Siempre se termina negociando con terroristas y no hay 1 sola instancia histórica en q alguno de esos grupos haya sido vencido militarmente
— Sandra Borda (@sandraborda) July 13, 2015
lunes, julio 27, 2015
Tarea terrorista
sábado, marzo 09, 2013
Descifrar la ciudad
domingo, enero 20, 2013
Disuasión
domingo, marzo 11, 2012
Okamoto Kozo
domingo, febrero 26, 2012
Víctimas de nuestra humanidad
Visto en los canales de Tokyo (el primero es la NHK)
La anterior es una pista de que la respuesta está más allá de lo que la ingeniería puede dar—y en la que la técnica puede pasar de protector a trampa mortal. Sin embargo, el problema es que a los que se murieron no se les puede preguntar porqué no escaparon. Un grupo de investigadores en la Universidad de Tohoku se han aventurado a preguntarle a los familiares de los desaparecidos porqué creen ellos que sus seres queridos se murieron y algunas pistas han conseguido. Pero la utilidad de esta información. me parece, es menor que el límite ético que transgrede—aunque puede que dependa de la manera en que se haga—puesto que periodistas de la NHK han llegado a resultados iguales sin tener que dar aquel paso.
De acuerdo a sus estudios, las respuestas psicológicas que afectan la evacuación son por lo menos cuatro. Primero está el sesgo de normalidad: que después del temblor la gente piense que todo va a estar bien. Esta es quizá la gran tragedia de la técnica, porque su raíz está en la naturaleza misma de la labor de los ingenieros de tsunamis. ¿Si lo que ellos hacen no es para ponernos a salvo, entonces para qué sirven?
La segunda respuesta es el sesgo de conformismo, que la gente se reúna después del temblor y se sientan a salvo entre ellos. Este problema tiene unas implicaciones profundas para la reacción a desastres, porque el grupo puede dejar de valorar la información del exterior suponiendo que el otro sabe lo que está pasando y así, entre más grande el grupo, menos informadas son las decisiones. Los investigadores también asocian esto al hecho de que un número de gente murió arrastrada en sus carros esperando a que se moviera la fila—aunque algo del sesgo de normalidad puede que tenga que ver en este caso.
El tercero y cuarto atenuantes psicológicos están íntimamente relacionados y tienen unas implicaciones profundas en los límites de la evacuación contra tsunamis. Por un lado la gente tiene esa horrible tendencia a ayudar al prójimo, de preocuparse por los demás después de un evento catastrófico. Otro tanto de las víctimas fueron arrastradas mientras iban camino a buscar a sus hijos, a sus padres o a otras personas que sabían vulnerables. Por el otro lado, algunas personas prefieren morir a perder todo lo que con esfuerzo han acumulado durante su vida. Se hunden con su barco, tan simple como eso. Los investigadores sugieren que los primeros se encuentran a su paso con los segundos y en ello se consuma su tragedia.
Todo lo anterior apunta a una simple recomendación: en caso de emergencia, cuídese a sí mismo.
Trivial para el observador casual; una petición imposible, un lavado de conciencia para los expertos, en mi opinión. El 65% de las víctimas fueron mayores de 60 años, ¿qué proporción de ellos requería ayuda para escapar? La conclusión parece darlos por perdidos, lo que no es cosa sin importancia si se tiene en cuenta la manera acelerada con la que envejece la sociedad japonesa.
Además, ¿cómo tomaran este concejo quienes perdieron a sus seres queridos mientras ellos escapaban? ¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de este desenlace? Mientras un bombero voluntario se perdía en el lodo tratando de que toda la gente de su zona evacuase a lugares altos, los médicos de un hospital geriátrico salieron corriendo y dejaron sus pacientes a la merced de aquella muerte fría. ¿Cómo vivirán su vida de acá en adelante?
Muy en el fondo, supongo que algo de razón tienen. Para cada quién es mejor estar vivo que muerto. Pero ¿no está la unidad de la comunidad cimentada en la vidas de sus héroes? ¿No es este mismo afecto por los demás el que sacará la región adelante? ¿Cómo será una sociedad en la que se salven sólo los más fuertes? Tal vez sea preferible, como dice Parfit, dejar de pensar que la propia vida sea tan importante.
Cuesta reconocer que ser egoísta sea la opción acertada, pero es difícil proponer una alternativa. Tal vez el problema está en la manera como se presenta el problema. Si en vez de contar cadáveres, se contaran las vidas que se salvaron—un número que hasta el momento no he escuchado en ningún lado—tendríamos una idea de cuan exitosa la protección fue. En el tsunami del Océano Índico en 2004 murieron 220 mil; en el terremoto de Haití murieron 316 mil. Lo normal es que los terremotos y los tsunamis maten mucha gente. Claro, la estadística no es consuelo para quienes perdieron a sus seres queridos; pero que alguien que no vivió las circunstancias le pida sensatez a los pobladores del litoral parece un poco de prepotencia ingenieril.
La voz que en Minami Sanriku anunció las olas hasta perderse en ellas nunca dejará de sonar
sábado, julio 31, 2010
¿Amenaza externa?
Tal vez ya conozcan este mapa, o alguna de su varias versiones. Lo importante son los puntos blancos, los cuales indican la intensidad en el uso de energía, o para ponerlo en términos más románticos, como se ve el mundo de noche desde el cielo.
La verdad de a puño que se desprende de este paisaje es que somos un potrero. Como si la naturaleza nos hubiese acorralado, somos unos cuantos puntos en la espesura. Es más, casi casi que somos nada más que cordillera, único refugio contra las enfermedades miserables que aún no somos capaces de acabar.
En este mapa trazar con la mente los límites con nuestros vecinos es un ejercicio vano. Sin puntos de referencia no hay como saber por donde ir trazando. Pero el mapa revela una realidad más crítica: tampoco parece haber nadie a quién preguntarle. Si a usted lo botan en un punto X de Europa las probabilidades de que se cruce con alguien que le diga donde anda son muchísimo más altas que en nuestro vecindario. Si entendemos por política, un arte irremediablemente inter-subjetivo, entonces nuestros mapas políticos no son más que una ficción. Pascual Gaviria nos recuerda esta semana como son de caprichosos los ríos de los llanos orientales. Así de caprichosas son las fronteras sin estrenar de nuestro enorme terruño.
Pero, claro está, nadie es consciente de ello. Las fronteras nos importan un pito. Primero conocemos Estados Unidos o Europa que el Vichada o el Guainía. De hecho, hasta debe salir más barato ir a Miami que a Puerto Inírida; y seguramente es más interesante, lo admito, mi intención no es moralina.
Lo que me molesta es la ligereza con la que se quiere usar en nuestro contexto la amenaza externa para modificar las preferencias electorales, infundir miedo para garantizar el apoyo. No puedo imaginar como sería un conflicto entre potreros. ¿Cuáles serían los objetivos? Sin densidad, ni infraestructura relevante, con los centros de poder tan alejados, y tan parecidos unos con otros, todo este alboroto no tiene ningún sentido.
Me temo que primero se muren de leishmaniasis los pobres soldados.
miércoles, junio 10, 2009
Soldados del futuro
Caricatura de Kal, Mayo 7, 2009 - El Economist
Por otra parte, el soldado es entrenado para matar, y en ello se distancia en buena medida de la normalidad de sus protegidos. No es sólo el acceso permanente a las armas de fuego - herramienta que pone a la mano de cualquiera la aniquilación del semejante - sino también su entrenamiento, la manera en que aprende a ver y a reaccionar al entorno. El soldado repite hasta el cansancio rutinas de combate cuerpo a cuerpo en las que simula la muerte del contrario, de manera que cuando llegue la hora de la verdad actúe por reflejo, que mate sin pensar. Al soldado se le somete a varias series de simulacros, como ha analizado James Der Derian del Watson Institute, de manera que se trivializa la muerte del enemigo, se hace casi un juego. Por todo esto, el soldado puede tener problemas viviendo de nuevo entre los simples mortales, con sus problemas banales, en su burbuja lejana a los horrores de la guerra.
Para cumplir su misión, el soldado es entrenado para resistir condiciones extremas, frío, calor, humedad, alimañas, poca comida, poco sueño. Una pesada carga psicológica debe soportar el soldado. Prueba de ello son los suicidios en las fuerzas armadas, como apareció esta semana en El Tiempo. Las condiciones más crueles curten la psique del soldado y, una vez este vuelve a ser uno más en la sociedad, le llenará de coraje encontrarse con las niñerías que atormentan a los malcriados hijos de papi. Lo paradójico del asunto, es que la vida ridícula de las clases acomodadas es posible sólo gracias a la vocación del soldado. El soldado no está dispuesto a perder la batalla, pero tampoco está preparado para ganarla.
Se puede partir de esta paradoja para cuestionar el futuro de las instituciones que nos protegieron victoriosamente en el pasado - me refiero acá a la generalidad mundial, aunque esto sea un pasado reciente, o un pasado próximo, en el caso de Colombia. En ello es diciente la noticia de la sentencia de la Alta Corte británica respecto al caso del soldado Jason Smith, aparecida el 23 de mayo en la revista The Economist. Smith murió insolado en Iraq durante el 2003, debido a un fallo en seguir los "procedimentos apropiados" para la situación. La madre del soldado no se contentó con esta explicación y llevó el caso a la máxima instancia, que decretó que a los soldados se les deben protejer los derecho humanos, tanto en las bases como cuando patrullan o van a la batalla.
La preocupación del ejército, presentado por el diario inglés, es muy ilustrativa sobre la carga soportada por las tropas. Primero, hace dudar a los comandantes en el momento de emprender misiones muy riesgosas - parece que los Rambos del mundo real van a la fuerza. Los comandantes también tendrán que pensarsela antes de enviar soldados sin el equipo adecuado, lo que significaría exposición innecesaria. La sentencia también implica que todos los procesos que investigan las bajas de los ejércitos deben ser transparentes a la ciudadanía, y no excusarse en aquello de la "seguridad nacional". Todo esto, un proceso de devolverle la humanidad al soldado.
Con nada de esto pretendo empañar el papel importantísimo de los soldados en el contexto nacional. Antes al contrario, como irónicamente comenta otro diario inglés, se trata de dar a los soldados una protección que ya se les da a los criminales. Puede que suene un poco inconsecuente ante la coyuntura actual de los llamados "falsos positivos", pero pocos se detienen a pensar sobre las características internas del ejercicio militar que los hacen capaces de tales atrocidades. Una componente primordial de la seguridad humana depende de como las instituciones que nos defienden de las amenazas que queremos queden en el ayer, hagan este ayer posible .
OAGS
P.D. Tal vez no era esta la manera como me imaginaba que iba a empezar la historia de la seguridad humana, pero ante la coyuntura noticiosa, lo mejor era aprovechar (sobre el mismo rema se quedan muchos elementos por el camino, como los inmigrantes en los ejércitos, entre tantos otros cambios en el aparato tradicional de seguridad - otra vez será). Incluso, si se las quiere dar uno de académico, hasta podría decir que a la mejor manera de Derrida - al que no he leído - lo primero es deconstruir el concepto de seguridad, para luego reconstruirlo.
