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domingo, marzo 29, 2015

Universidad para señoritas


Foto cortesía de Google

Este mes tuve la oportunidad de visitar la Universidad para mujeres Ewha en Seúl, como parte de mi trabajo. El viaje fue organizado a última hora y no tuve tiempo para buscar alojamiento, así que decidí quedarme en el campus. Además, ¿cada cuánto se tiene la oportunidad de quedarse en tal lugar?

En el contexto colombiano, la idea de una universidad para señoritas no tiene mucha resonancia. Sin contar facultades que son de facto femeninas—el recuerdo de fonoaudiología en el Rosario me viene a la mente—tal vez el Colegio Mayor de Cundinamarca es el único ejemplo que conozco. Ahora incluso los colegios femeninos (y masculinos) están desapareciendo.  Pero por lo menos en Japón y en Corea del Sur son comunes y han jugado un rol importante (aunque proclive a la crítica Occidental) en el desarrollo de sus sociedades. 

Alguna vez leí que, por lo menos en provincia durante la industrialización de Japón, la educación femenina fue más importante que la masculina. Primero se construían los bachilleratos y universidades para mujeres que sus contrapartes para hombres. La razón es simple: todo lo que los hombres necesitan aprender para el trabajo lo pueden aprender trabajando. Sin embargo, la economía del hogar, los adelantos en salud, nutrición, las tecnologías para el hogar no les pueden llegar a la población sin educación. El avance en el nivel más básico en salud pública depende de que el conocimiento científico sea entendible y llegue a todos.

El rol de preparar amas de casa ha dejado de ser tan explícito, sobretodo porque la mano de obra femenina se ha hecho necesaria para muchas otras ocupaciones, pero no ha desaparecido. Claro que el caso de Ewha es distinto. Ewha es una de las más prestigiosas de Corea del Sur y, por los menos mis anfitriones en la escuela de estudios internacionales, tienen una planta de primer nivel. Las graduadas de esta facultad suelen entrar a la cancillería o a la agencia de cooperación internacional del país;  supongo que el Secretario General de la ONU también motiva a participar en agencias del sistema. Al parecer también se han convertido en un nicho para estudiantes adineradas de economías emergentes, cuyos padres desconfían de las universidades tradicionales. Las becas que ofrece el gobierno también ayudan. De hecho, en la charla que di sólo la mitad del público parecía local, incluyendo estudiantes del sureste asiático, África y medio oriente. Es admirable como una nación tan pequeña logra de esta manera generar vínculos con el mundo entero, a partir de una institución que a muchos parecerá retrograda. Estos y otros encuentros me han hecho sentir que Latinoamérica se va quedando atrás en el proceso de integración global, con inciertas consecuencias. 

***
Ewha se encuentra en una colina cerca al centro de Seúl. Desde la entrada en el punto más bajo se divisan una multitud de edificios occidentales esparcidos por la loma, extraños a la arquitectura de la zona. Pero unos metros más adelante emerge una mega estructura de vidrio y concreto que es el verdadero atractivo de la universidad. El corredor por el que se entra a Ewha empieza a descender y a lado y lado surgen unos edificios de 4 o 5 pisos, donde hay salones, cafeterías, tiendas y otras amenidades comunes a los complejos universitarios de hoy. Es un valle largo y profundo, un poco claustrofóbico, que maravilla por tan inusitada inmersión, como si fuese un fiordo. El declive gentil se extiende por unos doscientos metros hasta llegar a un final abrupto en unas escaleras fuera de la zanja. La penitencia es larga, como es debido en cualquier templo, sólo que en este caso la estructura desaparece tal como apareció y sigue el campus como si nada. 

La obra es explicada aquí y acá, haciendo alusión a los Campos Elíseos, pero para mí la inspiración original es más primitiva y sublime. Desde lo alto de la escuela de estudios internacionales, desde donde se tomó la foto de arriba, no se puede dejar de pensar que la estructura es una gran vulva, un gran triunfo arquitectónico en un mundo en el que es lo fálico y lo voluptuoso la esencia del monumento, una celebración de la mujer. 

Que la prosperidad acompañe a Ewha por miles más de años.

domingo, diciembre 07, 2014

Lo que hay detrás de una golosina

Del paquete de una golosina (en japonés 'okashi'):

"El espíritu de la GOLOSINA. Es él quien provee a la humanidad de paz y placer. Todo el tiempo el hombre busca romance en la GOLOSINA. Nosotros hemos estado trabajando duro y con cuidado, y seguimos trabajando. Para entretejer el romance y el lujo en cada GOLOSINA. Esto, por fin, lo hemos logrado en xxxx. Si usted prueba la sensación y el espíritu de la GOLOSINA que valora la tradición y la vida en los tiempos, no existe un placer mejor que este."

lunes, mayo 05, 2014

La cuidad y los afanes


Baile matutino

La semana pasada hubo una reunión de trabajo en otro edificio, a una estación de distancia. Fue temprano en la mañana, así que requirió hacer ese nado sincronizado tan capitalino para cambiar de trenes a tiempo entre el torrente de pasajeros de la hora pico. 

Esa faena encierra todo lo bueno y todo lo malo del sistema de metro de la ciudad: con siete millones de personas moviéndose al tiempo, cuesta creer que mayor eficiencia sea posible; sin embargo, la eficiencia del sistema es el cansancio de las personas. Siempre hay un tren al que se puede llegar con un poco más de esfuerzo, afanando el paso o metiéndose a la fuerza, y lograr alcanzarlo se siente maravilloso, como si se le ganaran un duelo a la existencia. Con ese pensamiento se va corriendo detrás de cada tren, y sin pensarlo al final del día se llega molido, sin que esos minutos de más reconforten de manera alguna al cuerpo. Suena paradójico, pero viviendo en provincia, con dos o tres trenes por hora, se es más dueño del bienestar propio que con la marea de trenes de la capital. 

El cambio preciso de trenes requiere un conocimiento detallado del procedimiento: la topografía de la estación, la dirección de las corrientes de personas, la disposición de escaleras y corredores en relación con los vagones del metro. Si por ejemplo uno se sube en el vagón seis pero la escalera a la otra línea está en el dos, fácilmente se le adicionan cien metros al trayecto, lo que puede significar un cambio infructuoso. 

El sistema sin embargo nos invita a intentar el nado sincronizado desde la primera vez. En cada estación del metro hay listados identificando en que vagón es mejor subirse según la estación de destino. Con un poco de olfato se puede seguir la corriente y llegar al otro tren de manera eficiente.

Esta obsesión genera una cierta ceguera que puede ser peligrosa. No hay tiempo para verificar la validez de las instrucciones y se puede encontrar con alguna sorpresa desagradable. No es raro subirse en la dirección contraria, obligando a desandar un trayecto, perder tiempo y apretarse el doble. Si el cambio de trenes implica cambiar de compañía, entonces hay que usar la puerta correcta para no pagar más. 

Y también están los vagones exclusivos para mujeres. 

El afán del cambio preciso puede incluso con ese rosa chillón. La carrera de la escalera a la puerta es así de frenética. Por suerte, el copiloto del tren, encargado de cerrar las puertas sin llevar a medio pasajero por fuera, alcanza a darse cuenta de que un extranjero encorbatado acaba de infiltrarse en el harem. Además ese vagón apesta horrible a todo eso que se untan las señoritas de la capital. Imposible sobrevivir en ese pH tan si quiera una estación. No se sabe si por hábito o por diversión, el copiloto permite que el extranjero se baje y corra al siguiente vagón disponible, donde huele a lo de siempre. La compasión de esos tantos millones de pasajeros alcanza para donar esos segundos de su carrera matutina. 


jueves, diciembre 23, 2010

Recta final

En esos días turbulentos que acompañan los periodos de cambio, uno - por lo menos yo - es más susceptible a la belleza de las pequeñas cosas. Creo que nunca antes había logrado silueta semejante con la crema de dientes. Me costó bastante decidirme a cepillarme. Afortunadamente acá se mantendrá inmortalizada.

Felices fiestas y alegría para el año que viene.

Sustento el 4 de enero.

Hasta entonces,

domingo, septiembre 12, 2010

Kaleño



Sí tuviera que escoger un trabajo manual, ahora que el segundo chance como estudiante se acerca a su fin, me gustaría manejar una pulverizadora.

Nunca había sentido pasión alguna por las grandes máquinas. Aunque entiendo los principios de la mecánica, e incluso sea capaz de ayudar a un varado, los autos me tienen sin cuidado. Tampoco me causaron mayor impresión las instalaciones industriales que conocí durante mi formación como ingeniero, ni en mi trabajo. La novedad de su tecnología me aburre muy rápido, como se pasan las páginas de una revista. Pero eso cambió cuando conocí estas bestias pellizcadoras.

Nunca había visto una hasta el año pasado, cuando empecé a ir a la universidad en bicicleta - con sólo 200 años, Colombia no ha tenido aún que desconstruirse a gran escala. Un edificio viejo que había en el camino, de tal vez seis o siete pisos, amaneció un día rodeado de titanes color pastel. Sus largos brazos en reposo parecían garzas dobladas al amanecer. Como suelo salir temprano, por un tiempo sólo las vi parqueadas junto al edificio, que iba perdiendo su silueta. La verdad es que no les presté atención hasta el día en que las encontré en su danza. En ese momento la tenaza tenía apretado un pedazo del que por ahora era el último piso. El sonido del motor hacía entender que forcejeaba. El soberbio brazo de treinta metros, a pesar de la tensión, no temblaba. Tuve que orillarme para no afectar el tráfico de mortales en sus preocupaciones habituales. Unos segundos más y la pieza de concreto terminó por ceder. Cascada de piedras, nube de polvo, varillas despelucadas al sol. El agua atrapada en una tubería chorreó cual sangre de gallina que encuentra colgada su final. En tierra, las otras hermanas arrumaban, trituraban y disponían los escombros sin inmutarse. En su viaje de regreso, el brazo de la pulverizadora reflejó por un instante el sol naciente, antes de enzarzarse otra vez con ese que siempre y nunca es el último piso.

No puedo entender como hace el conductor de esta bestia para no gritar mientras trabaja. Si llegase el día de hacer mío ese brazo, necesitaría protección dental como los boxeadores, para no arruinar mis dientes; tal es la impresión que me produce la pulverizadora. Imagino que el operario debe desahogar en su trabajo todos sus odios y frustraciones, que debe llevar una vida tranquila y que tal vez hasta se la deje montar de su pareja. Una vida con tantas oportunidades de desfogue no puede sino conducir a la iluminación y la trascendencia.

Puedo entender que duden de mi cordura. La maquinaria pesada está lejos de la idea de espiritualidad, y más bien suele ser asociada con lo bruto, lo tosco, lo sucio. Pero eso no es más que otra construcción social, como aquello de todos los mecánicos de carros deben tener los overoles engrasados. Como una extensión del ser, la máquina descubre nuestra alma y lleva a nuevos niveles nuestra relación con el entorno. Entenderlo y mostrar un mínimo de empatía es no sólo posible, sino provechoso. Para que se hagan una idea, miren con atención:



De vuelta a lo abstracto,

panÓptiko

sábado, agosto 08, 2009

Brisa Sabanera


Gracias a Alejandro y al Hermano Cerdo, me reí en el avión de vuelta a la isla con Juan Carlos Rodríguez y "El Viento Agitando las Cortinas". El libro está conformado por tres historias en las que amor y sexo reinan entre seres de carne y hueso con vidas comunes. Cada uno de los relatos recrea distintas fantasías masculinas - el fetichismo hacia los calzones, la niña bonita del colegio, la profesora de la universidad - que agradan por lo íntimas y se desenvuelven sin aberraciones. La voz sincera del autor permanece ausenta de pretensiones, y el par de horas que puede tomar de la primera a la última página, se sienten como una cerveza entre amigos.

Concuerdo con el Hermano Cerdo en que la edición es un gran regalo para la lectura casual: el tamaño de la fuente y la densidad de información por página son ideales para ambientes estresantes y para aquellos de nosotros que tenemos una fijación con pasar las páginas. Además, las formas usadas ayudan bastante: todos cuentos largos pero con múltiples pausas, párrafos y frases no demasiado largos, diálogos bien fluidos. Dentro de la forma epistolar del tercer cuento, "Mil veces el mal camino", el autor se permite jugar con los accidentes propios de los correos electrónicos, añadiéndole sabor a la historia sin dejarse llevar por las posibilidades.

Podrán suponer que los personajes femeninos están mejor llevados que los masculinos, casi inexistentes. O, mejor dicho, al único hombre que descubrimos en los relatos es al yo de la primera persona quien nos revela a las mujeres de sus tormentos: tías, mamás, amigas de la mamá, profesoras, compañeras, todas motores de la acción y el monólogo interno. Dado esto, es importante resaltar que el autor no cae en clichés o en aquel deleznable lugar común de la mujer fatal, sino que cada una de ellas es tan real como nos es permitido a las encarnaciones de testosterona conocer. Esto no es poca cosa si se tiene en cuenta que la mayoría de los personajes son o proclives a la ridiculez, como la profesora de poesía francesa, o al derroche de adjetivos, como la niña más bonita del colegio.

Sin embargo, debido a un prejuicio personal sobre la estética que le corresponde al cuento, encuentro un lunar importante en los finales de las historias. Tal vez sea mucho pedir que, usando la forma epistolar, la última carta se guarde un golpe contundente para la posdata - a todas luces un riesgo muy grande - pero las otras dos historias mantienen su buen ritmo impasible hasta el final de la última hoja: y así se van, duro contra el muro. No es poco consuelo que esto pase por emoción, en vez de por falta de gasolina, pero es una pena que la tensión tan bien lograda a lo largo de las historias no llegue a feliz término. Quizá por ello me quedo con el segundo cuento, "¿Quién se acuerda del Capitán Scott?", donde la redondez deja, si bien no una satisfacción, por lo menos el alivio de que el torrente iba para algún lado.

Un buen libro, recomendado incluso para aquellos con poca fe en las letras - es decir, para cuando no sepa que regalarle a un amigo o al cuñado. Si le da por regalárselo a una mujer, por favor dígale que mande sus impresiones a este espacio. Estoy a la espera.

lunes, mayo 25, 2009

El Gran Adiós de Bebé

Bebé, Grande (Foto del Espectador)

"estos no son payasos de verdad. Se visten pero para hacer publicidad, no para hacer reír. Colombia es más triste sin payasos"
Si le hacemos casos a Dan Gilbert, los últimos días de Bebé no debieron ser tan tristes como todos se imaginan. Cierto que termino postrado por la diabetes, que se le llevó una pierna antes de tiempo. Las tres diálisis semanales también debieron ser una experiencia terrible, y vivir en un ancianato es algo que nadie desea.

Tampoco nos ayudan las notas periodísticas, todas narradas con un aire trágico y miserable. Se relatan sus males y la historia de su decadencia con desazón; la música de la nota televisiva produce grima, el periodista que cubre en vivo parece ser el de la sección judicial, y no evita referirse a Bebé como "este payaso."

Pero varios cabos sueltos parecen contar una historia distinta. El psicólogo estadinense sostiene que cuando en la vida nos sorprenden las desgracias, somos capaces de sacar lo mejor de nuestra existencia, una vez aceptamos las nuevas condiciones. De hecho, son más infelices aquellos a los que no les pasa nada, pero viven con miedo de que algo les suceda. Así que no sea extraño que Bebé dijese que estaba tan feliz que bailaba en una pata. Además, nos indica el reportero que en el hospital estaba recluido, no internado.

De hecho, no es difícil imaginar que su partida haya sido su último gran acto. Tal vez el único en el que pensó un poco más en sí mismo y menos en su público. No deja de ser sospechoso que los datos de su condición nos lleguen por un mago, ni que el lapsus del periodista en dar su nombre de pila sea un error casual. Rafael.

A millones de televidentes, aunque sea por un segundo, se les habrá pasado por la cabeza la imagen de Bebé mientras las pompas fúnebres vallenatas seguían sin parar por la pantalla. Más de uno verá en ello otra señal de la mala suerte de Bebé, pero ninguno hubiese imaginado un desfile semejante si hubiese desaparecido en una fecha cualquiera. En cambio, el pasado 13 de mayo, con sólo bajar el volumen, bien pudo ser la última vez que Bebé se robó las cámaras y los corazones de todo el país.

Todo para que luego, un segundo después, el realismo mágico nos sacara una sonrisa.

Hasta la tumba, Bebé.

martes, marzo 17, 2009

Conservación sangrienta

Palomas tomando el sol otoñal

Este título de cinema zombie para recomendarles este artículo del economist sobre aquellas ocasiones en que el ejercicio de la conservación ambiental requiere el sacrificio de algunas especies predadoras. No deja de ser irónico constatar que incluso aquellos que se desvelan por el bienestar de la naturaleza, terminen por verse obligados a beneficiar algunas de las criaturas para salvar a otras, traicionando con ello aquel principio de la bondad de lo natural.

Por otro lado, este otoño descubrí por casualidad que las palomas se acuestan en el pasto a que les de el sol. Esos bichos son ya un habitante más de las ciudades. Me pregunto si tendremos con ellas una simbiosis distinta a su atracción por el poder - digo, siempre estan en los edificios gubernamentales.

martes, enero 13, 2009

La Foto del Siglo

Desde algún rincón prohibido del cyber-espacio...

martes, enero 06, 2009

2.690 muertos en accidentes absurdos se registraron durante 2008, 7 casos diarios en promedio

Empezamos el año del buey como toca, con las pezuñas, con brío.

¿Cuáles serán los accidentes absurdos?
¿Cuál el criterio de clasificación?
¿Se llevan listas separadas de victimas según la absurdidad del accidente?

Sería bueno echarle un ojo al criterio, podría ayudar a clasificar titulares.

panÓptiko

P.D. Resultó que la columna es tanto y más de lo que me esperaba. Acá las respuestas a mis inquietudes:

Un accidente absurdo es, desde la perspectiva más general, todo accidente que no sea de tránsito, aunque en varios lugares de la columna se les asocia casi exclusivamente con los accidentes caseros.

De acuerdo con la columna, es absurdo caerse desde una gran altura, mas en el caso de los ancianos

hay una sutil diferencia: los mayores mueren o salen gravemente afectados porque se caen desde su propia altura
Eso de caerse de su propia altura es de las cosas más sorprendentes que he escuchados

Lo segundo más absurdo es ahogarse, ya sea por atragantamiento (sic) o sumergirse en un líquido. Tal vez para reforzar la idea de la absurdidad, se incluye el caso de una niña que cayó en una olla de consomé.

La absurdo también es una cuestión de género, porque son los hombres los que más hacen cosas absurdas. Sin embargo, dentro de los lugares más peligrosos del hogar aparecen las cocinas - ese espacio inhóspito - lo que no concuerda con la cultura tradicional.

La sección sobre los mayores - auque la verdad todo está mezclado, y uno no sabe si están hablando de muertos, heridos, viejos, viejas, niños - es para enmarcar:

En el caso de las personas de la tercera edad, dice Medicina Legal, influye profundamente el interés que tienen por sentirse útiles a pesar de que algunas de esas actividades los pongan en riesgo.
(Ahí debe estar el problema del país, que sólo hasta viejo se siente interés por ser útil)
Ellos, dicen los que conocen el tema, insisten en realizar actividades como arreglar tejas o cuadrar antenas en los techos y así se anotan en la lista de víctimas de accidentes fatales.
¿Y quiénes son los que conocen de tema? ¿No era que se caían desde su propia altura?

Sorpresa: los accidentes caseros, que en su mayoría afectan a los hombres, suceden en mayor proporción los fines de semana.

Bueno, por lo demás los consejos de protección están de rechupete, sobre todo el de:
Controle permanentemente las actividades de los menores, en especial, cuando están usando juguetes fáciles de tragar o están cerca a medicamentos.
Este, ahora sí, parece un reflejo de la mentalidad de la patria: hay que controlar al niño, en lugar de levantar las medicinas, estas parecen empotradas.

El último arranque de absurdidad está en el tono alarmista-indignado de los profesionales, que salen a salvaguardar la seguridad de la población con con volantes para los estratos 1 y 2. Esto mientras que añaden que lo del hijo de Jhon Travolta posiblemente fue un accidente absurdo en la bañera. Se quedará esperando el volante.

(Fíjense que en ningún momento se se caracterizó que los accidentes estuviesen relacionados con el estrato de las víctimas. Pero claro, ya sabemos quienes son los absurdos...)

En fin,

miércoles, diciembre 17, 2008

Tiempo para re-sorprenderse



Además de caer en cuenta sobre que montón de cosas ha logrado la humanidad, también vendría bien replantearse que nos hace falta y que no.

panÓptiko

lunes, septiembre 15, 2008

Cien metros espalda en la sexualidad humana

De espaldas a la ilusión

Hace unos meses empecé a ir a nadar una vez por semana para recuperar la forma perdida. Este ha sido una gran experiencia cultural en la que, además de toparme con nuevos adelantos tecnológicos de gran utilidad, como la centrifuga para trajes de baño, vine a enterarme de que es muy probable que la gran mayoría de los japoneses nunca en su vida se hayan clavado en una piscina porque es peligroso. Pero más allá de ello, viendo los cuerpos moverse bajo el agua, yendo y viniendo en esa casi desnudez regularmente no admitida, tuve la ligera impresión de que algo iba en contra de la lógica erótica convencional.

Gracias a la nutrida afluencia de minifaldas en el cotidiano japonés no fue difícil continuar este pensamiento. Ya estamos más que familiarizados con el juego erótico femenino, ese del mostrar y no mostrar, del dobladillo alto y la camisa abierta, de las formas reveladas y las sombras provocadoras. Este es una estrategia de atracción que funciona bastante bien mientras el deseo sigue latente, pero ¿qué si uno se da cuenta de que lo que se oculta con tanto misterio no es nada? El vestido de baño es un límite último, y tal vez el verano en retirada ponga su parte, mas en el ir y venir piscinero, se hace más que evidente la banalidad de lo escondido: ya sea un círculo pardo, con una minúscula adición de carne, o una melena triangular, nada fuera de lo común, presagiando una cavidad que no puede ser vista - o bien, que no tiene nada que ver.

En cambio, no se puede decir lo mismo de la contra parte biológica, mucho menos publicitada, pero esta sí con un alto potencial de sorprender. En seguida se pensará que esto puede ser para mal o para bien, pero creo que en general es para lo último. No se trata de la ya desgastada discusión heredada del positivismo sobre las magnitudes, sino del goce de descubrir algo de lo que no se tiene la menor idea. En ello me parece que los hombres somos más divertidos. Desvistiendo a una mujer no encontramos nada que ya no supongamos - a menos que se sea víctima de un engaño mayor - mientras que un hombre... ¿Radicará en ello algo de los valores griegos? ¿Qué dirán los musulmanes? ¿Disfrutaran de este factor sorpresa? Podría decirse incluso que las mujeres de vestir más recatado, o las menos dotadas, resultan mucho más interesantes a la hora del té que las voluptuosidades de moda.

Debe admitirse que la opinión aquí defendida está limitada a la dimensión de lo visible, pero que la sexualidad es mucho más que esto. Sin embargo, la pornografía y el uso comercial de la imagen femenina obedecen a esta restricción, del mismo modo que la mayor parte de lo que es abiertamente comentado respecto a los pares sexuales. Los demás sentidos parecen subordinados a lo percibido por el ojo - tal vez siguiendo una divergencia evolutiva - y esto nos hace vulnerables a los espejismos, dejando fuera de los relatos las experiencias más íntimas, donde reside el quid del asunto, pero tal vez más difíciles de describir con palabras.

Pero como en toda carrera de cien metros hay una vuelta, donde toda ventaja ganada en el arranque corre el riesgo de perderse. En esta ocasión llegó de un lugar inesperado: de la página final de un artículo de Max-Neef sobre los fundamentos de la transdiciplinariedad, que por alguna razón desaparecio de la copia que estaba leyendo, sólo para aparecer en el momento indicado. En ella cita a Lao Tsu, que traduzco como sigue:

Treinta rayos comparten el interior de la rueda;
Es el agujero central el que la hace útil.
Forma arcilla en un recipiente;
Es el espacio interior el que lo hace útil.
Corta puertas y ventanas para un cuarto;
Son los huecos lo que lo hacen útil.
Por lo tanto la ganancia viene de lo que allí está;
La utilidad de lo que no.
O como dice la tercera ley de la transdiciplinariedad: "Sólo por lo que no está, es posible que haya lo que hay; y sólo por lo que está es posible que no haya lo que no hay". ¡La unidad de todas las cosas! - añade el autor.

Si de tal magnitud es lo que se esconde, bien ganado tiene el misterio.

De nuevo atento,

panÓptiko

Adenda:
Y hablando del tema, este artículo del 4 de septiembre en el Japan Times, viene precisamente a corroborar la opinión del post. Traduzco el párrafo que me parece más trascendente:

Esto puede explicar porque tanto las mujeres musulmanas como las judías ortodoxas no sólo describen cierta liberación en su vestir modesto y cabello cubierto, sino que también expresan niveles mucho mayores de dicha sensual en sus vidas matrimoniales, a los comunes en occidente. Cuando la sexualidad se mantiene en privado y conducida de maneras percibidas como sagradas - y cuando el marido de una no esta viendo a su esposa (u otra mujer) medio desnuda todo el día - uno puede sentir gran poder e intensidad cuando se sueltan la "head scarf" - lo que se ponen en la cabeza que ahora no se como se dice - o el "chador" - las ruanas que se ponen en Irán - en la santidad del hogar.
Aunque no concuerdo con el trasfondo sagrado, ni con la desnudez en el hogar, creo que compartimos el punto. Ahí les queda.

domingo, julio 27, 2008

Caprichos cotidianos

Debo confesar, como casi cualquier adolescente de las generaciones que me siguen, que pierdo cantidades absurdas de tiempo en internet viendo basura. Y no es que ayude la propagación de esa plaga de este siglo que es el spam, ni que chatee, ni que busque amigos en el caraelibro. Nada de eso. Sólo me gusta ver que pasa en el mundo, hacerme a mi propia basura, sin molestar, y encontrar esos lugares oscuros del corazón humano que ahora están al alcance por este medio.

En medio del tedio y el calor veraniego, algunos hallazgos divertidos (Tomados del blog de Mary).

El secreto del buscador de internet goo:



Porqué las películas con conejos no funcionan (nota: esto puede tener que ver con el éxito de los Teletubbies)



La marcha de las alpacas



Es una gran felicidad haber encontrado el lado andino de la fuerza.

Larga vida a Darth Vicuña,

panÓptiko

domingo, diciembre 23, 2007

El Culpable es el Vanidoso

Me encontré hoy con el siguiente post en el blog de mi querido amigo Ricardo, proponiendo un problema que yo replico para todos ustedes.

Reinado de belleza

Lucas De Zubiría, periodista inteligente, está en el reinado de belleza de Cartagena desde hace un par de semanas. Lo odia. Lo odia a muerte. Se siente un viejo verde con un hijo adolescente y una esposa que no ha descubierto aún sus infidelidades. Y, para no aburrirse, para no cansarse con esas niñas de 18 años que se hacen las vírgenes y las naturales, ha decidido pedirles que respondan quién es el asesino en el siguiente caso:

1) Una ESPOSA se consigue un AMANTE porque su ESPOSO se ha dedicado a trabajar todo el día desde hace mucho tiempo.

2) La ESPOSA se ve todos los días con su AMANTE. Pero, para llegar a la casa en la que se encuentran, debe pagarle una buena suma de dinero a un BARQUERO que se encarga de llevar a la gente de un lado del río al otro.

3) Un buen día a la ESPOSA se le acaba el dinero. Va a ver a su AMANTE. Pero el BARQUERO le dice que si no le pasa no la lleva al otro lado.

4) La ESPOSA decide, entonces, tomar el larguísimo camino del bosque. No lo tomaba por lo largo, claro, pero también porque todo el mundo sabe que allí hay un LOCO que asesina a la gente que se encuentra por el camino.

5) La ESPOSA entra al bosque. Se encuentra con el LOCO. La mata.

¿Quién tiene la culpa de su muerte? ¿El LOCO, el BARQUERO, el AMANTE, el ESPOSO, la ESPOSA? ¿En qué orden tiene la culpa de mayor a menor?

Que cada quién diga su orden. Una pista: las reinas han dicho que la culpa es del loco.


Como es de mi interés conocer su respuesta tanto como exponerles la que yo humildemente he pensado, aquí un par de fotos de estos días antes de mi respuesta, para que se tomen el tiempo de contestar.

Foto otoñal corrida

Con un amigo (la flecha indica cual soy yo)

Ahora mi respuesta:

Ante un problema humano, que reviste de tanta complejidad, es necesario hacer un análisis comedido antes de aventurarse a dar un remedo de dictamen.

Lo primero es el asunto de la culpa. En su busqueda el objetivo es establecer un grado de responsabilidad respecto a los hechos. Sin embargo , una situación de daño puede variar si este es deliberado, sin intención o producto de negligencia. De alguna manera todos y cada uno de los personajes encajan en una o varias de estas categorías y con esa base podemos ya acercarnos a nuestro examen.

Si seguimos la tradición occidental, los loco carecen de alma, de dominio del si, como bien muestra Michel Foucault en su "Historia de la locura en la edad clásica". Debido a esta concepción, aunque el LOCO haya ejecutado el acto del asesinato no puede ser responsabilizado de nada. El lector desprevenido estaría tentado a hurgar en la locura del personaje, pero dados los datos no tenemos otra opción más que relacionar al LOCO con otro de los personajes para dar una respuesta.

Las parejas LOCO-AMANTE y LOCO-ESPOSO comparten una concepción moralista de justicia-venganza o crimen-castigo. No son excluyentes - lo que da para que los más adelantados teman una conspiración AMANTE-LOCO-ESPOSO - pero comparten un sentido de merecimiento que de cierta manera los expía, o por lo menos los inscribe en la categoría de los 'inintencionados', mientras señalan a la ESPOSA.

Dicha pareja, ESPOSA-LOCO, propone una inmersión psicológica en el comportamiento de la occisa, pasa del tedio a la lujuria, y finalmente al desespero, con lo que se podría concluir que de cierta manera se trató de un suicidio. Un poeta barato podría decir que 'en los bosques de nuestra mente siempre hay un LOCO que amenaza con matarnos'. El problema con este supuesto es que, aunque la categoría de ESPOSA le asigna cierto uso de razón, el desenlace nos lleva a suponer lo contrario, arrastrando en ello al ESPOSO y al AMANTE por negligencia. No obstante, esta complicación no tiene fundamento en nuestro problema, con lo que se ata por deliberación a la pareja ESPOSA-LOCO y asciende ligeramente en la psuedo escala de culpabilidad por la que pregunta el enunciado.

Para este momento ya habrá notado el lector que una pareja parece inexistente, o por lo menos inviable, BARQUERO-LOCO, asunto que requiere nuestra más afilada consideración. Hannah Arendt, cuando habla de la banalidad del mal en la acción de las cámaras de gaseo durante la segunda guerra mundial, nos recuerda como el sistema puede enmascarar y difuminar la culpa de actos horrorosos. Es a través de esta perspectiva que saltan a nuestra atención como la existencia de un LOCO asesino se de por descontada con tanta ligereza, mientras que el BARQUERO, en su comportamiento 'business as usual', se libra de todas las miradas mientras se limita a hacer su trabajo. La negligencia estructurada resulta entonces cercana al genocidio y a la peor de las racionalidades económicas, en un mundo donde no sólo los AMANTEs-ESPOSAs-ESPOSOs no pueden arreglar sus problemas entre ellos, sino que cualquiera que no posea dinero suficiente es condenado a desaparecer dentro de la tiranía sutil de la institución BARQUERO-LOCO que inunda el transfondo del problema.

Espero, de alguna manera, haber dejado clara mi opinión.


Que la pasen bueno adorando sus dioses.

Desde el reflejo,

panÓptiko

viernes, agosto 31, 2007

En la variedad está el placer

¿Cuál de estos dos apetitosos pasteles triángulo eligen: el de huevo o el de choco-banana?

Para todos los gustos,



P.D.: no puede faltar la sobremesa ideal.

martes, julio 03, 2007

Ouroboros cotidianos

Este orinal del restaurante italiano en el que cenaba era idéntico al plato en el que me sirvieron.

¿Cuál habrá sido primero?

lunes, junio 11, 2007

Del salvaje espiritu cientifico, los intringulis epistemologicos, modernidad, preadolescencia y la incertidumbre del desarrollo

En la seccion editorial del Japan Times, el martes pasado aparecio un articulo sin precedentes en mi historia - es decir, algo que me dejo anonadado. Una jurisprudente japonesa, de la mas alta alcurnia - supongo yo por su titulo de l'Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en Paris -, objeto comedidamente un caso perdido.

Resulta, pasa y acontece - alguien me puede explicar porque esta frase esta en mi subconsciente? - que la ultima instacia juridica desestimo las razones por las cuales una joven demandaba a su padre por haberle tocado repentinamente los senos por unos segundos para "medir su desarrollo sexual" cuando ella tenia 11 años. Valga la pena aclarar que el padre admite plenamente ser responsable de semejante acto.

Lamentablemente, el articulo es escaso en datos sobre el cuerpo del delito, y es mas una disgresion sobre artimañas juridicas. Segun la autora, un acto contra la dignidad de las personas y los derechos humanos. Para los jueces, en lenguaje vulgar, una joven perturbada que sin razon ve en su papa a un pervertido.

Triste, sin datos, en medio de estas tierras inhospitas, no puedo imaginar la incertidumbre que llevo a ese padre a cometer tal acto. O, tal vez, si puedo.

Caso perdido.

panÓptiko

Sin prejuicios

Queria compartirles estos dos videos que me han hecho reir montones, aclarando que no necesariamente reflejan las convicciones del editor.




domingo, mayo 13, 2007

Caos dorado

Foto sugestiva

Nikko, Japón

No me pregunten como me enteré, pero mis fuentes son confiables. Esta semana tuve oportunidad de revisar evidencia contundente que asegura una victoria a los miembros del género masculino en esa pugna por comprensión de nunca concluir: el reguero al orinar.

Seguro que, en más de una ocasión, habrán sufrido o dado esos discursos femeninos indignados, en los que aseguran que no les cabe en la cabeza que seamos incapaces de atinarle al nunca suficientemente amplio hueco del sanitario. Algunos callan, otros hacen falsas promesas, los más valientes intentan explicaciones físico-anatómicas, y los más listos salen con un buen chiste. Sin embargo, ninguno había salido bien librado.

Y es que, aunque todos los hombres comprendemos lo que sucede, como es de caprichosa la experiencia, que tan impredecible el fluir e irremediable su voluntad, la explicación escapa a lo que las palabras pueden expresar. De manera que todos los intentos han sido frustrados, el tiempo perdido. El asunto ha pasado a convertirse en emblema de las discusiones de género: prueba del trato desconsiderado, evidencia de un diseño defectuoso, argumento conclusivo para relegar al hombre a la postración. Pero quiero decirles, amigos y amigas, que hemos estado mirando en el lugar equivocado, lo que equivale a decir, con toda la ironía del caso, miando fuera del tiesto.

El sentimiento de culpa que llevamos ya interno por nuestras micciones desbordadas nos viene de cuna. Aunque el carácter incontenible del fenómeno evita que nos abstengamos de cometerlo, cada episodio se convierte en una fuente profunda de reflexión. ¿Cómo diablos fue a dar por allá? Nos obligamos entonces a una observación detallada, a una casuística de los regueros, que van desde el traicionero choque completamente elástico, hasta la teoría del caos, la cual alcanza sanitarios, pisos y, en el peor de los casos, la propia ropa. Todo este ensimismamiento, atado al sentimiento de culpa, es el que ha evitado que se cambie la perspectiva y echemos una mirada más allá: al alter-ego.

Es verídico. El hecho de que no sea evidente ningún reguero en el orinar de ellas, aunado al complejo arriba presentado, había mantenido el análisis lejos de las características propias de su excreción. La “invisibilidad” del acto hacía suponer que se trataba del directo fluir de una manguera. Nada más equivocado. La salida de la lluvia dorada femenina es tanto o más caótica que la masculina. Muchos más los tejidos que podrían desviarla, mucho más cercanas las vellosidades en capacidad de canalizarlo, más proclive la superficie a la acción incierta de la tensión superficial. En fin, la dispersión de los chorros es más escandalosa de la que se nos recrimina.

El argumento es irrebatible. Una vez ellas lo escuchen, derivaran entre la risa y el rubor: no es algo que hayan visto – por el obvio impedimento físico – pero sí sentido, aunque jamás verbalizado. Vendrá entonces el reconocimiento y con ello una fase más humanizada del conflicto. Porque la prueba no niega el reguero – ni la responsabilidad de cada quien con el propio – pero sí despeja los mitos de inverosimilitud, llevándose con ello los sentimientos vergonzosos, y acerca los cuerpos en esa deliciosa complejidad merecedora de la más paciente condescendencia.

Feliz día, mamáses.

panÓptiko
O.A.G.S.

martes, abril 24, 2007

300

En el año 2007, el ocaso de la segunda era de la tecnología, una pareja está a punto de vivir un drama del siglo pasado.

Ella una esposa frustrada. Él, un empleado por horas que sobrelleva las precariedades de la situación movido por sus anhelos de amar. Uno para el otro, lograran lo que parecía imposible: un divorcio, la esperanza de un futuro modesto pero feliz.

Nunca se imaginaron que el fruto de su pasión estuviese proscrito desde su concepción.

300

Algunos, en algún lado, hace 300 días

300


300 los días que deben pasar antes de que el hijo de una divorciada no se presuma vástago del ex marido y por tanto deba llevar su apellido (Código Civil, Artículo 772, 1898)

Él, soportándola con su brazo y mirándola mojar en lágrimas al bebé que ríe inocente: "¿Es esta la pena que debemos pagar?"

Helicópteros rodeando la Torre de Tokyo.

Un anciano arrugado, en perfecto traje, en medio de la imponente plenaria de la cámara: "Eso puede ser cierto, pero normalmente las cosas pasan en orden: usted se divorcia y luego concibe al hijo de su nuevo compañero."

Los tres subiendo presurosos las escaleras de la torre.

Un abogado joven, de pelo largo hasta la nuca y gafas sobrias, en medio de un juicio: "... pero los tiempos han cambiado, su señoría"

Helicópteros y escaleras.

Un periodista a la entrada de lo que tiene que ser un tribunal: "¿Qué piensa de su conducta?" La madre, golpeada pero digna, sin el bebé en sus brazos: "Se que lo que hice fue ilegal", relámpagos, obturadores, "pero el niño es inocente y no tiene porque sufrir".

Escaleras, helicópteros.

El viejo, iracundo: "Si aceptáramos la prueba de ADN estaríamos abriendo la puerta a que una mujer pueda quedar embarazada durante el proceso de divorcio."

El padre gritando: "¡Sólo queremos ser felices!"

El bebé parece resbalar en el mirador de la torre.

Helicópteros.

El padre grita al cielo: "Noooooooooo"

El anciano cierra los ojos.

El abogado baja la cabeza.

La madre se estira en el aire intentando alcanzar algo.

La pantalla oscurece y se escucha:

"Ellos quieren proteger la familia...
... eso es lo que queremos hacer nosotros"

300

Sólo acá,

panÓptiko

Basado en una historia real.