miércoles, mayo 28, 2008

Pasar tiempo con jóvenes ayudaría a vivir más

Audición, un clásico (tomada de acá)

Esta revolucionaria noticia en los titulares de hoy, tan a tono con las que le presenté hace unas semanas, me obligó a dejar a un lado todo lo que hacía y ayudar a pasar la voz. A continuación el texto completo del artículo:

Un estudio publicado en los anales de la Academia Nacional de Ciencias, hecho con moscas de la fruta, concluyó que la interacción con miembros más jóvenes de la especie tendría un papel en el envejecimiento saludable. Esto se aplicaría a humanos.

Más allá del alivio a priori que deben sentir pederastas y los seguidores del enjou kosai ahora que la ciencia les da la razón, la pregunta sería cual es ese bendito tipo de "interacción" que compartimos con las moscas de fruta, como se hace y con cuanta frecuencia es conveniente.

Zumbando,

panÓptiko

martes, mayo 27, 2008

Work in progress

En pocas palabras:

Como es propósito del dueño es mantener este espacio andando, nos sentimos en la obligación de dar explicaciones. Así que, si está dentro de sus posibilidades, también visiten el nuevo link en la sección de Puntos de Fuga.

Besos medievales,

panÓptiko 々

miércoles, mayo 14, 2008

Alarma por jóvenes que consumen sustancias para conseguir encuentros sexuales sin límites

Este titular del Tiempo de febrero 24, y este otro de mayo 9 : "Jóvenes están usando alcohol y drogas como afrodisíaco", me hacen pensar que la sección Vida de Hoy es escrita desde el Vaticano.

Me parece escuchar a mi abuelo Luthier putativo: "... y dónde conseguimos esas sustancias?"

Imaginando como será un encuentro sexual sin límites,



P.D. Ideas?

sábado, mayo 10, 2008

Cuestionar o no cuestionar, esa es LA cuestión

RHYMESTER キング オブ ステージ (King of Stage)

Esta nota al margen es la síntesis de tres sucesos del día, bastantes dispares en esencia, pero unidos por el sublime acto humano de controvertir o poner algo en duda.

Después de la grata experiencia de asistir a un concierto de hip-hop japonés por accidente, me encontré una vez más con una de las maravillas de la ciudad que me tocó por suerte: la tienda rasta 24 horas. ¿No ha sentido nunca la necesidad de complacer su gusto jamaiquino con algún accesorio en medio de la noche? ¿Nunca le ha atajado una madrugada sin unas gafas oscuras que correspondan a su estilo? ¿No ha anhelado alguna vez, en medio de una flaqueza de espíritu - etílica o no - dar con una señal, aunque sea un aroma, que le recuerde a Bob Marley y le devuelva la fortaleza? Sin importar la estación, el almacén Cuatro Veinte debería figurar en la sección de "lugares religiosos" de las guías de viajes.

Entonces recordé una anécdota vieja, que pasó desapercibida por la opinión nacional, pero que es digna ser inmortalizada. Para el lanzamiento de la película "Farenheit 9/11" de Michael Moore, el Canal Capital realizó un especial en el cuál entrevistó a las personalidades que asistieron a su pre-estreno en la ciudad de Bogotá. Entre las variopintas impresiones, las declaraciones de una modelo - o presentadora de farándula - de quién no recuerdo ni hace falta recordar el nombre, nos dieron especial luz a los televidentes. La cosa fue algo como así:
"- Bueno, ¿Cómo le pareció la película?
- Me pareció una película muy cuestionable.
- ¿Por qué?
- Pues, cuestiona la sociedad, cuestiona los políticos, cuestiona las empresas. Es muy cuestionable."


El 4-20 de Ichibancho, 5:27 am, Sendai


La tercera es que parece que este jueves voy a ir a ver Hamlet.

Esa fue, ha sido, y será la cuestión.

panÓptiko

domingo, mayo 04, 2008

Desde el lab

Material esencial de laboratorio, aceitunas y persona (bodegón)

He decidido pasar los próximos tres años de mi vida en un laboratorio. Sin embargo, el aspecto de este lugar es muy distinto al que se le vendría a cualquiera a la mente, aquel donde por allá en primer o segundo año de bachillerato nos dedicábamos a esculcar con morbo, resguardados en la solemnidad de una bata blanca, las entrañas de los diferentes animales que acostumbramos comer. Aquellos eran sitios gélidos, llenos de frascos de vidrio café que ya se ven viejos antes de llegar al estante, y de esperpentos sumergidos en formol llenos de etiquetas escritas a mano. Por alguna extraña razón la luz nunca entra apropiadamente en estos recintos: a veces por la disposición de las ventanas, otras porque construyen algo en frente de ellas, o simplemente porque lo que dentro de esas cuatro paredes se trama espanta hasta al mismo astro rey. En cambio, la habitación a la que hoy me entrego está en el último piso de un edificio en lo alto de una montaña. Hay buena iluminación - aunque las ventanas siguen lejos - calefacción, computadores, impresoras, copiadoras y libros por todos lados. Las únicas entrañas son las mías y, por fortuna, permanecen en su lugar y sin rótulos.

Los laboratorios del colegio, y aún los de la universidad, eran más cercanos a sus ancestros de la alquimia árabe-occidental, cuando se perseguía la piedra filosofal en ocultas madrigueras, mientras en el mundo plano se destazaba humanos en nombre de alguna divinidad. De ello hace algo así como un milenio, lo que fue llamado el medioevo, las edades oscuras. La imagen que trae a la mente ese nombre, lo poco que queda después de las clases básicas de historia, lo mucho que mal sabemos por las películas y los programas de televisión, es la de unos tiempos en los que lo divino y lo salvaje reinaba por igual en el mundo, casi indistinguibles en el fondo - aunque sí contrarios en la forma - mientras el humano se movía a la deriva entre uno y otro extremo. Tiempos de reyes, princesas y vasallos; caballeros de metal y de arena; de inquisición y tiranía; de enfermedad y superstición; cuando las principales razones para vivir eran las verdades religiosas, aunque fuese bajo su represión incuestionable.

Sin embargo, existe una impresión difusa, que he leído en un par de autores y que también presentí, de que algo de esa medianía vuelve a posarse sobre el mundo, esta vez sí sobre la esfera. No estoy seguro de que se trata, ni si es sólo una ilusión, un patrón que equivocadamente se me hace está presente en distintos escenarios de la vida social, del día a día, o si en verdad una nueva época oscura, de la transición, o de la trancisionalidad está en ciernes. Más allá del eurocentrismo y de la occidentalización del mundo, o quizá parte de ellas, o la inevitable deformación y reorganización de la mixtura, algunas verdades del siglo veinte parecen erosionarse y los sistemas sobre los que vivimos obligados a acomodarse...

No lo se, es muy confuso, pero se me hace que el laboratorio es un buen lugar para observar e intentar comprobar si hay algo de razón en estos pensamientos. Aún estos lugares son guarida de lunáticos, a pesar de que la modernidad le llegó incluso a sus ratoneras, y bajo consentimiento del rey siguen teniendo carta abierta para hacer sus investigaciones. Ojo, pero el rey sigue ahí, y con su permiso, estos tres años haré un esfuerzo por entender un poco más este tejido, entre otras cosas que irán saliendo.

Salve, gran señor del ojo rojo,

panÓptiko

miércoles, febrero 20, 2008

Perro come perro

Otro Ouroboros cotidiano



Siguiendo con los superlativos, este quizas sea uno de los mejores videos jamás subidos a la internet, síntesis magnífica de la vida.

En un principio uno lo mira una, dos, diez... un montón de veces y no se puede atajar la risa. Hilarante hasta el punto de llamar a los papás, hermanos, tíos, amigos e incluso a los vecinos para que disfruten junto con uno. Se le sigue viendo a diario, pero pasan los días, la costumbre se va llevando la risa y emerge una pequeña tristeza en el sino trágico de nuestro noble amigo.

Luego, de improviso, se encuentra uno recordando aquellos momentos en los cuales se fue incapaz de disfrutar la felicidad por no reconocer el enemigo en nosotros mismos. La paranoia cotidiana de portar cualquier cosa valiosa por la calle dada la inminencia de un robo. O aquella noche de copas que volvimos antes de tiempo, amargados y coléricos, porque se nos hacía que todos asediaban a nuestra pareja; situación esta que sólo puede acabar en pelea , mal sueño y más amargura. Ahí deja uno de torturar al pobre perro, ahora imagen propia, y se pretende olvidar su existencia, no gastarle un click más.

Algo de eso se logra pero llega un día casi cualquiera y sale en las noticias que por primera vez una película colombiana está dentro de la selección oficial del festival Sundance. Corre uno a buscarla: Perro come Perro, del director Carlos Moreno.

De segundo renglón aparece nuestro gran amigo y por alguna extraña sinrazón de sentimientos encontrados, la amargura se torna en algo más llevadero. Nos hacemos viejos y la experiencia, esa historia que sólo uno puede contar, es consuelo imbatible para mantenernos en pie.


Vemos pues los avances de la película, en esa tónica inmejorable en la que nos ha dejado nuestra historia escrita de nuevo gracias a esos 41 segundos mágicos, y nos llevamos la grata sorpresa de encontrar en la nueva cinta una propuesta fascinante, bien trabajada, que promete buenas cosas.

No se sorprendan si llega a Cannes,

panÓptiko

P.D. Esto lo escribí hace mo tres meses cuando había un trailer disponible, pero el primer video sigue siendo el mejor

martes, febrero 05, 2008

Encontrado en la traducción

Para los que rendimos culto a aquella película, estos comerciales producen sentimientos encontrados.



El resto, bien puede reirse.

Ya vienen los cambios.

Moe (Que en español colombiano puede significar algo así como capullo)

panÓptiko

domingo, febrero 03, 2008

Concursos del Primer Mundo

No se preocupe por el idioma, en unos segundos entendera de que se trata y después ya no querrá dejar de jugarlo.



Esperen pronto cambios.

Se llama momimomi.

momimomi

momimomi

panÓptiko

miércoles, enero 09, 2008

Colombia, otra oportunidad

Una característica del país proferida por un experto abogado de familia, publicada en el Tiempo de hoy:

...las relaciones extramatrimoniales predominan en las fiestas de fin de año. Sin embargo, estas suelen perdonarse.

"Felices" fiestas,

panÓptiko

viernes, enero 04, 2008

Olga san

Un segundo de descanso remunerado para contarles que al rededor de 620.000 NEETs (personas que no trabajan ni toman educacion formal o informal), andan por las calles del país del sol naciente sin ganas de hacer nada - no estoy seguro si en la cifra están incluidos los hikikomori, los que no salen ni siquiera del cuarto.

Qué hacer ante tal situación? Pues clases en el colegio sobre porqué trabajar es chevere.



Los tiempos parecen exigir un estudio serio sobre los motivos estructurales de la pereza en las sociedades modernas, y algo de ello intentaremos desde este espacio.

Pero luego,

panÓptiko

Feliz Año

domingo, diciembre 23, 2007

El Culpable es el Vanidoso

Me encontré hoy con el siguiente post en el blog de mi querido amigo Ricardo, proponiendo un problema que yo replico para todos ustedes.

Reinado de belleza

Lucas De Zubiría, periodista inteligente, está en el reinado de belleza de Cartagena desde hace un par de semanas. Lo odia. Lo odia a muerte. Se siente un viejo verde con un hijo adolescente y una esposa que no ha descubierto aún sus infidelidades. Y, para no aburrirse, para no cansarse con esas niñas de 18 años que se hacen las vírgenes y las naturales, ha decidido pedirles que respondan quién es el asesino en el siguiente caso:

1) Una ESPOSA se consigue un AMANTE porque su ESPOSO se ha dedicado a trabajar todo el día desde hace mucho tiempo.

2) La ESPOSA se ve todos los días con su AMANTE. Pero, para llegar a la casa en la que se encuentran, debe pagarle una buena suma de dinero a un BARQUERO que se encarga de llevar a la gente de un lado del río al otro.

3) Un buen día a la ESPOSA se le acaba el dinero. Va a ver a su AMANTE. Pero el BARQUERO le dice que si no le pasa no la lleva al otro lado.

4) La ESPOSA decide, entonces, tomar el larguísimo camino del bosque. No lo tomaba por lo largo, claro, pero también porque todo el mundo sabe que allí hay un LOCO que asesina a la gente que se encuentra por el camino.

5) La ESPOSA entra al bosque. Se encuentra con el LOCO. La mata.

¿Quién tiene la culpa de su muerte? ¿El LOCO, el BARQUERO, el AMANTE, el ESPOSO, la ESPOSA? ¿En qué orden tiene la culpa de mayor a menor?

Que cada quién diga su orden. Una pista: las reinas han dicho que la culpa es del loco.


Como es de mi interés conocer su respuesta tanto como exponerles la que yo humildemente he pensado, aquí un par de fotos de estos días antes de mi respuesta, para que se tomen el tiempo de contestar.

Foto otoñal corrida

Con un amigo (la flecha indica cual soy yo)

Ahora mi respuesta:

Ante un problema humano, que reviste de tanta complejidad, es necesario hacer un análisis comedido antes de aventurarse a dar un remedo de dictamen.

Lo primero es el asunto de la culpa. En su busqueda el objetivo es establecer un grado de responsabilidad respecto a los hechos. Sin embargo , una situación de daño puede variar si este es deliberado, sin intención o producto de negligencia. De alguna manera todos y cada uno de los personajes encajan en una o varias de estas categorías y con esa base podemos ya acercarnos a nuestro examen.

Si seguimos la tradición occidental, los loco carecen de alma, de dominio del si, como bien muestra Michel Foucault en su "Historia de la locura en la edad clásica". Debido a esta concepción, aunque el LOCO haya ejecutado el acto del asesinato no puede ser responsabilizado de nada. El lector desprevenido estaría tentado a hurgar en la locura del personaje, pero dados los datos no tenemos otra opción más que relacionar al LOCO con otro de los personajes para dar una respuesta.

Las parejas LOCO-AMANTE y LOCO-ESPOSO comparten una concepción moralista de justicia-venganza o crimen-castigo. No son excluyentes - lo que da para que los más adelantados teman una conspiración AMANTE-LOCO-ESPOSO - pero comparten un sentido de merecimiento que de cierta manera los expía, o por lo menos los inscribe en la categoría de los 'inintencionados', mientras señalan a la ESPOSA.

Dicha pareja, ESPOSA-LOCO, propone una inmersión psicológica en el comportamiento de la occisa, pasa del tedio a la lujuria, y finalmente al desespero, con lo que se podría concluir que de cierta manera se trató de un suicidio. Un poeta barato podría decir que 'en los bosques de nuestra mente siempre hay un LOCO que amenaza con matarnos'. El problema con este supuesto es que, aunque la categoría de ESPOSA le asigna cierto uso de razón, el desenlace nos lleva a suponer lo contrario, arrastrando en ello al ESPOSO y al AMANTE por negligencia. No obstante, esta complicación no tiene fundamento en nuestro problema, con lo que se ata por deliberación a la pareja ESPOSA-LOCO y asciende ligeramente en la psuedo escala de culpabilidad por la que pregunta el enunciado.

Para este momento ya habrá notado el lector que una pareja parece inexistente, o por lo menos inviable, BARQUERO-LOCO, asunto que requiere nuestra más afilada consideración. Hannah Arendt, cuando habla de la banalidad del mal en la acción de las cámaras de gaseo durante la segunda guerra mundial, nos recuerda como el sistema puede enmascarar y difuminar la culpa de actos horrorosos. Es a través de esta perspectiva que saltan a nuestra atención como la existencia de un LOCO asesino se de por descontada con tanta ligereza, mientras que el BARQUERO, en su comportamiento 'business as usual', se libra de todas las miradas mientras se limita a hacer su trabajo. La negligencia estructurada resulta entonces cercana al genocidio y a la peor de las racionalidades económicas, en un mundo donde no sólo los AMANTEs-ESPOSAs-ESPOSOs no pueden arreglar sus problemas entre ellos, sino que cualquiera que no posea dinero suficiente es condenado a desaparecer dentro de la tiranía sutil de la institución BARQUERO-LOCO que inunda el transfondo del problema.

Espero, de alguna manera, haber dejado clara mi opinión.


Que la pasen bueno adorando sus dioses.

Desde el reflejo,

panÓptiko

viernes, diciembre 14, 2007

Cójale el paso al Bundolo

En aquellos agresivos años de colegio, cuando yo era un enano montador y la gente hacía salvajadas sin sentido por doquier, una de las atracciones principales del salón en los momentos de ocio era el concurso "Cójale el paso al Bundolo". En él, ese gran amigo se paraba en frente de todos y hacía alguna maniobra de acuerdo a los canones de la naciente escena house-dance-techno-trance... poperosa, en general. Acto seguido alguien más venía y, a veces de adrede a veces en serio, intentaba imitar el paso propuesto sin mayor éxito. Tal era el talento de Bundolo.

Creo que nunca lo intenté. Además de la pena natural, en esos días era yo un rebelde underground y sólo hasta que la escena electrónica se decanto, dejando de ser una moda para abrir paso a la tendencia bien elaborada que es ahora, me decidí a bailar en serio. Hoy, las pocas veces que lo hago, recuerdo aquellas tardes de concurso y se me hace que mi estilo está fuertemente influenciado por lo que allí se hizo, se contorsionó y se sudó. Mas todo esto es inenarrable, imposible explicar aquella complejidad de movimientos coordinados y sincopados. Eso tiene el baile de misterioso, tan arte como cualquier otro.

Quedando en el aire la pregunta de si el paso por el otro lado del mundo a afectado el perfil de Terpsicore - por uno quiza más aguerrido - dos videos para que se arriesguen a imaginar uno de infinitos puntos intermedios.

UNO


DOS


Paso a paso,

panÓptiko

sábado, diciembre 08, 2007

Extravaganza (2)

La vaina con esa maldita página de videos es que es adictiva....

El siguiente, el clip más visto del día en Japón.



Como se podrán dar cuenta, tengo problemas para avanzar con mi tesis estos días.

Me voy, antes de que me pase como a ella,

panÓptiko

miércoles, diciembre 05, 2007

Extravaganza

Poco he hablado de los extremos culturales que se ven a menudo en Japón, ya sean dentro de su modernidad o su tradicionalidad (si es que acaso esto es discernible), y que son lo primero que choca al visitante aunque, como es mi caso, pueda que nunca dejen de hacerlo. Es el delicioso postre de cada día.

Hoy, dos videos en furor en Youtube: el primero un par de empleados de una de las cadenas de comida rápida más famosa, Yoshinoya, ante la tendencia actual de ofrecer "MEGA" platos, recrean como sería un TERA tazón de arroz con carne de cerdo - mi favorito. Mi mamá diría que con la comida no se juega, yo la secundaría, y parece que los japoneses piensan igual, porque hoy salió en el periódico y ya encontraron a los responsables. (Curioso que haya un mensaje en español en el video...). Luego intentan otro TERA plato, y cierran burlandose de un formato del trabajo - creo.



El segundo es el comercial de un sitio de ventas por internet, y lo que cantan las voces es lo que aquellas personas quieren negociar. Se podria decir que estan haciendo planes.



No se hagan ideas equivocadas se trata de autos.

Bueno, vuelvo a mi estudio.

Este post definitivamente fue EXTRA vagancia,

panÓptiko

Actualización

Acá el reporte del noticiero. Aunque no capto la totalidad de lo que dicen, aprovechemos para aprender que quiere decir TERA, en comparación a GIGA,MEGA y KILO. Una muestra de como se da una noticia:



También se le puede encontrar con la música de Pulp Fictiony la de alguna película épica:



Y acá un reportaje completo, con música dramática y todo, en el que se consulta la reacción de la gente - en lineas generales, lo que dice mi mamá - se hace una comparación con las hamburguesas que generaron todo el suceso, y se adjunta el dictamen de un especialista que explica porque hacer un combo TERA podría ser perjudicial para la salud.



Además, alguien ya hizo una canción jpop del asunto, con vocecita ultra aguda y personajes anime.

domingo, diciembre 02, 2007

Un pequeño paso para el hombre


En lo que podría considerarse uno de los más grandes avances socio-tecnológicos jamás acaecido en Colombia, ahora las monitas que vienen con la chocolatina Jet son autoadhesivas.

Despúes de más de cuarenta años de existencia, finalmente Jet despega.

Seguro también pega,

panÓptiko

jueves, noviembre 29, 2007

Cuestión sin sentido


Epítome de una época

Dicen que en cada hemisferio de la tierra el agua del inodoro gira en sentidos contrarios. Creo que sólo una vez he estado al sur del paralelo central, pero fue un viaje complicado debido a la inexperiencia: olvidamos con un primo poner un sello en el lado ecuatoriano de Rumichaca, así que nos tocó ir y volver, para terminar llegando al derruido terminal de transportes de Quito a las 9 de la noche, cuando ya la ciudad estaba muerta, y descubrimos que la dolarización habia hecho de ese país un sitio imposible para el bolsillo de un estudiante. En fin, el caso es que no me fije, tal vez ni siquiera entré al baño.

Lo que quería decir era que anoche estuve pensando sobre la canción del video y caí en cuenta que la única forma de dedicarla efectivamente es bailarla con el amigo en cuestión. Me atormentó entonces una pregunta primordial ¿en qué sentido giraríamos?

Este detalle sería de vital importancia en el momento de concretar la transacción. Me inclino por pensar que con cada contendor debe ser distinto. Es una conclusión a la que llegue después de imaginar la situación con mis conocidos.

Busqué el video tras respuestas pero sólo trajo más interrogantes - y otras cosas. Al parecer se trataba de lesbianas.

En fin, no he dormido bien.

Como dice la canción, será mejor decirle a su madre.

panÓptiko

P.S.: Sí, con usted también lo imaginé

lunes, noviembre 19, 2007

Los afanes de siempre

Los japoneses sí saben que es una feliz navidad

Anoche cayó una cantidad enorme de nieve y, tras regresar de hacer trabajo de campo para la tesis que tengo que entregar en mes y medio, volví a dormir entre pelos.

Lo anterior es un resumen completísimo y suscinto de las causas de mi ausencia por estos lares: estudio, frío, viajes y pelos.

Sin embargo, haré lo posible por escribir más seguido. Además, como el caraelibro parece estar cubriendo una una de las funciones que cumplia este espacio, esperen cambios para el próximo año. Un adelanto: voy a olvidar que mi mamá lee este blog.

En el lab-erinto,

panÓptiko

miércoles, octubre 24, 2007

Maxims Wan

Imagen de Buda sentado con las piernas cruzadas en postura de avasallar a Mara, estilo burmés (hoy Myanmar) encontrado en Mandalay (eso queda por Kennedy, creo)


Muchos, yo incluido, sentimos gran admiración por aquellas píldoras de conocimiento concentrado en unas cuantas pocas palabras maravillosamente ordenadas, que logran no obstante su sencillez darnos lecciones enormes, conmovernos y hasta cambiar el rumbo de nuestras vidas.

No teniendo suficiente con la luz irradiada por las máximas, hay unas contadas ocasiones en las que, gracias a esa engorrosa e imperfecta labor que es la traducción y los muchos sentidos de las lenguas, no sólo nos llevamos una reflexión de vida, sino que también un grato momento de esparcimiento.

Para todos ustedes, dos de estas gemas:

"Lo que más necesitamos es una persona que nos obligue a hacer lo que sabemos" Ralph Waldo Emerson

"Bienestar es un estado donde una persona quiere llegar a hacerse"
Amartya Sen


Haciendo lo que sabemos,

panÓptiko en Bienestar


martes, octubre 23, 2007

Nostalgia Fraterna

Momentos después de un exceso de fraternidad
Sky Train, Bangkok

Hace ya unas semanas en el Japan Times apareció un articulo relativo al foco de aventuras extra-matrimoniales en el que se han convertido los gimnasios en este país. El fenómeno es especialmente marcado en las horas de la tarde, cuando las labores del hogar o académicas más apremiantes han sido evacuadas - mientras las laborales siguen su curso natural - y se dispone de un tiempo para un sano esparcimiento*. Sin entrar en demasiados detalles, mi intención esta vez es resaltar la explicación que un experto consultado por el periódico dio a la situación y las consecuencias para mi existencia:

"Cuando la gente suda junta, se genera un sentido de comunidad o fraternidad. Existe también un fuerte estímulo visual, pues la gente tiende a vestir prendas vistosas y sugestivas (showy) mientras hace ejercicio,"... "Cualquier cosa puede pasar en un lugar asi."

Vinieron entonces a mí los más dulces recuerdos de aquellos atestados buses a las seis de la tarde bajando por la calle veintiseis avenida el Dorado, repletos de secretarias del centro o del CAN, aferradas ellas y yo a una varilla y una ilusión. No nos faltaron sudores, pues incluso humores más íntimos acompañaron nuestros encuentros, y menos los estimulos visuales tan dados a nuestros géneros, al claroscuro capitalino y a las tendencias de la moda ejecutiva - tanto de la secretaria como del bus. Lugares y ocasiones estas donde todo pudo haber pasado pero, por algún miserable capricho del destino, no nos enteramos a tiempo.

Considerando hacer mis pases con los gimnasios,

panÓptiko

* Nota al pie: como me gusta eso del esparcimiento, es tan elocuente, tan gráfico... que rico.

sábado, octubre 20, 2007

Encuentros cercanos de no cualquier tipo

Creo que sé lo que se imaginan

Una tarde, por cuestiones de trabajo, salí a tomarme un café con una secretaria de la facultad. Me comentó que una amiga trabajaba en un lugar muy agradable en el cuál podríamos conversar a gusto. No se dijo más y llegamos al sitio en cuestión de minutos. El café resultó ser un espacioso salón completamente blanco, amoblado con sillas y mesas desiguales, todas con un aire vetusto. La parte posterior del local daba a la orilla del río Hirose y como estábamos en pleno verano también había una sección de parasoles, la cual no visitamos por temor a los mosquitos. Pese a la cercanía, el murmullo del río era totalmente cubierto por alguna pieza desconocida de música clásica. En suma, el ambiente impecable, de una rigidez occidental trastornada por el verde exuberante en el exterior visible y los pocos japoneses - más las que los, por supuesto - que aquí y allá comían y charlaban, me dio la impresión de estar tan forzado que enseguida quedé tensionado, incómodo. Hay que sumarle a esto que mi compañía no ayudaba mucho en esto - una mujer delgada y alta, tal vez entrando en sus cuarentas, que se encarga de los asuntos académicos y administrativos de mi programa - por obvias razones.

Nos sentamos en una mesa central y miramos la carta. No se si han tenido la experiencia de visitar un lugar similar al que les describo - que los hay varios en Bogotá, por lo menos - pero ese capricho postmoderno de las sillas dispares es tan enervante en el momento de acomodarse, pues nunca se logra quedar a la par ni de la mesa ni del acompañante, obligándolo a uno a revolverse constantemente en su puesto para poder hablar y mirar el menú hasta que, del cansancio, no queda otra que resignarse al mobiliario que le tocó en suerte y a charlar y a comer como si fuese uno Cuasimodo.

La secretaria fue entonces por agua, pues dijo que como era amiga también de los dueños a ella no la trataban con todo el protocolo japonés y le tocaba atenderse sola. No entendí muy bien la cosa pero aproveché para intentar una vez más acomodarme en mi sitio. Entonces volvió con los dos vasos más la compañía de una señora ya casi en sus cincuentas, supongo yo, con toda la lozanía que caracteriza a las niponas, y unos ojos cafés brillantísimos, artificialmente fulgurantes, como si estuviesen a punto de desbordar en lágrimas de miel. Este tipo de lentes de contacto son comunes en Japón y no me hubieran generado mayor impacto si la señora esta no se me hubiera quedado mirando fijamente, sin pestañear, mientras repetía una y otra vez: "Precioso, precioso, precioso..."

Estoy seguro que para ambas era notoria la manera en que temblaba y apretaba el menú sobre la mesa. La señora le preguntó entonces a la secretaria de donde me había sacado, que hacía tiempo no veía una cara tan hermosa. Luego atinó a preguntar si yo hablaba japonés, con lo que pensé iba a moderar sus comentarios pero, que va, siguió repitiendo halagos mientras se presentaba y preguntaba detalles sobre mi vida. Cuando al fin pareció satisfecha de verme - o disuadida por mis tartamudeos - me preguntó que qué quería, y yo sólo pude decir que lo que ella me recomendase, a lo que señaló algo en las páginas humedecidas entre mis manos y se dio media vuelta. La secretaria tuvo que detenerla porque no le había tomado la orden y, cuando le pidió algo, la señora dijo que eso no, y mientras se iba agregó que mejor ella le traía otra cosa. Comentó Yoko, mi acompañante, que su amiga, dueña de este y otro café en la ciudad, era muy graciosa, a lo que yo hubiera podido añadir otra docena de adjetivos si mi japonés fuese más fluido y el pánico no me limitara a los monosílabos.

Al instante volvió la patrona de los ojos fulgurantes, no con los cafés y las colaciones que esperaba, sino con un hombre alto, robusto, de su edad tal vez, a quien presentó como su esposo para en seguida mencionar que alguna vez había estado en Chile, con lo que este alzó la mano y me saludo con un sonido gutural grave que parecía ser italiano. Yo, en mi silla incómoda, amenazado por los ojos miel, la secretaria, el esposo amistoso, atrapado por el blanco prístino del cuarto y el chillido de violines y de conversaciones casuales aquí y allá ocultando un río torrentoso rodeado de verde y de mosquitos, hice un esfuerzo sobrehumano para levantar también mi mano y mascullar una replica fonéticamente idéntica al rugido con que se ponía a prueba la calidad de mi anfitrión.

No hubiera soportado un sobresalto más. Apreté las piernas par no orinarme. A mis interlocutores se unieron dos adolescentes, hijos de la pareja, pero ya el circuito de emergencia de mi japonés se había saltado y asentía con cara de enajenado en medio de un viaje astral, lejos lejos, escondido en ese útero ideal que sólo recuerda el inconsciente, del cual a veces quisiéramos no haber salido nunca. Al parecer mi semblante por fin le comunicó al corrillo mi estado nervioso, que se apuró a despedirse y a volver a sus lugares en el local. Vinieron las cafés y evacuamos la conversación sobre el trabajo rápidamente. La secretaria añadió que señoras como esa abundaban en Tokyo y que si algún día en el futuro me mudaba a esa ciudad seguramente se me acercarían por la calle a ofrecerme dinero por acompañarlas. Añadió luego, bajando la voz y acercándose sobre la mesa como para decir un secreto, que incluso ella, la dueña del restaurante, ya había tenido un affair de estos, pero el esposo se había dado cuenta y tuvo que dejar de verlo. La secretaria volvió a su puesto y remató su confidencia, como si no hubiese sido ya suficiente, con una pregunta indiscreta: ¿sería yo capaz de estar con una señora de esas? Escuché sus palabras sintiendo como se me iba aflojando todo. Contesté que no sabía, que quien sabe, y me paré al baño. Oriné sentado para mayor tranquilidad, con los codos sobre las rodillas y las manos apretando mi rostro tenso. Me reconforté en la oscuridad calida y húmeda de mis palmas hasta soltar un fuerte suspiro e intentar con ello detener el temblor nervioso que me recorría todo el cuerpo, pero cuando logré reunir fuerzas para volver a mi puesto e intentar escapar como fuese posible, volteé la mirada y me encontré con el accesorio de la fotografía.

Entendí entonces que estaba atrapado y que mejor sería no salir nunca de ese baño.

Comiendo colaciones,

panÓptiko