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lunes, octubre 13, 2014

El pasado no perdona

Hace un par de años, unos niños jugando fútbol en una mezquita en Estambul me preguntaron que de donde era. Cuando les dije que era colombiano gritaron ¡Falcao! y salieron corriendo a seguir con su juego. 

No había imaginado antes que la patria pudiese ser asociada con algo diferente a drogas y crimen. Tantos años viviendo por fuera nunca me había pasado algo semejante. La gente a menudo recuerda el café, claro, pero por alguna razón esa opción se siente como una convención sin significado. Café es lo que se dice antes de confesar lo que en verdad primero viene a la mente. La conexión emocional primordial con la palabra Colombia. 

Es por esto que la reacción de los niños me pareció tan importante: al decir Falcao expresaban no un conocimiento sino un sentimiento. Aunque luego se enteren de los malos tiempos de aquellas tierras, al escuchar la palabra será otra cosa lo que imaginen. Desde entonces aprecio un poco más a los deportistas, les sigo y les animo para que sigan impresionando a las gentes del mundo por donde pasen. 

Por supuesto, este es un cambio lento e incierto, el cual no está exento de producir efectos secundarios. Esto lo descubrí el mes pasado en Grecia, ya de salida en la última requisa del aeropuerto. Un tipo espigado, ojeroso, de nariz gigante como la de los jugadores de su selección, esperaba antes del detector de metales para que los pasajeros no olvidaran quitarse todo lo que hacía pitar la máquina. Me hizo la seña para pasar y entonces reparó en el pasaporte en mi mano. ¡Colombia… dijo y pude sentir como una serie de sentimientos encontrados se agolpaban en una sonrisa postiza… ¿Hace cuántos años fue que mataron a Pablo Escobar?  Muchos, y seguí de largo, atragantado de rabia por esa revancha inesperada. 


domingo, julio 06, 2014

Lección de juegos

Algo que he aprendido de los juegos de mesa es que entre más larga sea una partida mayor debe ser la satisfacción que debe dar el simple hecho de jugar. No tiene mucho sentido pasarse horas fraguando estrategias, gastándole energía a la suerte y devanándose los sesos en decisiones difíciles a las que uno se ha sometido voluntariamente para que al final un simple marcador reduzca toda la experiencia a la frustración de varios y a la gloria de uno. Un juego largo debe proporcionar un sentido de realización durante el proceso en que cada jugador se enfrenta al problema y usa los recursos que tiene a disposición como mejor le parece. En lo posible, el juego debe dejar huellas para que luego se mire atrás y se entienda que tanto influyó el azar, como las decisiones dieron frutos más o menos provechosos, como podría hacerse mejor si existe una próxima vez. Eso, el éxito del juego está en que se quiera volver. Por supuesto que es ideal ganar, pero la victoria en un juego largo es efímera porque deja solos a los ganadores, tanto más si el hambre por vencer es más fuerte que el goce del juego. 

Es gracioso, pero es suficiente con que un juego dure un poco más de una hora para que empiece a parecerse a la vida misma.  

jueves, agosto 22, 2013

El viento se levanta — 風立ちぬ



Hayao Miyazaki, el afamado director de animación japonesa, presentó su más reciente trabajo hace poco más de un mes. Fue una espera larguísima: cinco años desde Ponyo, la película del pez que se vuelve humano—muy bella y todo, pero dirigida a los pequeños más pequeños de la casa—y nueve años desde El castillo andante de Howl. El viento se levanta es la primera película para adultos del director, notorio por varios detalles grandes y pequeños que presenta la película: discurre en el periodo de entre guerras tocando indirectamente la participación japonesa en equipo con los Nazis, los personajes de la película fuman constantemente—ya hubo una demanda de la liga local anti-tabaco—hay besos e insinuaciones directas de sexo (conyugal). Todo esto sin comprometer el estilo onírico que es sello del trabajo de Miyazaki. Es, sin duda alguna, una joya.

La película ha causado gran controversia debido a su temática. El viento se levanta cuenta la historia de Jiro Horikoshi, quien diseño el Mitsubishi A6M Zero, un avión de guerra que le dio la ventaja aérea a Japón durante la primera parte de la guerra. La película coincide con crecientes tensiones entre los gobiernos del vecindario y las intenciones del partido en el poder de reformar la constitución para que el país pueda tener de nuevo un ejército regular y participara en la defensa colectiva. Miyazaki ha aprovechado la película para meter la cucharada y criticar al gobierno por sus desfachateces. Algunos políticos le han pedido que se calle, otros medios dicen que un sector del público resiente que haya tocado el tema de la guerra, pero en últimas no ha pasado mayor cosa en lo político y la película ha sido un gran éxito.

Para quienes viven lejos de Japón, y sobre todos para quienes viven en países en desarrollo afectados por conflictos, El viento se levanta tal vez debería ser vista más bien desde la reflexión que yace en el fondo. La principal motivación de Miyazaki fueron los sentimientos encontrados que le generaba la genialidad de Horikoshi y lo absurdo de la guerra. Su conclusión fue que a Horikoshi no se le podía echar la culpa de la guerra y esa pasión con la que se entregó a crear una máquina maravillosa es algo que merece reconocimiento. 

Horikoshi sueña desde niño en hacer su avión. Lee revistas de aviación en inglés con ayuda de un diccionario, en su casa humilde lejos de Tokio. Toda su vida está consagrada a su sueño. Trabaja duro, aún más que sus compañeros de la Universidad Imperial. Le reciben en una filial de Mitsubishi en Nagoya, donde a la par de los proyectos existentes para el ejército, Horikoshi prosigue en el diseño de su avión. 

Las cosas no van del todo bien y Horikoshi se toma un descanso creativo durante el cual conoce el amor. Pero aún este amor es sólo una excusa para continuar persiguiendo su sueño. (+comentario con spoiler después del video).

Hay una escena, no obstante, en la que Horikoshi admite tener un motivo diferente a su sueño. Al volver tarde del trabajo, una familia harapienta espera cerca a una tienda mientras la calle se ve oscura y vacía. Horikoshi le pregunta al tendero quienes son, y él les explica que están esperando al señor de la casa, quien compra la comida para cenar juntos pero aquel día aún no llegaba. Horikoshi les ofrece lo que compró para él, mas no se lo reciben. Se pregunta entonces ¿por qué será Japón tan pobre? y se entrega con más ahínco a su trabajo. 

Miyazaki exalta con su película a quienes construyeron a la nación japonesa a pesar de la guerra y las circunstancias políticas. Sus ingenieros, sus científicos, sus creadores esmerados y trabajadores sacaron adelante un país maravilloso a pesar de la destrucción y el uso inapropiado que otros hicieron de sus invenciones. De hecho, Miyazaki escogió para la voz de Horihoshi no a un típico actor de voz, sino a Hideaki Anno, el creador de Evangelion, quien Miyazaki estima por la calidad de su trabajo—ellos no pertenecen al mismo estudio. La voz de Anno deja claro desde un comienzo que la intención del director no es presentarnos a Horikoshi como a un héroe o un genio idealizado, pero como a un nerdo de carne y hueso que se distingue por su trabajo.

Si usted es una de esas personas de ciencia y tecnología batallando en medio del fango de la política, vea El viento se levanta y nunca olvide que la prosperidad está del otro lado de la montaña, a pesar de la guerra.

*******

De ñapa, acá está el tema principal de la película: Nube de avión.



+ El día que Horikoshi termina su avión, la esposa desaparece para siempre—se va a una clínica en las montañas donde al parecer muere. Tal vez sea una impresión errada, pero me parece que la muchacha durante la película es una alegoría de la nación y su relación con Horikoshi: la belleza y la inspiración que le mueve, pero que a la vez conoce en la adversidad y quien vive en una condición muy frágil de salud. Aún así le apoya y acompaña en su sueño, sin importar que ha de desaparecer en parte por cerrar los ojos al contexto.

sábado, marzo 09, 2013

Descifrar la ciudad


Miguel (@juglardelzipa) escribió un post la semana pasada sobre la inseguridad en Bogotá, ante la popularidad de un trino suyo muy atinado sobre lo malo que es vivir con medio en la ciudad y, sobre todo, a la ciudad. Comparto el mensaje práctico y apoyo el llamado que hace a usar la ciudad sin miedo. Nada más triste que no poder andar por su hogar a gusto, que se vuelva un lugar inhóspito donde las horas permanecidas se le resten a la calidad de vida de sus habitantes. 

Además, no está de más recordar que la capacidad mental de los humanos es limitada y valiosa. Todo el esfuerzo que se le pone a la protección personal es esfuerzo que no se le está poniendo a otras cuestiones mucho más trascendentales. Esa sea quizá otra forma en que la inseguridad se retro-alimenta: exige gastar tiempo pensando en como defenderse, el cual se le resta a indagar sobre la naturaleza de la amenaza—o sobre la improcedencia de la medida de seguridad existente, cómo bien observa Miguel. 

En octubre pasado conocí un investigador español en temas de construcción de la paz que me hizo un comentario al respecto. Había hecho trabajo de campo en Colombia, viviendo en Bogotá por un tiempo, el cual pasó sin mayores sobresaltos. Sin embargo, ahora que buscaba nuevos rumbos laborales, volver al país no le atraía para nada: aunque nunca lo robaron, encontraba opresivo que todo el mundo le dijera que tuviera cuidado, que tuviera que estar en alerta permanente. En Japón, los extranjeros no caucásicos nos acostumbramos a que la gente se asuste de nosotros; pero ahora que estuve en Colombia sentí como hace rato no sentía que también yo debía asustarme del otro. Y sí, es una característica de la sociedad que pesa cuando se considera volver o no al país. 

Ni al español ni a mí se nos ocurrieron entonces soluciones prácticas para cambiar esta mentalidad. El círculo vicioso del “miedo al crimen” es uno bien reconocido, sobre el que existe todo una sub-disciplina académica, a pesar de la cual aún hay mucho por hacer. La invitación de Miguel es valiosa pero es incierto cuanta gente pueda ser convencida de esta manera. Yendo y viniendo en el Transmilenio el mes pasado, pensaba que una estrategia con mejores prospectos es convencerlos de hacerle “free rider” al miedo de todos. Es decir, venderles la idea de que la gente alrededor se cuida tanto que uno puede no cuidarse y aún estar protegido por los ojos alerta de los conciudadanos. Tal vez sea un pajazo mental, pero puede ser un primer paso.

Otra invitación que se me ocurre es a tomarse el problema con espíritu científico. Para aquellos que les interesa el tema y están a tiempo de hacerlo, experimentar y publicar sobre el crimen en la ciudad es una tarea pendiente. Las últimas dos visitas a Bogotá he pasado bastante tiempo en las librerías buscando literatura local sobre seguridad y es un poco desesperanzador lo poco que se encuentra. Lo que hay viene regularmente del derecho—lo que refuerza la queja de Miguel—y carece de robustez y detalle estadístico y casuístico. Con toda la importancia que le dan al crimen los bogotanos, es increíble encontrar tan poca literatura al respecto.

Dicha búsqueda necesita un montón de trabajo micro y puede representar riesgos para el investigador, pero creo que la ciudad lo valen. Habría que ir personalmente a medir, lo que supone exponerse al crimen. Pero otros profesionales como los médicos corren esos riesgos todo el tiempo y es precisamente por ello que son apreciados. Las visitas de Miguel a Guadalupe podrían convertirse en una tesis sobre percepción, realidad y recuperación de la ciudad. A la medida que se sumen resultados, es difícil creer que crezca el interés y fluya el apoyo público y privado—no por nada, las encuestas de victimización las apoya la Cámara de Comercio.

Para poner un ejemplo, hace unos años salió en el Tiempo un artículo sobre la efectividad de los agentes de tránsito en ciertas esquinas de Bogotá. El trabajo consistió en analizar muchas horas de video y ver los efectos de la presencia de la policía. En esa oportunidad, busqué al autor de la columna, un profesor de los Andes que conocía porque trabajaba en contaminación del aire, y él me contactó con un estudiante de pregrado que desarrolló el estudio. El estudiante me contó sobre su curiosidad sobre el tema y como los medios y la misma policía lo buscaron para conocer la investigación a fondo. Con todo lo valioso, parece que el esfuerzo del hombre fue una rueda suelta en la torre de marfil.

Ojalá pronto se le ponga remedio a este vacío mientras que la gente disfruta más de su ciudad.

lunes, octubre 10, 2011

¿Existe el UNal style?

Esta semana que pasó fui testigo mudo de un intercambio de correos electrónicos, de esos que antes enardecían pasiones, pero que ahora producen algo distinto. Con la intención de exorcizar esos demonios, reproduzco los sucesos:

Primero, Mr. T, a través de una lista de correo sobre innovación de la U Nal anuncia un evento sobre innovadores en el aprendizaje de ciencias, el cual tiene un precio de 100.000 pesos por participante.

Dos días después aparece Mr. H, sociólogo de la UNal:
Me parece el colmo que cobren por una actividad de ese tipo.
Ese fue todo el contenido del correo.

Entonces Mr. TT, al parecer no relacionado con W, responde:
Estimado H

Creo el colmo es que haya personas que no conozcan el costo de las cosas y/o llevarlas acabo y quieran todo gratis !

Un cordial saludo,
Mr. H empieza:
En un país serio, nadie haría negocio con los profesores de ciencia y tecnología. La idea de sacarle ganancia a todo, termina por empobrecernos a todos. Por supuesto, esto no lo pueden ver aquellos que creen que la suplica es por que den todo gratis. Nada es gratis. la diferencia es el criterio con el cual se realizan los proyectos.
Mr. TT contesta:
H,

Parece que estás asumiemdo que el evento es para dejar ganancias a sus organizadores y no para los objetivos consignados, adicional estás pasando por alto que se requieren recursos para organizar el evento.

Por otro lado, ¿a qué te refieres con "país serio"? ¿podrías, por favor, exponer tu idea y dar ejemplos?

Muchas gracias y un feliz día,
Entonces cae la bomba H:
Gracias por las preguntas. Países cono la China, Japón, Corea, la India y Singapur e incluso Brasil envían a sus estudiantes PAGOS POR EL ESTADO a estudiar en universidades europeas y norteamericanas. Los escasos latinos que llegan son los hijos de los terratenientes que controlan el 50% de la tierra y los hijos de los políticos que se enriquecen con los presupuestos públicos. En Colombia se pierde por corrupción el 50% del presupuesto legalmente establecido. Una densa red de ladrones se quedan con la plata, aquella que se debería utilizar en eventos como el que nos ocupa. No tengo nada en contra del evento ni de sus organizadores, pero cobrarles $ 120.000 a aquellos que a duras penas llegan a dos salarios mínimos no me deja de producir vergüenza. El análisis de la economía política de un simple evento como este me permite afirmar que la ciencia y la tecnología se encuentra muy lejos de ser un objetivo colectivo y nacional, que a él sólo pueden acceder los que cuenten con los recursos, que en poco se tienen en cuenta las iniciativas y las capacidades. Igual esto hace parte de la ideología neoliberal que deja en manos de particulares lo que debería ser un objetivo nacional. Contrariamente a la ola de pensamiento imperante, que por todo se debe cobrar, deben existir cosas cuyo costo sea asumido por la sociedad en general. Es un tanto triste que en Rock al Parque el acceso sea gratis, en tanto en un evento de ciencia y tecnología sea necesario pagar. Es un tanto triste que las regalías sean apropiadas por una camarilla de mafiosos mientas que un evento de ciencia y tecnología debe ser costeado por los particulares. El mundo al revés. Colombia es un país salvaje que no logró estructurarse como una nación moderna, civilizada y democrática. Finalmente, nos encontramos tan alejados del mundo civilizado, que aquello que es claramente precario, distorsionado, pobre y salvaje, nos parece normal. De nuevo gracias por las preguntas.
Supongo que Mr. TT no tiene mucho tiempo para esto, así que se limita a:
H,

Las preguntas no iban por el lado de políticas educativas y no creo que éste espacio sea el adecuado para debatir al respecto.

Ahora, respecto de los ejemplos citados, conozco muy de cerca los casos de Japón, Corea e India y puedo afirmar que la observación hecha es bastante imprecisa por no decir completamente errónea.

Para resumir, dado que el estado no pagó por la realización del evento y sus organizadores aún así, motivados por colaborar, lo han de llevar a cabo, el que esté interesado en asistir, debe pagar por tal concepto.

Un cordial Saludo,
Alguien pide que dejen de usar el espacio para estas discusiones, pero pronto llega X, sociólogo UNal a mediar:

Buenos días, disculpen que intervenga en el debate. Me gustaría decir dos cosas:

1) Hay una polémica sobre la precisión o no de los argumentos de H, me parece interesante en aras de cualificar la polémica sí se sustentan dichas afirmaciones con textos puntuales, qué incluso permitan un seminario sobre Inversion pública en educación, administración y prioridad del gasto. Y hacerlo de manera comparada, por ejemplo entre paises de la OCDE.

2) Comprendo el punto de H, en principio este evento no debería limitar la participación de las personas interesadas tan solo por criterios económicos, "sí tiene dinero asista, de lo contrario gracias por su interés". Sería bueno, a manera de propuesta, ensayar una forma de inscripción alternativa, como por ejemplo una o dos cuartillas, manifestando el interés por el evento. Y otra quién desee apoyar ecomicamente y de manera desinteresada, que lo pueda hacer con toda libertad, y esperar qué pasa.

Saludos
cordialmente
Mr. Y, ingeniero agrícola U Nal a pedir más
Considero oportuno que no se termine un debate en este sentido, leyendo las intervenciones de las diferentes personas, considero que los argumentos que se estan dando deberían motivar un espacio de construcción sobre la ciencia y tecnología que requeire el país y las condicones que debería brindar el estado para que se construya -CTS.
Y Mr. Z atina a decir:
Triste pero muy cierto, lamento estar de acuerdo con H, pero es la triste realidad, en Colombia no hay con quien ni con que. Basta ver el papeleo de las convocatorias docentes o de Colciencias para unos becas y créditos condonables, cuando los padres de la patria, muchos de los cuales no tienen ni posgrado, se dan el lujo de que les paguen un súper salario y miles de ventajas mas. Yo era un abogado de Colombia, un acérrimo defensor, un patriota, pero en verdad, uno se cansa.

Ojalá algún día en el nuevo orden mundial encontremos nuestro lugar porque como estamos, estamos muy mal...

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La marea baja con N:
si señor que tristeza
Y Mr. H pone su broche de oro:
Excelente idea el seminario sobre Inversión pública en educación, administración y prioridad del gasto. Este seminario se debería complementar con un seminario sobre transparencia en Colciencias y acción colectiva e investigación científica en Colombia. Los resultados podrían ser sorprendentes. Pensemos en mecanismos para sacar adelante esta iniciativa. Agradezco a las personas que han tomado el debate con ética y altura. Cordial saludo,
A Mr. TT le queda cerrar cuando el auditorio ya está medio vacío:
Acuerdo en que es una excelente iniciativa, espero que sea llevada a cabo.

Adicional sería muy interesante que aquellos que creen que un evento se puede hacer fácilmente abierto al público sin pago, ojalá con sinceridad, al final compartan su experiencia y comentarios, ahora con una mejor visión de la realidad.

Un cordial saludo,
*****************************

La verdad, después de leer una vez más el intercambio, se queda uno cansado, sin ganas de replicar. ¿Es este el germen de la innovación nacional? ¿Se está gestando la nueva era de vanguardia tecnológica colombiana que anuncian los Santos? Creo que todo está resumido en la frase de Z:
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Nos vemos en los comentarios. Tal vez.

miércoles, julio 27, 2011

Paraíso Reggeton

(Varios sucesos de esta semana me han hecho recordar este cuento que escribí hace más de siete años. Lo subo a la propia nubecita antes de que se refunda)


“Es chévere ser el mejor, pero es mejor ser chévere”

Héctor Lavoe


El Chamo asegura el amplificador a la parrilla de su ninja, enciende y arranca endemoniado. En un minuto ya está en la carretera, subiendo la loma. A pesar de la velocidad el aire está caliente, lleno de tierra seca y sal marina. Se va formando a su espalda el remedo de ciudad en la madrugada. El Rodadero es un poco de luces y bulla, una discoteca que tiene al mar de accesorio para cuando la montonera se emborracha o se arrecha. Por él, que se levantara una ola gigante y se tragara a ese burdel de mierda.

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El Chamo García vivía en el cuarto pequeño de una pensión en María Cacho, un barrio al occidente de Santa Marta. El abanico que venía con la habitación funcionaba y el baño estaba al final del corredor, como a dos puertas. Aunque tenía derecho a un cajón en la cocina, no lo usaba; en su lugar se robaba un espacio en la nevera, que no era comunal sino de su vecino del lado, el Joe, para guardar una botella de whiskey y una jarra de agua. El Joe (que el Chamo pronunciaba Jou, como le había escuchado a un gringo) al comienzo se emputaba, pero con el tiempo había terminado por ignorarlo. Sin embargo, jamás le dio su consentimiento. “Ese se guarda motivos para mandarme a comer mierda cuando se le de la gana”, decía el Chamo siempre que se acordaba del asunto.


Era sábado. Con un cruel mediodía de julio encima, no sabía si el dolor de cabeza era por el calor, la dormidera o puro guayabo. Apenas sintió algo de fuerzas se paró por un vaso de agua. En la cocina estaba el Joe, hombre juicioso, pescador de oficio, siervo de Cristo, almorzando lo que dejó para sí de la atarraya de la mañana.


- Entonce Joe, ¿harto pescado?- dijo con naturalidad el Chamo, sacando la jarra de agua de la nevera. El Joe levantó la mirada del plato e hizo esa mueca que no era ni una sonrisa prepotente, ni una cínica desaprobación, sino algo intermedio, la cara que el Chamo imaginaba hacían los curas del otro lado del confesionario.

- Gracias al señor - la cara se fue desarrugando, los ojos reaparecieron y siguió con su pescado.


El Chamo sintió que no iba a ser capaz de retener lo que llevaba en el estómago, así que se bebió a fondo la jarra entera, dejando que un poco resbalara, escurriera por su cuello, su camiseta manga sisa, los boxers, y terminara encharcando el piso.


- ¡No Chamo! Tiene que limpia,

- Fresco Joe que yo ahora limpio- dejó que el agua calmara el caos en su panza y pasó el pie por el charco para esparcirlo. El Joe, intentado contenerse, se concentró en su almuerzo – Y qué viejo Joe ¿Qué va hacer hoy? Vamo a la Escollera que hoy me presento.


Antes de contestar pasó con tranquilidad el bocado, tomo un sorbo de jugo de mango, tras lo que procedió a hacer de nuevo su cara:- Gracia, Chamo, pero tu sabe que yo no tomo, no bailo, y no me gusta esa carajada de música demoníaca.

- Pero ¿cuál demoníaca?

- Ese ritmo del infierno sólo incita a la lascivia, al morbo, al pecado de la carne.

- ¿Cuál infierno? ¿Pero de qué me habla mi Joe? ¿Me va a decir tú a mí que no hay algo má natural que querer tener a la hembrita bien pegadito, bien rico?

- Pero no a la primera que se te pasa por el frente. ¡Y no te la va a dar tú de santo! Yo te he visto Chamo en… ¿cómo e que le llaman? Ah sí, en el perreo, con una y con otra. Y no sólo e eso, ese ritmo embruja la gente, la vuelve lujuriosa y puerca, y despué ya no hay arrepentimiento que valga.

- Joe, eso lo que es e ¡pura sabrosura! Lo que te pasa e que te falta una buena hembra que te la mueva, ¡no joda!, verá como te cambia esa cara; ya parece un viejo de 60 año.

- ¡A mi no me hace falta que me la mueva nadie! –se paró de la mesa y se llevó los platos al fregadero para lavarlos- Es precisamente eso Chamo, no e sino ponerse a escuchar esa música tuya, y ya no puede uno dejar de menearse, como se debe menear el mismísimo Lucifer.

- Te a puesto que a Cristo también le gustaba el meneo- el Chamo se tomó el cuncho de agua en la jarra y la puso a llenar de nuevo, evitando que el Joe siguiera lavando –¿y sabe una cosa?- puso tono reverencial y le dijo al oído- te juro por lo que má quiera, por tu señor que también e el mío pero má chévere porque, ajá, e el mío, que un día te va a cantar a travé de mi labios y va a tener que reconocerlo, porque lo mío e pura sabrosura divina.

- ¡No joda Chamo!- sacó un brazo y lo empujó fuerte- Que lo que tú eres e un demonio, y el día que mi Señor se ponga en tu boca te va e a callar.


El Chamo se carcajeo con sorna. Guardó de nuevo la jarra en la nevera y se fue para su cuarto.

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La Mona, que parecía no existir a la espalda del Chamo, se decide a agarrarlo por la cintura para no caerse. Él ni se mosquea. Llegan a la cima y aparece la ciudad: menos hipócrita y superficial, pero no por eso menos animada. Bajando se ve el morro rodeado de mar y un barco anclado. “Eso,” piensa la Mona “un barco pa’ largarme de una buena vez. Me destierro yo sola ¿Quién quiere esta vida de mierda? ¡Qué se joda el Chamo! ¡Qué se joda mi familia! ¡Qué se jodan! Me largo en un barco, ayudo en la cocina y se lo doy al capitán. Igual, pa’ nada má me ha buscado un hombre. Me largo con mi capitán y no vuelven a saber de mí.” El Chamo acelera y la Mona, de puro instinto, lo termina de abrazar.

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Plantada junto al Rodrigo del malecón, la Mona chupaba raspado y miraba al mar. El Chamo pitó dos veces, ella lo reconoció y fue hacia él. Su pelo dorado jugaba con el sol del atardecer, uniéndola al paisaje. Vestía un top y una faldita, verdaderos responsables de contener toda esa voluptuosidad que la ropa interior si acaso tapaba. Le dio un beso al Chamo y se encaramó a su espalda, entre el amplificador y él, sin el más mínimo pudor por lo que se le pudiera ver.

- ¿A dónde vamo, mami?

- De concierto- contestó la Mona sin dudarlo. El Chamo arrancó rumbo a su casa.


Estacionó la moto en la pensión, se metieron al cuarto y echaron llave.


La Mona se fue bajando los cuquitos sin quitarse la falda y se dejó caer de espaldas en la cama. El Chamo ya se le iba a echar encima cuando ella lo repelió con las piernas:

- ¡Ah - ah! Así no -entonces el Chamo se desvistió, tomó a la Mona por los pies y se empezó a acercar.


Escúchame mami,

Que te vo’ a dar tu merecido


TU

patu patu, patu patu,

patu patu, papapa papa

TU

patu patu, patu patu,

patu patu, papapa papa


Encontré a mi mami un atardecera,

ella ya sabía que venía a querela,

moviendo su cosita se me acercó,

me dijo: papi, papi, quiero tu cuerpó.


La llevé para la pieza y la quise amar,

pero mi mami quería antes oírme cantar,

yo le digo: mami, mami, no sea mala conmigo,

ábreme las piernas que hoy vengo decidido


TU

lo sabe mami que hoy vengo decidido.


Muerde la almohada,

viene la marea,

ya no lo resistes,

mira como se menea.


La Mona se retuerce

El Chamo se estremece

El Chamo te lo dijo

Y te dio tu merecido


TU

lo sabía mami que venía decidido.

TU

lo sabía mami, ese fue tu merecido.

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Después de la loma van apareciendo casas y casas. En una que otra se ven tipos bien acomodados en sus mecedoras tomando ron con los amigos, equipos a todo volumen, todos muertos de risa. El odio del Chamo ya no tiene limites. “Todos se pueden ir a la mismísima…”. Deja la avenida y se mete entre calles, pero no le da resultado. Al parecer, Santa Marta entera se le estaba burlando en la cara.

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Cerró la puerta con seguro y se apoderó del baño, que al Chamo se le hacía que era un soberbio camerino. Se detuvo sorprendido al ver el tipo que tenía en frente. “No joda, Chamo, lo vamo acabar”. Su pelo, perfectamente engominado, parecía querer escapar de la cabeza para tapar su rostro. Su camisa de rayas oblicuas se abría casi hasta el abdomen, revelando ese jugoso y lampiño trozo de man que era el Chamo, bestia bronceada, canela lujurioso. El pantalón se le ceñía con lascivia a las piernas y al bulto; remataban el atuendo unas sandalias tejidas, de esas de la Sierra. “No joda Chamo, tú lo que eres e un ángel obsceno, un cupido del sexo”.


Se echó unas gotas de agua en la cara, para que pareciera que ya empezaba a sudar, y salió del baño. Lo esperaban el Pete y el Migue, sus compañeros de grupo. Ellos estaban de negro y el Chamo de blanco, listos para el show. Se fueron caminando entre el tumulto a la tarima. El Chamo podía sentir como iba en cámara lenta mientras la gente lo deseaba sin saberlo, del puro feeling de tenerlo cerca.


Antes de subir se les acercó un camaján de dos metros, gafas oscuras, ropa elegante.

- Chamo, te tengo una razón de Don Rafa.

- Claro, como no, ¿qué será?- Don Rafa era un traqueto de la región, conocido y respetado por el empuje y progreso que llevaba por donde iba. Siempre que le salía bien un negocio armaba unos parrandones del carajo, una semana de sólo música, trago y putas. En una de esas conoció al Chamo, y de ahí no dejó de contratarlo cuando se quedaba en el Rodadero.

- Te manda a decir que tiene una lunita de miel esta noche, que tú sabes, en su apartamento, en dos horas.

- Dile que con mucho gusto, que allá no vemo- Don Rafa descubrió el particular poder de la música del Chamo en una de esas celebraciones, así que también lo tenía reservado para otras ocasiones, en las que les terminaba yendo mejor a los dos, por lo que el Chamo se animó.


Se despidieron y siguieron su camino. Arriba tomaron sus puestos y el Máni, su DJ, respondió desde la consola con una descarga tremenda. Lleno de ilusión con todo lo que le esperaba, el Chamo se sintió inspirado.


¡Mi gente!

Te lo voy a decir una sola vez,

y ya no va’ a poder dejar de perrear.


Mi táctica

¡Mi táctica!

E mirarte despacito pa’ que no te me acobarde

calentarte suavecito pa’ que no te de calambre

quererte y aprenderte pa’ que nunca te me espante


Mi táctica

¡Mi táctica!

Es hacerte sentir como mujer ninguna,

que cuando te levante te duela hasta la nuca

que me busque no me encuentre y toqué pedir ayuda


Mi táctica

¡Mi táctica!

Que e mi estrategia, te la dejo con cariño

decirte mil palabra pa’ tenerte a mi ladito

y luego al fin diga: I need you, papi, I need you.

____________________________


- Toma, mami.

- Gracia papi ¿pitillos?

- Acá tienes.

- ¡Está delicioso!

- Como te venía contando. Me bajé entonce de la tarima y se me acercan esa do viejas. Yo pensé que eran gringas porque eran alta, flaca y monas; pero cuando me llamaron que dizque tío, pue yo ya supe.

- ¿Y qué querían?

- Primero me pidieron que le enseñara a bailar, que ella querían saber como era que se hacía pa’ moverse así y yo ahí, ajá, chévere. Me la lleve pa’ la pista y le enseñé uno pasos. Eso sí, al principio me tocó arrimarselo pa’ que cogieran el ritmo, pero ya despué no podían parar.

- ¿Ah sí?

- No te moleste, mami, que fue con la mejor intención patriótica.

- Ajá.

- El caso e que empezaron a pasar trago la españoleta esa y a calentarse. Ahí fue cuando una me preguntó que si le mostraba lo que era el perreo. Yo me le puse serio y le dije “el perreo no e cosa de broma, puede que despué de saberlo no quiera salir de aquí, que quedes atrapada” Ella se rió y me dijo que no le importaba. Entonce me la llevé y le mostré.

- ¡No Chamo! Ya me cansé tu siempre la misma pendejada, no puede ver una falda porque sale babiando detrá.

- Pero si no pasó nada mami, lo único que hice fue decirlo que e el perreo.

- Ese cuentico…

- Te lo juro.

- A ver, ¿qué le dijiste?

- Pue nada, mami, que esa cosa e algo metafísico, mami, algo de espíritu. Que empieza con el ritmo, el corazón se calienta y parece que estuviera montando burro…

- ¿¿Burro?? ¿Tas loco?

- ¿Tú te imagina un perro cuando hacemo un perreo bien chévere? ¿Tú siente un perro? No joda, mami, si acaso diciendo burro me entendió un poquito de lo que le estaba explicando. Luego de lo del burro, le dije que tenía que abrí los ojo y ver a su papi al frente y darse cuenta pa’ donde iba todo ese cuento del burro. Entonce ambo saben lo que sienten pero no como hacerse entendé, y empieza uno a menearlo de una forma y el otro de otra, y se sienten frustrado y se buscan má, pero tampoco y ¿entonce qué? Pue se acercan má, cierran los ojo y se concentran en el burro y de nuevo se buscan, se aprietan, se sueltan, y le meten má flow al asunto, y se provocan, se azotan, se devoran... Pero se acaba la canción y se da cuenta de que sólo pasó en su cabeza.

- Ya, ya, ya, y se supone que yo me quedo como una imbécil, convencida de que tú ere un santo.

- Pero Monita, si eso fue lo que pasó ¿Qué quiere que te diga? ¿Qué me comí a la españoleta esa? Te lo juro por lo nuestro que e sagrado que yo no la he vuelto a embarrar.

- Tú lo que ere e un sinvergüenza degenerado, bueno pa na.

- ¡No seas tan complicada, mujer…! ¡Mujer, no te vayas!

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Cuando los gemidos cesaron, el grupo dejó de cantar. Una espinita se alojaba en la cabeza del Chamo, y empezaba a darle mal genio.

- ¿Qué hacemo, Chamo? –murmuro el Pete. Detrás de la cortina que dividía el cuarto del Penthouse se escuchaba movimiento. El Chamo les hizo señas de que empacaran y dijo fuerte:

- Bueno Don Rafa, nosotro no vamo.


Se corrió la división y apareció el mulato gigante en calzoncillos, con un fajo de billetes en la mano.

- Gracias muchachos. Cualquier cosa los llamo de nuevo- les dio la mano, les entregó la plata y se fue para el baño -¡Ah! Háganme el favor y me dejan a esa vieja en Santa Marta.


Don Rafa cerró la puerta y se oyó la ducha. A Pete y a Migue esa cosa ya les olía mal, habían sentido una sospecha creciendo en el Chamo al escuchar los gemidos, así que cogieron sus equipos como pudieron y se fueron.

- Suerte, Chamo. No vemo mañana en playa.


Él ni se volteó. Se acercó a la cama y el contorno fantasma bajo la sábana fue apareciendo hasta que ya no lo pudo negar.

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Apaga la moto y la mete empujada. La Mona mantiene la cabeza baja y lo sigue. El Chamo lleva el amplificador consigo. Se detiene en la cocina, saca su jarra, la bota en el fregadero, y se lleva su whiskey. La Mona se adelanta hasta la puerta de la pieza, la abre y espera en el umbral a que el Chamo la ponga dónde quiera. Pero él no se acerca. Busca por el corredor una toma para su aparato y alista todo. La Mona, inmóvil.


- Sónido -ajusta el volumen y apaga el micrófono. Baja un sorbo grande de su botella. Camina hasta la Mona, la toma por el antebrazo y la arrastra por el corredor. Ella, resignada, ni se inmuta cuando la mete de un empujón dentro de un cuarto y la encierra.


Check it out Joe,

que así e como comienza.


Era de madrugada,

las estrellas brillaban,

entonce la Mona

se metió entre tu cama.


Llevaba en su cara un poco de tristeza,

pero con ese cuerpo a nadie le interesa.

Check it out Joe, de lo pies a la cabeza.

Check it out Joe, que así e como comienza.


Su cuerpo se desnuda,

te amarra a su cintura,

y te dice al oído

“al que madruga Dios le ayuda.”


Check it out Joe, que del cielo te saludan.

Check it out Joe, que de milagros no se duda.


Siente su fuego,

siente su calor,

no retroceda

ella e pura vibración

vibración vibración

pura vibración

vibración

vibración

vibración.


Joe,

Esto te lo trae el Chamo pa’ que lo bailes pa’ que lo cantes pa’ que lo goce…

Tú sabes quien e…


¡Mañana!

¡MAÑANA!

que no se pare hasta mañana.


¡Mañana!

¡MAÑANA!

que si no para no se calla.


Check it out Joe, que ella e pura alimaña.

Check it out Joe, que si no hay plata no se amaña.


Check it out Joe, que así e como esto se acaba.

Check it out Joe, que así e como todo acaba.


De una patada deja sus equipos esparcidos por el corredor. Sólo lleva consigo su botella a través del corrillo de vecinos que lo veían cantarle a la puerta del Joe, sin siquiera intuir lo que estaba pasando. Se toma otro sorbo, se acomoda en su ninja, más liviana que nunca, y la enciende.

- ¡Y ahí tiene su puta nevera pa’ que se la meta por donde le quepa!- sale rugiendo fuera de la pensión, sin cerrar la puerta.