
Regresar tiene un nuevo sentido después de las primeras vacaciones de verano de mi vida. O quizá deba decir que precisamente se trata de lo contrario. Soy conciente de que el asunto es bastante prematuro, pero en parte de eso se tratan los blogs: lugares de desahogo, de contradicción, de desvarío. Una semana anduve por Hokkaido, la más boreal de las islas principales de Japón. Luego un pequeño intermedio de dos días en Sendai para embarcarme en dos semanas y media de histeria en la inmensa República Popular China.
Los detalles de estas aventuras de seguro vendrán con los días, lo prometo: tal vez en forma de posts o conversaciones esporádicas que tengamos. Mas, por el momento, me apremia compartir los resultados trascendentes de tales travesías.
El de hoy es quizás el más trivial, aunque todos podrían ser menospreciados por su obviedad. Una vez decidí dejar de lado la exactitud de la ciencia y la proximidad de la ingeniería, lo hice por una vocación que siento hacia las letras. No fue cuestión de cambiar uno por otro, sino que en su conjunto me encuentro más yo.
Sin embargo, rodando por ahí, entendí lo irresponsable que he sido al respecto hasta el momento: ¿cómo podré tan siquiera insinuar una opinión en los nuevos círculos a los que aspiro si a duras penas salió un defectuoso ensayo a lo largo de todo el semestre pasado? Incluso encuentro en este espacio una señal de mi incoherencia, por todos evidenciada en el transcurso de estos insulsos posts.
¿Sueno dramático, exagerado o, quizá, al borde del desespero? Bueno, es duro pero preciso hacerlo. A pesar de todo soy optimista (algo que no sabía hasta hace poco, gracias Masae). Hace poco leí que la vida no se trata de cambios bruscos sino de modulaciones. Casi me voy de para atrás: uno de los argumentos principales para justificar los sacrificios que acepte para venir acá finamente desbaratado en unos segundos por un autor al cual guardo un infinito respeto. No obstante, no hubo pánico. Escribir no es algo que se me haya ocurrido hace poco. Tal vez no tenga en mi haber muchos textos argumentativos, pero el gusto, algo de fuerza y prosa, por ahí andan.
Sus comentarios, además de hacerme compañía, de proporcionarme un hogar al cual volver, son parte de eso que me modula y me forja. Gracias.
Flores digitales alegren su navegar.
martes, septiembre 26, 2006
Hacer oficio
sábado, agosto 12, 2006
En defensa de los Hombres Increibles

Algunas de las pistas que inspiran este artículo vinieron de una amena charla de bus que tuvo ocasión hace unos meses con uno de mis vecinos. El hombre es de origen egipcio, de una ciudad en el centro del país, a orillas del Nilo; físico de profesión, dedica el último año de su doctorado a adelantar algunas investigaciones en el área nuclear.
He de aclarar primero el papel fundamental que ocupan las barreras del lenguaje en este tipo de anécdotas. Dos mundo distintos hablando en un mutuo idioma ajeno permiten que, con un ligero malentendido y las condiciones externas apropiadas, se revelen aquellas diatribas en las que se devanea el consiente en sus ratos libres.
El caso es que, por alguna razón que no recuerdo, el hombre empezó a comentarme sobre la incomodidad que sentía ante las japonesas que en ese momento nos rodeaban. Expresó su reticencia hacia esa cultura de faldas cortas y blusas estrechas. Por todos son conocidas las restricciones dentro del mundo musulmán a los atuendos femeninos, y Zacarías (creo que es su nombre, pero tampoco estoy seguro) me comentó como este choque generaba en él tensiones que pugnaban por salir, pero que él, muy orgullosamente, había logrado dominar hasta el momento. Me explicó como en su país no se fijaba en las mujeres por su físico – irónico viniendo de él – el cual se mantenía discretamente protegido, sino por el tipo de persona que era. Además, fue enfático en advertir que le era imposible casarse con una japonesa, debido al panteón politeísta del país; de manera que sólo una judía o una cristiana entrarían dentro de sus posibilidades. Siguió una nueva mirada al panorama que ofrecía el bus, con el simple objetivo de verificar su argumento.
Coincidí en lo de las tensiones y nos despedimos.
En otra ocasión, en un almuerzo con otro de mis compañeros musulmanes, un medico pakistaní, entramos un poco más en detalle del asunto. Dentro del dogma del Corán no está permitido tener novias, mucho menos relaciones sexuales prematrimoniales; la principal razón expuesta fue el problema de los hijos bastardos, su desarraigo y las complicaciones en lo que respecta a las heredades. Por lo tanto, pasan después de un proceso que aún desconozco, al matrimonio de una vez, aunque pueden divorciarse con relativa facilidad. En ese momento comprendí la magnitud del primer relato: era el testimonio de un soltero virgen pasado de los treintas suelto en la descuidada, por intentar ponerle n nombre y un adjetivo, minifaldalandia.
Con la llegada del verano, la situación planteada por Zacarías se acentúa, y un día, contemplando desprevenido el ir y venir de la gente, pensé en aquel malestar que lo aqueja, a él y tal vez a varios millones de personas sobre la tierra. La figura femenina, principalmente mostrada y escondida por los accesorios que hacen las veces de ropa, ha sido (tal vez desde siempre) instrumentalizada para lograr comportamientos o decisiones en determinada dirección. Nada nuevo. Lo que me llamó la atención fue pensar que camino podía quedar a estos amigos, bombardeados por atractivas carnes desfilantes, bien aliñadas y tentadoras, mientras se esforzaban por mantenerse fieles a su cultura; cuestión no muy distinta a la de cualquier occidental en el intento de mantener una relación monogámica en paz.
Bueno, pues llegué a la conclusión, abierta a ser cambiada, de que la clave la tienen los viejos verdes. Donde tanto es permitido ver, tanto diseñado para tentar, pero tan tan restringido lo que puedes poseer, tienes que hacer de la visión el goce máximo. Con ello se instrumentaliza su instrumentalización, sin faltar al respeto, y no se apoyan las causas comerciales que las usan de ariete. En otras palabras, ves el espectáculo, te regodeas, incluso comentas y bromeas, pero no compras la mercancía.
De la misma manera que el mote Fuji eclipsa el paisaje en la parte central de Honshu, isla principal de Japón, pero aunque se escale o se viva en él, nunca se le posee, así mismo piernas, pechos, traseros y rostros son componente vital de cualquier paisaje humano, encendiendo la biología, pero tan inasibles como el coloso del sol naciente.
Debo agradecer ciertas pistas a Proust, quien en su primer tomo de En busca del Tiempo Perdido, relata el fervor del protagonista por una joven campirana que ve en un camino donde abundan rosales que son de su más íntimo afecto, haciéndola aún más merecedora de su deseo; pero que termina por aceptar como errado ir más allá por la inevitable rotura que sufriría la mística del lugar.
No dudo que en busca de lograr este gozo se es proclive de caer en extremos viciosos por todos conocidos, morbo exacerbado, fetichismo, perversiones táctiles, pero es una realidad a la que se le debe hacer frente y educar, para que luego no sea un traspiés en el momento menos indicado, además de asegurarnos de poder disfrutar del cuerpo humano sin temores e ir corrigiendo de a pocos un modelo sexista que nos sofoca y ensombrece la grandeza de nuestra especie. Así que me voy a dar una buena vuelta y ya regreso, de nuevo a mis preocupaciones desde otro punto de la realidad, en éste, mi panÓptiko personal.
domingo, julio 16, 2006
Pre Homenaje al Abuelo del Blog

Si por algo se ha caracterizado este espacio es por no decir nada claro. No podia ser de otra manera. Jamas he visitado una ciudad, conocido una persona o comido un pan. Siempre ha sido mucho mas que eso. De manera que, sin mas, acá tienen una colección de desaveniencias, propias y ajenas, que han venido al caso en estos meses.
Con lugar a todas las dudas. el primer maestro del blog (el mio por lo menos) fue el aguerrido Nietzsche, a quien aquejaban tan severas migrañas que era incapaz de escribir textos largos.
El mundo se divide entre los que se comen lo que pisan las moscas, los que no y, obviamente, los que comen moscas.
Si tus argumentos son capaces de derrumbar un imperio, que importa que seas piojo.
El siguiente paso en la transculturalidad producto de la globalización ha sido para mi totalmente evidente: la refinación internacional de tradiciones. Me refiero al siguiente matiz de comentarios comunes: "Buenisima la comida japonesa que hacen en México", "Me gusta la música árabe que hacen en Colombia" (obviamente, se referian a Shakira).
Uno sólo puede tomarse a la ligera la vida con aquellos que no se la toman a la ligera.
La luna llena es hermosa. Un día después, también. (o algo así, proverbio japonés)
La vida es como un inodoro el cual no sabemos si va a funcionar bien o va a rebosarse, con sus consabidas consecuencias.
Cuando tengas afán, evita los atajos (otro proverbio)
Las flores son un ejemplo exitoso de una estrategia de dominación mundial por parte de las astutas plantas.
Si tuviera ocasión de hacerle una pregunta al Dalai Lama, le preguntaria por su familia, papas, hermanos, amores.
Todos los colombianos tienen el pelo crespo en Colombia? (Pregunta habitual después de que algún conocido nos ve juntos a Diego y a mi)
Seguro que se puede vivir sin conocer la estructura del ADN, pero no sospechaban Poirot y Sherlock, entre otros, que algo habia retorcido en todo esto?; y habra algo mas inclemente y agobiante que vivir con una sospecha?
La Economia es una externalidad de la humanidad
(P.D. Este post ha sido el intento de escribir un poco cada día para así subir articulos más a menudo, por lo visto, fallido)
Desde un lugar turbulento por dentro y por fuera,
panÓptiko
martes, julio 04, 2006
Epistolitis

Parece que fue ayer cuando ese prohombre de las letras colombianas contemporaneas, adlid de pendecias metafísicas y de burdel, principal entre el panteón del grupo literario que, en pie de guerra digital, se mantiene en mi amada Bogotá, Efraín Medina, se dirigió a una masa informe de morulas de escritores y los evocó a rescatar las cartas dentro de su quehacer pestilente. A continuación, volviendo en su mundo y dejando el nuestro, nos regaló la breve lectura de una misiva de su autoría, sobre un morena que lo meneaba como los pescados, o que al ver los pescados se acordaba del meneo, o algo así. (Si dentro de los lectores se encuentra alguien que haya presenciado el acontecimiento, por favor no duden en ayudarme a precisarlo).
Pues me encontré con un mail que escribí hace muy poco tiempo, que me trajo todo este grato recuerdo, y que decidí compartirselos así, en par, como vienieron al mundo a pesar del tiempo.
Subject: Yo tambien soy sentimental
Estas palabras comunes nunca fueron más perturbadoras, salpicadas de
una belleza ininteligible como la de los paisajes o la de los carritos
de paletas, que en aquella ocasión en que desgarraron la garganta del
pequeño gigante de la canción, Nelson Ned. Y con ellas quiero decir
que sigo vivo.
He escrito tantas respuestas a sus correos como veces los he leído,
pero por su imprecisión ante lo que quieren saber de mí, aquello que
dichos mensajes no han sido capaces de expresar, desaparecieron.
De esa manera escapó el Expreso Melancólico, en el que narraba algunos
problemas intestinales de estos meses; Supercampeones, donde esbozaba
las vejaciones nocturnas a las que se somete una buena porción de
citadinos, por voluntad propia al parecer, en las distintas facetas de
lo que se entiende por diversión; Quien manda a Quien, sutil pero
deliciosa sátira sobre el día a día de un joven que llega a un país
extraño a convivir con un sin fin de electrodomésticos, productos y
organismos desconocidos; Aventuras en Pantuflas, drama que se
adentraba en las más profundas motivaciones de una masa de humanos que
irremediablemente arrastra los pies por donde va; Matrix meets el
Chinche, detallada descripción de lo que los mortales de estas tierras
llaman lluvia; ¡Mira Quien Habla Ahora!, cínico entremés que relataba
las confusiones de un grupo de alienígenas que creían escuchar
japonés salir de los labios de una criatura salvaje, y un salvaje que
distinguia algo cercano a un idioma conocido en ese evolucionado
sistema de comunicación de los entes; Brizas de Melgar, conmovedora
historia de un gélido lugar habitado por mujeres de escasas ropas y
perfecto bronceado; Sueño de una Clase de Verano, retrato vívido del
cotidiano que hacer de las clases de un grupo de japoneses promedio y
sus secuaces internacionales; y Holocausto Caníbal, donde se narraban
pícaras peripecias en un lenguaje ligeramente explícito, lleno de
piernas, bicicletas y j-pop.
Como todo vallenato, este tiene dedicatoria: a la comadre, que se hace
la que no es con ella.
Tal vez algún día pueda contarles algo, en el entre tanto, que les aproveche.
Desde un misterioso rincón al que llegan las cartas pero no las personas,
panÓptiko
domingo, junio 25, 2006
Concurso Blogisivo
Hola Terricolas!
Como vivo estresado por no escribirles mas a menudo, pero ultimamente no he recibido muchos comentarios de su parte, unica forma de saber si me estan leyendo, aqui les va la siguiente pregunta de mi vida cotidiana:
Si quieren comer galletas, algunas con mantequilla y otras con mermelada, pero solo tienen un cuchillo, que es preferible, que la mantequilla quede con pintas de mermelada o que la mermelada quede con pintas de mantequilla?
La mejor respuesta se llevara un pequeno pero representativo premio; y en la medida en que no contesten me ire despreocupando por contarles mis cosas en el blog.
Perseverancia y fortuna.
Desde una turbulenta quietud,
panOptiko
martes, junio 13, 2006
Sucesos 2: Quemando paradoja
Internet del Primer Mundo
Recibi una carta de la compania de internet que pretendo contratar. En ella me decian que no encontraban mi direccion.
Lugares comunes fuera de contexto
Poco me comunico con los otros colombianos que vinimos al tiempo a Japon y, cuando los encuentro en el chat, no puedo decirles que no se pierdan. Estamos en Japon.
Estudiante Japonesa
Conoci una estudiante de maestria que investiga sobre la economia en el conflicto palestino isreali. Cuando le pregunte si le gustaba estudiar contesto que no, pero que en el futuro le gustaria trabajar como investigadora asi que estaba haciendo su mayor esfuerzo.
Internet del Primer Mundo 2
Llame a la compania. Para poder tener mi servicio debi explicarles de que color era mi edificio y cuantos anos tenia. Me indicaron que era necesario escribir mi nombre en la puerta del apartamento. Tengo la foto de una vaca en ella. Mala cosa.
Tiene clase? que duerma!
Esta tan arraigada en la cultura del estudiante japones promedio la costumbre de dormir en clase, que segun una encuesta de las cosas que mas se averguenzan es de hablar dormidos en clase.
FracasaDove
Recuerdan la campana publicitaria de Dove, la belleza real? Bueno, aca estan en lo mismo, pero me temo que no debe ser tan exitosa: la gordita se ve normal y la que se supone es la vieja, se ve de unos de treinta, por mucho.
El Espiritu Japones
Ven el mensaje en la camiseta de esta desprevenida tokiota? Dice "Growing" (Creciendo). Ese es el espiritu.
Piernaslocas
Una milenaria tradicion de tenderse en el piso en seisa (posicion en la que el peso del cuerpo es soportado por las piernas de la rodilla para abajo) ha dejado una marca indeleble en los japoneses. Anos de botas ortopedicas para encintrarme aca con que no habia problema.
Conteniendo la rabia de Mama
"Por que arrastra los pies? Camine bien si no quiere que le..." es un sufrimiento legado que cuesta trabajo reprimir. Pero, ni modo, si se pasa la mayor parte en pantuflas no podia ser otro el resultado. Y a esto hay que sumarle que si arrastras los pies con las puntas hacia adentro te ves mas kawai (tierno), entonces todo se ha perdido.
Conteniendo la rabia de Mama 2
"Me hace el favor, si se va a poner a montar cicla, y se cambia esa falda que se le ve todo o no sale". Por aca no se escucho. En este punto si me encuentro dividido.
El Espiritu Japones 2
Una buena costumbre. Cuando uno tiene una tarea apremiante no te desean suerte ni te dan esperanzas. Te dicen que perseveres.
Recibo el recibo
Para pagar mi cuenta del gas, primero recibi un recibo en el que me decian que ya venia el recibo; luego un recibo que decia por cuanto iba a ser el recibo y, al fin, el recibo. Por fortuna solo le reciben el dinero a uno con este ultimo.
Internet del Primer Mundo 3
A un vecino del tercer piso lo citaron ayer de la compania. Dos meses despues de haber aplicado, el cable llego a su computador. Pero, cuando quiso navegar, no pudo. Le explicaron que ya tenia el cable pero faltaba la senal, que en unos dias. Creo que estan abriendo la llave.
martes, junio 06, 2006
Tokyo en las Nubes
a Rafael Chaparro, QEPD
(El mundo es un pañuelo,
incluso el de los muertos)
Mucho me tomó escribir las pocas líneas que podrá tener este mensaje, pero casi siempre nuestra primer vez es traumática, así que era de esperarse. Lo que pueda decir ahora o en el corto plazo sobre Tokyo no la abarcaría, así que al fin decidí no esforzarme.
Una ciudad puede ser la máxima representación de la sociedad o algo superfluo. Creo que ambas al tiempo. Cualquiera que se haya quedado observando por largo rato un paisaje bonito puede entenderlo: nos rehusamos a dejarlo atrás porque sabemos que cuando nos demos la vuelta nunca jamás será igual, sin importar las fotos o videos, pero, en últimas, son sólo rocas, tierra, árboles, agua, cosas comunes. De esa manera, Tokyo resbala por entre los dedos.
Cuando uno piensa en Japón generalmente lo primero que viene a la mente es una montonera de gente, lo cual es evidente en casi cualquier parte del país. Y su ciudad capital, con la cantidad de recursos con los que se imaginaran que cuenta, pues se dedica a dar todo de sí por que esto sea lo mas llevadero posible. Por eso, básicamente, a la ciudad ya le echaron el segundo piso (incluso el tercero y, en algunos lados, el cuarto).
A ras de tierra encontramos buses y automóviles, en el segundo un primer nivel de autopistas y los trenes , en el tercero autopistas mas rápidas y, coronando el conjunto, el esplendoroso tren bala. A esto debemos añadirle la compleja red de subterráneos que recorren la ciudad en lo profundo (hasta siete pisos para abajo) y los transportes fluviales y marítimos que también están a disposición, para suponer la monstruosidad de la mole. Sin embargo, con un poquito de suerte, inteligencia, sentido de la ubicación y paciencia (o un buen guía) se puede llegar a donde se quiera.
Al contrario de lo que es común escuchar, no me pareció que a la ciudad le faltase verde. De hecho, caminé por un espacioso parque en el que se encuentra un templo muy representativo, casi en el centro de la ciudad (o lo que me dio la impresión de ser central, aunque podría estar bastante equivocado). En algunas partes, algunos árboles que se habían visto cercenados por su incontrolado crecimiento, incluso presentaban curas en sus muñones. Una muestra de la sensibilidad japonesa.
Pero la gente definitivamente es otra cosa. En primer lugar, mientras que Sendai es una ciudad donde aun los extranjeros no son tantos, y por lo tanto se les mira con cierta aprehensión, en Tokyo ya les son indiferentes (como supongo deberá acontecer en cualquier capital del mundo que no este bajo amenaza terrorista). Así las cosas, observarlos no es difícil, y producto de mi primera impresión, puedo decir que de cierta manera los compadezco.
Esta ciudad no te pide que guardes las apariencias. Te lo exige. Te subyuga. La tensión consumista alcanza su máxima expresión, la modernidad desenmascara al común camaleón, la masa amenaza la identidad, Entonces son tantas las presiones que se deben desfogar con ciertas expresiones: como los otakus, la gente que se viste como personajes de animación, los tostados (gente que anda por ahí como si viviera en el melgar del primer mundo), los estrafalarios (tienen otro nombre, dieron origen a los tostados, conservan las ropas recargadas pero no se broncean), los góticos, los hyperyupis expresados en automóviles, motos o demás accesorios costosos, los compradores compulsivos, y todo un conjunto de tendencias que espero ir tocando a la medida que se me crucen en la cotidianidad.
Se preguntarán, entonces: no se preocupa el estado, los adultos, no se, alguien, por esta estridencia, por esta juventud tan loca, esta perdición? Pues yo creo que no porque, y este ha sido el descubrimiento más fascinante y terriblemente sobrecogedor al sol de hoy, a el más mínimo gesto de su alteza el emperador, o quien quiera que esté en posesión de tal poder, todos trabajarán como si fueran uno, todos harán caso. Las implicaciones que esto tiene son innumerables, pero serán material para otra ocasión.
Cerrando en circular, una pequeña anécdota sobre mi relación con el paisaje: hace tres días, mientras caminaba en la noche a la estación central a tomar el tren de regreso, un grupo de europeas (o gringas, bueno, monas) daban las gracias a alguien y en seguida salieron corriendo en medio de una algarabía molesta; mire a mi izquierda y una japonesa que llevaba mi mismo rumbo me dirigió una mirada que no me esperaba, mirada que duró una fracción de segundo, en la que pareció totalmente natural y a la cual asentí de igual manera, pero que hasta hoy me tiene estremecido, esa mirada que en ese momento no podía significar otra cosa que “extranjeros tenían que ser”. Es un comienzo (espero, digo, nunca dejaré de ser extranjero, pero un turista…).
Desde un lugar al Este al que se llega por el Oeste,
panÓptiko
sábado, junio 03, 2006
Puente sobre el rio Hirose
Pasa sin pasar
Como un silencio de Heráclito
Una página en blanco de Borges
Dejándonos a todos satisfechos
Incluso al puente
Que hace años es un recuerdo
miércoles, mayo 31, 2006
y entonces sucedió
Como en uno de aquellos emotivos y trascendentales episodios de los años maravillosos, en los que algún suceso entre lo cotidiano y lo casual llegaba a transformar para siempre la vida del siempre joven Kevin Arnold, entré a comprar un esfero el martes en la cooperativa de la facultad. Aunque en Japón no se acostumbra a tener música en los lugares públicos, había un fondo sonoro. Y precisamente fue éste, y no la calidad del esfero que compré (que entre otras, también me tiene maravillado), el que poco antes de salir me hizo levantar la cabeza y mirar al cielo de parlantes: el cáustico ritmo de hip hop que domina las tendencias contemporáneas se sacudió, quedando de él un compás conocido. Ya quisiera yo que fuera un cha cun cha como el de Rafael, o el inmortal chipi chipi del alma, pero un tu patupatu patupatu se lo tomó todo y esa fue la sentencia. El Reggeton esta aquí.
P.D. Lamento mucho no poder escribir tan a menudo como quisiera, pero recibo y leo sus mensajes con avidez. Los recuerdo y los veo en el firmamento. Buen viento,
panÓptiko
lunes, mayo 01, 2006
Por que no escribo y Como hacerlo al mismo tiempo
(Coro, se repite varias veces)
Saludos terricolas.
De seguro se preguntaran porque no escribo mas amenudo, pues eso tiene una larga explicacion que me permito relatar a continuacion, y de paso se enteran de mi cotidianidad.
Resulta que los terminos normales de la beca estipulan que, como es apenas logico, uno debe tener seis meses exclusivos para aprender japones (por lo menos lo suficiente para defenderse, porque faltaria mucho mas tiempo para lograr dominar este idioma), y una vez transcurridos estos presentarse al examen de admision para acceder a la maestria (o doctorado, segun el caso), puesto que uno debe pasar todos los procesos tal cual como un japones cualquiera.
Sin embargo, en mi caso, la maestria a la que me presente es ingles, con lo que se dieron dos situaciones: primero, el gobierno japones considero que por esa razon no era necesario que yo estudiara por seis meses el idioma y, dado que no era neceseario este tiempo, en la universidad me permitieron aplicar a la maestria desde Colombia solo basandose en mi documentacion, examen de admision que tuvo un resultado positivo.
Conclusion, heme en este simpatico rincon del mundo aprendiendo a vivir solo (al estilo japones, por supuesto), con cuatro materias de maestria mas el seminario de investigacion al cual debo llevar reportes mensuales sobre el avence de mi tesis, mas tres cursos de japones porque, como es apenas logico, no solo de maestria vive el hombre.
Debo agregar que, aunque mi apartamento es muy bonito y acogedor, y que la querendona y rezongona ciudad de Sendai es pequena (un millon de habitantes mas las provincias y los que vienen y van a la universidad, pues algo importante es), me toma casi una hora desde que salgo hasta que llego al salon de clase.
Entonces, me levanto todos los dias a las 6:50 y generalmente vuelvo hasta las 10 a dormir; los fines de semana estudio un poco, salgo a pasear o hago oficio, pero como no tengo computador pues tampoco les puedo escrbir en ese lapso.
Eso es todo. Aprovecho la ocasion para los avisos parroquiales. Debajo de cada una de estas notas dice comments y un numero al lado, pueden hacer click ahi y en la siguiente pantalla pueden hacerme comentarios o preguntas, lo que quieran. Si saben de alguien que quisiera saber de mi y suponen que no tiene idea de la existencia de este espacio o como usarlo, no sea malo, expliquele, podria ser su hijo (o su mama?).
Gracias por sus mensajes y comentarios, los busco con ansia cada vez que puedo, y me ayudan mucho en mi dia a dia, asi no pueda responderlos.
Una venia,
panOptiko
miércoles, abril 12, 2006
Sucesos 1
De pasada no mas, algunos de los hechos triviales de la ultima semana:
Ayer comi un helado de papa violeta con gomas de arroz y una bella cereza. El sabor no era tan bueno, pero se veia bien. Lamento no enviar fotos.
Quiero compartiles el carro que vi hoy. Aca hay de todas formas y tamanos, pero hoy si me acorde de tomar la foto.

El clima esta mejorando notablemente dia a dia. Esta ciudad parece tan loca como Bogota: el unico dia de la semana pasada que hizo sol fue el dia que nevo (todavia se sentia el invierno). La gente se preguntaba "per de que nube esta nevando?"
Como abrebocas, tres temas que han acaparado mi atencion en esta semana, los escribo mas para acordarme que tengo que contarles sobre ellos:
La television japonesa es tan o mas ridicula que la colombiana.
La joven promedio japonesa es tan o mas tonta que la joven colombiana (ademas de tener una herencia polar notable)
Lo que nadie me advirtio, lo que nadie antes me dijo, lo mas perturbador hasta el momento (y creo yo que por toda mi estadia): Sendai es una ciudad cundida de gigantescos y briosos CUERVOS!!!!! Es magico despertar con su arrullador canto, vigorizante sentir su compania durante el dia, evocador su llamado mientras se tiene la mirada perdida en el infinito con nua taza de algo encaliente entre las manos... Quiero tener uno de amigo, pero aun no se que darles para que vengan a mi (Claro que aquello de cria... tambien me detiene, o sera que ESO es lo que debo darles?)
Bueno, yo solo estaba de pasada. Saludos.

lunes, abril 10, 2006
Pequeno Diario
Como era de esperarse, mi diario duro tanto como mi transporte. Ya veremos. Sin embargo, aqui esta:
01-04-06
Escala
Claro que no perdi la oportunidd de ir a un restaurante de comida tipica en mi corta estadia en el colorido pais de los gringos.

2-04-06
Pacifico
Es increible como se pasa el tiempo cuando uno tiene un osito polar al frente.
Cinco horas de mi viaje se fueron viendo, una y otra vez, el documental en ocasion del quinto cumpleanos del animalito.
Por supuesto, tambien ayudo el confort y lujo de las Aerolineas Japonesas.

3-04-06
Primer consejo acertado de mama
Todo fue muy claro cuando me aventure a dar el primer paseo por las calles de Tokyo (bueno, la del frente del hotel, que queda mas bien retirado de de la ciudad) respecto al visionario consejo materno, que data de mis primeros anos: "cuando vaya a pasar la calle, mire para ambos lados".
Con toda esta gente conduciendo por el carril equivocado no hay nada mas sensato.
6-04-06
Pasara cierto tiempo antes de que pueda contar cosas medianamente elaboradas sobre todo lo que me rodea.
El martes fue puro soye (ayuda ortografica, por favor). El primer encontronazo con la realidad: hable con un tailandes, un keniano y una mongola, hice tratos con un irani (~aca ~aca); tome un tren expreso del aeropuerto a Tokyo y con ello divise el paisaje. Todo es nuevo y chocante, hay mistica y demencia, dulzura y nausea. No podria transmitirles lo que he sentido, asi como no lo entiendo. La ventana ha sido como ver television, todavia no me siento parte del paisaje, asi que aun no tenemos puntos de vista mu diferentes.


domingo, marzo 12, 2006
Sin distancias
A toda hoja de platano le llega su tamal,
a todo Goliat su David,
y a todo David sus pulgas ...
El 1 de Abril a las 8:30 AM espero estar dejando por algún tiempo en cuerpo mi pais y a todos ustedes, para darle paso a unas ideas que tengo.
Para el 99% de ustedes este mensaje será el primero de este blog. Le siguen una serie de desaveniencias, espero me dispensen, pero encontré inoportuno retirarlas (algo así como tirar la piedra y esconder la mano).
Sólo quiero decirles que más importante que el suceso de la partida, pesa en mi corazón el camino recorrido juntos, todo cuanto hemos hecho y compartido durante todos estos años. Estoy casi seguro de que he sentido todo lo que han querido expresarme, aunque tal vez no lo hayan dicho. No se preocupen.
No me queda más que dar una venia y pasar tras bambalinas para empezar (¿o terminar?) la función.
domingo, enero 15, 2006
El Retorno de Rugenklaud
EL RETORNO DE RUGENKLAUD
por panÓptiko
a mis amigos los bárbaros
Rugenklaud retira de su hacha los restos de un enemigo, la cuelga en su espalda y da media vuelta. Escupe un poco de sangre que sabe no le pertenece. Tras él, el señorito Higgins remata algunos moribundos en el piso. Rugenklaud aún tiene el fragor de la batalla en la cabeza, y se limita a esquivar cuerpos, a esbozar una sonrisa y caminar al campamento. Las pocas tropas enemigas que quedan, esparcidas por la sabana, huyen por el horizonte de la excepcional caballería de la Marca de Wanstab. Rugenklaud alberga en el corazón la esperanza de que escapen, desea verles de nuevo en el reflejo de la hoja de su hacha.
El sol se pone lentamente y el viento no tarda en enrarecerse. El cuerpo élite de infantería, a su cargo, da sepultura a los cuerpos de los amigos caídos en combate, mientras que los otros dos generales ordenan apilar el resto de cadáveres para encender una hoguera a los dioses. Con la primera llamarada, Rugenklaud siente que ha sido suficiente.
Descarga la inmensa mole de su cuerpo bajo la sombra de un ciprés, desocupa la bota de agua de un sorbo y clava sus ojos azules en lontananza. Contempla la hermosura de la tierra que guarda, se deleita con la guerra que ha ganado gracias a la fuerza de su brazo y el coraje de sus hombres; nunca permitiría que las codiciosas manos de sus profanos enemigos acariciasen tan solo uno de los árboles de la magnífica Marca que él, y su estirpe legendaria de guerreros, habían erigido hasta su actual esplendor.
Caída la noche, el destacamento se decide a celebrar. En torno a la hoguera del campamento, ajena a la hecatombe, los más avezados en recetas y especias destajan cochinillos y liebres de monte, todos estos apresados previendo la victoria. Tal es la confianza que se tiene el ejército de la Marca de Wanstab. El señorito Higgins se halla entre los cocineros: de descendencia noble y fina estampa, sin duda resultaba más propio de cortes que de campamentos de tropa, pero un temperamento caprichoso, apoyado por su apellido, le habían permitido eludir el protocolo y marcharse a la guerra.
Una vez el cochinillo más rollizo está en su punto, el señorito lo retira de la brasa y le alista con delicadeza. Brillante en grasa, sutil en su aroma, podía ser digno de la cena de un rey. Lo lleva a un corrillo, quizá el más animoso, dónde Rugenklaud abatía comensales, ahora con artes más gentiles, como lo son vaciar copas y relatar hazañas. Lo recibe con ansia y lo devora él solo en un santiamén. Van y vienen otras viandas, el mejor vino, y todos los corazones se hinchan de gozo.
Satisfecho, el general se despide de la tropa y se retira al ciprés que ya en la tarde le había cobijado. Se tiende en el suelo y contempla el cielo estrellado. Pequeño e impotente, cual niño que había sido y que en el fondo no dejaba de ser, entona una sentida plegaria ancestral por la piedad de los dioses guerreros, que truecan triunfos por calamidades inciertas. Iba rindiéndose al cansancio, a la embriaguez y al sueño, cuando escucha un ruido. En instantes, el filo del hacha, siempre en su espalda, rosa el cuello del impertinente intruso. Lívido, el señorito Higgins parece más muerto que vivo. Rugenklaud guarda el hacha, y el otro, mostrándole una masa verde pastosa entre unas hojas, apenas musita unas palabras: aduce conocer la fórmula de un ungüento curativo, llegado a él por tradición oral de los ascetas de las montañas del norte, con el cual sólo pretendía hacerle más grato el sueño y leves las heridas, para que en la víspera de su entrada triunfal al gran palacio de la Marca, luciese más soberbio e imponente. A Rugenklaud la idea poco le agrada, mas el olor dulzón de la pócima y lo exhausto de su estado, lo llevan a aceptar el dichoso tratamiento. El señorito, temeroso, esparce el ungüento por las heridas, que son muchas y profundas, en el inmenso cuerpo del general.
Una ensoñación le ataja de inmediato: investido de túnicas celestiales, izando una espada sagrada, hacía frente a unas criaturas infernales que procuraban corrupción a su paso. Eran huestes malditas que brotaban de las entrañas de la tierra, consumiendo y destruyendo la obra de los dioses como el Rugenklaud del sueño. Garras, mordiscos, hálitos encendidos no alcanzaban tan siquiera a rozar el cuerpo del héroe, no así su espada deshacía enemigos en número a su paso. Lo acompañaba un pequeño sirviente: un dios menor dotado de poderes mágicos que paralizaban y contenían a las bestias. Pero, muy al contrario de sus esfuerzos, la presión de la legión no aflojaba, los embates de Rugenklaud empezaban a tornarse insuficientes y el diocesillo a agotarse. Restos infectos de los engendros ya alcanzaban sus auras divinas. Por primera vez en su vida, el fiero guerrero parecía desfallecer.
Entonces elevó su espada, templada hacia el cielo, y un círculo de luz le rodeó. El otro dios cantó un himno de palabras ocultas, tomó la hoja de la espada en sus manos y concentró la fuerza de la luz en ella. Rugenklaud sintió que un poder sin límites le invadía más allá de lo humano, saboreó el cielo en sus poros mientras se colmaba de aquella fuerza infinita. En el momento justo, soltado el último verso, la pequeña divinidad besó el filo de la espada y desapareció volando como la luz en el firmamento. Rugenklaud deshizo el viento con un rugido y soltó un golpe certero contra el suelo bajo sus pies. Una ola de energía sacudió todo lo habido en el cosmos, acabando de un solo tajo con la plaga maldita. El general sintió su propia fuerza doblegarlo y se fundió con ella en la inconsciencia.
Tan pronto despunta el primer rayo del sol, abre sus ojos. Espera un poco antes de levantarse para aclarar su mente de la resaca y la ensoñación. Medita un rato, envuelto en el amanecer de su propio terruño. Reconstruye, hace de la tibia brisa su guía al sosiego y la reflexión. Todo el asunto no podía ser otra cosa que una alegoría, una advertencia de los dioses a una falta de su parte. Entonces, lo presiente: a lo largo de la guerra, que se había prolongado por varios meses, aquel noble señorito se había esforzado en cuidar su espalda, casi como su sombra, además de velar por su bienestar en las noches en que se podían robar unas horas a la batalla; todos estos, meritosos servicios a los que hasta el momento no daba mayor crédito. Ese debía ser el reclamo de los dioses para con él.
En el campamento, el retorno estaba preparado. Rugenklaud toma su caballo y encabeza al ejército en su camino a casa. Los otros dos generales le siguen de cerca, y más atrás el grueso de sus filas. La jornada es ardua. A paso apretado, los hombres sobrellevan el ansia con estallidos de alegría, brindis y bromas. Sin embargo, el general permanece inescrutable sobre su caballo, dubita profundo sobre sus conclusiones acerca de la ensoñación. El eco de una sensación traiciona su teoría y le mantiene inquieto. Suspira.
Cayendo la tarde, con las puertas del fuerte principal de la Marca a la vista, Rugenklaud da la orden de llamar al señorito Higgins, le solicita cabalgar junto a él y portar el estandarte de la victoria. Le cuesta comprender a la compañía lo que sucede. El señorito, sonrojado y de nuevo temeroso, procura acatar con la gallardía que sus nervios le permiten, la invaluable tarea.
El castillo revienta de alegría, el Marqués saluda las tropas desde su balcón, las mujeres y los niños abarrotan las calles e inundan con gritos y cánticos la procesión triunfal. Las filas se van deshaciendo, cada uno encuentra a los suyos y se retiran a sus añoradas estancias. Rugenklaud se despide de todos, palmotea la espalda del señorito Higgins y desvía su montura por una callejuela adyacente.
Avanza un pequeño trecho y amarra su caballo al postigo de siempre. Del otro lado del portón, relumbrando con la luz del horno, una mujer dorada prepara la cena. Tan pronto lo ve se le abalanza, le abraza fuerte y derrama lágrimas de agradecimiento al cielo. Besa su rostro y le ruega un momento para ofrecerle un gran banquete. Él devuelve las caricias y le regala una sonrisa. Su mujer nunca ha ido a recibirlo al desfile, el temor de no verle regresar le hace sufrir mucho.
Camina a la puerta trasera y la atraviesa. Dos pequeñines juegan entre ellos con espadas de madera. Rugenklaud los atrapa con sus brazos y los levanta del suelo, ellos patalean y festejan la llegada de su padre; forcejean un rato hasta cuando los llaman desde la casa. Los platos hierven en estofado de puerco con patatas, un tanto insípido pero con sabor de hogar. Todos esperan anhelantes los relatos. El padre comienza, pero al poco tiempo se detiene; algo le inquieta, no ve en sus ojos el brillo preciso, sus rostros no se maravillan suficiente, su gloria no resuena en sus almas, parece una habladuría más; se permite mezclar en su historia momentos de su ensoñación y no lo advierten, no diferencian un embate sublime de uno decoroso, la furia del brío, y resume lo que queda de su relato, que pudo durar días, en unas cuantas frases. Los niños festejan y escapan de nuevo a jugar con sus espadas. Su mujer le aprieta una mano, recoge los trastos, y promete estar pronto en el lecho.
Rugenklaud, desconcertado, sale por la puerta de atrás y camina hacia el río que rodea la ciudad. Miles de cosas le dan vueltas por la cabeza. Su mujer ya tiene algunas arrugas, cabellos de plata brotan aquí y allá, mas la edad no ha borrado la estulticia. Los dos barrigones aparecen torpes a sus ojos, incapaces de blandir con destreza esos palos que tienen por juguetes. La tierra incólume en su belleza, el fragor desapareciendo y la vida perdiendo sentido. Se desnuda en la orilla y se sumerge en el torrente que corre tranquilo. Le aterra volver a ese lecho suave, que venga el tiempo con una horda interminable de enanos lerdos, armados con palos, mientras le crece una barriga de estofados y los embates de su hacha se tornan insuficientes. ¿Y si el único reflejo que le resta a su hacha es el de su vejez? Rugenklaud intenta nadar para distraerse, lucha contra las aguas mansas para no rendirse a la legión de pensamientos pero no lo consigue. Desespera.
Se tiende en la orilla y contempla el cielo estrellado. Pequeño e impotente, entona una sentida plegaria ancestral ante la crueldad de los dioses guerreros, que trocaron triunfos por calamidades inciertas. A la plegaria se le une el eco traicionero y entonces ya lo sabe.
Clama, acepta, espera.
Tal vez alguien más clama en otro lugar de la Marca, alguien capaz de regalarle una nueva guerra, retornarle aunque sea con mesura aquel fragor y consolar así su cuerpo hambriento de victoria... Alguien más que acepta la verdad en el eco, lo que de calamidad nada tiene… Alguien más que espera que esta pluma no le engañe y llegue por fin otra noche de ensueño con mi querido Rugenklaud.
jueves, abril 28, 2005
Todo es un espectáculo
Ese afán voyeurista que ha arrastrado al hombre desde siempre, el vil chismorreo, ayudado por los sedientos canales de televisión, han hecho de la vida un programa interminable. Y, lo que es peor, de todos nosotros unos estúpidos espectadores.
De esa manera es que lloramos las grandes tragedias, nos condolemos de las victimas, pero salimos a la calle y somos indiferentes a la realidad.
Pasaran siglos.
Cito aquí a Omran, a quien hubiera queido conocer, y de sus últimos vaticinios acerca de la transición de la salud mundial: "... ojalá sea este milenio"
jueves, abril 14, 2005
El Concepto
Etimológicamente, la palabra se deriva de Pan (todo) y Optico (ver, vsión), y significa "lugar desde donde se puede ver todo". Dentro de las cárceles era un lugar en lo alto desde donde se podía ver a todos los reos mientras estaban en el patio. Extracto el término de los planteamientode Foucault, que en su libro Vigilar y Castigar, lo introduce.
Debo ser sincero, no he leido el libro (no por falta de ganas, sino de tiempo), pero el termino llegó a mí explicado por varios filósofos que expusieron las ideas de Foucault el año pasado, con motivo de un aniversario que no recuerdo (¿20 años de su muerte?). Por eso le tengo cierta confianza.
El punto del panOptiko rádica en que, en nuestra sociedad, todos tenemos de alguna manera el imaginario de que hay algo hallá arriba (¿o abajo?) que lo observa todo, que nos observa, y eso nos mantiene dentro del orden establecido. ¿A qué nos constriñe? ¿Cómo nos afecta? ¿Cómo se nos incorpora?¿Quién decide? En otro momento.
Pero ¿Qué pasaría si se sube hasta el panóptico, ese faro en el firmamento, y se encuentra que está vacío?...
¿Y qué si nos quedamos ahí un rato?
panOptiko
domingo, abril 10, 2005
"Nadie tiene derecho a suicidarse"
Dijo mi profesora de toxicologìa.
Luego nos dio la fórmula.
¿No hay ahì una contradicción?
panOptiko
martes, abril 05, 2005
panOptiko
Es muy tarde, no he hecho lo que debía, he dicho más de la cuenta, y he callado aún más.
Y, para terminar, me permito este delirio de grandeza. Espero ver cuanto dura, pero no soy muy optimista.
Hoy comienza una cuenta regresiva soñada. En un año no estaré detrás de este teclado... tal vez lo único que permanezca sea este blog.
Buen día.