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domingo, agosto 11, 2013

Las manos detrás de la mirada




Se dice que los reporteros gráficos no están en la obligación de intervenir en las tragedias que están pasando en su presencia. El suyo es un fin ulterior: comunicar la dimensión de la situación al público general para que este reaccione y ayude en masa. Lo poco que podría hacer el reportero, solo ante la adversidad de los otros, se multiplicará miles de veces cuando el resto de la humanidad se entere de lo que sucede. Esto los exime, por lo menos en teoría, de la obligación moral que el resto de mortales dotados de empatía sentimos. 

El argumento no se lo he escuchado directamente a un reportero, pero creo que hace parte del imaginario colectivo. Yo lo escuche de quien parecía un diplomático mientras coincidíamos en una imagen de una exposición fotográfica sobre el tsunami. En la imagen se veía una mujer en el techo de su casa, abrigada con una cobija, mirando a la cámara en medio de ese mar oscuro que ocupaba el resto del encuadre. Dije en voz alta que debería ser muy duro estar tomando aquella foto y no poder hacer nada por ayudar a aquella mujer. El diplomático soltó el argumento del fin ulterior, totalmente convencido de tener la razón—tal vez por eso pensé que era un diplomático. Intenté defender mi opinión contándole la historia de Omaira después del desastre en Armero, pero me di cuenta pronto que necesitaría aquella otra imagen para hacerme entender. Sonreí a su gesto condescendiente y seguí a otro panel.

Pensándolo con detenimiento, el argumento del fin último debe provenir de otros tiempos, de la era de oro de la imagen. Antes, cuando no había cámaras en todos lados y sólo se transmitían las palabras, seguramente una imagen era capaz de cambiar el rumbo de la historia. Pero ahora que estamos saturados y que se han entendido los límites de lo que la imagen puede decir sin desinformar, ¿tendrá aún sentido eximir de responsabilidad a los observadores de oficio?

Jonathan Katz, un periodista de AP que trabajaba en Haití cuando ocurrió el terremoto, no está tan seguro. Durante las primeras horas de la emergencia, acompañado de su guía local, Jonathan recorrió el infernal Puerto Príncipe intentando asimilar la dimensión de la debacle y transmitirla a su audiencia alrededor del mundo. En un momento intentó ayudar a alguien que buscaba dentro de una de tantas montañas de  escombros. Iluminó el interior del arrume con el flash de su cámara pero no logró ver nada. Sólo mucho después pudo ver que en las dos fotos que tomó una persona se movía. Estaba viva, pudo haber ayudado. Después de la experiencia cree que por lo menos existe la opción, que nunca se sabe.

Durante la etapa diecinueve del Tour de Francia, un corredor dio al piso en una bajada empinada. Los comentaristas llevaban rato advirtiendo que el trayecto era peligroso y que la llovizna que caía hacía más traicionero el descenso. Lo que sucedió fue inesperado: la moto que seguía al ciclista se detuvo al ver la caída. Al parecer el conductor llevaba la cámara encima porque la transmisión siguió mostrando al ciclista incorporándose con dificultad y al copiloto acercarse a intentar auxiliarlo. A decir verdad, no parecía que el copiloto pudiese hacer mucho en el momento, pero de alguna manera la carrera se sintió más humana.



miércoles, febrero 15, 2012

La violencia (no) es salud

THEY are, typically, young Hispanic or black males; but the victims of gang killings are no more likely to be involved in drugs or other crimes than their non-gang slain counterparts. According to a new study by the Centres for Disease Control and Prevention (CDC), which looked at five cities with high numbers of gang murders between the years 2003 and 2008, drug trading or usage and other criminal activity ranged from zero to 25% of all gang-related killings. Less than 1% of gang homicides were drug-related in two of the cities; Long Beach and Los Angeles, in California. And in three of the cities less than 3% of gang homicides took place during a crime.
Otro poco acá. Es interesante que drogas y homicidios por pandillas no estén relacionados; aporta evidencia para desmentir aquello de que el tráfico de drogas implica violencia. Pero lo que me parece más interesante es que el estudio lo haga el CDC, brazo de la salud pública de EU. Tiene sentido que la violencia se vaya volviendo parte del sistema de salud, aunque son ilusiones porque el aparato de seguridad de los gringos está lejos de aflojar.

domingo, febrero 12, 2012

El mito de la maldad acechante


“You have trivialized our movement by your mundane analysis. May God have mercy on you”
Ayman al-Zawahiri

Varios medios comentaron entre diciembre y enero pasados cierta controversia en las altas esferas de la ciencia mundial. El brazo científico del gobierno de los Estados Unidos le solicitó a dos prestigiosas revistas que se abstuvieran de publicar los detalles de dos estudios sobre la gripe aviar. Hasta el momento no se tiene evidencia de que el virus H5N1 se haya transmitido de persona a persona, pero los dos grupos científicos en cuestión encontraron algunas variaciones genéticas que lo permitirían. Según la agencia estatal, esta información en las manos equivocadas sería demasiado peligroso.

El asunto es importante por las consecuencias que han tenido los remedos de pandemia de la última década. El globo terráqueo está cada día más integrado y una enfermedad infecto-contagiosa exótica puede fácilmente dispersarse fuera de control antes de poder tomar medidas de contención. Claro está, los científicos no quieren porque sí hacer el virus más peligroso; al contrario, al encontrar las formas como los virus se vuelven contagiosos se pueden buscar alternativas para evitar que pase, o para atacar las estructuras que lo permiten.

En un principio investigadores y revistas aceptaron poner una moratoria a la publicación mientras se discutía en la comunidad científica que hacer. (Aunque en ningún lado aparece explicado como es que el gobierno de EU sabe que va a salir en Nature antes de que la publiquen). Aquellos en contra de la censura aducen que la libre investigación hace más dinámico el proceso de generación de conocimiento, lo cuál puede salvar más vidas. Los que están a favor dicen que dada la peligrosidad de la gripe aviar (la cuál es sólo estimada porque con la gripe es difícil contar a los que no se mueren), son más los riesgos que los beneficios.

Es entendible que los argumentos científicos se centren en los riesgos y oportunidades de la divulgación científica, pero creo que vale la pena sentarse aunque sea un minuto a pensar sobre los motivos de la censura como tal: la existencia de unas manos equivocadas.

La imagen es la siguiente: allá afuera hay un grupo de gente que pretende acabar con la humanidad, quienes tienen medios y conocimientos suficientes para hacer recombinación genética en virus, los cuales dispersaran en las principales capitales del mundo occidental tan pronto como sea posible. Entonces, por razones de seguridad, toda investigación que de pistas sobre como se dispersan los virus persona a persona debe ser de acceso restringido. ¿Cuáles son las consecuencias de este modelo anticuado de seguridad? Además del ya mencionado atraso en la investigación, los avances científicos sólo los tendrán los buenos—y tal vez las compañías farmacéuticas que los apoyan.

Se me ocurren dos tipos de manos: las nacionales y las no gubernamentales. Si la censura está pensando en la primera, la idea parece devenir de un tipo de guerra que ya casi no existe. Cuando naciones con ideologías abiertamente antagónicas y poderes similares se iban a la guerra, la ciencia de doble propósito era altamente restringida. De ahí viene lo que llaman el complejo industrial-militar como motor de innovación, campo en el que hoy en día resalta Israel—razón adicional para contemplar un interés comercial detrás de la censura. Pero si esta es la visión que motiva la petición del gobierno, se puede decir que sus razones parecen infundadas. La paz burguesa que se vive en nuestros días ofrece pocos incentivos a los países para malgastar sus recursos en conquistar territorios.

Las otras posibles manos, los tornillos sueltos del mundo, tampoco presentan un cuadro tan perturbador. Es cierto que la gente con formación profesional parece ser la más susceptible a el extremismo dogmático—por lo menos un celebre sociólogo y su colega han aportado evidencia relevante. Pero también es cierto que por más capital y soporte humano que se tenga, el tipo de ciencia que hay detrás de este tipo de conocimiento no es algo sencillo. En un libro sobre los usos políticos del miedo, un periodista canadiense muestra como a pesar de una gran cantidad de recursos y conocimiento, el grupos terrorista japonés Aum sólo pudo producir pocas cantidades de las armas químicas que se proponían, varios de los ataques fueron fallidos y el daño limitado. Estos malos puede que no sean tan buenos para mal usar los avances en virología, para no mencionar lo complicado de distinguir a los buenos y los malos—¿cuántos japoneses estarán en la lista de manos equivocadas?

Como muchos antes ya han observado, lo que en verdad debería producirnos ansiedad es la estupidez. Que en un descuido se pase por alto un protocolo de bioseguridad y se desate una emergencia. Recuerdo un profesor de la universidad que decía sin vergüenza que en sus intestinos tenía una E coli súper resistente a los antibióticos con la que había trabajado en su doctorado. En sus excrementos va una potencial arma mortal ¿pero qué se puede hacer al respecto? En la objeción del gobierno no se ha dudado de la idoneidad de los científicos, más si la preocupación es tal no hay razones para tener fe ciega en ellos.

Creo que en el fondo este problema de censura se debe a una mala pasada que nos juega a los humanos la prudencia como virtud suprema ante una concepción de seguridad que se va quedando desactualizada.

Nota 19/2/12: Las investigaciones serán publicadas; pero el razonamiento parece seguir sin cambiar. 

sábado, mayo 21, 2011

Un día en el medio – segunda parte


1.
Si no hay gente no hay foto. Ese era el único mandamiento, la única regla que importaba a la hora de internarnos en la zona de desastre. La foto perfecta podía aparecer en cualquier momento, así que el conductor tenía que estar listo al grito de "stop" para complacer al cliente sin causar un accidente—una dinámica un poco grosera, pero inevitable.

La primera sesión fue en un manojo de casas que quedaban paradas en medio de los escombros, tal vez a unos tres kilómetros de la costa. Una anciana arreglaba algo junto a su casa y no alcanzó a huir para cuando llegamos a su puerta. El fotógrafo me pidió que le preguntara si podíamos tomar fotos, y ella dijo si, pero que no a ella. Detrás de su casa no quedaba nada en pie, y a su vecino en dirección a la playa le había quedado maltrecha. La anciana nos mostró hasta que nivel había llegado el agua—más de un metro—recordándonos lo afortunada que era de no haber sufrido mayor daño. Un hijo no había tenido tanta suerte, y ahora él y su esposa e hijos vivían en su casa de dos pisos. Le pregunté si había recibido ayuda, o si quería que los voluntarios de la universidad la visitaran. Mirando a nuestro alrededor, dijo que mucha otra gente necesitaba ayuda y que ella podía valerse por si misma.

Al frente una vecina sacaba carretillas de barro de lo que parecía ser su garaje. Después de despedirnos de la anciana, esperamos unos diez minutos a que fuera y viniera unas cuatro veces para poder captar su mejor ángulo. No dejó de molestarme que eso fuese lo único que íbamos a hacer: incomodar con nuestro ojo inútil a la gente que ya tenía suficientes problemas. Supongo que el fotógrafo curtido se consuela pensando que su noticia traerá mucha más ayuda de la que los dos podríamos ofrecer en ese momento. Yo no podría vivir con eso.

Durante esos diez minutos llegó un camión de mensajería a dejar un paquete. El tipo del camión parecía tener problemas confirmando la dirección fuese la correcta. Aunque si se le piensa bien equivocarse estaba dentro de lo posible, no dejó de causarme gracia aquel espectáculo en medio de los escombros. La escena de esa entrega en medio de la nada, como cuando al final de Seven llega el camión con la fatídica caja, me pareció una preciosa imagen del espíritu de reconstrucción. Pero mi entusiasmo no fue compartido, y el camión se fue no sin gloria: de seguro ya se siente importante de hacer lo que hace.


2.
Volvimos al taxi y seguimos derecho hasta la playa. La barrera de cinco metros contra tsunamis seguía ahí, como un mal chiste. Del bosque de pinos que debían terminar de contener las olas quedaban algunos palos. Para mi sorpresa la playa estaba limpia, la arena blanca, sin escombros árboles destrozados, la mar resplandeciente con aquel sol de primavera. La barrera no habrá podido con el tsunami, pero ahora cumple la importante labor de cubrir aquella odiosa normalidad: previene a la playa de que entre en su bikini a nuestro velorio.

Luego de esperar a otros curiosos en bicicleta para tomarles una foto, decidimos intentar fotografiar a los grupos de rescate trabajando en la zona. En el centro de comando, la combinación prensa internacional-universidad prestigiosa funcionó, y el jefe de bomberos se ofreció a mostrarnos él mismo el terreno.

La primera parada fue el helipuerto de bomberos, a menos de un kilómetro de la orilla del mar. Elevado por lo menos cinco metros, en el parqueadero aún quedaban las latas maltrechas de los carros de los bomberos y un helicóptero descompuesto. Nos contó el jefe que apenas sucedió el terremoto, una de sus máquinas despegó para chequear el terreno, helicóptero que luego ayudó a evacuarlos cuando el agua los arrinconó en el techo del segundo piso. Mientras llenaban el tanque del segundo helicóptero llegó la ola, y ahí ya no hubo más que correr.

Las oficinas del edificio ya estaban transitables, aunque las paredes seguían dando testimonio de la magnitud de la tragedia. En uno de los hangares había un pinos de cuatro metros clavado en la ventana. En el segundo piso estaban listos los trajes de buzo que habían venido usando para buscar cuerpos. Otros bomberos se nos unieron y nos llevaron hasta el techo donde los perdonó el agua aquel día. El más veterano me contó que entre el terremoto y el tsunami habían logrado traer a veinte vecinos que no habían salido de sus casas. En el área que señalaba había lodo en una capa tan uniforme que costaba pensar que hasta hace unas semanas habían allí casas y gente.

El fotógrafo quería tomar una foto de la panorámica, así que me pidió que le dijera al veterano que posara de espaldas a él, de frente al paisaje. Con tal de que no saliese su cara, el bombero podía colaborar con el mandamiento. Los demás le hacían bromas y se reían de sus minutos de fama. Pensé que lo hacían con plena conciencia de lo banal del montaje y de lo eterno de su gloria. Junto a ellos no hay de otra que sentirse inútil.

Antes de despedirnos el fotógrafo quería otra toma con la pila de carros. En el camino nos comentaron que un par de ellos habían sido recién comprados y que hasta ahora no se había escuchado nada de compensarles el daño. Ingenuo, pregunté por el seguro y me contaron que ninguna compañía asegura contra tsunamis. Tal vez el gobierno podría ayudarles con algo, dije, y enseguida nos pidieron que si podíamos se los hiciéramos saber. Bueno, para algo podía servir todo esto.

3.
La última parada fue en una zona que era peinada por los bomberos con ayuda de una grúa. Dejamos el taxi cerca a la vía principal y caminamos entre montañas enormes de escombros arrumados. Aquí y allá habían casas que la ola había arrastrado cientos de metros sin que se desarmaran. Una cruz y una fecha indicaban que ya habían sido revisadas. Un mes tras la tragedia, todavía las autoridades pensaban darse hasta dos meses más para encontrar más cuerpos. El capitán se quejó porque ese no era trabajo de los bomberos, quienes hacían falta en la ciudad cuando las réplicas fuertes ocurrían. Sin embargo no había opción por ahora.

El fotógrafo se quedó un rato tomando a la cuadrilla vigilar el ir y venir de la grúa, atenta a lo que revelaba cada pucho de escombros removido. Le pregunté entonces al capitán por su familia. Dijo con serenidad que a uno de sus padres se lo había llevado la ola. La primera vez que había tomado un descanso, hacía un par de días, había sido para ir a reconocerlo en la morgue. Ya no le quedaba carne en el torso, y le faltaba media cara; pero reconoció el cuerpo. Debió haber notado mi desconcierto, porque al mirarme dijo que con toda la destrucción a su alrededor, haber encontrado el cuerpo era un gran alivio. Al día siguiente tomaría de nuevo un descanso para la cremación, y luego volvería a trabajar.



Cuando íbamos a despedirnos nos topamos con un par de personas que sacaban cosas de una de las casas arrastradas. Dejamos al capitán y nos fuimos a por la foto. No hizo falta pedir permiso porque el señor en sus cincuentas que sostenía una escalera medio destartalada empezó a posar para nosotros, mientras repetía en inglés japonés milagro, milagro. Su casa había flotado un par de kilómetros y todas sus pertenencias parecían estar a salvo. Desde el día del terremoto se refugiaba con su familia en la iglesia cristiana a la que pertenecían; este era el tercer y último trasteo que pensaban hacer antes de dejar la casa a las retroexcavadoras.

Dentro dos personas iban y venían dentro de lo que quedaba de casa. Una mujer que debía ser la esposa del señor de la escalera estaba a cargo de la cocina, la cual se veía desde el boquete que usaban para entrar, y a un hermano del culto se le escuchaba escarbando en algún otro lado. El fotógrafo se agachó de manera que toda la operación apareciese en el encuadre. Quise ayudar pero se notaba que estorbaba en la foto. Entonces vino una réplica. La señora, cerca del boquete, empezó a entrar en pánico. La casa crujía, y el esposo parecía no saber que hacer; la casa bien podía volcarse y caernos encima. Como la tenía cerca, sujeté la escalera para que la señora saliera, pero ella no se movió hasta que dejó de temblar.

Después del susto decidieron dejar hasta ahí el trasteo. Primero bajó la señora y luego vino el compañero. Ya iba a bajarse de la casa, cuando el fotógrafo nos quitó de la escalera y le hizo señas de que se quedara donde estaba. Con el esposo nos mirábamos impotentes, mientras el compañero se notaba molesto: aquella casa podía caerse en cualquier momento, otra réplica podía venir en cualquier momento, pero él tenía que esperarse a que el desconocido lograra la mejor toma. Fue un alivio que todo terminara sin problemas, pero ya después no hubo más palabras entre los cristianos y nosotros.


4.
Antes de acabar el día decidimos ir a ver la estatua del patrón de la ciudad. La vía principal al lugar donde alguna vez estuvo su castillo quedó interrumpida por un derrumbe, así que tocó tomar un ruta alterna. El sitio tenía un aviso de cerrado pero el parqueadero estaba abierto, así que entramos. Una cinta advertía que acercarse a las estatuas estaba prohibido, pero otros en el mismo plan de nosotros se tomaban fotos junto a Date Masamune. Eran un par de trabajadores de la compañía de gas natural de alguna prefectura lejana que aprovechaban un descanso para llevarse el recuerdo obligado de Sendai. Más de cuatro mil de ellos habían llegado de todo el país a revisar casa por casa toda la ciudad antes de restablecer el servicio, uno más de los muchos ejércitos japoneses que levantaron la ciudad después de que la madre naturaleza la apagara en casi todo sentido. Se me pasó por la mente contarle esa historia al fotógrafo, pero ya la habíamos arruinado el rato a suficiente gente.

Desde el mirador se veía una franja gris entre la ciudad y el océano; cuan larga como la costa. La estatua de un águila que miraba desde lo alto de una torre se había caído y vuelto pedazos. El conductor del taxi me contó que la habían puesto allí a comienzos del siglo veinte, mirando hacia el norte para que vigilara a los codiciosos rusos. Mal momento para caerse, ahora que los vecinos han incrementado sus visitas a las islas que tienen en disputa.



Al occidente el buda gigante que guarda la ciudad relumbraba con el ocaso. Todo extranjero que se lo topa por primera vez queda sorprendido, tanto por su magnitud como por el hecho de que nadie le haya advertido de su existencia. Al parecer la estatua, tal vez una de las más altas de Japón, tiene un pasado oscuro, de modo que los locales rara vez la visitan, y ni siquiera la consideran un atractivo de la ciudad. En todo caso, ver una vez más aquel Buda aún entero es por lo menos un alivio.

El último en posar para la foto fue el señor de estas tierras. Desde aquel caballo observando sus feudos, con ese parche en el ojo tan soberbio, seguro tenía muchas más razones para estar orgulloso que triste. La ciudad que nos heredó se levanta una vez más casi como si nada, y es seguida con admiración por ojos de todo el mundo; un mundo que un día él mismo quiso intentar traer más cerca, enviando los primeros japoneses al Vaticano, aunque las circunstancias no le fueron favorables. Masamune, de espaldas al sol y de frente a Sendai, le dio trabajo al fotógrafo que no lograba un ángulo que mostrase el detalle de su figura. Aún hecho estatua, el shogún se hacía respetar en su tierra.

Después de un rato el fotógrafo pareció darse por vencido. Entonces vino hacia mí y antes de que me diera vuelta para poner fin al día, me pidió que me parara junto a la estatua: había que cumplir el único mandamiento. Como eramos dos sombras, no importaba que mis ojos no fuesen rasgados, ni mi pelo lacio, o mi tez pálida. Quieto en la posición indicada, mientras el fotógrafo hacía los honores con su obturador, repasé de nuevo las memorias de aquel día, ahora como un pedazo de posteridad. Aquellas imágenes viajarían millas a través del mundo, alimentarían las pasiones de gentes que jamás conoceremos, uno que otro corazón se inspiraría en ellas para salir de su rutina y ayudar de alguna manera al prójimo, algún otro reconocería la gravedad de los terremotos y se prepararía mejor para cuando le toque su turno; quien sabe, vidas enteras podrían cambiar después de ver estas imágenes. Las fotos se conservarán en la nube por más tiempo que las vidas de sus protagonistas, milenios incluso; inspirarán historias que de seguro poco o nada tendrán que ver con las circunstancias originales de su concepción. Circunstancias que sólo unos pocos leerán, y que sólo a mí parecen importarle. En últimas creo que el fotógrafo hace su trabajo y más bien soy yo el ingenuo que ve en todo un gran dilema ético.

En silencio, le agradezco a Masamune por su protección, pido una vez más perdón por todas las imprudencias, y me voy con la sensación de que toda la experiencia ha sido algo como un bautizo.

jueves, abril 14, 2011

Un día en el medio — primera parte

Buscando algo que le de sentido a la nada

Estaba preparado para muchas cosas cuando me inscribí como voluntario en el grupo de estudiantes de la universidad: limpiar lodo, mover escombros, cargar víveres, preparar comida, o jugar fútbol con los niños. Sin embargo, la primera tarea que se me encargó fue quizá la más obvia: servir de traductor. Un par de periodistas venían de una ciudad en California, recomendados por alguien en la universidad, y necesitaban un par de personas para que les ayudaran en su trabajo documentando las desgracias de los sendaireños.

Me citaron al hotel de los periodistas con la otra voluntaria al siguiente sábado. Un profesor de la universidad y otro señor que resultó ser 'el de los contactos' serían las contra partes locales que ofrecerían el soporte logístico. Nos presentamos y enseguida pasamos al restaurante. El profesor me dio una carpeta y mencionó que incluía un sobre con dinero para mis gastos en transporte. Pero yo vine en bicicleta, le dije; él sonrió y volvió con los huéspedes.

La cosa siguió mal. El profesor alardeó porque el hotel desde el terremoto no servía cenas, pero gracias a su insistencia prepararon un menú especial para nosotros. Eso me pareció algo inconsecuente con el motivo de la visita, aunque la verdad es que la comida hace mucho dejo de ser un problema en la zona. Luego vino una réplica de tal vez 4 fuerte o 5 suave en la escala japonesa que llega hasta 7. (1) Uno de los periodistas dijo que no había problema, que ellos venían de California, que ellos tienen la falla de San Andrés, que ellos estaban acostumbrados. El mismo tipo saldría corriendo del taxi en una replica grado 6 suave el siguiente lunes temiendo que algo le cayera encima al carro. Después admitiría que sus terremotos en California son menos acentuados y que el último fuerte fue hace quince años.

Se habló luego sobre sitios a visitar. Los periodistas querían concentrarse en Sendai pero los nombres que traían eran de lugares bastante alejados. Además, que un sitio quedara a 80 millas para ellos no quería decir que estaba a menos de una hora: el limite de velocidad japonés en carretera pública es de 50 Km/h, así que los tiempos por lo menos se duplican.

Luego, creo que de la nada, empezaron a hablar de cadáveres. Quiero pensar que fue un mal entendido en la traducción, que unos hablaban de ver las operaciones de rescate y los otros entendieron ver cuerpos. El caso es que el señor de los contactos empezó a llamar a sus amigos policías a ver como nos llevaban a ver muertos. El profesor les explicaba que ni siquiera en las noticias locales salían fotos de estos, así que iban a ser afortunados. Yo intenté preguntar si eso era en verdad lo que querían ver; pero una vez ofrecida la oportunidad, los periodistas dijeron que sí, porqué no.

Supongo que en esto fallamos todos. Es ridículo que los profesores se ofrezcan a conseguir acceso a tales lugares; parece que puede más el afán de servir al cliente que el sentido común. Fallan los periodistas por prestarse a cubrir estas historias, aunque después de la experiencia me parece que ser periodista es un poco eso: irrespetar al prójimo, profanar su ser por el supuesto bien superior que viene con la información—aunque claro, supongo que muchos aprenden a medirse en el momento de hacer una pregunta o apretar el obturador. Fallé yo por prestarme a ese juego, por no negarme a facilitar algo que no tenía sentido e iba contra mi ética. Bueno, no falló el policía que se negó a dejarnos entrar a las morgues, pero si falló el señor de la funeraria que accedió.

Después de que nos echaron de la sala de velación por el malestar de las familias presentes, el fotógrafo me contaría una historia sobre lo difícil que es cubrir los entierros de soldados americanos muertos en la guerra. La historia fue insulsa, desconectada de la grosería que acabábamos de cometer—las familias de los soldados quieren cubrimiento, allá ellos son locales—, y me terminó de convencer de que nada bueno iba a salir de aquella visita. Seguramente le contará la historia a sus amigos o colegas después de un par de cervezas, pero será totalmente intrascendente en el artículo final. Puro morbo. Algo muy humano, en lo que caeremos muchos por acá por mucho tiempo, pero aún así, reprobable.

Aquella noche salimos a cenar con Hiroko, y comí y bebí hasta hartarme. Luego, en la entrada de nuestro edificio, ella trajo un poco de sal que había alistado previamente y me roció por delante y por detrás. Se dice que los muertos se vienen con nosotros después de los velorios, y sólo la sal evita que se entren con nosotros a la casa. Si ese es el caso y los importuné, espero les haya gustado la cena que pedí para ellos.


(1) La escala japonesa varía según el sitio, y representa el nivel de vibración que se siente; la escala incluye un número y la calificación fuerte o débil. 7 es destrucción total; el terremoto del 11 fue 6 fuerte, igual que la réplica del 7 de abril—la cuál fue más fuerte en movimiento vertical que el mismo terremoto.

lunes, marzo 21, 2011

La semana después—9.0, tercera parte

La verdulería recupera su importancia

El viernes 18 de marzo, a las 2:46pm , comíamos croquetas de huevo, repollo con salsa de ajonjolí, arroz y sopa de miso; de postre un pastelito de limón y te verde para la digestión. Fue necesario hacer una fila de cuatro horas para conseguir los víveres, pero lo importante es que los teníamos. El terremoto no sólo altera el abastecimiento de productos a las zonas afectadas, también alinea las necesidades de la gente, de manera que todos quieren de lo mismo al mismo tiempo, contribuyendo a que el sistema colapse. Como cuando todos quieren ir al nuevo centro comercial el sábado en la tarde.

Sin embargo, aunque la escasez es lo más preocupante, tal vez la reacción de la gente sea lo más difícil de solucionar. Ya desde el miércoles o jueves después de la tragedia, los abastos de barrio, muy parecidos a los colombianos, tenían surtidos básicos de vegetales, frutas, aceite, artículos de limpieza y algo de arroz. Sin embargo, como la gente ya no piensa en ellos cuando va a hacer mercado, estos se encontraban mas bien solos. Para el sábado, ya los almuerzos se apilaban en los restaurantes del centro mientras la gente hacía fila para obtener cosas más específicas como medicinas, pastelitos de limón, y pan—el pan no es una comida tradicional en Japón, su producción es más complicada, y su baja densidad no es adecuada para las circunstancias. La comida, en conclusión, ya no es un problema.

Como saben, la conexión a Internet nunca se perdió; un día después los teléfonos funcionaban con intermitencia. Dónde vivimos la luz llegó al tercer día. Al cuarto volvió el agua. Luego vinieron las novelas y los programas de variedades; los casinos entraron en pleno funcionamiento y algunos cafés abrieron sus puertas. Las carreteras principales y los servicios intermunicipales de buses empezaron a ir y venir con alguna regularidad. La ciudad se rehace gradualmente a sí misma con la ayuda de miles de manos que hacen lo que está a su alcance.

Otras cosas tomarán más tiempo. Lo más problemático es el gas natural, del que una gran porción de la población depende para cocinar y para darse una ducha caliente—esta una parte vital de la cultura japonesa, no un capricho como dice mi mamá. La planta que recibía el gas en el puerto fue borrada por el tsunami, y los arreglos pueden tardar entre uno y dos meses. Entre tanto la gente ha recurrido a cocinetas para camping, microondas, y algunos han podido migrar a gas propano, del que parece haber provisión suficiente. Para la cuestión del baño, algunos termales a las afueras de la ciudad han ofrecido gratis sus servicios para que la gente vaya y se relaje. También hay casas con calentadores eléctricos que han abierto sus puertas para que los vecinos laven sus penas.

La gasolina y el keroseno son un poco más complicados, y las filas en las estaciones de servicio continúan. Tienen prioridad los carros de trabajo, aunque para los particulares aumenta gradualmente la oferta; por lo pronto, las calles están llenas de peatones y bicicletas, un paraíso mockusiano. En las ciudades densas como las japonesas el desabastecimiento de combustibles es llevadero, y los que viven lejos del trabajo salen un poco más temprano y toman un bus, o comparten vehículo y se turnan en las filas. Los arreglos del tren toman más tiempo, y mientras la prioridad sean los damnificados de la costa, los arreglos irán a media marcha. Por último, el aeropuerto quizá vuelva a funcionar en octubre, aunque la pista ya fue despejada y desde allí operan los equipos de rescate y los ejércitos de otros países.

Otra historia, claro está, es la de las más 300 mil persona afectadas por el maremoto que en este momento viven en refugios; tampoco la de los más de 12 mil desaparecidos. Las labores de reconstrucción tardaran por lo menos un año, y para muchos no hay un lugar al cuál volver. Ninguna de estas historias, la de la normalidad de Sendai ni la de la permanente zozobra del posdesastre, es tan interesante para los medios como la del Apocalipsis nuclear, y pasaran desapercibidas para la masa que busca el próximo miedo del cuál sentirse seguro.

lunes, marzo 07, 2011

¿Más confucianista que Confucio?

El nuevo mejor amigo del gobierno chino (foto AP)

Dentro de la tradición confucianista, los personajes públicos y los de mayor nivel de formación son a quienes se les exige de la manera más estricta que se comporten de acuerdo a las normas. Como ejemplo que son para el resto de la sociedad, su quiebra moral se considera más grave que la de cualquier mortal. No es extraño entonces encontrarse cada tanto en los medios masivos de comunicación con extensos cubrimientos de las menores faltas de políticos y artistas, generalmente. A una cantante que cogieron con 0.5 miligramos de droga, la pasaron en todos los canales por más de dos meses, escudriñaron hasta el más profundo rincón de su intimidad, y la obligaron no sólo a pasar una corta temporada en la cárcel, sino que ahora estudia servicio social en la universidad y espera trabajar en la beneficencia apenas pueda. A una joven figura del teatro Kabuki que hace poco se emborrachó con un ex-jefe de la mafia, y por andarse con chanzas terminó seriamente aporreado, llevan algo más de tres meses sometiéndolo al escarnio público por su vida desordenada--tan así que le tocó embarazar a la esposa para ganarse algo de compasión (esto una conclusión de mi mente retorcida, pero es que es difícil creerse esas coincidencias).

Cualquiera que comparta el acervo latinoamericano verá en esta costumbre una cualidad que explica, si no nuestro atraso, si el avance de oriente. Pero ¿puede tan honorable práctica salir mal? Dos casos de estos días apuntan a que así es.

Hace dos semanas, después de los exámenes de admisión a la universidad en todo el país, se detectó en internet un intento de fraude. Mientras el examen tomaba lugar, en un foro público alguien empezó a pedir ayuda con ciertas preguntas del examen. En seguida la noticia se tomo todos los canales. Los representantes de las universidad, en conjunto con la policía, prometieron una exhaustiva investigación para detectar al infractor. En un día ya se sabía cómo se había cometido el fraude: el aspirante había tomado una foto con su celular y un cómplice había buscado las respuestas. Se sugirió solicitar a Yahoo, la compañía a la que se subió la información, que revelara los datos de las cuentas involucradas. Al parecer, la compañía no cedió. Pero con un poco de minería de datos fue cuestión de días dar con el implicado: un joven de 19 años, desesperado porque en la primera oportunidad no había podido pasar a la universidad, por lo cual ya en sí era un paria.

El operativo policial fue notable. El sector de la casa del estudiante acordonado. Barreras visuales y vidrios polarizados para mantener la identidad del individuo en reserva. Las cámaras de televisión esperando el menor descuido. Un vuelo charter para llevar al criminal desde su ciudad, a una hora de vuelo de Kyoto, dónde el operativo continuó para llevarlo a comparecer. Caso cerrado ¿pero se justifica todo este espectáculo? Algunos comentaristas con algo de sentido común vieron en el espectáculo algo macabro. ¿Qué será del joven una vez que todo acabe? Sí, es una falta importante copiar, y la reputación de las universidades es importante ¿pero al punto de pisotear la dignidad de cualquiera?

Hoy, por otro lado, renunció el Ministro de Relaciones Exteriores, tal vez el sexto en cinco años. Maehara, un buen tipo, con carácter, quien lideró en su anterior puesto como Ministro de Infraestructura el difícil proceso de desmontar el sistema de rentas a través de mega-obras innecesarias ya famoso en Japón, es decir, un tipo duro. Además, el ministro al que le tocó enfrentar el último incidente con China al rededor de unas islas en disputa, en el que no cedió un milímetro--algo no necesariamente bueno porque la cosa se iba complicando, pero en todo caso, algo que es sólo el comienzo de lo que será una constante puja con el gran vecino. De hecho, al hombre ya lo tenían por el próximo primer ministro, dada la baja popularidad del señor Kan. Sin embargo, todo se vino al suelo.

El pecado de Maehara: recibió dinero de un extranjero en su campaña. Y no es que haya hecho un torcido, o que esté beneficiando algún negocio oscuro. Maehara recibió un millón de pesos cada año durante los últimos cinco años de la dueña de un restaurante coreano donde iba a almorzar cuando estaba en la preparatoria. Al parecer, para mayor ironía, esta señora es de los coreanos que nunca han pisado Corea del Sur, sino que, descendiente de inmigrantes, nunca recibió la ciudadanía. Puede que me equivoque, pero el caso es que esta es una falta ridícula. Ese dinero no debe ser ni la quinta parte de lo que se gana en un mes un ministro japonés. Además, el país lleva cinco años sin una política exterior estable, sin enviar un representante fijo ningún foro internacional--sin contar con el ministro borracho que mandaron a Italia. Pesa más la corrección concianista--y la presión de la oposición, que no tiene nada que ofrecer más que quejas--que la premura de las circunstancias.

Estos dos eventos de alguna forma dan luces de como el país va perdiendo su tercera década.

jueves, julio 22, 2010

La ola de frío que azota a América Latina se ensaña con los más pobres

Es mi impresión o el frío al sur del Ecuador es especialmente malévolo?

Si fuese bien pensado, sólo vería en el titular un recurso periodístico para atraer mi atención apelando a la piedad cristiana, para despertar en los lectores una preocupación por los desfavorecidos y prepararnos para cumplir el sagrado deber de ayudar al prójimo. Sin embargo, no puedo hacerme el tonto y olvidar que aún el más extremo de los eventos naturales carece de sentido moral, no es ni bueno ni malo, y que lo que descubre el frío es un problema más profundo. Nada que se solucione con unas cobijas, ni otros placebos morales.

Rato sin titulares,

lunes, noviembre 02, 2009

El Sexo Oral es una ventaja evolutiva







Los chinos pueden cesurar hasta la pornografía escrita en internet, pero la ciencia es ciencia.

Según el Espectador, después de observar unos murciélagos, los vouyeristas chinos encontraron que el sexo oral es una ventaja evolutiva, y no sólo eso

viernes, octubre 16, 2009

Cabeza de ratón, Cola de león


Animal life - My Little Lover

Creo que escuhé ese refrán por primera vez cuando pasé de la primaria al bachillerato, repetido una y otra vez por las directivas, quizá para que no nos amilanásemos en la nueva tierra de gigantes que teníamos por segundo hogar. El dicho hace referencia a un hecho del que al parecer no podemos escapar: al inevitable movimiento de la vida, en el que pasar a una fase distinta implica aceptar el yugo de una jerarquía cada vez mayor; mas sin embargo, sólo de esta manera se llega a ser parte de aquella realeza, las ligas mayores, con todo y la posibilidad de convertirse algún día tan siquiera en un pelo de la melena. En todo caso, descontando la existencia de otro animal con una cabeza más prominente - o una cola más prometedora -, me parece que el dicho esconde más de lo que enseña.

El ejemplo que tengo en mente es el de la inserción de las empresas colombianas en los grandes mercados. Aclaro que no se trata a priori de una perorata anti-globalización; es más bien una crítica a la reacción a ella. Es apenas lógico que las empresas, a la medida que crecen y se distinguen en sus oficios, piensen en aventurarse más allá de las fronteras que las vieron nacer. También tiene sentido que en este proceso se triunfe, se perezca, se compren amigos, o se subyuguen a una estructura mayor. Pero, en ese proceso, ¿qué tanto queda de nación en el accionar de la empresa?

Me lo pregunto mientras leo noticias sobre Avianca, o Bavaria, en las que parece asomar una satisfacción pratiotera, como si sus triunfos fuesen los nuestros, como si esas compañías fuesen la cabeza de la larga cola de colombianos. Sí claro, todo éxito es bien recibido, y si en algún momento esto llega a representar un trato preferencial para nuestros nacionales, pues aún mejor. No se trata de envidia, ni mucho menos. Sólo me cuestiono porqué he de emocionarme ante dichas noticias. El rugido del león no tiene porque hacerle gracia a la ratonera.

La cosa toma un tinte más preocupante cuando las empresas tienen un impacto importante en la opinión pública. Una cosa es que nos amarremos a consumir ciertas marcas, y otra cosa es que se afecten los canales por los que fluye la información. No me voy a referir al triste caso de Claudia López y el Tiempo esta semana que pasó, porque ya suficiente gente ha opinado al respecto. Pero no ha dejado de llamarme la atención que se mantenga en línea la noticia del premio planeta de novela, uno de tantos, pero del único que nos enteramos. Ni siquiera una nota para dejar claro las relaciones entre el diario y la compañía, como si pasa por ejemplo con The Economist, que también publica libros y también los cubre, pero siempre dejando en claro la existencia del vínculo. Esos rincones tan dejados hasta de las malas lenguas, como la industria editorial, son reflejos más claros del problema. En un país con tan pocas noticias literarias, nos toca conformarnos con lo que quieran vendernos. No se puede olvidar que las buenas intenciones de las compañías están supeditadas a sus utilidades.

La cola de león no vive ya de queso.

lunes, mayo 25, 2009

El Gran Adiós de Bebé

Bebé, Grande (Foto del Espectador)

"estos no son payasos de verdad. Se visten pero para hacer publicidad, no para hacer reír. Colombia es más triste sin payasos"
Si le hacemos casos a Dan Gilbert, los últimos días de Bebé no debieron ser tan tristes como todos se imaginan. Cierto que termino postrado por la diabetes, que se le llevó una pierna antes de tiempo. Las tres diálisis semanales también debieron ser una experiencia terrible, y vivir en un ancianato es algo que nadie desea.

Tampoco nos ayudan las notas periodísticas, todas narradas con un aire trágico y miserable. Se relatan sus males y la historia de su decadencia con desazón; la música de la nota televisiva produce grima, el periodista que cubre en vivo parece ser el de la sección judicial, y no evita referirse a Bebé como "este payaso."

Pero varios cabos sueltos parecen contar una historia distinta. El psicólogo estadinense sostiene que cuando en la vida nos sorprenden las desgracias, somos capaces de sacar lo mejor de nuestra existencia, una vez aceptamos las nuevas condiciones. De hecho, son más infelices aquellos a los que no les pasa nada, pero viven con miedo de que algo les suceda. Así que no sea extraño que Bebé dijese que estaba tan feliz que bailaba en una pata. Además, nos indica el reportero que en el hospital estaba recluido, no internado.

De hecho, no es difícil imaginar que su partida haya sido su último gran acto. Tal vez el único en el que pensó un poco más en sí mismo y menos en su público. No deja de ser sospechoso que los datos de su condición nos lleguen por un mago, ni que el lapsus del periodista en dar su nombre de pila sea un error casual. Rafael.

A millones de televidentes, aunque sea por un segundo, se les habrá pasado por la cabeza la imagen de Bebé mientras las pompas fúnebres vallenatas seguían sin parar por la pantalla. Más de uno verá en ello otra señal de la mala suerte de Bebé, pero ninguno hubiese imaginado un desfile semejante si hubiese desaparecido en una fecha cualquiera. En cambio, el pasado 13 de mayo, con sólo bajar el volumen, bien pudo ser la última vez que Bebé se robó las cámaras y los corazones de todo el país.

Todo para que luego, un segundo después, el realismo mágico nos sacara una sonrisa.

Hasta la tumba, Bebé.

viernes, mayo 08, 2009

Las japonesas los prefieren bajos

¿Tal para cuál?

Para todos los que crecimos en la clase media de un país en desarrollo durante los 80s y 90s, el futuro era un cuadro de un sólo color: amarillo progreso. El camino estaba trazado, casi casi como si se tratase del destino: del colegio a la universidad - o algún estudio superior -, luego a hacer plata, comprar un carro, una casa, tener una familia, seguir de para arriba hacia el amarillo. Desde que no se le zafara una tuerca a uno, no había pierde. Los juegos de video eran costosos, la televisión muy mala, el Internet demasiado técnico, los celulares imposibles, los instrumentos musicales igual de inaccesibles... Fuera del vicio y el fútbol, no quedaba de otra.

Uno de los consuelos de este camino era que uno no tenía que preocuparse mucho por quedarse solo. La mamá siempre decía que uno era muy buen partido, así que era cuestión de tiempo para que le llegase a uno su media naranja. De hecho, era más bien lo contrario: sin importar lo feito que uno fuese, el mensaje era "valórese". Esto porque con lo apetitoso que uno se estaba poniendo, de seguro lo enredaba a uno alguna mugrosa, lugar donde acaba todo sueño de progreso.

Sin embargo, otra es la historia en el mundo multicolor, donde el futuro es más nebuloso, y son muchas las formas respetables de ganarse la vida. En términos económicos, el movimiento de la mano de obra de los oficios al sector productivo y financiero, crea al tiempo una demanda de divertimento y una escasez de gente dedicada a los oficios varios. De manera que ser músico, actor, peluquero, o cocinero son alternativas legítimas, que no generan barullo en la reunión de tías.

Japón es un lugar paradigmático en lo que se refiere a estos dos escenarios porque, sin tener en cuenta las profundas diferencias culturales, el país se desarrollo rápidamente, en treinta años si contamos desde la recuperación post-guerra, o en un poco más de un siglo, si empezamos desde cuando se abrió a occidente. El hecho es que los abuelos japoneses - que son bastantes - no conocían de mayores lujos, y en general llevaron una vida similar a la de nuestros padres, mientras que los pequeños crecieron sumergidos en el mundo de la opulencia - o por lo menos de la modernidad. Es así que los cambios de percepción inter-generacionales se encuentran bien marcados entre las diferentes edades; mientras que los viejos entienden de la vida rural, los jóvenes preguntan si en el país de uno hay edificios.

Todo el rollo para contarles algo más bien intrascendente, pero no por ello menos chocante, sobre el cambio de gustos de las mujeres japonesas de hoy respecto al partido ideal. Esta semana salió en el periódico un artículo sobre el cambio de las tradicionales "tres Kou's" - que viene del ideograma de alto - a las "tres Tei's" - que hace referencia al ideograma de bajo. De entrada es evidente que es un cambio brusco. A nadie sorprenderá que ls Kou's correspondan al paradigma nacional de progreso: Alto grado de estudio, Alto nivel salarial, y Alta estatura. Pero los tiempos cambian, y ahora las mujeres los prefieren bajos: Bajo riesgo en el ingreso, Baja dependencia, y Bajo perfil. En otras palabras, ya que las japonesas igual han de trabajar y llevar el pan a la casa, no quieren mantenidos económica, alimentaria o afectivamente; y, además, que no se crean la gran cosa y hagan caso.

¿Y qué hacemos los monocromáticos?

Mal partido.

panÓptiko

martes, marzo 03, 2009

Vacuna contra cáncer de cuello uterino no es para niños varones

Por no perder la costumbre, para que no olvidemos que nada es obvio.

viernes, febrero 20, 2009

Será liberada mujer parapléjica condenada a 37 años de prisión por reclamar cámara que le robaron

No me aguanté, este es a todas luces el titular de la semana. Fácilmente se puede escribir una telenovela basados en él: está el sistema penitenciario, un tiempo larguísimo, el drama de una enfermedad despiadada, y la vil injusticia, con tecnología de por medio. Sólo falta la escena de sexo.

Felicitaciones,

martes, febrero 17, 2009

Bolsa de Sorpresas

Esta semana las noticias están tan entretenidas, que no me aguante las ganas y las pego ahora rápido, en medio del trabajo:



- Primero está el ministro de finanzas japonés aparentemente borracho en la reunión del G7 - pero el dice que estaba era agripado.

- Luego la sorpresa que se traía guardada la actual Ministra de Estado a cargo de la Decreciente Tasa de Natalidad: está embarazada! Esta parece una muestra máxima de compromiso con su misión en el gobierno, y nadie le podrá reprochar que no ha hecho lo que puede.

-Por el lado verde, dos noticias interesantes sobre los problemas por emerger, una vez que el discurso ambientalista se ha institucionalizado dentro de la sociedad (ambas del Economista): Por un lado, está el caso de la recién aprovada línea de transmisión eléctrica en California, que cumple con todos los requisitos para no perturbar los ecosistemas protegidos que pudiesen estar en medio. El problema: los ultra-ambientalistas quieren que se estipule que las líneas sólo serán usadas para proveer electricidad a partir de fuentes renovables, mientras que los ambientalistas a cargo afirman que la energía recibida es más eficiente - menos emisión de CO2 - de la que actualmente usa el estado.

- Los otros son los que pelean por las bolsas plásticas. Estas de hace rato aparentaban ser un anatema común, al punto que han sido prohibidas en India, o se les cobra a parte en los supermercados, como acá en Japón. Pero no, esto, como otras tantas verdades aparentes, puede ser contra-intuitivo. Dicen los opositores que la producción de bolsas de papel es mucho más intensiva en energía, y que sólo conduciendo un auto cien metros ya se ha usado la energía que se ahorraba.

- Por último, el dato del día: de los un poco más de las 800.000 persona enroladas en estudios universitarios en Filipinas, más de 450.000 estudian enfermería. No se si es el único caso, pero es innegable la estrategia gubernamental de exportar gente. Interesante ahondar en las consecuencias de tal posición...

Chaooooooooooo, enfermera.

martes, enero 27, 2009

Los Pobres Gatitos Marinos

Save a Sea Kitten: Eat Veggie Sushi

El valor de la vida ha sido un problema constante durante la historia de la humanidad, y por lo tanto entenderlo dentro de la nueva edad media es preciso para comprenderla mejor. Un largo, larguísimo camino tomo al hombre para que dejase de matarse con sus congéneres en masa y de manera sistemática. Aunque de eso algo vemos todavía, es ya reconocido como una ocurrencia menor.

Esta transformación ha estado mediada por la valoración de la vida en sí misma, como algo que debe ser conservado y protegido por sobre cualquier cosa. De allí se desprende la ley humanitaria y muchos de los nuevos problemas abordados por la ética - pienso ahora en la bioética para ser precisos.

Era apenas de esperarse que este movimiento entusiasta por la vida terminara por extenderse a otros tipos de vida distintos a la humana. Digo que era de esperarse por que desde siempre el humano ha estado acompañado en su habitat con seres vivos, especialmente animales, mamíferos en su mayoría, con quienes a través de la costumbre llega a un nivel de intimidad tal que se se vuelven incluso miembros de su familia. Calígula es uno de los más mentados ejemplos, pero creo que no hace falta buscar más para entender este punto.

Sin embargo, mientras la gente permaneció conectada al campo y tuvo que matar para alimentarse - o por lo menos estarcerca del proceso - el equilibrio de la relación cariño-sacrificio se mantuvo estable. Pero una vez que más y más personas se desconectaron de los medios básicos de supervivencia, sin necesidad de salir de la ciudad ni de saber de sacrificios para alimentarse, fue posible que algunos humanos cayeran en shock al enterarse sobre la manera como llegaban los alimentos a sus mesas.

Esto no es de por sí algo malo, y muchas de las iniciativas para la minimización del sufrimiento de los animales han ayudado a avanzar en la sociedad conciencia sobre los ciclos de vida en la tierra. Además, algunos hasta han encontrado que los animales mejor cuidados saben más bueno. Pero algunos, en su indignación terminan demonizando el consumo de cualquier animal, y se valen de estrategias incluso anti-éticas para hacerse escuchar.

Esta dislocación de valores, esta aberración, es una cara de la nueva edad media.

Todo esto porque una de estas asociaciones (PETA - Gente por el Trato Ético de los Animales) ha iniciado una campaña para desincentivar el consumo de pescado, dado el trato inhumano que el hombre le da a estos, los "gaticos del mar". Por si aún no lo creen, sí, ahora los peces son gaticos de mar, y comérselos es de lo más anti-tierno.

No valen argumentos de historia, biología o nutrición. Investigaciones sobre la importancia de los ácidos grasos del pescado y el desarrollo cerebral no tienen peso, hay que inculcar la empatía con los peces para que nos duela comernoslos - Homero Simpson lo vivió comiéndose a tenazas, pero parece que lo superó. Lo anti-ético del asunto es que la campaña está evidentemente diseñada para niños, una estrategia rastrera que apela a la maleabilidad o susceptibilidad de estos miembros de la sociedad para modificar los comportamientos; asunto este que ha causado constante controversia en campos como el de la publicidad para juguetes y relacionados.

Afortunadamente, esta gente pertenece a la 'élite' mundial - es decir, países en desarrollo - y por tanto significa más pescado disponible para los que requieren del precioso aporte de sus macro y micro nutrientes. Lo malo es que donde lleguen a convencer a suficiente gente, pueden llegar a imponer legislaciones, tergiversando las escalas de valores del resto de mortales - la amenaza de medianía.

En fin, si los vegetales se quejaran tendríamos que comer piedras.

sábado, enero 24, 2009

Un chiste pésimo


una canción de venganza

A tono con las celebraciones de temporada, reflexionar sobre el racismo en la vida cotidiana no vendría nada mal. Una de las prácticas más comunes y que la gente tiende a ver con inocencia se trata de los chistes. No he leído teoría psicológica alguna al respecto, pero me da la impresión que como otras prácticas que nos confrontan con nuestros tabús, los chistes tienen inherentes en sí el doble filo de hacernos reir de nosotros mismos, o de arraigar viejos prejuicios. Sí las personas no acostumbran a hacer una reflexión ética de sus vidas, creería yo que es un poco más de lo segundo.

Este asunto tan serio viene a cuento a partir de un chiste que escuche en la niñez; ese en el que se pregunta por qué no hay negros albinos. Pues la semana pasada salió en el Economista esta terrorífica respuesta: no hay porque los médicos brujos los utilizan para hacer amuletos. Nada más tarantiniano.

Kill the Witch Doctor.

Algún día escribiré esa historia...

domingo, enero 18, 2009

Ex 'para' gay puso tutela para vestirse de mujer en la cárcel

Al llegar a [la cárcel de] Chaparral volvió a restablecer el contacto con la madre y sus hermanos -el papá lo rechaza por ser gay- a quienes no veía hace 12 años, justo cuando descubrieron su homosexualidad.


En medio de todas las complejidades del conflicto colombiano, sólo quería resaltar, por ahora, que el padre de este sujeto no lo dejó de querer porque fuera un criminal, un asesino, sino por afeminado.

Quizá por ahí es que falla la cosa,

martes, enero 06, 2009

2.690 muertos en accidentes absurdos se registraron durante 2008, 7 casos diarios en promedio

Empezamos el año del buey como toca, con las pezuñas, con brío.

¿Cuáles serán los accidentes absurdos?
¿Cuál el criterio de clasificación?
¿Se llevan listas separadas de victimas según la absurdidad del accidente?

Sería bueno echarle un ojo al criterio, podría ayudar a clasificar titulares.

panÓptiko

P.D. Resultó que la columna es tanto y más de lo que me esperaba. Acá las respuestas a mis inquietudes:

Un accidente absurdo es, desde la perspectiva más general, todo accidente que no sea de tránsito, aunque en varios lugares de la columna se les asocia casi exclusivamente con los accidentes caseros.

De acuerdo con la columna, es absurdo caerse desde una gran altura, mas en el caso de los ancianos

hay una sutil diferencia: los mayores mueren o salen gravemente afectados porque se caen desde su propia altura
Eso de caerse de su propia altura es de las cosas más sorprendentes que he escuchados

Lo segundo más absurdo es ahogarse, ya sea por atragantamiento (sic) o sumergirse en un líquido. Tal vez para reforzar la idea de la absurdidad, se incluye el caso de una niña que cayó en una olla de consomé.

La absurdo también es una cuestión de género, porque son los hombres los que más hacen cosas absurdas. Sin embargo, dentro de los lugares más peligrosos del hogar aparecen las cocinas - ese espacio inhóspito - lo que no concuerda con la cultura tradicional.

La sección sobre los mayores - auque la verdad todo está mezclado, y uno no sabe si están hablando de muertos, heridos, viejos, viejas, niños - es para enmarcar:

En el caso de las personas de la tercera edad, dice Medicina Legal, influye profundamente el interés que tienen por sentirse útiles a pesar de que algunas de esas actividades los pongan en riesgo.
(Ahí debe estar el problema del país, que sólo hasta viejo se siente interés por ser útil)
Ellos, dicen los que conocen el tema, insisten en realizar actividades como arreglar tejas o cuadrar antenas en los techos y así se anotan en la lista de víctimas de accidentes fatales.
¿Y quiénes son los que conocen de tema? ¿No era que se caían desde su propia altura?

Sorpresa: los accidentes caseros, que en su mayoría afectan a los hombres, suceden en mayor proporción los fines de semana.

Bueno, por lo demás los consejos de protección están de rechupete, sobre todo el de:
Controle permanentemente las actividades de los menores, en especial, cuando están usando juguetes fáciles de tragar o están cerca a medicamentos.
Este, ahora sí, parece un reflejo de la mentalidad de la patria: hay que controlar al niño, en lugar de levantar las medicinas, estas parecen empotradas.

El último arranque de absurdidad está en el tono alarmista-indignado de los profesionales, que salen a salvaguardar la seguridad de la población con con volantes para los estratos 1 y 2. Esto mientras que añaden que lo del hijo de Jhon Travolta posiblemente fue un accidente absurdo en la bañera. Se quedará esperando el volante.

(Fíjense que en ningún momento se se caracterizó que los accidentes estuviesen relacionados con el estrato de las víctimas. Pero claro, ya sabemos quienes son los absurdos...)

En fin,

miércoles, diciembre 31, 2008

Jóvenes que prometen virginidad practican sexo tanto como los que olvidan la promesa

Esta entelequia del Tiempo del 30 de diciembre ofrece un broche de oro para este ano.

Primero, aclara de una vez por todas que la virginidad es algo que se promete, o sea, algo que se obliga a hacer, decir o dar. Esta cosificación es importante, puesto que la virginidad, en principio intangible (?), con el acto verbal de prometerla se hace canjeable, transable, se vuelve casi un bien externo.
Ahora luego, el titular va más allá y afirma que la promesa es inata, una condición pre-configurada en el hardware humano, ya que las conductas posibles respecto a la "promesa de virginidad" son cumplirla, no cumplirla u olvidarla. No se considera un escenario en el que la promesa nunca haya existido. como este escenario es totalmente factible, podría decirse entonces que existe cierto aire radical en el enunciado, conservador, que se cierra a ver la sociedad en monocromático.
Lo que el titular deja en un limbo, un tema de particular importancia, es si esta promesa es posible de ser hecha multiples veces por el mismo jóven. En otras palabras, si la virginidad es un constructo social más que una condición biológica. La palabra 'tanto' es ambigua en este sentido, porque al discriminar los dos grupos en torno a la promesa, deja abierta la posibilidad a que el grupo de los que prometen mantenga su población constante aún cuando falten a su promesa, pudiendo prometer de nuevo. Puede ser también, no un constructo social, sino un re-constructo quirurgico. Casos se han visto.

Feliz año para todos. Que cumplan sus promesas,

panÓptiko

P.D. Ahora que leí el artículo - basado en un paper de la revista Pediatrics -, encuentro esta última frase esclarecedora: "...casi todos los que prometieron virginidad consideran que ése fue un voto que no tenían obligatoriamente que cumplir".

Allá ustedes...