viernes, septiembre 28, 2007

Los Caminos y los Lugares


Detesto la dejadez en que tengo este espacio, más porque, como dice Juan Gabriel, está siempre en mi mente. Sin embargo, la conmoción de estos días promete no darme mayores oportunidades para contar a mis anchas todo lo que me ronda la mente, así que aquí dejo sueltas las ideas, para que no se me olviden - o, en su defecto, para que me pregunten:

+ Trabajé en los agasajos por los cien años de la universidad, escorté a unos profesores de Finlandia, viví los rigores de la cordialidad japonesa y estuve por primera vez en mi vida con un premio Nobel en el mismo recinto.

+ Paseé entre gaviotas y la impresión de acompañarlas me produjo nauseas. Pero ahí estuvo la mar para darme unas buenas imágenes.

+ ¡Vi la nueva película de Evangelion! ¡Y compré souvenires! Parece que no termino de superar mi adolescencia.

+ Vi Planet Terror y aún no se que pensar... pero siento que debería hacerlo.

+ Dos semanas en Vietnam... la gente, el caos, la fraternidad, la seguridad, la incertidumbre, las montañas, la guerra... Nos parecemos en tantas cosas y somos tan distintos...


Y fue precisamente allí, a tres horas de Ho Chi Minh City - antes Saigon - donde encontré de nuevo el panÓptiko, en un tricolor desconcertantemente conocido, y volví de nuevo al mismo sitio por caminos disímiles.

¿O fue llegar a otros lugares por los mismos caminos?

panÓptiko tricolor
Gracias a Cao Dai

P.D. El mártes que viene salgo a presentar un artículo en una conferencia en Tailandia, y cuando vuelva - una semana después - tengo que presentar los "avances" de mi tesis y una "propuesta" sobre el doctorado....

viernes, agosto 31, 2007

En la variedad está el placer

¿Cuál de estos dos apetitosos pasteles triángulo eligen: el de huevo o el de choco-banana?

Para todos los gustos,



P.D.: no puede faltar la sobremesa ideal.

miércoles, agosto 08, 2007

El verano que seremos

Mujeres antes del Neputa (eso creo)

En respuesta a los miles de correos que piden saber que he hecho en estos días, un breve resumen sin precedentes en este blog - es decir, un escrito convencional.

El profesor que me ha orientado durante la maestría se retira en marzo del año que entra, lo que significa grandes dilemas en mi vida: debo buscar de nuevo profesor-universidad y plantear mi proyecto de doctorado. En otras palabras, planear lo que será mi vida los siguientes 3 a 10 años (si contamos con que lo que elija será determinante para mi vida laboral).

Carroza de Neputa I

Entonces me fui a unas conferencias en Tokyo del 10 al 12 de julio, visité una universidad, sufrí desengaños. En eso, preparé dos abstracts para una conferencia en Tailandia, los cuales envié el día 16. También tenía una presentacion importante programada el 27 , que afortunadamente aplazaron al 3 de agosto porque un amigo querido vino desde Inglaterra los dias 27-28-29, por lo que dejé los libros a medio leer y volví a Tokyo de afanes. Ahí conocí las multitudes veraniegas tokiotas y a un par de bailarinas cyberpunk-exóticas, con lo cual mi corazón siguió dividido en cuanto a dejar o no mi tranquila Sendai.

Carroza de Neputa II

Terminé la exposición como pude, y así mismo terminé de leer las casi 1200 páginas de 2666 de Roberto Bolaño, algo que va trastornar treméndamente mi vida en cualquier momento. Salimos, pues, en manada el sábado a las 6 am a ver el festival de la norteña prefectura de Aomori, conocido como Nebuta, aunque algunos japoneses también le llaman "El festival de Neputa", nombre que todos preferimos. El ambiente parecía bastante típico - desfile y danza - hasta que el acto terminó y las bailarinas retiraron sus camisas para festejar el esfuerzo, mientras los muchachos se les unían, se emborrachaban y se agarraban a golpes en cualquier callejón, momento en el que un contingente de policías con cara de veteranos se les venía encima - a los muchachos, no pude ver si a las muchachas - armados con unos palos largos muy tradicionales, aunque poco comunes en estas tierras.

Gran competencia de carga linternas en el festival Kanto

Dormimos en un karaoke del que nos sacaron a las 5 de la mañana, y volvimos dando una vuelta por la vecina prefectura de Akita - de donde vienen los perros, pero NO se los comen, esos son los chow-chow en Corea - y vimos apartes del festival Kanto en el que hombres valerosos portan linternas que los hacen parecer hormigas, mientras hermosas mujeres golpean con brío terrible un tambor enorme, con lo que diluyen las fantasias a las que sus cortas yukatas - kimonos de verano - dan pie en primera instancia.

El perro de Akita

Tomamos un desvío en el tren de vuelta - fueron 8 horas de ida 13 de regreso - para bordear el mar de Japon y ver desde el vagón los bellos contrastes que ofrecen los pueblos de pescadores que cada año son tapados varios meses por la nieve - las casas tienen entrada por el segundo piso para estos casos - y que en un futuro no muy lejano desapareceran con alguna nevada, en medio de esta sociedad que envejece y se acostumbra a las comodidades.

Pueblos a la vera del tren y del mar

Medio pensativos, medio exhaustos, con el pasar de infinadad de estaciones y rostros que nos miraban con curiosidad, que nunca más volveremos ver, añoramos en silencio la salvajía del estilo Neputa, y entendimos que en este país no hay gato encerrado. Hay pescado.

Síntesis perfecta de "Aquí hay gato encerrado" y "Algo huele mal"

Cavilante,



P.S> El autor de este post durmió dos días recuperándose de los abusos. No ha decidido nada sobre su vida, y casi había logrado olvidar el asunto, hasta que se acordó.

P.S> Gracias a todos por sus comentarios, y de paso los invito al nuevo espacio que estamos escribiendo con otros entes dedicado en exclusiva a los estudios ambientales - ja, ja, como si los estudios ambientales pudieran ser exclusivos.

Las Otras Mitades

Felices fiestas patrias.

sábado, julio 21, 2007

Amigos Tecnosexuales

Estas son algunos amigos que se han sumado al movimiento tecnosexual underground:


enviado por aquel que firma Gaijinco


eniviado por un Anónimo

Como es una corriente underground, todos son bienvenidos, pero no se le ruega a nadie.

Ahí verán,

viernes, julio 06, 2007

Especiales pOp-Up: Tecno-sexual

Hace unos meses, en la página de El Tiempo, apareció un titular que anunciaba una novedosísima tendencia estética masculina, esa que da título a este especial. Al principio contemplé las letras incrédulo, no dando crédito de lo que veía. Pero ahí estaban esas once letras así dispuestas. No cabía de la dicha. Decidí entonces no leer el artículo, abstenerme de quedar atrapado en las definiciones nimias, en descripciones comerciales, y más bien dedicarme a elucubrar mi entrada majestuosa a ese movimiento tan prometedor, tan cercano a mí por ese bello nombre, sumergirme como de clavado en sus profundidades, de una al underground. Por fin la oportunidad que siempre estuvimos esperando tantos huérfanos del glamouroso y estrecho mundo de la hombría.

Sin más preámbulos, Tecno-sexual:


Familia



Sexo Seguro



Impresora



Yo-pod

Entiendo que este puede convertirse en todo un movimiento, así que quedan convocados todos a que suban sus propias creaciones y hagamos una gran cadena de amigos tecnosexuales underground.

Uf,


martes, julio 03, 2007

Ouroboros cotidianos

Este orinal del restaurante italiano en el que cenaba era idéntico al plato en el que me sirvieron.

¿Cuál habrá sido primero?

lunes, junio 18, 2007

Los caballeros las prefieren intuitivas



Debo confesar que hace unos meses, al tener la oportunidad de contemplar por un largo tiempo el devaneo de un par de lolitas góticas mientras esperaba que mi tren partiera, sentí la urgente necesidad de escribir un vallenato. Fui conciente de que ello significaba un grado peligroso de desequilibrio mental, pero ya no era yo dueño de mí mismo. Saqué mi PDA y escribí los pocos versos que, repetidos con pequeñas mal pronunciaciones tal como lo exigen los cánones de esas tonadas del norte del país, eran para mi la forma precisa para contener la placentera experiencia, y de paso imaginar un intento frustrado de coqueteo amoroso.

Llegué esa noche a compartir ese arranque de euforia con mi crítico literario de cabecera, y este me hizo prometer al cielo que aquel engendro no vería jamás la faz de la tierra. Lo miré con pesar, después de todo lo feliz que me había hecho, y lo tiré a la basura.

Entonces vi esta mañana el video de Shakira y recordé todo lo sucedido en aquella ocasión. Cada uno de los atuendos es fiel reflejo de lo que en la cotidianidad utilizan las pertenecientes a dicha tendencia. La actitud también es semejante, aunque la música si no corresponde. Por lo demás, este es un video de gran factura, donde todos los detalles están bien cuidados, las tensiones bien logradas. Se desprende a la cantante de sus patrones de elasticidad y vibración característicos, y se la ciñe a la estética que la propuesta visual requiere. En síntesis, un viaje onírico por los abismos de ese fantástico imaginario japonés sobre el lado oscuro de las colegialas. Ah, y otra pegajosa canción pop que todos terminaremos por aprenderenos.

Para cerrar, debo también confesar que al ver el video sentí otra urgente necesidad: la de compartirles con él una de las cosas que – guardadas las proporciones (las de la situación, no las de Shakira) – hacen de vivir en Japón una gran experiencia.

Satisfecho,



P.D. Dejo a cada quién que interprete el detalle del carro en el video.

viernes, junio 15, 2007


Tras un año y dos meses de intrincadas cavilaciones, de profunda inmersión cultural en búsqueda de mi identidad dentro de estas tierras salvajes, me he decidido.

El ideograma en cuestión, o kanji como se les conoce a los caracteres derivados del chino, no tiene una pronunciación propia; se usa para notar la repetición del kanji inmediatamente anterior como, por ejemplo en las siguientes palabras:

人人=人々=hitobito=persona-persona=gente
時時=時々=tokidoki=tiempo-tiempo=de vez en cuando

Las interpretaciones son diversas: soy impronunciable, dependo del contexto para ser entendido, pero aún así se escapa mi esencia. Algunos dicen que no tengo identidad, pero soy único, mis trazos están bien definidos y son ampliamente reconocidos. Un intento fútil por mezclarse en la sociedad, alguien que es cualquier otro con sólo ponerse a su lado, una solución práctica a los caprichos de la moda. Camaleón, vampiro, espejo dialéctico, prisma semántico, voy por ahí asolando las calles de este país lejano, en donde los pobres mortales que se cruzan por mi camino, aterrados, no saben que decir.

Los entiendo,

lunes, junio 11, 2007

Del salvaje espiritu cientifico, los intringulis epistemologicos, modernidad, preadolescencia y la incertidumbre del desarrollo

En la seccion editorial del Japan Times, el martes pasado aparecio un articulo sin precedentes en mi historia - es decir, algo que me dejo anonadado. Una jurisprudente japonesa, de la mas alta alcurnia - supongo yo por su titulo de l'Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en Paris -, objeto comedidamente un caso perdido.

Resulta, pasa y acontece - alguien me puede explicar porque esta frase esta en mi subconsciente? - que la ultima instacia juridica desestimo las razones por las cuales una joven demandaba a su padre por haberle tocado repentinamente los senos por unos segundos para "medir su desarrollo sexual" cuando ella tenia 11 años. Valga la pena aclarar que el padre admite plenamente ser responsable de semejante acto.

Lamentablemente, el articulo es escaso en datos sobre el cuerpo del delito, y es mas una disgresion sobre artimañas juridicas. Segun la autora, un acto contra la dignidad de las personas y los derechos humanos. Para los jueces, en lenguaje vulgar, una joven perturbada que sin razon ve en su papa a un pervertido.

Triste, sin datos, en medio de estas tierras inhospitas, no puedo imaginar la incertidumbre que llevo a ese padre a cometer tal acto. O, tal vez, si puedo.

Caso perdido.

panÓptiko

Sin prejuicios

Queria compartirles estos dos videos que me han hecho reir montones, aclarando que no necesariamente reflejan las convicciones del editor.




jueves, mayo 31, 2007

frívOlo

Pues si.

Empecé en serio a escribir mi tesis y otras trabajitos paralelos que, al parecer, van a copar el tiempo que destinaba a mis recargados y enrevesados artículos. Así que, porque se que esta es la única prueba que tienen de que sigo vivo, me voy a permitir una temporada de pequeños escritos banales. Por favor, no me malentiendan ni se formen ideas erradas, lo hago por ustedes.

Sufrido,

panÓptiko

Prueba Fehaciente

Bueno, nos ganamos miss universo.

Para que luego digan que no tengo buena mano.

panÓptiko

P.D. Que divertida es la palabra "fehaciente". ¿No les parece?


REACCIONES *Actualización*

Les cuento que, por razones que ustedes entenderan, estoy preguntándole a cada japonés que puedo su opinión sobre este gran reconocimiento a la belleza nacional. Iré actualizando en la medida que pueda:

- 2 compañeros contestaron: Bien, pero no es mi tipo.
- 1 compañera: Bien, pero no soy yo.
- 1 amigo: Si, pero no parece japonesa.

domingo, mayo 13, 2007

Caos dorado

Foto sugestiva

Nikko, Japón

No me pregunten como me enteré, pero mis fuentes son confiables. Esta semana tuve oportunidad de revisar evidencia contundente que asegura una victoria a los miembros del género masculino en esa pugna por comprensión de nunca concluir: el reguero al orinar.

Seguro que, en más de una ocasión, habrán sufrido o dado esos discursos femeninos indignados, en los que aseguran que no les cabe en la cabeza que seamos incapaces de atinarle al nunca suficientemente amplio hueco del sanitario. Algunos callan, otros hacen falsas promesas, los más valientes intentan explicaciones físico-anatómicas, y los más listos salen con un buen chiste. Sin embargo, ninguno había salido bien librado.

Y es que, aunque todos los hombres comprendemos lo que sucede, como es de caprichosa la experiencia, que tan impredecible el fluir e irremediable su voluntad, la explicación escapa a lo que las palabras pueden expresar. De manera que todos los intentos han sido frustrados, el tiempo perdido. El asunto ha pasado a convertirse en emblema de las discusiones de género: prueba del trato desconsiderado, evidencia de un diseño defectuoso, argumento conclusivo para relegar al hombre a la postración. Pero quiero decirles, amigos y amigas, que hemos estado mirando en el lugar equivocado, lo que equivale a decir, con toda la ironía del caso, miando fuera del tiesto.

El sentimiento de culpa que llevamos ya interno por nuestras micciones desbordadas nos viene de cuna. Aunque el carácter incontenible del fenómeno evita que nos abstengamos de cometerlo, cada episodio se convierte en una fuente profunda de reflexión. ¿Cómo diablos fue a dar por allá? Nos obligamos entonces a una observación detallada, a una casuística de los regueros, que van desde el traicionero choque completamente elástico, hasta la teoría del caos, la cual alcanza sanitarios, pisos y, en el peor de los casos, la propia ropa. Todo este ensimismamiento, atado al sentimiento de culpa, es el que ha evitado que se cambie la perspectiva y echemos una mirada más allá: al alter-ego.

Es verídico. El hecho de que no sea evidente ningún reguero en el orinar de ellas, aunado al complejo arriba presentado, había mantenido el análisis lejos de las características propias de su excreción. La “invisibilidad” del acto hacía suponer que se trataba del directo fluir de una manguera. Nada más equivocado. La salida de la lluvia dorada femenina es tanto o más caótica que la masculina. Muchos más los tejidos que podrían desviarla, mucho más cercanas las vellosidades en capacidad de canalizarlo, más proclive la superficie a la acción incierta de la tensión superficial. En fin, la dispersión de los chorros es más escandalosa de la que se nos recrimina.

El argumento es irrebatible. Una vez ellas lo escuchen, derivaran entre la risa y el rubor: no es algo que hayan visto – por el obvio impedimento físico – pero sí sentido, aunque jamás verbalizado. Vendrá entonces el reconocimiento y con ello una fase más humanizada del conflicto. Porque la prueba no niega el reguero – ni la responsabilidad de cada quien con el propio – pero sí despeja los mitos de inverosimilitud, llevándose con ello los sentimientos vergonzosos, y acerca los cuerpos en esa deliciosa complejidad merecedora de la más paciente condescendencia.

Feliz día, mamáses.

panÓptiko
O.A.G.S.

martes, mayo 08, 2007

Mística Sendaireña

Restos de la bella vaca sacando la lengua que me acompañó por tantos años y que terminó por llevarse un tifón de mi puerta

Quizá el plato más representativo de la gastronomía de la prefectura de Miyagi sea el gyû tan, 牛タン, es decir, la lengua de vaca. Su preparación difiere bastante del tradicional “ensalsado” sabanero: se sirve asada, tres cuartos, en pequeñas rebanadas ajustadas al tamaño promedio de la boca y a las características del instrumento utilizado para llevar el trozo a ella, osease, los palitos. No obstante el aparente consenso en el tamaño del área transversal de la sección de lengua, sobre el grosor del mismo no existe acuerdo, recurso del que se han valido cada uno de los maestros preparadores para poner su toque personal y definir su público objetivo. Cualquier buen sendaireño, primero que todo, habrá intentado por lo menos una vez cada uno de los principales estilos de gyûtan – tres, para ser exactos, que, de una manera vulgarmente simplificada pero necesaria para que el lector entienda, llamaré gruesa, intermedia y delgada –, luego hablará con prestancia de las características de cada una de ellas y planteará sus pros y contras. Nótese que no tomará partido por ninguno de ellos, porque ¿quién es uno para calificar, tan siquiera comprender, el trabajo de aquellos que han entregado su vida a dominar el tan noble oficio de atajar con atino el delicado órgano, de manera que el corte, lejos de malograr su finura, triunfe en la pugna por llevar al comensal el trozo preciso? Este es un rasgo muy japonés, el de no tomar partido, que está presente en casi todas las esferas de su vida social. Sin embargo, esto no quiere decir que no tengan una opinión. ¡Claro que la tienen! Pero estas sólo podrán ser compartidas después de algunos tragos, ya sea que el alcohol sirva como pacto de confianza o como chivo expiatorio.

Se acompaña con arroz – naturalmente –, una ensalada verde clara – de lechuga y/o repollo en hojas, no tiras –, un embutido rosáceo de picado grueso, un encurtido picante y sopa de cola. El balance impecable logrado por esta disposición culinaria es epítome del papel trascendental de los alimentos dentro de la tradición del sol naciente. Su carácter místico cargado de un profundo significado, llamando siempre a la reflexión y el crecimiento personal, escapa generalmente a los neófitos y está fuera de lo comunicable por los anfitriones vergonzantes. Otra cara de la ya enunciada imparcialidad ante los estilos de preparaciones es el modelo educativo que subyace: aquel que desea aprender debe interpretar lo que el maestro a bien tenga comunicar, sea como sea que la lección sea proferida. Metafórico, críptico, inescrutable, o prístino, abierto y directo, el aprendiz debe descifrar lo que se le es dado y, en un constante ejercicio de meditación, abrigar en su corazón las enseñanzas para cuando sean necesarias. Inconcebible la menor pregunta, la más mínima pista.

Sin embargo, dada la distancia entre los dos pueblos que uno, lo lamentable que sería que se perdiera este conocimiento y el cariño que les tengo, me permito darles mi humilde interpretación.

El arroz blanco cumple diferentes roles dentro de la preparación. Es básico, fundamental. Símbolo del país, ciñe la experiencia al territorio. Blanco su sabor, despejará la boca de los sabores previos para magnificar las sensaciones. Blanco como papel donde se escribirá la lección, y por tanto blanco para distinguir los menores detalles de las preparaciones que se pasen por los paladares dispuestos.

Se empieza por un trozo de lengua, como el animal, y se sigue con la ensalada, lo que en vida le hubiese gustado a la lengua, repitiendo el paso para completar el homenaje al animal sacrificado para nuestro bien con una metáfora de su también natural regurgitar.

Luego viene el encurtido, que no es otra cosa que un vegetal sometido a cierta digestión, enlace entre el paso anteriormente realizado y el paso subsiguiente: el embutido. Este conjunto de amasijo uniforme y tripa es una interfase triple entre lo animal, lo humano y lo divino. Es síntesis de lo realizado pero requiere del mismo proceso de deglución, o sea que es a su vez comienzo, y en su caos indiferenciable pero no ausente de orden afluye el hálito divino de lo incierto. En otras palabras, es la distorsión de la bola de cristal, la tensión superficial de los residuos de chocolate, el azar de las cartas.

Para nadie debe ser ya un misterio el papel de la sopa de cola.

Después de venerar una vez el orden establecido, al comensal le queda combinar todos los ingredientes a su gusto para hacer su experiencia única. Este es el espacio donde cada quien confronta sus ansiedades consigo mismas, por lo cual es inenarrable. Sólo queda aclarar que se debe guardar para el final un trozo de lengua y un sorbo de sopa: principio y fin, sopa y principio, uroboros de la trascendencia, círculo de purificación, de descanso y partida, cierra con solemnidad esta oportunidad sublime en la que confluyeron todos los reinos de este mundo y los otros.

Una vez terminado, no olvide pagar la cuenta.

Lleno,

panÓptiko

martes, abril 24, 2007

300

En el año 2007, el ocaso de la segunda era de la tecnología, una pareja está a punto de vivir un drama del siglo pasado.

Ella una esposa frustrada. Él, un empleado por horas que sobrelleva las precariedades de la situación movido por sus anhelos de amar. Uno para el otro, lograran lo que parecía imposible: un divorcio, la esperanza de un futuro modesto pero feliz.

Nunca se imaginaron que el fruto de su pasión estuviese proscrito desde su concepción.

300

Algunos, en algún lado, hace 300 días

300


300 los días que deben pasar antes de que el hijo de una divorciada no se presuma vástago del ex marido y por tanto deba llevar su apellido (Código Civil, Artículo 772, 1898)

Él, soportándola con su brazo y mirándola mojar en lágrimas al bebé que ríe inocente: "¿Es esta la pena que debemos pagar?"

Helicópteros rodeando la Torre de Tokyo.

Un anciano arrugado, en perfecto traje, en medio de la imponente plenaria de la cámara: "Eso puede ser cierto, pero normalmente las cosas pasan en orden: usted se divorcia y luego concibe al hijo de su nuevo compañero."

Los tres subiendo presurosos las escaleras de la torre.

Un abogado joven, de pelo largo hasta la nuca y gafas sobrias, en medio de un juicio: "... pero los tiempos han cambiado, su señoría"

Helicópteros y escaleras.

Un periodista a la entrada de lo que tiene que ser un tribunal: "¿Qué piensa de su conducta?" La madre, golpeada pero digna, sin el bebé en sus brazos: "Se que lo que hice fue ilegal", relámpagos, obturadores, "pero el niño es inocente y no tiene porque sufrir".

Escaleras, helicópteros.

El viejo, iracundo: "Si aceptáramos la prueba de ADN estaríamos abriendo la puerta a que una mujer pueda quedar embarazada durante el proceso de divorcio."

El padre gritando: "¡Sólo queremos ser felices!"

El bebé parece resbalar en el mirador de la torre.

Helicópteros.

El padre grita al cielo: "Noooooooooo"

El anciano cierra los ojos.

El abogado baja la cabeza.

La madre se estira en el aire intentando alcanzar algo.

La pantalla oscurece y se escucha:

"Ellos quieren proteger la familia...
... eso es lo que queremos hacer nosotros"

300

Sólo acá,

panÓptiko

Basado en una historia real.

martes, abril 17, 2007

Un País Estrecho

Cerezo nocturno en el Parque de Occidente

Hace unos días viajaba con un amigo japones hacia su casa en el pueblito cercano de Iwanuma, cuando me notó distraido con el paisaje. Al contrario de lo que muchos piensan, no todo Japón es una masa urbana informe, y en el camino podían verse pequeñas casas en medio de medianos campos de cultivo, separadas unas de otras quizá trescientos metros. "Muy útil vivir en una de esas casas, se puede hacer ruido y no se molesta a los vecinos" comentó mi amigo, y mientras nos reímos alcance a pensar en que yo hubiera dicho lo mismo, en esas cosas que compartimos los citadinos a pesar de nuestro origen. "El problema es que la gente se muere y nadie se da cuenta".

Esto último también pasa en nuestras realidades pero de seguro con menos frecuencia que en estas tierras. Sin lugar a dudas el perfil demográfico influye fuertemente, aún también la prolijidad en el trato y el "respeto" a la individualidad tienen un papel dentro del fenómeno. El control sobre la manera en que los individuos se comportan dentro de la sociedad japonesa recae principalmente en el grupo al que pertenezcan, donde esa individualidad es casi inexistente, moldeada a conveniencia del grupo. Pero si el grupo en una evolución consecuente concluye que tener el pelo morado - por decir algo - no tiene ningún inconveniente, pues este se verá rondar por la calles sin el menor viso de vergüenza. Así que si uno decide desaparecer del mundo y no salir de la casa, o salir y no hablar con nadie, la gente al rededor supone que esos son los códigos del grupo en el que se desenvuelve, por lo cual no tiene sentido cuestionarlo.

Lo que no deja de sorprenderme - aunque no es que lo de arriba no me sorprenda, mas bien creo que ahora me maravilla - son las locuras que pueden estar asociadas al modelo. Hace unas semanas encontraron los cuerpos de cinco miembros de una familia en una casa en la prefectura de Fukuoka, Kyushu. Los exámenes de ADN fueron los que permitieron determinar el parentesco, ya que todo parece indicar que son mas de tres los anos que llevan descomponiéndose juntos, aunque no se sabe bien la fecha, el orden, ni las circunstancias. Los cadáaveres corresponden a los padres, nacidos en 1908 y 1915, y tres de sus hijos, nacidos en 1942, 1944 y 1951. Otros tres hijos de la pareja, encontrados durante la investigación, sugirieron a las autoridades que las cinco muertes fueron por causas naturales. Al preguntar porque los cuerpos no habían sido apropiadamente dispuestos, argumentaron creer que la gente resucita después de muerta.

Al pendiente de las "autoridades",

panÓptiko

miércoles, abril 04, 2007

Tomémonos otro tinto


Sólo para contarles que ya salió el nuevo café de temporada, llamado: “Colombia Jazmín” – está escrito al frente. Viene en una bonita lata verde decorada con guacamayas, orquídeas, granos de café, hojas de plátano, de palma y de otras – supongo de café, pero vaya uno a saber –, todo en un fondo de montaña y sol; disponible ya en todos los supermercados y tiendas del país. ¿Pero quién distribuye nuestro café de esta manera tan bella, dejando en el consumidor común una imagen tan distinta de la que circula generalmente en los medios sobre el país? Pues quién más, The Coca Cola Company.

Sírvame otro,

panÓptiko

P.D. Ya viene.

P.D.D. Feliz Aniversario.

jueves, marzo 29, 2007

Ariadna y Penélope y Yo

Cuando la multivalencia de la experiencia arrasa además con cualquier tenue orientación (‘Cualquier lugar es otro lugar’), el lector queda suspendido en un terreno fantástico donde la indeterminación consigue identificar un fragmento de espacio con el mundo de todos los mundos.
Fernando Zalamea Traba, sobre un fragmento de La Casa de Asterión de Borges

Foto con mis dos nenas

Esta es una historia que empieza casi por el final, conmigo parado en la puerta de mi cuarto – digo, casa –, cargado con mi morral, después de una semana larga en el norte de Japón. A pesar de llevar, para ese entonces, seis meses de habitar el país, aún me sentía un turista. ¿Volvía a casa? Saludé. No hubo respuesta. Miré con esperanzas mis trastos, mis libros, pero no encontré asidero. Me tendí a mirar el techo y no pude hacer mucho más hasta partir a China tres días después.

Ya en Beijing, tres semanas después, a pocos días de terminar la travesía, el recuerdo de lo que sentí en ese primer regreso me llenó de pánico. Como el viaje estuvo bastante intenso al comienzo, en la capital de la Republica Pop mis dos compañeros y yo decidimos bajar el ritmo y dejar algo de tiempo al ocio. Sin consuelo, me agarré a digerir las ultimas páginas del libro "Ariadna y Penélope: Redes y Mixturas en el Mundo Contemporáneo" del matemático y filósofo colombiano Fernando Zalamea Traba.

Este es un libro precioso que me acompaña, de una u otra manera, ya casi tres años. Explico. Me enteré de su existencia el 22 de Agosto de 2004, cuando el periódico de la Universidad Nacional publicó una reseña sobre el premio de Ensayos Jovelianos que obtuvo en España. El libro prometía luces sobre como abordar estudios que intenten abarcar la complejidad de nuestra realidad, cuan larga y ancha es, sin desfallecer ante la abundancia de información, ni la aparente inconexión reinante dentro del torrente. Al otro día salí a buscarlo.

Como era de esperarse, el libro no se encontraba en ninguna de las afamadas librerías de Bogotá y, aun más, en ellas no tenían conocimiento de su existencia, menos del honroso premio. Sin embargo, faltaba más, me prometieron que en un mes lo tendría en mis manos.

Pasaron varios sin esperanzas. Me tome el atrevimiento de buscar el correo del profesor y escribirle en noviembre del mismo año, para buscar pistas del preciado tomo. Muy amablemente reconoció que no había más opción que el Internet, no sin agregar el consolador “ya debería estar…” Llegó diciembre con su alegría, seguido del inicio del postgrado en la montaña que, a la par con mi trabajo en la SDS, se llevaron mi tiempo y embolataron mi búsqueda.

A pesar de todo, el recorte del periódico permaneció colgado en el tablero junto a mi cama, insinuante, coqueto, implorante. Luego, un sábado a mediados del 2005, después de una clase inspiradora de la especialización, se me ocurrió que sería una buena cosa conseguir el libro ese día. Como cuando uno sale prendido de un bar y la sigue en la casa. Y, bueno, ya se imaginarán, ahí estaba.

En el colectivo devoré la introducción y parte de la Desorientación, el primer capítulo, y ya no pude leer por un tiempo. La sensación podría asimilarse a hartarse con un suculento churrasco – entenderán que el símil está motivado porque ya va a ser un año que no veo uno de esos. Cada página es una experiencia deliciosa sobre el reto de encontrar un sentido a nuestro entorno, a atrapar lo múltiple en lo uno sin reducir, a vivir en lo polisémico sin desesperar, a recuperar el valor en lo que comprende sobre el valor de lo que brilla. Con tal fin, el autor se entrega a tejer a través de siete capítulos una red conceptual – llena de hechos – para permitirse ver a pesar del deslumbramiento, ser capaz de apagar esos hilos, devolverlos a su sitio y armonizar de nuevo las ideas y percepciones con las que vivimos. Es en ese sentido en el que el profesor Zalamea nos convoca a aceptar que los favores de Ariadna no son más suficientes para explorar el laberinto, y que es preciso echar mano del telar de la abnegada Penélope.

La digestión, como varios presumirán, toma tiempo. Aún hoy abro el libro y siento que nunca lo he leído, mas no encuentro en ello un reflejo de mi ignorancia sino un regalo soñado: qué más querría uno que un filete inagotable – lo siento, ha sido un largo año sin carne en abundancia. De ahí que aquel ejemplar me acompañase todo este tiempo, sin desfallecer ni afanar, hasta volver a la sala de un hostal a veinte minutos de la plaza Tiananmen en Beijing, donde el cansancio y una amenaza de tristeza me alentaban al goce de la lectura. Entonces, en el último momento, como si toda esta historia no pareciera ya de por sí irreal, un evento indescifrable terminó de revelar la naturaleza del vínculo que mi libro y yo tenemos: si, mío, porque ¿qué otra razón podría explicar que, a tres hojas del final, el libro dedicara un párrafo a comentar una de las caras de la tranquila Sendai a la que me compungía regresar?

Mediateca de Sendai, entre las ramas

Se trata de la Mediateca, un edificio ícono de la ciudad, construido por Toyo Ito, el cual, en palabras del profesor Zalamea, “… despliega toda la estructura interna del edifico hacia el exterior, intentando confundir borrosamente el ‘adentro’ y el ‘afuera’.” Para hacerlo envuelve con la armonía asimétrica de las redes que conforman la edificación, y difumina las fronteras con la transparencia. Síntesis del reto que enfrentamos cada día a nuestra manera. Un sitio por el que paso por lo menos una vez por semana y que jamás había visto en toda su magnitud, pero el cual me acompaña , de una u otra manera, ya casi tres años.

Hogar, dulce hogar,

panÓptiko

jueves, marzo 22, 2007

Bolis y Carámbanos

"Pero... ¿crees tú que para esa canción somos diferentes?"
Margarita, desde algún lado

sin título

Una melodía triste se dejó escuchar en un café cerca de la estación de
metro más oriental de una ciudad remota. Un par que se miraba, que
reía de alguna tontería, encontró en la risa algo grotesco,
insoportable. El hombre de la enorme máquina de capuchinos, veterano
ya en el arte de producir la cantidad de espuma exacta, seguro de su
actuar, dejó su pulgar resbalar un segundo bajo el vapor hirviente. Un
problema de física cuántica, un arreglo matricial que no cuadraba tras
horas de trabajo, un movimiento de dígitos, un mal cambio de signo
encontrado y una nueva página. El dinero en la caja que no cuadra. Una
suma y otra. Nada. El número en la calculadora contiene varios ceros.
Los botones del aparato soportan más presión de la que están diseñados
a resistir. Un mensaje lleno de trivialidades sobre una tarde de
helados y vitrinas empieza a ser des-escrito, letra a letra en un
celular. La masa lista, harina cubriendo el mesón para evitar que la
menor adherencia estropee la perfecta figura de las donas. De la
puerta del horno escapa un vaho demasiado caliente y en la bandeja
espera un solo anillo, de los tantos que cabrían.

¿Cómo medir la intensidad de la tristeza en una canción que sonó una
vez en un café cerca a la estación más oriental del metro de una
ciudad remota? Los vidrios permanecen transparentes y los dos no se
miran a los ojos. La taza de café no vuelve a llenarse con la mirada,
ni el mordisco en la dona de chocolate progresa más allá o más acá.
Los labios no se mueven, tampoco hay lágrimas. Ni la menor mueca de
dolor asoma y el gesto es solemne mientras la espuma crece. Más
números y formulas y ecuaciones llenan la página, hasta casi el final.
Entonces la pequeña esfera metálica vuelve a rodar por los lugares que
hace poco recorrió. Las formas dejan de distinguirse. La calculadora
muestra la misma cifra de varios ceros. Nada más. El mensaje sigue
desapareciendo. Leído en el orden en que se desvanece no revela nada
(¿A dónde irán los mensajes des-escritos?) La dona ya no está sola. Un
pedazo de masa se acomoda en su centro. Sin embargo, no encaja. La
integridad de su piel resulta rasguñada en varios lugares mientras en
otros, ciertamente menores pero significativos, el vacío sigue siendo el
mismo.

¿Cómo supo la sordera que la canción que sonó cerca de la estación de
metro más oriental en un café de una ciudad remota era triste? La
bolita se volvió a confundir con la masa, y en la dona remanecen las
cicatrices, a pesar de los cuidados. La pantalla del celular dejó de
brillar. La calculadora muestra un cero. Nada más. En el vaivén de la
esfera ya se vislumbran algunas figuras antropomórficas, aunque en
algunas partes el papel ha dado paso a la mesa. El dedo está rojo. La
espuma se derrama. El pocillo sigue vacío. El mordisco del mismo
tamaño. Pero los vidrios se empañan.

¿Y cómo supo entonces cuando una canción triste en la ciudad remota
donde la estación más oriental del metro tenía cerca un café en el que
ella sonaba dejó de sonar? No, no lo sabe.

OAGS

jueves, marzo 15, 2007

El OGIO (Paila, chino, no tengo)

"El 'no' no es contradicción, es complemento, generalización"
en alguna parte de la Filosofía del No (creo)
Gaston Bachelard

Para esa ocasión especial, nada mejor que un vaso de lavaza
en sus dos presentaciones: amarilla y negra


Llevaba casi tres semanas dedicado exclusivamente a escribir un ensayo sobre la epistemología de Gaston Bachelard, cuando llegó un correo electrónico fatídico: unas conferencias a las que había estado asistiendo el semestre que termina, resultaron requerir un reporte para obtener los créditos respectivos. Según decía el correo, era una cuestión voluntaria, pero como eran conferencias de mi área la "voluntariedad" estaba en entredicho.

Intenté argumentar que el lapso propuesto era muy corto para escribir algo, a ver si lograba esquivar el asunto y seguir en mi oficio, pero recibí como respuesta cinco días mas de plazo.

Resultado, llevo tres días en el limbo. Fue muy duro meterme en el viaje mental del viejo Bachelard para que me sacaran a las malas. Estaba lleno de cosas en si mismas, fenómenos, racionalismos experimentados, "no"s que no expresan contradicciones, dialectizaciones horizontales, verticales, patas arriba...

Entonces me siento a ver los artículos sobre los que debería trabajar y las letras resbalan por mi cerebro. Paso largas horas viéndolas, de todas maneras. Las letras también pueden ser imágenes, y uno puede encontrar figuras en su dispersión, como en las nubes. Fui a tomarme un café, comerme una dona y leer un rato, para que minutos mas tarde anunciaran que se habían acabado las donas y que tenían que cerrar. Camine de vuelta a casa y en el cruce del tren tuve que detenerme a que pasara. A lo lejos se veía venir, lento. Empezó a tardarse más de lo normal, lo que ya es en sí una eternidad. Note como iba reduciendo la velocidad a la que se acercaba, como si fuera adrede, hasta quedar detenido unos metros antes de donde yo esperaba. El conductor se bajó tranquilo con sus paquetes y se devolvió caminando por donde había venido. Me pareció que le quedó bien parqueado.

Al otro día tomé un bus a la universidad. Lo habitual. El conductor siguió todas las normas de etiqueta del conducir de ciudad intermedia: saludar a los otros conductores, hacer los anuncios de las paradas y pedir la vía amablemente. Pero un automóvil no vio este último y algo se transformó en el conductor: empezó a andar más rápido, por el carril que no le correspondía, pasó un semáforo en amarillo y cerró al carro en cuestión. Tal vez la gente no se percató del asunto – o tal vez si, ¿qué sabe uno que piensa la gente? – porque la cosa fue pasar de los 40 km/h a los vertiginosos 60, pero para alguien como yo, sensible a la semántica vial de nuestras calles y carreras (si, si, si, y diagonales, transversales, autopistas, etc.) fue todo un acontecimiento.

Esa noche, es decir anoche, tuve uno de los sueños más sorprendentes que haya tenido al sol de hoy: soñé que era el cambio y no la cosa en sí. ¿Cuál cosa? No lo se, pero había logrado dejar de serla para pasar a entender el movimiento, la dinámica. Indescriptible el sentimiento al levantarme.

Me senté de nuevo frente a mi trabajo y nada. Bloqueo total. Lo trágico es que el sentido de obligación no me permite hacer nada más. Ojo que hacer no se refiere a pensar. Los pensamientos se concentran es en lo que estoy dejando de hacer, eso que nos tortura más pérfidamente.

Me permití contestar un mail en el que me preguntaban por las cosas que se pueden hacer en Colombia y no en Japón. Me centré especialmente en los olores a excrementos de distintos animales que se pueden sentir por la calle. Hace ya varios meses me sorprendió el olor a heces de caballo en una avenida pero, aunque me tomé mi tiempo en inspeccionar el lugar, no habían tales. También vi mojones de perro una tarde en una calle, pero no me detuve a oler (tampoco estoy tan mal). Admito que los perros de una casa del vecindario donde vivo si huelen a orines, así como Tokyo al amanecer.

De nuevo me aburrí. Salí al cetro a almorzar y en el camino al restaurante un japonés horroroso - con esto me refiero en particular a su peluqueado estrambótico y sus cejas vulgarmente depiladas (si, no sobra el adjetivo, depiladas no es suficiente) - me detuvo, y empezó a decirme que venía de una feria en un parque cercano, me pasó un llavero, una carterita y un cd, diciendo que el llavero era fino, que tenia un precio en el mercado de 3500 yenes, pero que hoy estaba vendiendo todo en sólo 1500 yenes!!!!!!! (Todo en japonés, y en Japón, por si las dudas)

Mirando lo anterior con detenimiento, desde la perspectiva que me permite la memoria de todos esos momentos fugaces (¿será que hay alguno que no lo sea?), he llegado a la conclusión de que son suficientes para enloquecerse. Pero el hecho de no estarlo - ¿qué loco dice que lo está? - debía ser motivo suficiente de regocijo, para aprender a dar una pausa a las cosas cuando te oprimen sin sentido. Así que decidí dejarme escribirles lo sucedido, otra de las cosas que no pasaban desde que Bachelard entro a mi vida, hasta que llegaron seis ancianas en kimono al Starbucks de la puerta oriental de la estación y me sacaron de mi mesa para poder sentarse cómodamente.

Sigo sin idea de que decir sobre la situación de las comunidades receptoras de refugiados en el norte de Tanzania, el papel que desempeña el programa para el desarrollo de las naciones unidas en ello, y su relación con el concepto de la seguridad humana, pero me siento tranquilo mientras escribo, subo y contemplo este post.

No estando loco,

panÓptiko