¡Hola blog! Qué pena la demora. El 2025 fue un año inesperadamente movido en término de viajes, y hasta el último día del año estuve paseando, así que no tuve tiempo ni energía para hacer el resumen.
El mejor libro del año fue, sin lugar a dudas, Kasha de Miyuki Miyako. El título traduce "Carro de fuego", pero no tiene mucho sentido ni conexión con el tema del libro, así que la traducción al español que existe se llama "La sombra del Kasha". Es una novela de suspenso sobre una mujer que desaparece misteriosamente cuando su prometido descubre que ella tiene un problema bancario. Un detective en convalescencia acepta ayudar en la búsqueda, que resulta ser más compleja de lo que aparenta. El libro combina múltiples líneas de la trama de manera muy hábil, sin perder de vista el trasfondo humano de los personajes, incluyendo al detective, quien cuida de su hijo después de que su esposa muriese en un accidente. El libro es una joya y es considerado una de las mejores novelas de misterio del siglo pasado en Japón (la semana pasada vi una nueva edición en la librería). Tiene, además, una descripción fenomenal de lo que debe ser una novela de misterio, que se aplica a lo largo de toda su extensión y aporta una dimensión adicional al disfrute. Súper recomendada.
Tras la grata sorpresa de Kasha decidí explorar la lista en la que aparecía seleccionada. En ella aparece en primer lugar Daiyuukai (el gran secuestro) de Shin Tendo, así que la leí con grandes expectativas. Es, sin embargo, un libro muy distinto: una comedia en una zona rural de Japón, donde una familia adinerada sufre un secuestro muy particular. La lectura fue muy difícil porque los personajes hablan en el dialecto local, pero la historia es divertida y bien lograda. En inglés se llama "Rainbow Kids" y existe una película, por si les interesa.
El tercero en la lista es La montaña de Marks, escrita por Kaoru Takamura. Esta es la historia de unos asesinatos conectados entre sí con dos décadas de diferencia, en los que la trama sigue tanto al policía como al asesino y sus circunstancias. No está mal, pero la trama depende de un detalle muy reforzado que no me convenció y me dejó sin ganas de más.
De misterio japonés leí también Los asesinatos de la casa decagonal de Yukito Ayatsuji. Estaba por ahí en la casa y la cogí. La trama se sucede en nuestra prefectura, así que fue simpática de leer, aunque el final es un poco reforzado. Me la llevé de viaje y la terminé por ahí y la regalé. Apenas para esto.
Este año intenté leer más en español, así que hubo un mejor equilibrio que en años pasados. Un factor importante es que aún tengo muchos libros sin leer de los que compré en 2023 y los tengo como una pila amenazante en mi escritorio. La devaluación del yen hace casi imposible pedir libros en español, pero con los viajes creo que por ahora no habrá problema.
Fue muy bueno volver a leer a Sommerset Magham y sus cuentos coloniales. No sé por qué los encuentro tan atractivos, pero ahí sigo. Creo que ya voy acabando con los cuentos traducidos al español; tal vez intente una novela.
Después de mi primer desencuentro con Stanislaw Lem, leí Solaris para ver si recuperaba el interés. La novela es mucho mejor que el libro anterior, pero aun así no me cautivó. El tema espacial y la historia fueron interesantes, pero no mucho más allá. No sé por qué me parecieron aburridas las largas descripciones del planeta y de sus formaciones. Me pregunto si es una cuestión generacional.
El hombre en el Castillo de Phillip K. Dick estuvo chévere y distinto. Fue una recomendación de un librero que no me dio ningún contexto, así que no sabía de qué se trataba. Imaginar cómo sería el mundo si el resultado de la Segunda Guerra Mundial hubiese sido otro fue divertido, y se agradece que la trama no intente dar una visión completa, sino que se concentre en un incidente particular. Interesante. Tal vez intente leer la novela del mismo autor que inspiró Blade Runner.
Por último, leí Raíz que no desaparece de Alma Delia Murillo. Esta fue una compra impulsiva cuando me enteré de su temática. Durante los últimos dos años he estado trabajando intermitentemente en el tema de los desaparecidos, por lo que me interesaba conocer la visión mexicana. El libro no es decididamente ficcional, así que fue complicado para mí saber cómo conectarme con él. La realidad que describe es escalofriante, y resulta difícil hacer algo distinto de empatizar, pero el libro se aprovecha de la crudeza del tema para atraer, sin lograr nada trascendente. Seguiré rumiando.
El 2026 será para seguir evitando que la pila se derrumbe por su peso—sobre todo porque sigo comprando libros usados en japonés impulsivamente. Esperemos seguir encontrando joyas aquí y allá. Abrazos.
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