viernes, febrero 05, 2021

Investigadores privilegiados

 Hola blog, 

Hoy llegó un correo desde la Cancillería invitando a participar en un estudio. Ya en el pasado me había molestado porque el ministerio prestara su lista de correos de colombianos en el exterior para asuntos diferentes a los específicamente consulares—en su momento, el difunto ex-ministro Trujillo uso esta lista para promocionarse. En esta ocasión, por tratarse de una investigación, podría pensarse que el fin justifica los medios. Pero, me pregunto:

+ ¿Podemos los investigadores colombianos pedirle a la Cancillería que nos deje usar su lista de correo para hacer nuestras propias encuestas? 

+ ¿Por qué comisionan a una universidad extranjera para hacer algo que bien se puede hacer en Colombia? 

Mentiría si dijera que quiero saber porqué se hacen las cosas de esta manera. Seguro que solo aumentaría la desilusión. 









jueves, diciembre 31, 2020

Lecturas del 2020

 


Dicen los optimistas que los desastres son oportunidades, pero no aclaran que no lo son solo para las buenas intenciones. Las malas lenguas aseguran que el desorden lo aprovechan algunos para saldar cuentas pendientes. Hace ya casi diez años, algunas de las personas que entrevisté después del tsunami mencionaron el rumor de que la yakuza había estado matando rivales, para tirarlos luego entre los escombros. Revolcados en el lodo, entre otros tantos miles, ¿quién iba a notar la diferencia?. Que parezca un accidente, como decían los malos de las películas de mi niñez—¿todavía dicen así? 

Pues este año tan nefasto casi no pude leer y es toda su culpa. El cadaver de las horas perdidas es nada en medio de los millones de vidas perdidas. Nadie se va a extrañar porque no se haya cumplido una meta o por haber abandonado algún plan.  Al contrario: el menor logro es motivo de celebración. Sobrevivir es suficiente para darse por bien servido. 

Sin embargo, en el fondo queda la sospecha de que el desastre es una excusa, que pudo haberse hecho mucho más.

Si mal no recuerdo, empecé con el pie izquierdo, intentado un libro en japonés que no me cogió, que no iba entendiendo, y que dejé tirado. Me preocupa porque ya después no leí nada más en japonés este año. Estaba leyendo en el iPad porque el diccionario del Kindle no es tan bueno, pero leer por la noche de la pantalla me estaba dañando el sueño—por casi dos meses tuve que tomar medicación para pode dormir. He estado pensando en comprar un Kindle para leer en japonés, pero me parece un gasto innecesario... Aunque creo que en últimas tendré que hacerlo ahora que el prospecto de vivir en otro país se ve tan lejano. 

Por un comentario de @SaninPazC había comprado dos libro de Tomas González. Empecé con La Luz Difícil, que se termina en dos sentadas, y varios meses después leí La historia de Horacio, la cual necesita más sentadas, pero no muchas más. Ambos libros estuvieron muy bien. Divertidos pero a la vez trascendentales. Una pena que los libros en español tiendan a ser tan cortos. ¿Por qué será? Me preocupó un poco que a pesar de la distancia entre los dos libros, sentí que ambos libros fueron el mismo: la historia de alguien que se muere. Quiero leer algo más para salir de la duda. Recibo recomendaciones. 

Una prima me recomendó Los Ríos Profundos de José María Arguedas, un autor peruano con raíces indígenas que narra las desventuras de las sociedades mestizas que quedaron en el país. No me llama la atención la literatura de esa época y de esa temática, no sé por qué.  Tal vez no he dado con el autor adecuado—en 2016 leí Todo se desmorona de Chinua Achebe, quien hace algo similar para el caso de Nigeria de una manera magistral. No estuvo mal, pero tampoco lo recomiendo. 

Gracias a un trino de @Graograman había dejado comprado Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez. Este libro fue quizás el hit del año. Llevaba muchos, muchos años sin leer un libro de historias de terror, lo que solía hacer con avidez durante la adolescencia. Aunque no recuerdo mucho de esos tiempos, en los cuales brilló Poe y Lovecraft, esta colección no tiene nada que envidiarles. Claro que lo mejor fue haber dejado el libro tirado por mucho tiempo y olvidar de qué se trataba. Así el golpe del primer cuento fue más fuerte. Reconozco que al final ya se iba poniendo repetitivo, pero creo que es algo común en el género. En todo caso, muy agradecido con Humberto—seguiré comprando compulsivamente sus recomendaciones.



Otra recomendación que llegó por Twitter, esta vez de @mkal121 . fuel Las muertas de Jorge Ibargüengotia. El trino original alababa el autor y la obra por la calidad de su humor, lo cual no es tan fácil de lograr en la literatura, me parece. Por ello le hinqué el diente y, aunque estuvo muy bueno, no encontré el libro gracioso. Si de humor se trata, Tomás González me sacó más carcajadas. En su lugar, lo negro de la historia de Las muertas de un burdel en México me recordó de alguna manera la literatura de Roberto Bolaño. Recomendado, aunque no es fácil de conseguir. 

El 2018 y 2017 fueron años de excelente ciencia ficción, así que con el hueco del 2019 estaba con ganas de más. La Trilogía de la Tierra Fragmentada de N.K. Jemisin recibió premios por cada uno de sus volúmenes así que prometía. Se trata de unos seres con el poder de controlar los terremotos en un planeta imaginario, quienes son pseudo esclavizados por el resto de la humanidad porque sus poderes son necesarios pero peligrosos—cada cierto tiempo provocan estaciones, que son largos periodos de actividad volcánica en la que la vida sobre la faz del planeta peligra con extinguirse. Son más de mil páginas, sin duda bien escritas, pero no están al nivel de la trilogía Cixin Liu o Ted Chiang. A propósito: ya tengo en mis manos la traducción de Exhalación y es de lo primerito que leeré en el 2021. 

El estimadísimo @agaviriau siempre menciona Fahrenheit 451 de Ray Bradbury pero no lo había leído. Me lo topé baratísimo en español en Amazon Japan, así que aproveché y lo compré. El mundo sin libros pero con más televisión y drogas es de verdad escalofriante, de alguna manera parecido a lo que tenemos hoy. sin embargo, la historia no es redonda y, por razones que no se explicar, el libro me hizo pensar en los miedos de los papás cuando lo veían a uno pegado al computador o al nintendo todo el fin de semana. Creo que las distopias del futuro cercano van a tener otra forma, aunque Farenheit 451 seguirá siendo un referente. 

Un compañero del trabajo le gusta la ciencia ficción y me recomendó leer Cuna de Gato de Kurt Vonnegut. Un libro muy loco sobre... ¿la bomba atómica? ¿El fin del mundo? Estuvo entretenido y fácil de leer. Seguramente leeré el otro libro famoso del señor. 

Por último, al fin leí Corea: Apuntes desde la cuerda floja de Andrés Felipe Solano, que @apelaez1 había recomendado hace rato y el cual me causaba curiosidad por la cercanía.  Me pareció bien escrito e interesante, sin los manierismos propios de la literatura de viajes. Sin embargo, me pasó una cosa súper extraña: me chocó enormemente que Andrés Felipe fume copiosamente. Me pregunto si comprando otro de sus libros esté pagándole el vicio, así que creo que no lo haré. Me estoy poniendo viejito. 

Este año leí más no-ficción en el tiempo para la literatura. Leí la famosa historia del cáncer que llevaba años en el estante, así como un par de libros sobre el Antropoceno, y un libro sobre la ética de los riesgos existenciales. También hubo algo sobre el declive de occidente y As if de Kwane Anthony Appiah. No todo tan bueno, pero eso queda para otra ocasión. 

¿Qué traerá el 2021? En el Shintoismo cada año las personas que cumplen cierta edad se les pronostica un destino peligroso, de cambios bruscos. Para mí, es este año que entra. Así que el pronóstico es reservado. O por los menos tendré otro desastre que culpar. 

Les deseo todo lo mejor para el 2021. Abrazos. 

martes, diciembre 31, 2019

Lecturas del 2019


Hola, blog, un año sin vernos. A veces me haces falta, pero nunca lo suficiente para pasar más a menudo. ¿Por qué será? No es que falten cosas que escribir. Sería muy triste que todo lo que quede por decir se pueda abreviar en un trino o dos. ¿Las ocupaciones? Puede ser, pero suena a disculpa barata. Desde que algo esté en los planes, siempre se puede encontrar el tiempo para hacer las cosas. Entonces tal vez sea eso, falta de un plan. Y por ahora el único plan es comentar los lecturas de cada año, lo cual hago por décima vez este año. ¡Diez años! Suena a mucho tiempo. Tal vez eso ameritaría una entrada sobre lo que pasó en esta década de lecturas... Que sea un plan. 

Por lo pronto, este no fue un buen año de lecturas en cantidad debido a un suceso inesperado. La  calidad no estuvo mal, pero estuvo muy por debajo de los año anteriores. El primer libro fue "Los versos satánicos" de Salman Rushdie, famoso por la reacción de los radicales islamistas, quienes al sol de hoy tienen amenazado al autor.¿La razón? El libro cuenta una historia del profeta de una manera terrenal y blasfema, sugiriendo que el libro sagrado no es palabra de Dios sino parte del monólogo interno de un humano. Para alguien que ya ha superado los tabúes religiosos, la iconoclasia no tiene mayor atractivo y más bien sirvió para conocer algo sobre el Corán, del cual no sabía nada. La otra mitad del libro es una parodia sobre el trato de los inmigrantes indios en Inglaterra, la cual es entretenida. En suma, nada sobresaliente. 

Tal vez lo más destacado del año fue "Patria" de Fernando Aramburu, una recomendación de @sandraborda que tenía hace rato en la pila. Es la historia de dos familias separadas por el terrorismo de ETA en España. El libro está magistralmente escrito, en una prosa clara y directa. Los capítulos son cortísimos, alternando las perspectivas de los distintos miembros de la familia, lo que le da al libro una agilidad muy apropiada para los problemas de atención que hoy nos aquejan. Las historias van mucho más allá del problema político, incluyendo varios dramas humanos que nos unen a todos a pesar de todo. Este fue el libro del año también para "The Economist". Una joya. 



La siguiente novela fue un muy cercano segundo puesto. "Breve historia de siete asesinatos" de Martin James cuenta los sucesos al rededor del intento de asesinato que sufrió Bob Marley en 1976. Es una historia ultra-violenta, llena de drogas y reggae en los barrios bajos de Kingston. La novela cambió de manera radical la imagen que tenía del mundo del reggae, el cual siempre había tenido un halo de paz y amor, que no aparecen en la novela por ningún lado. Al contrario, traquetismo y pobreza del tercer mundo es lo único que se respira en la Jamaica de James, con la sombra de los Estados Unidos siempre presente.  Súper recomendado. 


Luego leí la colección de cuentos de misterio (?) de Carmen María Machado, que venía muy recomendada y, por lo mismo, no sobrevivió a las expectativas. ¿Será la traducción? No lo sabré. Desde hace años decidí leer literatura en español tanto como sea posible, para contribuir en algo a la subsistencia de las editoriales y los traductores. El caso es que las historias no me llegaron y lo acabé a la fuerza. @infrahumano sostiene que es muy bueno y que la nueva novela de la autora está buena también, así que no me crean. 


La vegetariana es una historia super retorcida de una señora que, en reacción a los problemas de la vida, se va resistiendo a la existencia, empezando por la carne. El libro está dividido en tres partes que corresponden a las voces de tres personajes que presencian y ayudan en el hundimiento de la señora hasta sus últimas consecuencias. Un libro corto y raro, pero vale la pena echarle el diente. 

Por último, el primer semestre del año cerró con La Pastoral Americana, comprada por impulso después de la muerte del autor. Cuenta los padecimientos de un exitoso comerciante en el noreste de los Estados Unidos, destruido en su interior porque su hija se descarrió y se volvió prófuga de la justicia. No me conecté con el tema y me costó un montón acabar la novela. Creo que con esta tengo suficiente de "novelas americanas" por varios años. 



En japonés terminé un libro de micro cuentos que llevaba atrasado un montón de tiempo, Tangeki de Tsukasa Sakaki, del cuál ya no recuerdo nada. Lo otro que leí fue La exactitud del dios muerte de Kotaro Isaka. Este es un autor del que ya había leído una colección de cuentos entretenida, y este venía recomendado por la esposa. Los dioses de la muerte son unos burócratas a quienes mandan por máximo una semana a verificar que las personas destinadas a morir a destiempo en realidad merecen tal final. Los mandan a la tierra sin mayor información, por lo cual no tienen mayor interés en hacer su trabajo, y en tanto pueden se van a escuchar música, lo que les fascina. Sin embargo, este dios de la muerte, Mr. Chiba, se toma en serio su trabajo e intenta hasta el final darle una oportunidad a los desgraciados que le son encargados. Sin muchas pretensiones, estuvo divertido. 

Entonces, sucedió. Los niños fueron en el verano a visitar a los abuelos y, preocupados por los largos tiempos de vuelo, decidimos regalarles la Odisea de Mario para que se entretuvieran. Una vez volvieron, como era de esperarse pero no había previsto, empecé a ayudarles en tanto que la dificultad del juego superaba sus capacidades. De a poco empecé a jugar por mi cuenta y quedé enganchado. Hacía rato que no jugaba un video juego con dedicación y lo encontré divertido y nostálgico. Tener barra además lo hacía entretenido—hace poco @RobertoAnguloS comentaba algo al respecto—y los acertijos tenían su encanto. 

Sin embargo, luego me regalaron "The Legend of Zelda: Breath of the Wild" y eso ha sido alucinante. Algunos consideran que este es el mejor juego de video de la historia y no es una exageración. Es difícil de explicar. Es un mundo abierto en el que gradualmente uno se va haciendo más fuerte y aprende a usar diferentes elementos del juego para lograr vencer adversarios y acertijos cada vez más complicados. La implementación es impecable y la inmersión es total. Al sol de hoy llevo más de 100 horas de juego y no me extrañaría que ese número se doblara. Las personas de mi generación somos los primeros adultos en tener tal relación con los video juegos, lo cuál lo hace sentir a uno inseguro—¿estoy botando el tiempo? ¿es esto inmadurez?—pero quiero pensar que va a ser algo normal de aquí en adelante. 


Por lo demás, no leí mangas este año. En su lugar estuvo el apoteósico final the Juego de Tronos. Además, vimos Breaking Bad, la cual es una obra maestra. Los juegos de mesa se fueron quedando a un lado porque la esposa volvió a trabajar y ya no tiene tiempo ni fuerzas para jugar. Sin embargo, no me doy por vencido. Ahora que los niños se van haciendo más grandes puede que se vengan nuevas oportunidades. 

Ahora que lo resumo, no estuvo tan mal el año. La diversidad hay que abrazarla y agradecerla. Para el 2020 no tengo planes literarios específicos pero, como dije al principio, debería. ¿Qué me invento? Por lo pronto desearles todo lo mejor para este año que ya comienza. Un abrazo. 

lunes, diciembre 31, 2018

Lecturas del 2018



El 2018 no pintaba muy bien para las lecturas. La búsqueda de un nuevo trabajo había entrado en toda potencia, con todas sus engorrosas consecuencias: revisar periódicamente las listas de convocatorias, preparar papeles, pedir cartas de recomendación, imprimir y enviar sobres, en fin. Por otro lado, los niños crecen sin compasión y empiezan a exigir más tiempo; de hecho, según investigaciones locales, para cuando terminan la primaria ya ha pasado más del 50% del tiempo que pasaremos juntos en nuestra existencia—duro, ¿no? Es así que entramos a la época más intensa de paternidad: parques, museos, presentaciones, tareas, juegos por las noches y su interés por cualquier cosa que papá esté haciendo. El año pasado también le había puesto más "juicio" a los juegos de mesa, aunque este resultó no ser un factor importante para no leer este año por dos razones: la búsqueda de trabajo afectó los juegos más severamente y, de aún mayor importancia, H perdió algo de interés, sobretodo por los juegos complicados. Además, el 2017 había dejado el estándar muy alto tanto en calidad como en cantidad, empezando por Elena Ferrante y su magnífica tetralogía. 

Sin embargo, el año estuvo mucho mejor de lo esperado. El comienzo no fue del todo promisorio, pues estuve enredado por varios meses con El Idiota de Dostoyevski (pun intended). Es la historia de un joven miembro de la aristocracia rusa, caído en desgracia por una enfermedad nerviosa que lo llevó fuera del país y consumió su fortuna. Vuelve el príncipe a su terruño y se encuentra con que su sensibilidad está fuera de sintonía con la sociedad y es objeto de burlas y maltratos; poco a poco recupera su estatus, solo para verse enredado en un macabro triángulo amoroso. El libro me gustó, aunque el estilo empieza a sentirse repetitivo: cada sección suele centrarse en una reunión a la que se van sumando más y más personajes y termina con un climax bochornoso. Dostoyevski logra capturar la esencia de la idiotez y me arrancó carcajadas, lo cual fue valioso y asombroso a la vez. El libro fue mejor que Los Demonios, así que se ubica segundo después de los Hermanos Karamazov entre los grandes mamotretos del autor. Aún así, me tomó tiempo avanzar, quizá por la lentitud de la historia y algo en la prosa que no me atrapó, por lo que casi seis meses se fueron en él. No quedé con ganas de leer en 2019 Crimen y Castigo para acabar con sus grandes novelas y, peor aún, me enteré de que hay una quinta obra de largo aliento de Dostoyevski con la que no contaba—El Adolescente—lo que me quitó el incentivo de la completitud. Por lo pronto, no he comprado ninguno de los dos. 

Luego siguieron un par de novedades colombianas que venían muy recomendadas: La Perra de Pilar Quintana y Lo que no aprendí de Margarita García Robayo. Las dos están bien escritas y estructuradas, y sus historias funcionan. De todas maneras, sigo teniendo el mismo problema expresado en años anteriores: los temas de las novelas colombianas me tienen sin cuidado y su corta extensión me parece problemática. No son cuentos, pero para mí tampoco se sienten como novelas. Igual seguiré leyendo las novedades como una de las pocas cosas que hago como colombiano. 

En el mismo sentido, hace muchos años me prestaron La novia oscura de Laura Restrepo, la cuál me había dado pereza coger porque Delirio, de la misma autora, no me gustó. Para peor, las tetas en la portada no ayudan a leerlo en los trenes. Me decidí a devolverlo, así que le puse la cubierta del libro de García Robayo y por fin logré acabarlo. Este es un libro más ambicioso que los dos anteriores, aunque el tema es de lo más escabroso: la vida de una misteriosa prostituta de pozo petrolero en épocas de explotación extranjera y violencia. La caricatura grotesca funciona para presentar problemáticas sociales que puede que tengan aún vigencia—o al menos merezcan ser recordados—pero es tan abigarrado el retrato que cansa. La historia de amor que conecta las páginas no estuvo mal. En conclusión, mejoró un poco el concepto que tenía de Restrepo.

También tuve tiempo de agarrar el segundo libro de la trilogía africana de Chinua Achebe: Me alegraría de otra muerte. Cuenta la historia de un joven nigeriano educado en Inglaterra gracias al apoyo de su tribu, quien vuelve al país lleno de ideas progresistas y justicieras sólo para caer de nuevo en las garras de la cruda realidad. A pesar de ser corta como las novedades colombianas, se sintió sólida y satisfactoria. Me hace pensar que el problema que tengo con la literatura colombiana es de otra índole. Espero en el futuro, con más años de reseñas, psicoanalizarme mejor.

El gran acontecimiento del año fue la Trilogía de los Tres Cuerpos de Cixin Liu. Esta fue una recomendación del año pasado por Tyler Cowen del blog Marginal Revolution la cual, por estar disponible en español para el Kindle, compré por impulso, todo lo cual agradezco enormemente. Los libros narran como la tierra entra en contacto con una sociedad extraterrestre tecnológicamente más avanzada pero en una situación precaria, junto a la cual la humanidad desarrolla todo su potencial hasta llevarlo a los confines espacio-temporales del universo. Los libros son apasionantes, de ritmo rápido y llenos de sorpresas. El último tomo es innecesariamente largo para mi gusto, pero la historia es redonda y fascinante. Súper recomendada para todos los públicos, no solo a quienes les gusta la ciencia ficción. El trasfondo de China como centro del mundo es de cierta forma refrescante. 



Se suponía que este año iba a leer más literatura en japonés por aquello de que muy posiblemente iba a tener que empezar a enseñar en ese idioma, pero esto se quedó en intenciones pues solo se colaron dos libros: Las Amigas de la Esposa de Mariko Koike y El Festival del Fondo del Lago de Tsumao Awasaka. Eso sí, los dos libros excelentes. El primero es una colección de cuentos alrededor de las vidas de las mujeres, con un aire de Munro, con un toque negro, detectivesco. Hay una historia en particular, "La caída", que empieza con un suicidio muy bien logrado. 



El segundo es una novela quasi-erótica a cuatro voces con un trasfondo social que, ahora que lo pienso, se parece en algo al de Laura Restrepo: la construcción de una represa, la oposición de la comunidad que desaparecerá con sus tradiciones, y las tácticas de la constructora para avanzar con los planes. No es una obra muy conocida pero a mí se me hizo una joya. De sólo acordarme me dan unos agradables escalofríos. Lamentablemente, creo que no existen traducciones. 


En las vacaciones de verano, mientras esperábamos para entrar al cine, le compramos a K el primer volumen de Dragon Ball para entretener el rato, y de ahí hasta hoy no ha habido pausa. No lo podía dejar leer solo, así que he ido siguiendole el paso, aunque ya veo que en cuestión de nada me dejará tirado. Tarde recordé de que la historia tiene sus momento morbosos, pero creo que K los ignora y no pide explicaciones. En el tomo 17 pasa del Dragon Ball clásico al Z, el cuál parece que no le ha interesado tanto. En un año sabremos si terminamos con los 42 tomos—¡y si empezamos otros!


Para cerrar, este año no leí mucha no-ficción no relacionada con el trabajo (creo que estaría bien inventar un acrónimo para este género). Empecé un par de libros pero no reseño libros sin terminar. La mención de honor va para Ghosts of the Tsunami de Richard Lloyd Parry, un libro sobre la única escuela primaria en Japón que erró en la evacuación después del terremoto de 2011 con sus fatídicas consecuencias. El libro fue escogido el mejor del año pasado por The Economist, lo cual es muy merecido. El autor ha vivido por mucho tiempo en Japón y logra esquivar todos los lugares comunes y retrata de manera franca los sufrimientos de las familias que perdieron sus hijos en la catástrofe. El libro me sacaba lágrimas cada vez que lo abría, así que pensé que no lo terminaría. Valió la pena perseverar. 


Paradójicamente, el 2019 está lleno de incertidumbre en cuanto a lecturas. Por fortuna conseguí un trabajo que parece estable, pero ahora que vivimos en provincia, ya no cuento con el tiempo en el transporte público para leer. Ojalá no tome mucho tiempo crear nuevos hábitos de lectura. Desde abril empiezo a enseñar en japonés, así que ahora sí toca ponerle toda la fuerza al idioma, pero preveo que el tiempo se irá en libros técnicos. La pila tiene varias cosas atractivas, pero las ganas de seguir haciendo descubrimientos no cesa. Tengo muchas ganas de leer el libro de cuentos Su Cuerpo y Otras Fiestas de Carmen María Machado. Por otro lado, me quedé con las ganas de volver a escribir—algún día o tal vez nunca. 

Que el 2019 esté lleno de buenas noticias y que se lo puedan disfrutar al máximo. 

domingo, diciembre 31, 2017

Lecturas del 2017


El 2017 fue el año. No recuerdo haber leído tanta literatura en mucho tiempo — por lo menos desde que escribo reseñas anuales, sólo el 2014 se le acerca. Hay buenas y malas razones para esta orgía literaria. Después de fracasar el año pasado retomando el blog, este año volví a dedicar a la lectura el regreso diario a casa. Releyendo los esperpénticos escritos de entonces, me doy cuenta de lo mucho  más productivo que es leer. 

Hubo varios viajes de trabajo y, como ya sabemos, la literatura es la mejor amiga del jet-lag. El estrés laboral, o más bien el estrés de no encontrar trabajo, también me ha empujado al refugio de la ficción. Además hay que darle crédito a la calidad de libros con los que me encontré. A diferencia del año pasado, (casi) ninguno me dejó extenuado y sin ganas de leer. El caso es que el 2017 fue un año maravilloso. 

Tan pronto llegué de Colombia en enero tuve que viajar a Haiko, China, a una conferencia. Me llevé La rebelión de los oficios inútiles de Daniel Ferreira y lo terminé en un par de noches. No me gustó. Creo que con los años dejé de entender porqué es que hay que recrear una y otra vez la historia violenta del país. También le he perdido el gusto — y la paciencia — a la escritura experimental. 

Lo anterior explica también porqué tampoco me gustó Lulu de Cartarescu, libro que siguió. Este venía super recomendado así que la decepción fue doble. La verdad no entendí muy bien que pasó en el libro. Fue como leer a Proust en anfetaminas. Una sucesión continua y traslapada de metáforas empalagosas con un drama retorcido de fondo. Fue bueno por lo menos saber que no me gustaba antes de comprar el otro libro popular del escritor que parece ser aún más enredado y largo. 

Para salir de las lecturas regulares, meses después cogería La Ciudad Ausente de Piglia. Otra obra experimental que tampoco me llegó. En principio creí que la razón era no estar familiarizado con la obra de Macedonio Fernández, que aparece constantemente en el trasfondo del libro. Ahora que leo el artículo en Wikipedia sobre el libro, creo que tampoco me di cuenta de que la novela tiene que ver con la dictadura en Argentina — tal vez un fallo de la memoria. Cuenta además en contra del libro que incluya elementos japoneses medio traídos de los cabellos. Otro recomendado que no funcionó — pero igual estoy muy agradecido por la recomendación. 

La primera bomba del año fueron los cuatro tomos de la saga Dos amigas de Elena Ferrante. Me los leí en menos de dos meses, casi sin parar. Pensando en ellos, es increíble que un tema tan sencillo sea tan enviciante. Es la historia de dos niñas en un barrio proletario de Nápoles y las vidas que llevan hasta llegar a la vejez: sus amores, sus familias, sus estudios y sus trabajos. Es todo una novelón de televisión, lleno de infidelidades y conflictos de barrio, lo que hace aún más meritorio que sea tan adictivo. Una advertencia: el primer tomo no es tan bueno como los otros y estuvo incluso a punto de disuadirme de seguir. La razón es que está escrito con la voz y la visión de las niñas de primaria, lo que confundí con simpleza en la escritura. Pero hubo un punto específico en que caí en cuenta de que el estilo era así de aposta, y de ahí en adelante fue una delicia constante. 

Otro super éxito del año fue Una singularidad desnuda de Sergio de la Pava. Este es un libro difícil de describir: la historia de un abogado niuyorquino de descendencia colombiana, genio obsesivo-compulsivo, envuelto en los negocios sucios de uno de sus defendidos. El protagonista va siendo absorbido por el espiral de sus principios, las circunstancias de su vida y el sistema penal del país, lo que incluye su colombianidad. Por su profundidad y elaboración, en su momento sentí que es lo mejor que un colombiano haya escrito en muchos años. 

La historia de la vida de Ted Chiang es tal vez lo mejor en ciencia ficción que haya leído en mucho, mucho tiempo. Por lo general el género es un sinónimo de segunda liga literaria, pero este libro es de primera. Es una colección de cuentos sin otro hilo general que lo bien escritos que están. No puedo recomendar uno solo, todos sin buenísimos. A la traducción además no le encontré ningún pero. Muy recomendado. 

El don de la lluvia de Tan Twan Eng fue una lectura reveladora. Es la historia de un hijo mestizo — mitad inglés, mitad chino — en la Malasia colonial de la pre-guerra. Parte de una familia de élite, dueños de una de las empresas mercantiles del país, su amistad con un diplomático japonés que le enseña aikido lo llevan a tener un papel complejo durante la guerra. Aunque la escritura tiene un aire trascendental medio artificial, el libro tiene dos virtudes enormes. Primero, la trama da una vueltas super geniales, de las que empujan a seguir y seguir leyendo. Segundo, es una belleza como el libro ubica al país en el contexto global, universal desde su localidad. En comparación con La rebelión de los oficios inútiles, este libro me hizo sentir envidia sobre las cosas que se pueden lograr desde la periferia del primer mundo. 

Este año pude retomar a Alice Munro, lo que estuvo más o menos bien. Los primeros cuentos de la colección Dear Life son del mismo corte que me iba aburriendo hace dos años, pero luego se fue componiendo. Igual, creo que tendré que investigar más antes de coger otro de sus libros — o darme por bien servido. Leí una obra menor de Kawabata, Kioto, que estuvo ahí más o menos. Otro gran autor que también parece he terminado, aunque aún hay algunas de sus grandes obras que no he leído. 

Al final del año se coló Juego de Memoria de Humerto Ballesteros. Es una novela corta de dolor con una trama retorcida. Por seguir a Humberto en Twitter creo entender porque escribe como escribe, lo que me hizo disfrutar la lectura a pesar de que no me gustó particularmente. Creo que los elementos de la historia son demasiado extremos, casi caricaturescos, y no van con el drama personal de la historia principal. Fue también un poco coitus interruptus. Me parece traicionero ese lugar intermedio entre el cuento y la novela. 



Además, leí cuatro libros de cuentos en japonés. De Otsu Ichi Zoológico I y La biblioteca del jardín miniatura; de Kotaro Isaka El final total; y de Hiroshi Ogiwara Chiyo del armario. No puedo decir que tan buenos son porque los valoro por el sólo hecho de poder leerlos — todavía me siento torpe con el idioma. Zoológico I fue particularmente fácil de leer y emocionante. Son cuentos de terror que de verdad lograron su propósito de inquietar; el otro libro de Otsu Ichi es una colección de géneros medio regularzongo, de los cuales la historia de suspenso Wonderland es tal vez lo mejor. El libro de Ogiwara lo compré por ser del mismo género pero fue menos gratificante; aún así, la colección incluye la historia de un gato viejo que es bastante buena. Kotaro Isaka tiene creo varios libros explotando el mismo tema de la vida en Sendai después de que se sabe que un meteoro se aproxima  a la tierra y amenaza con acabarlo todo. No estuvo mal. 



Por último dos libros de no-ficción sin conexión directa al trabajo: In praise of forgetting de David Reiff y Pale Rider de Laura Spinney. El libro de Reiff estuvo muy bueno. El tema es interesante, cuando en la historia parece mejor olvidar que recordar, y además la escritura del hijo de Susan Sontang ha mejorado ostensiblemente. Este año intenté leer otro libro del hombre, A bed for the night, y fue medio insufrible. Sin embargo, la historia de la pandemia de la gripa de 2018 — conocida en inglés como the Spanish flu — se lleva todos los honores. El hecho de que esta epidemia haya sido el evento que más gente mató en el siglo veinte y que a su vez sepamos tan poco de ella da mucho para pensar. La anatomía que hace la autora de la gripe es una lección de cómo las crisis requieren de otras formas de contar sus historias para que no las olvidemos y dejemos de ser tan vulnerables a ellas. Super recomendado. 

En fin, un gran año que no creo se repita por algún tiempo. En la biblioteca ya hay varios volúmenes haciendo fila pero no creo que se den las condiciones de este año que entra. A pesar de lo que demostró este año en contraste con el anterior, me gustaría volver a escribir ficción. Si se da, seguro se enteran por este medio. 

Les deseo todo lo mejor para el 2018. 

viernes, agosto 04, 2017

Pasajeros


En mis clases, siempre que puedo, les presento a mis alumnos la gráfica de la población mundial en la historia del planeta y les pregunto que les parece. 

Todos hasta ahora, sin falta, han respondido con cautela. Se preocupan por la carga al medio ambiente, la escasez de recursos y la sostenibilidad del planeta. Ninguno considera de entrada, como yo creo que deberían, que la gráfica nos cuenta una historia maravillosa. El triunfo de la humanidad contra la adversidad. Que hay siete billones de posibles amigos y posibles parejas para escoger. Entre más haya, más posibilidades habrá de hacer grandes descubrimientos, de crear cosas bellas y de tener con quien compartirlas. Si, seguro habrán muchos retos, pero son sin lugar a duda mucho más llevaderos que los de generaciones anteriores. 

Hay otro sentido en el que uso esta gráfica.  Mirando hacia atrás es prudente preguntar, ¿hasta qué punto el conocimiento que nos fue útil para vivir en un mundo de un billón de personas nos serán útiles cuando seamos 10 u 11? Las leyes fundamentales de las ciencias puras no cambiaran, pero las ciencias sociales tendrán que evolucionar a la fuerza. La filosofía y la ética, tan apegada a los clásicos, también tendrá que reinventarse. En ese sentido, creo que también es una gráfica que debe llenar de optimismo a los que trabajamos en ciencias sociales porque seguro trabajo va a haber.

Sin embargo, hay un pensamiento que me inquieta últimamente. Si imaginamos la evolución de la población terrestre sin ninguna perturbación mayor externa, esperaríamos que llegase a cierta estabilidad a finales de siglo o mediados del próximo, después de lo cual habría una etapa de gradual decaimiento hasta volver a desaparecer—ojalá muchos milenios después.

De ser así, estos tiempos vertiginosos en los que vivimos puede que no sean mas que la adolescencia de la humanidad. Llenos de cambios pero pasajeros, inconsecuentes. El sobresalto entre dos estados estables, durante los cuales será fútil intentar crear conocimiento duradero, porque ni lo que nos dejó el pasado nos sirve de referencia, ni lo que inventemos será relevante para el futuro.

Ya de entrada, entre tanta gente cada uno es cada vez más insignificante. Esto alivia, creo yo, la tragedia de la condición humana y ayuda a disfrutar más las alegrías de todos los días. Pero la irrelevancia en los esfuerzos de crear conocimiento es dolorosa para los que ambicionamos en algún modo trascender a través de ese medio. Quizá aceptarlo también sea la puerta a otra clase de felicidad. 

domingo, febrero 05, 2017

Lecturas del 2016



Se fueron las vacaciones y las cabañuelas (y enero) y no le saqué tiempo a escribir el resumen de las lecturas del año. Ojalá no sea un mal indicio. Lo que es peor, aproveché las vacaciones para regalar todos los libros leídos, de manera que apenas podré referir lo poco que me acuerdo. Pido disculpas de antemano por las imprecisiones y errores. 

Tal vez el descuido se origine en cierto grado de insatisfacción con el que se fue el año. El culpable, si es que vale la pena ponerse en esos señalamientos, es Dostoyevski y sus Demonios. El libro apareció recomendado el año antepasado en la BBC, creo que por John Gray, dada su relevancia actual: es la ficción detallada e íntima de una insurrección política, cuasi terrorista, en una ciudad menor de Rusia. El artículo, que luego fue traducido y publicado en Arcadia (una revista (?) literaria colombiana), elogiaba con grandes palabras las cualidades del libro y me dejé picar por la curiosidad. Sin embargo, creo que la alharaca es exagerada. Si hay algo de tensión política en el escrito, pero está super diluida en otras varias tramas más personales que son las que en últimas llenan las muchas páginas del libro. Tal vez si se acerca uno al libro con menos pretensiones, sería una lectura más amena. Aún así, creo que la calidad de la escritura es muy desigual, y la narración se confunde varias veces entre la tercera persona presencial y la omnisciente, lo que me fastidió.

No desistí y lo leí hasta el final, pero luego quedé como agotado y desganado, por lo que creo que no leí mucho más el resto del año. Claro que confieso que soy un inconsecuente: en algún lado leí que Demonios es una de las cuatro grandes novelas de Dostoyevski, y como ya disfruté con gran placer a Los Hermanos Karamazov, compré El Idiota y lo puse en la pila.

En cambio, El atentado de Yasmina Khadra si que es una montaña rusa de emociones en un contexto político muy actual. No se si transmite una idea equivocada del extremismo detrás del asunto palestino-israelí, pero como novela negra es muy entretenida. Tal ve su éxito radique en lo cercana que es la novela a una película, lo que me recuerda que hay que leer a los autores anteriores al cine con unas expectativas diferentes.  Recomendada.

En la misma línea de literatura reflejando el contexto político, leí Ruido de Fondo de Don DeLillo. Es una narración surrealista sobre un explosión química en alguna parte de EU. Además, el protagonista sigue la pista de una infidelidad de su esposa relacionada con el desarrollo de una droga experimental. Juega con las teorías de conspiración y ansiedades de los ochentas, llegando a ser entretenida pero no infaltable. No quedé con ganas de más.

Todo se desmorona es la primera novela de trilogía africana de Achebe, la cual Wikipedia sostiene es la novela más leída de la literatura moderna africana. Se trata de la historia de un jefe de una tribu en Nigeria que sufre en carne propia los cambios traídos por la colonización. Muy bien lograda y dramática, es también super recomendada. 

Cogí otro libro de Kawabata, Mil grullas, y seguí encantado. Me fascina su sencillez y el erotismo que transpira en cada página. Creo que comenté esto con alguien y me dijo que son imaginaciones mías. Es posible. Supongo que me traiciona el subconsciente.

Continuando con los libros que llevan once años en la pila, decidí sacarle el tiempo a leer Todos los cuentos de Gabo, en esa apeñuscada edición de Oveja Negra omnipresente en las kioscos del centro. Interesante darse cuenta que tan malo era el Nobel en sus primeros años, pero como fue encontrando su voz con los años. Fue un buen ejercicio. Nostálgico, tal vez, aunque el sin sabor que me dejó el Amor en los tiempos del cólera no se me pasa. ¿Qué otra novela debe uno leer para volverle a coger el gusto?

Por último, leí Despegue de Javier Moreno. Es un libro enigmático. En clave. Disfrazado de literatura juvenil, pero sumamente profundo, como su anterior libro. Fue el único que no regalé. Tal vez lo reseñe de nuevo. O lo transcriba.

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Para tranquilidad de todos, ya llevo leídos tres libros este año, contando uno de no-ficción, que pienso empezar a incluir en las reseñas. 


domingo, junio 19, 2016

10Y80

¡Qué cantidad de gente vuela todos los días! Los aeropuertos siempre tan repletos de gente de todos colores, yendo y viniendo como si fuese tan natural volar para los humanos. Son como cinco mil vuelos cada mañana en Estados Unidos sólamente. 


Pero lo cierto es que, así parezcamos tantos, somos una pequeña minoría. Eso no se puede olvidar. 


domingo, junio 12, 2016

10Y71

No puedo dejar de pensar que esa manera tan esparcida de vivir que tienen los gringos es un desperdicio de espacio.  Eso de abarcar tanto para luego llenar casas gigantes con chucherías parece un despropósito. Claro que las casas japonesas tienden a ser muy pequeñas. Y como las casas no se dejan modificar, toca hacer el balance de ansias-espacio a uno mismo. 


10Y70

Al fin empieza a menguar la peste, ahora que acabó el simulacro. Por la noche hice fuerza y salí a comer algo. Vi muchos idos por las calles. Una sociedad donde la mariguana es legal parece tornarse en otra clase de maldición de los sonámbulos. 



10Y69

Ahora alergia. ¿Qué más puede salir mal?



10Y68

Dolor de garganta profunda. 



miércoles, junio 08, 2016

10Y67

Esta semana estoy en Seattle, participando como observador en un simulacro de terremoto y tsunami. Son 16 horas de diferencia, por lo cual estoy acabado por el jetlag. Además, me dio fiebre y casi no he podido dormir. Que desastre. 

lunes, junio 06, 2016

10Y66

La constitución japonesa menciona tres obligaciones de todo ciudadano: trabajar, pagar los impuestos y mandar los hijos a estudiar. ¿Encierra ello todo lo importante de la ciudadanía? Por lo menos lo no tan obvio. 

sábado, junio 04, 2016

10Y65

Un vendaval llamado abuela.


10Y64

¡Apareció el niño! Todo es felicidad. Que historia tan extraña. Pasó la semana en una bodega de las Fuerzas de Auto-Defensa, quienes se suponían lo estaban buscando. Soportó a punta de agua y enrollado en colchonetas para combatir el frío. Que bueno que el instinto de supervivencia aún nos funcione. Reconfortante. 

jueves, junio 02, 2016

10Y63

Desde que no voy a papelerías a sacar fotocopias, nadie me dice tesoro. 

miércoles, junio 01, 2016

10Y62

Uno de los ejemplos clásicos de una tragedia con un nivel mayor de complejidad es el de un naufragio. Sometidos a condiciones extremas, las decisiones que toman los náufragos para sobrevivir son difíciles de juzgar basados en los estándares de los tiempos de paz. 


Hay un caso famoso en Inglaterra en el siglo diecinueve, de cuatro marineros a la deriva por algo más de dos semanas. Tres de ellos eran experimentados pero el otro era un novato. Dicen los tres que el joven se fue debilitando y, en un arranque de desespero, tomó agua de mar, algo que terminaría de enfermarlo. 

Cuando llegaron a su límite, los marineros decidieron seguir la ley del mar, es decir matar al más débil y comérselo, para poder resistir un tiempo más. Días después fueron encontrados y regresaron a tierra firme. 

El caso es famoso porque al saberse de los hechos, fueron apresados y enjuiciados. Les dieron condena por homicidio, aunque creo fue una sentencia suspendida. Se recuerda el caso como la primera vez que la jurisprudencia formal se superpuso a la ley informal de los marineros, resultado de siglos de experiencia, en cuanto al acto de matar. 

¿Qué diría la teoría de las capacidades en éste caso? ¿Serviría de algo? Mi impresión es que la decisión de los marineros no habría sido distinta, y que tales situaciones requieren un enfoque ético diferente. 

martes, mayo 31, 2016

10Y61

Hay un niño de siete años pérdido en zona rural de Hokkaido, la isla norte del país. Sus padres lo dejaron allí como castigo y cuando volvieron ya no lo encontraron. Las fuerzas locales se han unido desde el 28, pero no han tenido éxito. Ojalá lo encuentren pronto, sano y salvo. 


Hace unos años hubiera reaccionado a tal noticia con indignación, pero ahora no puedo dejar de identificarme con aquellos padres desafortunados. Puedo imaginar una situación que conduzca a un castigo tan drástico, y se me hace un nudo en la garganta al pensar en lo que estarán sintiendo. 

Supongo que si algo le pasó al niño, los padres enfrentarán cargos penales, pero ¿no habrán ya sido suficientemente castigados? Qué difícil debe ser vivir después de tal experiencia. 

Es esta capacidad humana de la compasión y de ponerse en los zapatos del otro, una de las mayores fuerzas que nos impulsa a valorar la ética y la justicia en todo lo que nos rodea. Pero esto no quiere decir que sea una fuerza benéfico, mucho menos objetiva. Todo lo contrario. Lo que me imagino y siento al contar la historia es una invención del cerebro que no puede parar de contarse historias para encontrarle sentido a la existencia. Lo mejor sería guardarse cualquier juicio hasta conocer a fondo las evidencias. 

Pero es tan limitado lo que nos es dado saber, que no podemos evitar guiarnos con prejuicios y corazonadas. Parece una trampa. 

lunes, mayo 30, 2016

10Y60

En una de sus presentaciones sobre la teoría de capacidades, Amartya Sen pone el ejemplo de una persona pasando hambre y otra ayunando. Cualquiera estaría de acuerdo en que la primera de estas dos personas carece de libertad mientras que la segunda no, a pesar de que ambas se encuentren en el mismo estado fisiológico. La ventaja de las capacidades evaluando el bienestar de la sociedad es que puede capturar esta diferencia e informar así la política social de una manera más acertada. 


¿Qué pasaría si intentáramos usar una lógica similar para entender las formas en que morimos? ¿Podremos distinguir  libertad en algunas muertes y humillación o tragedia en otras? 

El sentido común sugiere que la eutanasia y la muerte después de cierta edad serían muertes que podrían ser compatibles con el ejercicio de la libertad. Los suicidios serían una adición más problemática. Pero ¿es posible una formulación más genérica?

La explicación de Sen en el caso inicial es que, ante resultados iguales, la libertad se encuentra en las opciones disponibles para cada persona de lograr resultados distintos. Parecería entonces que en una crisis, en la cual no hay opciones de escapar con vida, sería imposible distinguir una muerte libre. Sólo tal vez si es la muerte de un rescatista, lo que en seguida se asociaría con heroísmo, no libertad. 

Pero tal vez en una crisis más compleja sea posible distinguir grados de libertad dentro de la tragedia de la muerte.  

Continuará.