a encontrar, pero que a veces, para llegar al punto más alto, allá arriba, se necesita"
Pablo Giacopelli, peruano-argentino, entrenador de tenis de Catalina Castaño, en una nota de El Tiempo, más o menos febrero 24 de 2008, que ya no aparece en la página web.
lunes, octubre 26, 2009
El precio del volcán
Ella es un volcán - La Unión
Si aún no se ha escrito un tratado sobre las penurias económicas de los turistas, juro que lo haré yo mismo algún día. Eso de no entender el idioma del que ofrece, y que todo encuentro sea el único, hacen que la palabra confianza pierda sentido, hasta caer en la paranoia del estafado. Aunque se sepa que la clave está en resignarse a sólo uno de los vivos, de manera que este espante a los otros y así disminuir el valor de la estafa, ese proceso de escoger al que ha de abusar de uno puede extenderse a todo el día, cada día, hasta el hastío. La parte más irónica es ese momento en que se ponen las cuentas unas junto a otras, y se revela la incoherencia de los precios que finalmente se pagaron, en moneda, en tiempo o en especie. En fin, a falta de fotos, les presento el viaje de domingo al volcán Taal, que está en medio de un lago y que a su vez contiene un lago, a dos horas al sur de Manila, saliendo por los municipios de Las Piñas y Zapote.
(La conversión a pesos colombianos debe ser más o menos multiplicando por 40)
Jeepney a la estación de MRT - 10 pesos (para saber que es un Jeepney ver aquí)
MRT hasta la estación de buses - 15 pesos (Metro Rail Transit)
Bus Manila-Tagaytay (2 horas) - 78 pesos (por alguna extraña razón el bus tiene un termómetro interno sólo para hacernos saber que estamos a 18 grados mientras afuera debe hacer 30. Estoy seguro que es una conspiración entre las compañías de buses y los almacenes de ropa para hacer a la gente comprar aquella prenda otrora innecesaria: un saco)
Café con dos panes - 18 pesos (¡Pan del verdadero!)
Jeepney hasta donde sale el Jeepney al volcán - 10 pesos
Jeepney al volcán (20 min en bajada) - 45 pesos (Aclaración: muchos de los conductores de jeepney son los hijos bastardos de los distintos tiranos que han asolado estas tierras - españoles, gringos, japoneses, o nativos - y disponen de su vehículo como se les venga en gana, especialmente si no está totalmente repleto. Con esto quiero decir que fueron 30 minutos dentro del Jeepney hasta que se le dio por arrancar, no sin antes advertir que no llevaba todo el cupo así que tocaba pagar 10 pesos más - el precio habitual era 35)
Tricicleta al hotel de confianza - 50 pesos (Que estaba a diez minutos a pie, lo que yo no sabía, pero todo viaje costaba 50, según el conductor)
Sprite - 40 pesos (tarifa de confianza)
Entrada al museo vulcanológico - 0 pesos (A tres kilómetros del hotel de confianza, estos caminados por falta de la anterior)
Triciclo de vuelta al paradero - 0 pesos !!! (Claro, porque el tipo tenía su propio barco que por rentarle salió gratis (?!))
Bote ida y vuelta al volcán - 950 pesos (tarifa igual para 8 como para 1 persona, como es el caso)
Propina al conductor - 50 pesos (Mi gran amigo Alberto, a quién se le dio su parte para espantar a los guías de 300 pesos y a los caballos de 500 pesos, además de recomendarme un restaurante en el pueblo porque almuerzo no hubo - Josephine's a 1 km de la rotonda, desde el cual quedaba más fácil tomar un bus de vuelta a Manila que desde la mismísima rotonda)
Alquiler de sombrero con opción de compra - 50 pesos (totalmente nuevo (?))
Entrada al volcán - 0 pesos!!!! (Valía 50, que mi amigo Alberto iba a pagar por mí, pero que luego de preguntar por el tiquete, resulta que justo se acabaron hoy, pero como yo sólo era uno, me lo dejaron gratis - que afortunado soy)
Derecho a usar el palo por el cual uno se baja y se sube del bote sin mojarse - 20 pesos (Pagados porque el chino buscó por 20 minutos a mi gran amigo Alberto, que estaba jugando basketball quien sabe donde)
Pop-cola del paradero - 10 pesos (ojo, no era la de confianza)
Jeepney de regreso al pueblo (20 min en subida) - 60 pesos (El viaje vale seiscientos pesos, ustedes verán; sólo eramos 8, discusión sin pelea - este un rasgo muy asiático - resolución después 50 minutos de esperar en aquella lata caliente)
Viaje rotonda-restaurante - 0 pesos (Se le pregunto a la tricicleta: ¡60 pesos! 1 Km se camina en unos 15 minutos. Las tres personas encuestadas coincidieron en que el restaurante estaba a 1 kilómetro, pero la distancia entre cada una de ellas era de un kilómetro. Tiempo caminado: 50 min aprox)
Desayuno-almuerzo-comida - 572 pesos (Restaurante de lujo para un tipo sucio, medio barbado, mal vestido y apestoso, y que además tiene cara de nativo. Se exhibió la guía Lonely Planet para despejar las dudas. Cena compuesta por sopa de frutos del mar, kaldereta de una carne que parece sobrebarriga, arroz en ajo, y jugo las cuatro estaciones: mango-piña-naranja-guayaba. El lugar tiene una gran vista, pero ya era de noche)
Jeepney restaurante-rotonda - 7 pesos (Frente al restaurante no pasan buses a Manila, además son las 7 pasadas y los buses se acaban a las 8. Creo que mi gran amigo Alberto ni come en Josephine's ni va a Manila muy seguido)
Bus Tagaytay-Manila (2 horas) - 78 pesos (Sin termómetro. Los pasajeros usan las cortinas para contener el aire acondicionado)
Pai de Coco - 160 pesos (Producto famoso de la región, recomendadísimo, vendido por un señor que se subió al bus - buco pie, buco pie. Caja de cartón arrugada por la humedad, que no era la del ambiente sino la del pai. Resultado: desabrido)
MRT a la Avenida Quezon - 15 pesos
Jeepney al hotel - No Aplica (Por alguna razón no hay jeepneys los domingos a las 10 de la noche. Taxi: 80 pesos)
Verle las piernas a la vecina que no cierra bien la persiana - no tiene precio (ESO es un volcán)
lunes, octubre 19, 2009
El color de la limosna
Después de dos semanas a punta de un jugo artificialmente "pulposo" de mango-naranja, me encontré con una síntesis más placentera de melón, limón y jazmín. ¿Quién habrá descubierto el secreto de tan refrescante combinación? Cómo tantas cosas por acá o fueron los nativos o los chinos, o los mejicanos (?!). Claro, porque Filipinas era una provincia adjunta a Méjico en tiempos de la colonia española, por aquello de que había menos truhanes de por medio. Con el comercio de los galeones que fueron y vinieron por más de un siglo, supongo que mucho pasó de lado a lado.
A propósito: que livianas y prácticas son las cámaras desechables.
lunes, septiembre 21, 2009
De cuna
Una de los momentos más ejemplarizantes de mis cortas vacaciones en Turquía hace unos meses sucedió al llegar a la aldea de Goreme, en Capadocia. Habíamos tomado un bus nocturno desde Pamukkale, y a las ocho de la mañana pasadas bajábamos con la desazón natural de aquel mal dormir. Nos acomodamos las maletas, revisamos el mapa, decidimos el curso, pero al sortear el pequeño terminal, una insólita escena nos hizo preguntarnos si seguíamos soñando. En la calle, en distintos sitios, unos cinco niños, de entre siete y diez años, en uniforme de colegio, miraban firmes hacia el frente, o sea, hacia nosotros. En ese momento pensé en la película "los niños del maíz", que no he visto pero me la imagino así de terrorífica. Nos miramos y empezamos a andar despacio entre ellos. A uno de los muchachos se le notaba que hacía un esfuerzo monstruoso por no moverse, y daba pequeñísimos pasos cargados de culpa. Cuando vimos la boca de una niña de unos siete años moviendo los labios sin que saliese voz, caímos en cuenta de lo que sucedía. A lo lejos, una canción con aire de fanfarria anunciaba la entrada a la escuela. Aunque lleguen tarde, los niños debían respetar el himno de la patria dónde les encontrase. El nacionalismo debe venir dosificado en la leche materna.
(Foto: Cierre de campaña en Selçuk )
domingo, diciembre 14, 2008
La delgada línea de pelo
El estudio no es algo que esté hecho para los humanos. Lo académico es la ilusión de una humanidad que no somos. Perdón por ser tan categórico pero se me hace que un poco de sinceridad cruda hace falta en este tema. Las pruebas están en cualquier lado, pero son más fáciles de apreciar en el primer mundo. Gracias a la tecnología, a una mayor cantidad de gente nos es posible acceder a las charlas que los grandes profesores dan en las más renombradas instituciones, y se da uno cuenta de que son charlas cortas, llenas de animosidades al rededor de unos pocos puntos claves. Los extensos papers, los libros, las hojas de cálculo, todos quedan a un lado para el examen personal, si es que las muchas obligaciones dejan tiempo para ello. Y aún así, si se molesta uno en observar el público en medio de una explicación, es fácil ver cuanta gente está desconectada, escribiendo algo más, o con la mirada perdida. Según las habilidades del expositor, la atención dura entre unos segundos y algunos minutos. Luego empieza uno a rascase la cabeza, otro se saca algo de la orejas, aqueste se urga la nariz, cuando no es que una ola de sueño empieza a barrer el recinto. En las conferencias, los optimismistas nos turnamos el podio para que todos tengan su merecido descanzo y, durante la merienda, el almuerzo o la cena, compartimos impresiones sobre el título de las presentaciones de los demás, y se estrechan relaciones para trabajos conjuntos que luego justificaran el sueldo y uno que otro viaje adicional. Una delgada línea de pelo nos separa del animal interno, que no se hace esperar cuando las cosas se ponen ligeramente densas, porque cada académico con su trabajo es como un poeta del montón pero sin siquiera la básica rima consonante. Prohibitivamente íntimos e inescrutables. Por eso los mejores académicos son los que no se toman muy en serio y se preocupan más por la humanidad del resto de los mortales que lo acompañan. En últimas eso es lo que queda al final del día.
Los postres en Malasia son muy ricos.
panÓptiko
sábado, diciembre 06, 2008
Malayos (I)
Esta mañana tome un taxi hasta el instituto donde asisto a una conferencia internacional en Kuala Lumpur. El conductor era un sujeto de mediana edad, hindi, de bigote espeso y punto rojo en la frente. Mientras intentaba entender el mapa que había garrapateado en una hoja del hotel, me fijé en una calcomanía en la ventana del pasajero. En ella aparecía el símbolo global del prohibido junto a las siluetas de las caras de un hombre y una mujer. Al lado una leyenda en lo que debía ser malayo. Le pregunté lo que significaba y el emprendió a quejarse de los jóvenes estudiantes de hoy en día, que se suben a su taxi a darse besos, lo cual le molesta en alto grado. Yo le sonrío y me doy vuelta para ver una vez más las grandes torres mientras salimos de la zona de Ampang. Unos minutos después, ya detenidos en la congestión de la mañana, me pregunta por mi país de origen, por mis planes en la ciudad y mi fecha de regreso. Después de negarme a utilizar sus servicios para volver al aeropuerto, alabo la belleza de la ciudad esperando cambiar el tema y relajar el ambiente. El taxista coincide con mi opinión, especialmente en lo que respecta a las mujeres. Una vez, me dice, un pasajero árabe le pidió que le consiguiera tres mujeres, una malaya, una china y una hindi, sin importar el precio. El hombre hizo su tarea y al llevar de vuelta a la mujer hindi le preguntó por el cliente, a lo que, acto seguido, señaló una parte de su antebrazo cercana al codo, muerto de risa. Se detuvo tres cuadras antes de mi destino porque la vía estaba en obra, agradeció mi conversación, que de seguro le traería buena suerte por ser el primer pasajero de la mañana, y me cobró el triple de lo que me habían cobrado el día anterior. Miré el taximetro por segunda vez en la carrera - me había fijado de que lo prendiera - y le alargué todo mi dinero. No vio problema a que faltara unos ringgits y siguió contento su camino. Yo me apresuré entre el tráfico, la nueva autopista en construcción y el calor húmedo de cada día. Apretando en el otro bolsillo el resto de todo mi dinero me pregunté donde estaba el truco.
panÓptiko