domingo, febrero 08, 2026

Lecturas del 2025

 


¡Hola blog! Qué pena la demora. El 2025 fue un año inesperadamente movido en término de viajes, y hasta el último día del año estuve paseando, así que no tuve tiempo ni energía para hacer el resumen. 

El mejor libro del año fue, sin lugar a dudas, Kasha de Miyuki Miyako. El título traduce "Carro de fuego", pero no tiene mucho sentido ni conexión con el tema del libro, así que la traducción al español que existe se llama "La sombra del Kasha". Es una novela de suspenso sobre una mujer que desaparece misteriosamente cuando su prometido descubre que ella tiene un problema bancario. Un detective en convalescencia acepta ayudar en la búsqueda, que resulta ser más compleja de lo que aparenta. El libro combina múltiples líneas de la trama de manera muy hábil, sin perder de vista el trasfondo humano de los personajes, incluyendo al detective, quien cuida de su hijo después de que su esposa muriese en un accidente. El libro es una joya y es considerado una de las mejores novelas de misterio del siglo pasado en Japón (la semana pasada vi una nueva edición en la librería). Tiene, además, una descripción fenomenal de lo que debe ser una novela de misterio, que se aplica a lo largo de toda su extensión y aporta una dimensión adicional al disfrute. Súper recomendada. 

Tras la grata sorpresa de Kasha decidí explorar la lista en la que aparecía seleccionada. En ella aparece en primer lugar Daiyuukai (el gran secuestro) de Shin Tendo, así que la leí con grandes expectativas. Es, sin embargo, un libro muy distinto: una comedia en una zona rural de Japón, donde una familia adinerada sufre un secuestro muy particular. La lectura fue muy difícil porque los personajes hablan en el dialecto local, pero la historia es divertida y bien lograda. En inglés se llama "Rainbow Kids" y existe una película, por si les interesa. 

El tercero en la lista  es La montaña de Marks, escrita por Kaoru Takamura. Esta es la historia de unos asesinatos conectados entre sí con dos décadas de diferencia, en los que la trama sigue tanto al policía como al asesino y sus circunstancias. No está mal, pero la trama depende de un detalle muy reforzado que no me convenció y me dejó sin ganas de más. 

De misterio japonés leí también Los asesinatos de la casa decagonal de Yukito Ayatsuji. Estaba por ahí en la casa y la cogí. La trama se sucede en nuestra prefectura, así que fue simpática de leer, aunque el final es un poco reforzado. Me la llevé de viaje y la terminé por ahí y la regalé. Apenas para esto. 


De resto en japonés, leí Bondad y Arrogancia de Mytsuki Tsujimura, una autora que escribió el mejor libro que leí en 2023. Curiosamente, este libro tiene un ligero parecido con Kasha, en el sentido de que también trata de una novia desaparecida. La búsqueda del novio es un motivo para reflexionar sobre cómo nunca conocemos a los demás a fondo. Esta novela es, sin embargo, una historia de amor de gran éxito editorial (creo que también hay película), que estuvo entretenida, pero hasta ahí. También "leí" El Emisario de Yoko Tawada. El último libro de la autora salió reseñado en The Economist, como una muy celebrada autora japonesa residente en Alemania, quién escribe en ambos idiomas y juega con ellos. Pues esta novela corta surrealista es terriblemente complicada de leer para alguien no nativo como yo, y aunque creo que la entendí, no seguí con los demás cuentos en el libro. Alguien en Mastodón dijo que bien. Tal vez intente de nuevo luego. 


Este año intenté leer más en español, así que hubo un mejor equilibrio que en años pasados. Un factor importante es que aún tengo muchos libros sin leer de los que compré en 2023 y los tengo como una pila amenazante en mi escritorio. La devaluación del yen hace casi imposible pedir libros en español, pero con los viajes creo que por ahora no habrá problema. 

Fue muy bueno volver a leer a Sommerset Magham y sus cuentos coloniales. No sé por qué los encuentro tan atractivos, pero ahí sigo. Creo que ya voy acabando con los cuentos traducidos al español; tal vez intente una novela. 

Después de mi primer desencuentro con Stanislaw Lem, leí Solaris para ver si recuperaba el interés. La novela es mucho mejor que el libro anterior, pero aun así no me cautivó.  El tema espacial y la historia fueron interesantes, pero no mucho más allá. No sé por qué me parecieron aburridas las largas descripciones del planeta y de sus formaciones. Me pregunto si es una cuestión generacional. 

El hombre en el Castillo de Phillip K. Dick estuvo chévere y distinto. Fue una recomendación de un librero que no me dio ningún contexto, así que no sabía de qué se trataba. Imaginar cómo sería el mundo si el resultado de la Segunda Guerra Mundial hubiese sido otro fue divertido, y se agradece que la trama no intente dar una visión completa, sino que se concentre en un incidente particular. Interesante. Tal vez intente leer la novela del mismo autor que inspiró Blade Runner. 

Por último, leí Raíz que no desaparece de Alma Delia Murillo. Esta fue una compra impulsiva cuando me enteré de su temática. Durante los últimos dos años he estado trabajando intermitentemente en el tema de los desaparecidos, por lo que me interesaba conocer la visión mexicana. El libro no es decididamente ficcional, así que fue complicado para mí saber cómo conectarme con él. La realidad que describe es escalofriante, y resulta difícil hacer algo distinto de empatizar, pero el libro se aprovecha de la crudeza del tema para atraer, sin lograr nada trascendente. Seguiré rumiando. 

El 2026 será para seguir evitando que la pila se derrumbe por su peso—sobre todo porque sigo comprando libros usados en japonés impulsivamente. Esperemos seguir encontrando joyas aquí y allá. Abrazos. 

jueves, febrero 27, 2025

El placer de la lectura


Aida Makoto - I-DE-A (イデア) (Performance)

De unos años para acá, me decidí a leer literatura en japonés. No fue una decisión fácil porque la literatura es quizá el único rincón de mi vida que la había consagrado al español. Esto después de una etapa de leer regularmente literatura en inglés, un poco por la falta de acceso a libros en español en Japón, y otro poco por esa tendencia un poco arrogante de pordebajear las traducciones. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no podía compartir mis experiencias con los demás hispanohablantes y que, si no apoyaba el mercado de las traducciones, aún menos oportunidades tendría de hacerlo. 

Es así que el último libro de literatura que leí en inglés fue una colección de cuentos de Alice Munro en 2017, y eso porque me lo regaló un compañero de trabajo que se estaba deshaciendo de libros ya que debía mudarse. El último libro que compré en inglés fue otra colección de cuentos de Munro en 2015—caigo ahora en cuenta de que a Munro sólo la he leído en su idioma—y antes de eso el fabuloso The Last Samurai de Helen DeWitt. Es decir, más o menos ocho años sin leer literatura en inglés. No quiere decir esto que haya dejado de leer escritores que escriban en inglés, a veces se cuelan algunos, aunque sí reconozco que he hecho un esfuerzo por evitar autores gringos. 

El compromiso con el español empezó a cambiar con el terremoto de 2011. Este blog no registra ninguna lectura en japonés anterior a esa fecha, aunque seguro existió. Soy consciente de que el desastre me mostró, a la fuerza, lo apremiante que era poder leer fluidamente en japonés. Las noticias locales y leídas (no vistas) son la mejor fuente en medio de la incertidumbre.

En fin, empecé leyendo mangas en 2011, y en 2013 registro los primeros libros. En ese momento ya me proponía leer progresivamente más en japonés, consciente de que la cantidad de libros por año decrecería. Mal que bien no desistí en el plan—hay dos años en el que al parecer no leí nada en japonés—y aunque me quejo, sufro, y tal vez nunca deje de depender del diccionario, en el 2022 sólo uno de nueve libros leídos no estaba en japonés. ¡Once años para lograr esta transformación! En mi memoria no se siente tan trascendental, pero al recorrer el blog y escribir estas letras siento que me caen todos esos años de repente sobre los hombros y se me aguan los ojos. 

Reflexionando sobre este camino, creo que la parte crucial para lograr el cambio fue el empezar a disfrutar la lectura. En últimas, lo importante no es tanto el medio, sino la experiencia. Pero sin tener un dominio suficiente del medio, la experiencia se ve gravemente afectada. Es el penoso camino que todos recorremos al aprender cualquier lengua, incluso la materna. 

Lo peculiar de leer en japonés es que el ideograma, una vez comprendido, es más poderoso que la palabra en transmitir la experiencia. El ideograma en la memoria es más cercano al rostro de las personas que a su nombre deletreado. Al leer una novela negra en japonés, la historia salta de las páginas con cada ideograma bien puesto, algo así como un comic súper denso. 

Esta sensación me recordó el video-performance "Idea" de Aida Makoto—el más poderoso y subversivo artista japonés contemporáneo que conozco. En el video, grabado en un museo en Nueva York, Aida pega en el muro los ideogramas de "bella joven mujer" e intenta masturbarse con la idea que estos le transmiten. El video tarda como una hora, pues Aida no lograba su cometido, pero el planteamiento es el mismo. Estoy convencido de que si hubiera escrito la palabra (o las sílabas japonesas), el performance no hubiese sido posible.***

Todo esto viene a que este año empecé leyendo una novela en español, Baudolino de Umberto Eco, muy buena, erudita y brillante, pero que me tocó arrastrar varias veces. Aunque la disfruté, quedé un poco preocupado por no poder conectarme totalmente con un libro que imaginaba iba a complacerme al pleno. Luego, cuando he seguido con una novela en japonés, Arrogancia y Bondad de Tsujimura Mizuki, he quedado atrapado y no puedo soltarla. Los libros no pueden ser más diferentes: una historia de caballería en la Edad Media europea contra las reflexiones sobre la dificultad de conseguir pareja en el Japón contemporáneo. Vistos desde afuera, Eco tiene todas las de ganar. Pero no. Pierde. Y no encuentro otra explicación que el sortilegio de los ideogramas y su comunicación primitiva y entrañable. Como soñar despierto. 

Ahora que lo pienso, esta sensación tal vez sea difícil de transmitir, pero no está de más intentar. De eso se trata escribir. 





*** Recordé que un artículo sobre uno de mis filósofos favoritos, Derek Parfit, comentaba sobre su capacidad de exaltarse con conceptos abstractos. Claro que él vivió parte de su vida en China... ¿Tendrá que ver con ello?

martes, diciembre 31, 2024

Lecturas del 2024

 Hola blog. ¿O debería llamarte sitio web para las lecturas del año? 

Al fin un año de relativa tranquilidad. A pesar de las constantes malas noticias desde Ucrania y Palestina, la pandemia desapareción casi del todo y, aunque hubo varios viajes, casi todos fueron relativamente cortos. El trabajo estuvo particularmente estresante: por primera vez en mi vida profesional, me salí de casillas en una reunión. Pero, como siempre, las lecturas estuvieron ahí para darme sosiego. 

Visto en perspectiva, el año de lecturas estubo regular. Muchos libros largos, no todos justificados en su extensión. El más largo de todos, Los Libros de Jacob de Olga Tocarkzuk, tocó arrastrarlo hasta el final a las malas y en esas se comió casi medio año. La supuesta obra maestra de la Nobel de literatura de 2018, es la historia de un pastor que fundó y mantuvo una secta herética en el este de Europa en el siglo XVIII. Basada en la vida real, son más de mil páginas de intrigas y desvaríos religiosos, incluyendo orgías y otras prácticas esenciales para una sana vida espiritual. En algún episodio de "Tercera Vuelta", Alejandro Gaviria advirtió que el libro no estaba bueno, pero no soy de los que dejan los libros de ficción sin terminar. Un detalle que lo salva: los números de páginas van en cuenta regresiva. Eso amerita el Nobel.

El mejor libro del año fue, sin lugar a dudas, El verano que no florecieron los girasoles de Shusuke Michio. Es una historia de suspenso sobre el supuesto suicidio de un niño de primaria accidentalmente encontrado por un compañero de clase. La inmediata reencarnación del niño en una araña que se comunica con su compañero para vengar su muerte resulta en una aventura llena de peligros mientras exploran el lado oscuro de los posibles asesinos y el ambiente complicado de los hogares de los niños. Una historia súper loca pero atrapante con un desenlace sorpresivo. Una lástima que no haya traducción al español. Ojalá pronto. 

En segundo lugar vale la pena mencionar Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez. Ya había leído con mucho placer sus cuentos y quería más, pero me topé con la novela en alguna librería y la compré. Desde que tengo memoria, me han gustado las historias de terror, pero siento que funcionan mejor como cuentos que como novelas, pues es difícil mantener la tensión por largo tiempo. Fue una gran sorpresa que Mariana lo logre. La historia va de la traumática relación entre un padre y su hijo intentando escapar de una secta diabólica para la cual el padre trabaja como médium, un poder que se supone hereditario. La novela cubre diferentes momentos de la secta y sus personajes por treinta años, durante los cuales la relación con el poder oscuro y sus vidas va evolucionando a la par del contexto histórico. La autora se vale de la trágica historia de las desapariciones forzadas durante la dictadura argentina para acompasar la novela en la realidad. Incluye también mención de Omaira y la tragedia de Armero, lo cual me llegó al alma. Este recurso de dar explicaciones fantásticas a la tragedia real me pareció riesgoso pero prometedor. Recomendado. 

El año empezó con Antes de que se enfríe el café de Toshikazu Kawaguchi. Son cuatro historias sobre un café particular en la que los clientes tienen una única oportunidad de viajar en el tiempo por el tiempo que el tinto siga caliente. Las historias son entretenidas y la formula fue tan exitosa que el autor escribió varias secuelas. Veo que existen traducciones al español. Bueno para pasar el rato. 

Leí los dos tomos de Kokun de Naoho Uehashi. Es una historia de fantasía de un mundo en el que sacerdotizas con un poder extraordinario del olfato están en el corazón de su estructura política. El imperio gobierna las diferentes regiones a través de la agricultura: las sacerdotizas han logrado desarrollar una variedad de arroz prolífico con el que se alimenta toda la población, cuyas semillas solo ellas saben como producir. El cultivo del arroz requiere unos cuidados especiales las cuales, si no son mantenidos, resultan en la apareción de plagas que pueden esparcirse por todo el imperio. El libro trata de una emergencia por una nueva plaga y la lucha contra ella a pesar de las intrigas políticas. ¿Complicado? ¿Un poco reforzado? Tal vez. Pero no está mal. 

Dos libros de cuentos: Pájaros en la boca y otros cuentos de Samanta Schweblin y Volver a comer del árbol de la ciencia de Juan Cárdenas. El primero vino muy recomendado, ofreciendo algo similar a lo Mariana Enriquez. Los cuentos no están mal, pero me quedo con Mariana. El otro llegó por una lista publicada hace un par de años sobre literaturea latinoamericana. Más bien regular, con algunas chispas, pero nada muy relevante. Creo que con este libro dejo de creer en las listas preparadas por literatos que no conozco. 

H. me recomendó que leyera Hoy es un gran día de Maha Harada. Es la historia de una nasciente escritora de discursos y las particularidades de su oficio. Me gusta sacarle tiempo a leer lo que la gente que me rodea considera meritorio, así me tenga sin cuidado. Estas lecturas tienen una función social de conocer mejor a los demás, y aflojar un poco el ego. El libro algo enseña, aunque todo muy predecible. 

De una manera similar llegó El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura. Claro que, en este caso, no recuerdo quien o cuando fue que me lo recomendaron. Esta es una historia novelada del exilio del Trosky, de su asesino español, y de un escritor cubano que tropezó con esta historia y la escribió hasta dónde la decrepitud de su país lo dejó. El libro llevaba varios años en la biblioteca y, falto de espacio y sin ningún viaje largo en el horizonte, lo cogí casi al azar. El libro es más que nada una denuncia del régimen soviético y de la miseria cubana, dos cosas sobre las cuales no tengo interés. El libro también cubre algo de la guerra civil española, de la que no se nada, y sobre lo que el libro fue informativo. Cuándo lo compré no era consiente de que iba, o no lo habría comprado. Lo leí de afán, pero está bien escrito, sin abusar del lirismo, lo que ayuda. El cierre de la historia está chévere y seguro que en algún otra momento de mi vida hubiera sido mejor valorado. 

En otros temas, los juegos de mesa se han ido recuperando de a poco con compañeros de trabajo. Este año jugué la segunda parte de Zelda pero me aburrí antes de acabarlo. El mejor anime del año fue el del invierno, Frieren y Los diarios de la boticaria. Dandadan también estuvo eróticamente bien. 

Hay una pila grande de libros en español esperando el 2025. La de japonés no es tan grande pero creo que voy a seguir intentando leer uno y uno. La lista de libros que quiero comprar en Amazon ha crecido sustancialmente porque me he vuelto más juicioso en anotar lo que las personas recomendan. Sin embargo, la caida del yen han hecho de comprar libros físicos un lujo casi prohibitivo. Se prevé el regreso del Kindle y la levedad de la lectura digital. 

¡Los mejores deseos para el nuevo año!

domingo, diciembre 31, 2023

Lecturas del 2023 (primer intento)

 Hola, blog. ¡Tanto tiempo! Otro año de lecturas para compartir. En esta ocasión, sin embargo, debo advertir que no estoy tan seguro de que esté reseñando todo lo que leí en el año, por varias razones. Este año pasamos casi seis meses fuera de casa, así que dejamos libros terminados por el camino, de los cuales puede que no haya dejado registro. Nos mudamos el año antepasado y antes de salir de viaje no estaba todo ordenado, así que el espacio para guardar los libros del año todavía no estaba bien definido. Es decir que, como el año pasado, puede que luego me encuentre por ahí libros que leí y olvidé. También, como tal vez sepan, ya no guardo sino que regalo los libros leídos, aunque intento no hacerlo hasta no haberlos registrado acá. Pero como el lugar de los libros del año no estaba definido, puede que haya regalado alguno de los del 2023.

En fin, la vejez. 

El mejor libro del año fue uno del que puedo decir poco: El Castillo Solitario en el Espejo de Mizuki Tsujimura. Se supone que es una novela ligera de fantasía para adolescentes sobre jovenes que no pueden ir al colegio, quienes son reunidos en un enigmático castillo que está del otro lado de un espejo. El castillo les pone un acertijo para concederle a alguien un deseo, pero solo tienen un año para descifrarlo. Después de posicionar la historia, el libro se pone un poco tedioso pues no pasa mucho, pero cuando se acerca al final, empiezan a desenredarse los nudos de una forma maravillosa. El libro termina con uno de los giros más geniales que he leído en mucho tiempo, pero el cual no puedo comentar sin tirarme la historia. Hicieron una serie animada de Netflix del libro, pero la verdad dudo que logre el climax que consigue el libro. Este libro fue una recomendación @kaya5678, una amiga de los juegos de mesa. Muy agradecido. 

Muy cercano a mejor del año fue Out de Natsuo Kirino. Esta es una novel gore y decadente sobre cuatro mujeres de los bajos estratos de la sociedad japonesa que trabajan en una fábrica de almuerzos por las noches. Una serie de sucesos infortunados termina enredándolas en un crimen que las va consumiendo hasta sus inevitables consecuencias. Este es un libro difícil de clasificar. Tiene sus tonos de novela negra pero no lo es. También es crítica social, pero no es su corazón. Tal vez thriller psicológico sea lo que se acerque más. En todo caso es super apasionante y casi que no la puedo soltar. Hubo hace años una traducción al español, pero no se si se consigue.


Por supuesto, Guerra y Paz de Tolstoi no requiere presentación. Se entiende porqué es considerada una obra maestra. Es raro que un libro de hace 200 años se sienta tan actual y fascinante — lo cuál no me pasó con, por ejemplo, Moby Dick. Es la historia de la campaña de Napoleón contra Rusia vista desde diversos ángulos de la sociedad rusa: desde los salones de Moscú y San Petersburgo, hasta los campos de batalla. El libro explora a profundidad las complejidades de la vida de múltiples personajes, y reflexiona sobre las dificultades de la historiografía. Una joya. Muy entendible que haya sido un libro predilecto durante la pandemia. 

Quiero también mencionar la colección de cuentos de Sayaka Murata "Ceremonia de la Vida". El holo conductor es la comida como parte de la vida. Los dos primeros cuentos del libro son delirantes, pero después va decayendo. Si les pasa por las manos, pueden echarle un ojo. 

Ahora, el año empezó terminando a las malas La Novela Luminosa de Mario Levrero. El libro se divide en dos: primero es el diario del autor, quien recibió una prestigiosa beca para dedicarse a escribir una novela, la cual nunca termina pero incluye como borrador en la segunda parte del libro. Levrero es chistosito, así que no es aburrido leerlo, pero el libro no va para ningún lado.

Este año leí mi primer libro de Lem: Ciberiada. Es una colección de cuentos sobre dos súper científicos y sus aventuras. Lem venía muy recomendado por lo que tenía muchas expectativas, lo que no ayudó mucho. Los cuentos no están mal, son divertidos e ingeniosos, pero el uso indiscriminado de argot científico cansa, y el ambiente general de los libros no me atrapó. Compré otros dos libros de Lem, a ver si me va mejor. 

Después de darle muchas largas —¡más de una década! — leí Autogol de Ricardo Silva, un amigo de la casa. La verdad me costó empezar muchas veces porque... porque yo no sé porqué uno querría leer sobre ese episodio tan triste de la historia colombiana. Fue una conversación con Ricardo este año: yo siento que los autores colombianos, y algunos latinoamericanos, están atrapados en estas historias de miseria y violencia, a las que uno no quiere dedicar sus ratos de ocio. Por supuesto, el libro está bien escrito, aunque el móvil de la historia es un poco reforzado. La segunda mitad, una vez se ha asimilado el tema, es más entretenida. Al final, el personaje principal tiene una discusión sobre el título del libro que queda en el aire sin resolver y me pareció de una elegancia soberbia. En últimas, que bueno que me anime. 

Me antojé en la librería de una colección de cuentos de autores reconocidos japoneses. Tuvo sus buenos momentos, pero nada para resaltar. Leer colecciones de cuentos en japonés es un poco difícil porque cada nuevo autor trae sus propias mañas lingüísticas y cuando me voy acostumbrando a ellas, cambia el autor. 



Viajando por Colombia leía "Canción de antiguos amantes" de Laura Restrepo. Revisando pasados años, recordé que había mejorado my concepto de Restrepo. Sin embargo, este libro lo cogí porque el tema es cercano a mi tema de trabajo — la ayuda humanitaria — así que me interesaba saber si aportaba una mirada diferente. Y, pues no. A pesar de intentarlo, la historia de Yemen, Somalia y Etiopía queda atrapada en lo que occidente quiere decir de ella. Lástima. 

No estuvo mal el 2023, aunque muy agitado. Leí menos mangas, y me fui aburriendo de los que seguía—te hablo a ti, Chainsaw Man. En Colombia saqué el tiempo para jugar y terminar Ghost of Tsushima, y para ver The Wire. Me aguanté las ganas y no he cogido Zelda, pero ya casi. Vi bastante anime y ha estado muy divertido. 

En el 2024 seguiré mezclando lecturas en español y japonés. Estoy por acabar un libro, pero ya no alcanzo este año. En Colombia compré un montón de cosas, así que las iré cogiendo según el estado de ánimo. Tal vez empezaré con Los Libros de Jacob, un regalo muy apreciado. 

Les deseo todo lo mejor para el nuevo año. 

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P.D., En algún momento leí "Planos Paralelos" de Úrsula K. Le Guin y recuerdo que me gustó. Sin embargo, vine al blog a buscar registro y no lo encontré, así que pongo este comentario aquí para dejar constancia. 

La vejez. 

Cambio De Planes / Changing Planes (Biblioteca De Autor): Amazon.co.uk: Le  Guin, Ursula K.: 9788445075487: Books

jueves, diciembre 28, 2023

P.D., 2022

 


Parece que el año pasado también leí El señor de las Moscas, un clásico que tenía pendiente. Trata de unos niños que resultan atrapados en una isla deshabitada y tienen que organizarse para sobrevivir. El libro relata de manera cruda pero convincente como los niños empiezan cooperando, para luego devenir en división y conflictos hasta sus últimas consecuencias. Bien merecido 

domingo, enero 01, 2023

Lecturas del 2022

 


Señoras y señores, buenas noches. Otro año que se va, aún un poco enredado con “la nueva normalidad” que no deja de extrañar. Solo hasta octubre dejó Japón las restricciones de frontera, que hacían difícil planear viajes. La situación de nuestro hogar se ha ido normalizando poco a poco y ya empezamos a hacer planes a largo plazo de nuevo. Por otro lado, la situación en Ucrania no deja de ser una fuente constante de desasosiego e impotencia, con importantes consecuencias para el futuro.

Como pueden apreciar, fue un año inusual para las lecturas. ¡Solo un libro en español! ¿Un cambio estructural? No lo sé, no lo creo, pero quién sabe. Por lo pronto, el reporte. 

Varios factores contribuyeron a este resultado. Primero, el libro en español que había elegido para empezar el año, no me cogió pero tampoco estaba tan malo cómo para dejarlo. Por los huecos se fueron colando las otras lecturas, que por ser en japonés no parecían ser amenazadoras, pero que en últimas se apropiaron del espectro. Aún me propongo terminar dicho libro, así que no revelo su identidad por ahora.

Otro factor fue la no ficción. Para ser más específicos, las más de mil páginas de la historia de la Ilustración, que disfruté durante casi todo el primer semestre. El libro, escrito por Ritchie Robertson, va muy recomendado. 

El último factor es la combinación de placer y dolor que me produce leer en japonés. Como creo haber descrito antes, no deja de fascinarme el sentarme ante un texto escrito en ideogramas y poder entenderlo. Imagino que lo mismo sentimos todos al empezar a leer cuando niños, pero pronto se vuelve un suceso corriente. Para mí, no ha dejado de serlo. Sin embargo, aún estoy lejos de poder leer con la fluidez con puedo hacerlo en español o en inglés, así que es un proceso aún lento que no me permite leer más. 

En fin, el mejor libro del año fue el último que leí: Eugenia de Riku Onda. Cuenta la historia de un crimen atroz sucedido varias décadas atrás, que alguien está intentando investigar entrevistando de nuevo a los involucrados. La historia en sí tiene sus debilidades, pero la manera en que la historia toma forma a través de las historias vistas desde diferentes puntos de vista está muy bien lograda. El libro gira alrededor de la ominosa presencia de una niña ciega, que crea una tensión constante a lo largo del libro y llega, en mi opinión, a un desenlace satisfactorio. Lamentablemente, el libro no parece haber sido traducido al español, pero hay ediciones en inglés y francés. 

Este libro, cómo casi todos los demás, lo encontré buscando las novedades traducidas recientemente al inglés. Esto porque los libros que recomienda H—quien desde el año pasado lee a un ritmo desaforado—nunca terminan por gustarme mucho. Ese fue el caso de Kuchu buranko, traducido Trapecistas Voladores, de Hideo Okuda. El libro es un conjunto de historias de un particular médico psiquiatra y sus métodos poco convencionales. Entretenido.

De Yoko Ogawa había leído el libro sobre matemáticas que encontré traducido en una librería de la UNAM. No me gustó mucho, pero como parece ser bien conocida, decidí intentar algo diferente. Empecé con un libro de cuentos ligeramente entrelazados con un título que traduce “Cadaver taciturno, funeral obsceno”. Estuvo chévere, así que seguí con la novela “La Policía de la Memoria”, que también estuvo buena. Esta última, la historia distópica de una isla dónde la policía puede eliminar los recuerdos, fue publicada en español el año pasado.

Heaven de Mieko Kawakami fue nominada al premio Bookers del año pasado. Es la cruda historia de bulling en el colegio. Fue un poco demasiado explícita en un tema en el que no lo soporto—i.e., niños—pero no estuvo mal. El final no me convenció. Leí otra novela corta de ella, “Pechos y huevo”, pero no me gustó.

El Ladrón de Fuminori Nakamura estuvo entretenido. Sin ser muy pretencioso, ofrece una fantástica historia de raterismo en Japón—es decir, ficción verdaderamente ficticia—parcialmente inspirada en el arte del raponeo inglés. Simpático, aunque no me gustó que el final del libro parece estar conectado con otro libro que no me nace leer. Leí, en todo caso, otra novela de él, “Mi aniquilación”, sobre un extraño crimen relacionado con un cambio de identidad. Empieza bien pero se torna insoportablemente inverosímil hacia la mitad. Quizá por eso fue que disfruté tanto Eugenia, que corría el mismo riesgo pero sale bien librada.

Este año de lecturas en japonés me devolvió a mi juicio exigente para con la literatura contemporánea—algo que había pensado re-evaluar el año pasado viendo a H leer y leer sin quejarse. Ni modo, en la medida de que me mejoro mi habilidad con el lenguaje, me vuelvo menos tolerante. Intentaré no exagerar.

El único libro que leí completo en español fue Arsenio Lupán y la aguja hueca. Fue una lectura rápida y entretenida. Lo cogí porque el hijo sacó de la biblioteca un libro sobre obras recomendadas de la literatura universal—o sea, Europa y Estados Unidos—y este título y Dr. Jekyll y Mr. Hyde le llamaron la atención. No sé porqué nunca antes había leído Lupan, si leí todo Holmes y algo de Poirot. Tal vez con ellos quemé esa etapa de la vida. Curioso que el protagonista sea el criminal, lo que pareciera mostrar los extremos de la rivalidad entre ingleses y franceses en ese momento de la historia. 

Traté de explicarle al hijo que aquella literatura de universal no tiene nada. Ojalá ya hayan dejado de usar ese mote engañoso.

¿Qué pasará en el 2023? En el horizonte hay un viaje que puede cambiar los planes de lectura. Tengo ganas de leer Guerra y Paz, pero aún no me decido. Ya hay un par de libros japoneses en la pila, con otro montón de cosas en español que no he leído. Sigo leyendo manga, viendo anime, y jugando juegos de mesa, que sustraen tiempo de lectura. Este año también vi una que otra serie de tv, ahora que tenemos acceso a los servicios de streamming. Quizá la amenaza más grande en el horizonte es la inminente llegada de la segunda parte de Zelda, el cual hace unos años se llevó más de cien horas de lectura—o proporcionó senda horas de placer. Este año también jugué hasta la saciedad Hades, el extraño caso de un juego de video que ganó un premio literario. La segunda parte también fue anunciada.

En todo caso, ojalá estos problemas del primer mundo sigan siendo lo más angustiante del año para todos, y que la vida siga llena de bonitas sorpresas.

Feliz 2023. Besos y abrazos.


domingo, septiembre 04, 2022

Lenguaje extraterrestre

Hace unos meses se comentó en “las redes” un video en el que una mujer afirmaba poder comunicarse con alienígenas.  Luego de aducir no se qué razones para explicar su don, la susodicha se largaba a “hablar” en una retahíla incomprensible. El video es alucinante, sin duda, y no solo por la ridiculez. Por un lado, nos recuerda lo frágil del conocimiento, pues por más que uno intente, es imposible desmentirla del todo. Incluso habrá quien le crea. 

El fenómeno no es un asunto nuevo. Precisamente leí en la recientemente publicada historia de la Ilustración escrita por Ritchie Robertson sobre un caso similar a comienzos del siglo dieciocho. Un tal George Psalmanazar, al parecer el pseudónimo de un francés, publicó un libro titulado La Historia de Formosa (antiguo nombre de Taiwán), en el que se hacía pasar por oriental e incluso hablaba un lenguaje inventado de la isla. Robertson asocia el fenómeno a una gran demanda por historias de viajes en Europa occidental por aquellos días. Trescientos años después, con pleno conocimiento de casi todos los rincones de la tierra, es posible que solo otros planetas nos ayuden a calmar esta curiosidad innata, llevando a algunos al delirio del video.

Hay aún otra dimensión en la que el video es menos extraordinario de lo que parece. Almorzando con una estudiante de Bangladesh, esta se quejó de que en la escuela les enseñan a leer el alfabeto árabe pero no el idioma per se. El objetivo es que puedan recitar el Corán, parte fundamental de su cultura musulmana, que al parecer no hace falta entender.  Con esto, cualquiera con talento puede ser capaz de cantar las oraciones tan bellas con las que las mezquitas llaman cinco veces al día. Tal vez fuese similar cuando las misas eran en latín, aunque el hecho de no entender parece una desventaja no despreciable. 

La historia de Bangladesh me recordó que un ejemplo similar está más cerca del corazón. Y es que aún batallo una hora al día tratando de enseñarles algo de español a los hijos. Ellos también son capaces de recitar cualquier libro pues aprenderse las letras y sus sonidos es relativamente sencillo. Sin embargo, entender y usar el idioma es una historia completamente distinta. A pesar del sudor y las lágrimas de todos estos años, es un poco desalentador lo poco que se avanza si todo al rededor está en otro idioma.

Algo interesante, y a la vez paradójico, es que el hijo mayor ha empezado a avanzar un poco más ahora que entiende que es un verbo, que es el sujeto y predicado de una oración. Parece que con estas nociones básicas es un poco más fácil cambiar el chip a otro idioma. Pero es paradójico, porque es este aprender a través de la lógica lo que nos separa de los hablantes nativos y de su uso instintivo de la lengua.  

Así que, quizá los hijos no llegarán a ser hablantes nativos del español, aunque aún guardo la esperanza de que lleguen a dominar este idioma que aún les parece medio extraterrestre. Y si en algo se parece su experiencia a la de la señora del video, entonces su logro es más bien modesto y lo realmente importante sigue bastante lejos. 

viernes, diciembre 31, 2021

Lecturas del 2021

 


Según el Shintoismo, todas las personas son particularmente susceptibles a la mala suerte a ciertas edades. Los años son distintos para hombres y mujeres durante la adultez, pero son los mismos en la niñez y la vejez. Aunque la selección no deja de ser arbitraria, los años de posible mala suerte coinciden con tiempos de cambio, como la adolescencia o el alumbramiento. Así que, más que una estrategia para vender amuletos, la tradición es un sano recorderis sobre las multiples formas de la fragilidad de la existencia.

Los años peligrosos suelen venir de a tres: el principal, el de antes y el de después. El 2020 fue el preludio, así que este era el año principal de mi mala suerte. ¡Y qué año tan complicado que fue! Como si la pandemia no hubiese complicado la vida lo suficiente, H requirió una cirugía mayor. El prospecto de una despedida prematura y todas las implicaciones de la operación trastocaron nuestras rutinas y nos transformaron para siempre. Aunque cerramos el año hasta cierto punto recuperados, seguiremos en suspenso por varios años. 

En cuanto a las lecturas, el año empezó bien. Acorde a lo planeado, comencé leyendo Exhalación de Ted Chiang. El primer cuento de la selección es maravilloso: una historia de viaje en el tiempo recreada en el contexto de las mil y una noches. La combinación está tan bien lograda, que me recordó lo mucho que me gustaban esas historias de Medio Oriente, de las cuales siempre había querido leer una traducción completa del original. Aproveché la emoción para comprar una edición reciente de cuatro tomos que ganó un premio de traducción y espero leerla en los próximos años. Los otros cuentos no estuvieron mal, pero creo que la primera colección es mucho mejor. 

El mejor libro del año fue Desierto sonoro de Valeria Luiselli. Cuenta la historia de varias separaciones, incluyendo las penurias de los migrantes centroamericanos intentando entrar a los Estados Unidos. La historia tiene un quiebre espeluznante en el medio muy bien logrado, que me atrapó y me llevó arrastrado hasta el climax. Me recordó un poco Leyenda de un Suicidio, de David Vann. Tiene una parte experimental que al comienzo me pareció superflua, pero al final me gustó. Súper recomendado. 

Luego se colaron dos libros que estuvieron más o menos. Primero Dos años, ocho meses y ventiocho noches de Salman Rushide. Este es un regalo que había recibido muchos años atrás y que resultó hacer referencia a las mil y una noches. La historia es la confrontación de unos genios (los de las lámparas) por dominar el mundo. Entretenido. La coincidencia inesperada con Ted Chiang fue un aliciente más para leerlo. 

Después vino Razones para desconfiar de los vecinos de Luis Noriega. Esta fue una compra al azar de mi última visita a Bogotá en el 2018. Nada que resaltar. Sin embargo, quiero apuntar que H me ha hecho  sentir que soy demasiado exigente con mis lecturas colombianas. Debido a la operación, ella ha vuelto a dedicar bastante tiempo a la lectura, casi exclusivamente a literatura japonesa contemporánea. Mucho de lo que lee parece no haber sido nunca traducido, y dudo mucho de su calidad, pero ahí igual se entretiene y no se queja. Creo que debería leer la literatura colombiana con ojos similares. 

Cuando las malas noticias golpearon la puerta, resultó que las lecturas no fueron de suficiente consuelo. Dure varios meses atascado con Moby Dick. En su lugar, aproveché para ponerme al día en anime (animación japonesa). Fue una gran sorpresa descubrir que no había visto prácticamente ninguna de las mejores series de los últimos veinte años. Es decir, desde que vine a Japón. Como a los lectores esto tal vez no les interese mucho, dejo la lista de lo que he visto para un anexo, pero les digo que hay cosas muy buenas, que aún no me aburro, y que no me llama la atención ver las series de Netflix o HBO que todo el mundo comenta. 

Terminé Moby Dick un poco a la fuerza, pero fue una buena experiencia. Me recordó una película de Quentin Tarantino: un largo y algo monótono nudo con un violento desenlace. Leyendo a Meville sentí como ha cambiado la literatura con los años. Bueno eso de leer clásicos. 

El libro de cuentos de Somerset Maugham fue un extraordinario descubrimiento. Parece que Maugham fue muy famoso en su tiempo pero nunca lo había oído nombrar, hasta que un compañero de Nueva Zelanda me lo recomendó. Maughman se oponía al canon chejoviano, escribiendo sin adornos y directo, sin suspensos innecesarios. El resultado es fresco, diferente a lo que se escribe hoy en día. Refleja además la cultura colonial del imperio británico en Malasia y el Pacífico, lo que hoy en día es un poco chocante pero importante no olvidar. Lo disfruté mucho e intentaré leer algo más en el futuro próximo. 

Cerré el año con unos cuentos de ciencia ficción de Karen Russell. Estos fueron una recomendación en Twitter, ya no recuerdo de quién. Estuvieron bien pero no los pude disfrutar del todo, no se muy bien porqué. Tal vez sea porque el contexto estadounidense me interese más bien poco. Pero, ojeando de nuevo los cuentos, la colección no está mal. 

No recuerdo bien que leí en japonés, pero revisando las reseñas del año pasado, creo que se ma han pasado un par de títulos por nombrar: una novela con trasfondo matemático, la ecuación que amo el doctor de Yoko Kogawa, y una adaptación de Macbeth al beisbol, Un rey de Kotaro Isaka. Ninguno de los dos nada muy especial. 



Por último, este año leí mucho más manga de lo esperado. El éxito de Demon Slayer se le contagió a los hijos, quienes compraron los primeros volúmenes y ahí me les fui pegando hasta que acabamos los 23 tomos. Estuvo entretenido eso de leer entre todos y comentar lo que iba pasando. Dado el tiempo que toma leer un libro, no veo probable que pase algo semejante con ellos, así que ya me veo en el futuro próximo intentando con otros títulos. Sin embargo, la segunda serie que leí, For your eternity, no les gustó tanto, así que la formula no parece infalible. Ambas series estuvieron muy entretenidas. Vale la pena seguir intentando. 


El próximo año es el último de la mala suerte. Ojalá que así sea. Quién sabe que leeré, pero todo será una celebración de la existencia, de gratitud por seguir sanos y de compartir con la familia tanto como sea posible. 

Un abrazo y los mejores deseos para el 2022. 

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Anime del 2021:

+ Code Geass: Entretenido, con un buen final. 

+ Steins Gate: Una interesante variación del viaje en el tiempo. Muy bueno.

+ Haikyuu: Historia de volleybol. Como supercampeones pero sin fantasía. Más o menos entretenida (sacrilegio).

+ Madoka Magika: Lo máximo. Todo el mundo debería verla.

+ Stand alone complex: No tenía ni idea de que había una serie de Ghost in the Shell, con música de la misma de Cowboy Bebop. Nada más que decir. 

+ Monogatari series: Indescriptible. Un placer culposo. Hay partes aburridas, pero las partes buenas son muy buenas. Las repetiré. 

+ Fate: Una serie de magia entretenida. El japonés en Zero es un poco complicado, pero igual creo que entendí la historia. 

+Sword Art Online: Una mezcla de juegos de video y el mundo real. El primer capítulo es impecable: una muestra de cómo se puede sentar las bases para una historia de ciencia ficción sin que sobre o falte nada. Muestra además la relación romántica de los protagonistas de una forma muy real, que nunca había visto en otro anime, que recuerde. Sin embargo, la serie se va poniendo pesada y va perdiendo el lustre, sobre todo en la tercera temporada. 

+ Made in Abyss: Una niña y un robot van explorando un hoyo gigante lleno de secretos. Este año que viene continúa. Muy bueno.

+The melancholy of Susumiya Haruhi: una niña con poderes especiales amenaza con destruir el mundo, y sus invenciones tratan de detenerla. Entretenida. 

+ Clannad: El novelon. La segunda temporada es una cosa muy atípica a lo que suele pasar en las series románticas. Impactante. 

+ Romeo's Blue Skies: Una serie de 1995 basada en una novela suiza sobre niños obligados a limpiar chimeneas. Extraño como era de normal mostrar violencia contra los niños en esos días. Una mención a Moby Dick en medio de la serie me empujo a continuar leyendo. 

+ Shōwa Genroku Rakugo Shinjū: Un drama sobre el Rakugo, los cuenteros tradicionales japoneses. Inusual e interesante. 

+ Aku no hana (las flores del mal): Una historia retorcida inspirada en el libro de Baudelaire. Ahí mas o menor. 

+ Evangelion! La cuarta película salió por fin, dando fin a la serie después de más de veinte años. Contra todos los pronósticos, bien terminada. Además, el final dio pie a un documental sobre el director. Genial. 

viernes, febrero 05, 2021

Investigadores privilegiados

 Hola blog, 

Hoy llegó un correo desde la Cancillería invitando a participar en un estudio. Ya en el pasado me había molestado porque el ministerio prestara su lista de correos de colombianos en el exterior para asuntos diferentes a los específicamente consulares—en su momento, el difunto ex-ministro Trujillo uso esta lista para promocionarse. En esta ocasión, por tratarse de una investigación, podría pensarse que el fin justifica los medios. Pero, me pregunto:

+ ¿Podemos los investigadores colombianos pedirle a la Cancillería que nos deje usar su lista de correo para hacer nuestras propias encuestas? 

+ ¿Por qué comisionan a una universidad extranjera para hacer algo que bien se puede hacer en Colombia? 

Mentiría si dijera que quiero saber porqué se hacen las cosas de esta manera. Seguro que solo aumentaría la desilusión. 









jueves, diciembre 31, 2020

Lecturas del 2020

 


Dicen los optimistas que los desastres son oportunidades, pero no aclaran que no lo son solo para las buenas intenciones. Las malas lenguas aseguran que el desorden lo aprovechan algunos para saldar cuentas pendientes. Hace ya casi diez años, algunas de las personas que entrevisté después del tsunami mencionaron el rumor de que la yakuza había estado matando rivales, para tirarlos luego entre los escombros. Revolcados en el lodo, entre otros tantos miles, ¿quién iba a notar la diferencia?. Que parezca un accidente, como decían los malos de las películas de mi niñez—¿todavía dicen así? 

Pues este año tan nefasto casi no pude leer y es toda su culpa. El cadaver de las horas perdidas es nada en medio de los millones de vidas perdidas. Nadie se va a extrañar porque no se haya cumplido una meta o por haber abandonado algún plan.  Al contrario: el menor logro es motivo de celebración. Sobrevivir es suficiente para darse por bien servido. 

Sin embargo, en el fondo queda la sospecha de que el desastre es una excusa, que pudo haberse hecho mucho más.

Si mal no recuerdo, empecé con el pie izquierdo, intentado un libro en japonés que no me cogió, que no iba entendiendo, y que dejé tirado. Me preocupa porque ya después no leí nada más en japonés este año. Estaba leyendo en el iPad porque el diccionario del Kindle no es tan bueno, pero leer por la noche de la pantalla me estaba dañando el sueño—por casi dos meses tuve que tomar medicación para pode dormir. He estado pensando en comprar un Kindle para leer en japonés, pero me parece un gasto innecesario... Aunque creo que en últimas tendré que hacerlo ahora que el prospecto de vivir en otro país se ve tan lejano. 

Por un comentario de @SaninPazC había comprado dos libro de Tomas González. Empecé con La Luz Difícil, que se termina en dos sentadas, y varios meses después leí La historia de Horacio, la cual necesita más sentadas, pero no muchas más. Ambos libros estuvieron muy bien. Divertidos pero a la vez trascendentales. Una pena que los libros en español tiendan a ser tan cortos. ¿Por qué será? Me preocupó un poco que a pesar de la distancia entre los dos libros, sentí que ambos libros fueron el mismo: la historia de alguien que se muere. Quiero leer algo más para salir de la duda. Recibo recomendaciones. 

Una prima me recomendó Los Ríos Profundos de José María Arguedas, un autor peruano con raíces indígenas que narra las desventuras de las sociedades mestizas que quedaron en el país. No me llama la atención la literatura de esa época y de esa temática, no sé por qué.  Tal vez no he dado con el autor adecuado—en 2016 leí Todo se desmorona de Chinua Achebe, quien hace algo similar para el caso de Nigeria de una manera magistral. No estuvo mal, pero tampoco lo recomiendo. 

Gracias a un trino de @Graograman había dejado comprado Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez. Este libro fue quizás el hit del año. Llevaba muchos, muchos años sin leer un libro de historias de terror, lo que solía hacer con avidez durante la adolescencia. Aunque no recuerdo mucho de esos tiempos, en los cuales brilló Poe y Lovecraft, esta colección no tiene nada que envidiarles. Claro que lo mejor fue haber dejado el libro tirado por mucho tiempo y olvidar de qué se trataba. Así el golpe del primer cuento fue más fuerte. Reconozco que al final ya se iba poniendo repetitivo, pero creo que es algo común en el género. En todo caso, muy agradecido con Humberto—seguiré comprando compulsivamente sus recomendaciones.



Otra recomendación que llegó por Twitter, esta vez de @mkal121 . fuel Las muertas de Jorge Ibargüengotia. El trino original alababa el autor y la obra por la calidad de su humor, lo cual no es tan fácil de lograr en la literatura, me parece. Por ello le hinqué el diente y, aunque estuvo muy bueno, no encontré el libro gracioso. Si de humor se trata, Tomás González me sacó más carcajadas. En su lugar, lo negro de la historia de Las muertas de un burdel en México me recordó de alguna manera la literatura de Roberto Bolaño. Recomendado, aunque no es fácil de conseguir. 

El 2018 y 2017 fueron años de excelente ciencia ficción, así que con el hueco del 2019 estaba con ganas de más. La Trilogía de la Tierra Fragmentada de N.K. Jemisin recibió premios por cada uno de sus volúmenes así que prometía. Se trata de unos seres con el poder de controlar los terremotos en un planeta imaginario, quienes son pseudo esclavizados por el resto de la humanidad porque sus poderes son necesarios pero peligrosos—cada cierto tiempo provocan estaciones, que son largos periodos de actividad volcánica en la que la vida sobre la faz del planeta peligra con extinguirse. Son más de mil páginas, sin duda bien escritas, pero no están al nivel de la trilogía Cixin Liu o Ted Chiang. A propósito: ya tengo en mis manos la traducción de Exhalación y es de lo primerito que leeré en el 2021. 

El estimadísimo @agaviriau siempre menciona Fahrenheit 451 de Ray Bradbury pero no lo había leído. Me lo topé baratísimo en español en Amazon Japan, así que aproveché y lo compré. El mundo sin libros pero con más televisión y drogas es de verdad escalofriante, de alguna manera parecido a lo que tenemos hoy. sin embargo, la historia no es redonda y, por razones que no se explicar, el libro me hizo pensar en los miedos de los papás cuando lo veían a uno pegado al computador o al nintendo todo el fin de semana. Creo que las distopias del futuro cercano van a tener otra forma, aunque Farenheit 451 seguirá siendo un referente. 

Un compañero del trabajo le gusta la ciencia ficción y me recomendó leer Cuna de Gato de Kurt Vonnegut. Un libro muy loco sobre... ¿la bomba atómica? ¿El fin del mundo? Estuvo entretenido y fácil de leer. Seguramente leeré el otro libro famoso del señor. 

Por último, al fin leí Corea: Apuntes desde la cuerda floja de Andrés Felipe Solano, que @apelaez1 había recomendado hace rato y el cual me causaba curiosidad por la cercanía.  Me pareció bien escrito e interesante, sin los manierismos propios de la literatura de viajes. Sin embargo, me pasó una cosa súper extraña: me chocó enormemente que Andrés Felipe fume copiosamente. Me pregunto si comprando otro de sus libros esté pagándole el vicio, así que creo que no lo haré. Me estoy poniendo viejito. 

Este año leí más no-ficción en el tiempo para la literatura. Leí la famosa historia del cáncer que llevaba años en el estante, así como un par de libros sobre el Antropoceno, y un libro sobre la ética de los riesgos existenciales. También hubo algo sobre el declive de occidente y As if de Kwane Anthony Appiah. No todo tan bueno, pero eso queda para otra ocasión. 

¿Qué traerá el 2021? En el Shintoismo cada año las personas que cumplen cierta edad se les pronostica un destino peligroso, de cambios bruscos. Para mí, es este año que entra. Así que el pronóstico es reservado. O por los menos tendré otro desastre que culpar. 

Les deseo todo lo mejor para el 2021. Abrazos. 

martes, diciembre 31, 2019

Lecturas del 2019


Hola, blog, un año sin vernos. A veces me haces falta, pero nunca lo suficiente para pasar más a menudo. ¿Por qué será? No es que falten cosas que escribir. Sería muy triste que todo lo que quede por decir se pueda abreviar en un trino o dos. ¿Las ocupaciones? Puede ser, pero suena a disculpa barata. Desde que algo esté en los planes, siempre se puede encontrar el tiempo para hacer las cosas. Entonces tal vez sea eso, falta de un plan. Y por ahora el único plan es comentar los lecturas de cada año, lo cual hago por décima vez este año. ¡Diez años! Suena a mucho tiempo. Tal vez eso ameritaría una entrada sobre lo que pasó en esta década de lecturas... Que sea un plan. 

Por lo pronto, este no fue un buen año de lecturas en cantidad debido a un suceso inesperado. La  calidad no estuvo mal, pero estuvo muy por debajo de los año anteriores. El primer libro fue "Los versos satánicos" de Salman Rushdie, famoso por la reacción de los radicales islamistas, quienes al sol de hoy tienen amenazado al autor.¿La razón? El libro cuenta una historia del profeta de una manera terrenal y blasfema, sugiriendo que el libro sagrado no es palabra de Dios sino parte del monólogo interno de un humano. Para alguien que ya ha superado los tabúes religiosos, la iconoclasia no tiene mayor atractivo y más bien sirvió para conocer algo sobre el Corán, del cual no sabía nada. La otra mitad del libro es una parodia sobre el trato de los inmigrantes indios en Inglaterra, la cual es entretenida. En suma, nada sobresaliente. 

Tal vez lo más destacado del año fue "Patria" de Fernando Aramburu, una recomendación de @sandraborda que tenía hace rato en la pila. Es la historia de dos familias separadas por el terrorismo de ETA en España. El libro está magistralmente escrito, en una prosa clara y directa. Los capítulos son cortísimos, alternando las perspectivas de los distintos miembros de la familia, lo que le da al libro una agilidad muy apropiada para los problemas de atención que hoy nos aquejan. Las historias van mucho más allá del problema político, incluyendo varios dramas humanos que nos unen a todos a pesar de todo. Este fue el libro del año también para "The Economist". Una joya. 



La siguiente novela fue un muy cercano segundo puesto. "Breve historia de siete asesinatos" de Martin James cuenta los sucesos al rededor del intento de asesinato que sufrió Bob Marley en 1976. Es una historia ultra-violenta, llena de drogas y reggae en los barrios bajos de Kingston. La novela cambió de manera radical la imagen que tenía del mundo del reggae, el cual siempre había tenido un halo de paz y amor, que no aparecen en la novela por ningún lado. Al contrario, traquetismo y pobreza del tercer mundo es lo único que se respira en la Jamaica de James, con la sombra de los Estados Unidos siempre presente.  Súper recomendado. 


Luego leí la colección de cuentos de misterio (?) de Carmen María Machado, que venía muy recomendada y, por lo mismo, no sobrevivió a las expectativas. ¿Será la traducción? No lo sabré. Desde hace años decidí leer literatura en español tanto como sea posible, para contribuir en algo a la subsistencia de las editoriales y los traductores. El caso es que las historias no me llegaron y lo acabé a la fuerza. @infrahumano sostiene que es muy bueno y que la nueva novela de la autora está buena también, así que no me crean. 


La vegetariana es una historia super retorcida de una señora que, en reacción a los problemas de la vida, se va resistiendo a la existencia, empezando por la carne. El libro está dividido en tres partes que corresponden a las voces de tres personajes que presencian y ayudan en el hundimiento de la señora hasta sus últimas consecuencias. Un libro corto y raro, pero vale la pena echarle el diente. 

Por último, el primer semestre del año cerró con La Pastoral Americana, comprada por impulso después de la muerte del autor. Cuenta los padecimientos de un exitoso comerciante en el noreste de los Estados Unidos, destruido en su interior porque su hija se descarrió y se volvió prófuga de la justicia. No me conecté con el tema y me costó un montón acabar la novela. Creo que con esta tengo suficiente de "novelas americanas" por varios años. 



En japonés terminé un libro de micro cuentos que llevaba atrasado un montón de tiempo, Tangeki de Tsukasa Sakaki, del cuál ya no recuerdo nada. Lo otro que leí fue La exactitud del dios muerte de Kotaro Isaka. Este es un autor del que ya había leído una colección de cuentos entretenida, y este venía recomendado por la esposa. Los dioses de la muerte son unos burócratas a quienes mandan por máximo una semana a verificar que las personas destinadas a morir a destiempo en realidad merecen tal final. Los mandan a la tierra sin mayor información, por lo cual no tienen mayor interés en hacer su trabajo, y en tanto pueden se van a escuchar música, lo que les fascina. Sin embargo, este dios de la muerte, Mr. Chiba, se toma en serio su trabajo e intenta hasta el final darle una oportunidad a los desgraciados que le son encargados. Sin muchas pretensiones, estuvo divertido. 

Entonces, sucedió. Los niños fueron en el verano a visitar a los abuelos y, preocupados por los largos tiempos de vuelo, decidimos regalarles la Odisea de Mario para que se entretuvieran. Una vez volvieron, como era de esperarse pero no había previsto, empecé a ayudarles en tanto que la dificultad del juego superaba sus capacidades. De a poco empecé a jugar por mi cuenta y quedé enganchado. Hacía rato que no jugaba un video juego con dedicación y lo encontré divertido y nostálgico. Tener barra además lo hacía entretenido—hace poco @RobertoAnguloS comentaba algo al respecto—y los acertijos tenían su encanto. 

Sin embargo, luego me regalaron "The Legend of Zelda: Breath of the Wild" y eso ha sido alucinante. Algunos consideran que este es el mejor juego de video de la historia y no es una exageración. Es difícil de explicar. Es un mundo abierto en el que gradualmente uno se va haciendo más fuerte y aprende a usar diferentes elementos del juego para lograr vencer adversarios y acertijos cada vez más complicados. La implementación es impecable y la inmersión es total. Al sol de hoy llevo más de 100 horas de juego y no me extrañaría que ese número se doblara. Las personas de mi generación somos los primeros adultos en tener tal relación con los video juegos, lo cuál lo hace sentir a uno inseguro—¿estoy botando el tiempo? ¿es esto inmadurez?—pero quiero pensar que va a ser algo normal de aquí en adelante. 


Por lo demás, no leí mangas este año. En su lugar estuvo el apoteósico final the Juego de Tronos. Además, vimos Breaking Bad, la cual es una obra maestra. Los juegos de mesa se fueron quedando a un lado porque la esposa volvió a trabajar y ya no tiene tiempo ni fuerzas para jugar. Sin embargo, no me doy por vencido. Ahora que los niños se van haciendo más grandes puede que se vengan nuevas oportunidades. 

Ahora que lo resumo, no estuvo tan mal el año. La diversidad hay que abrazarla y agradecerla. Para el 2020 no tengo planes literarios específicos pero, como dije al principio, debería. ¿Qué me invento? Por lo pronto desearles todo lo mejor para este año que ya comienza. Un abrazo. 

lunes, diciembre 31, 2018

Lecturas del 2018



El 2018 no pintaba muy bien para las lecturas. La búsqueda de un nuevo trabajo había entrado en toda potencia, con todas sus engorrosas consecuencias: revisar periódicamente las listas de convocatorias, preparar papeles, pedir cartas de recomendación, imprimir y enviar sobres, en fin. Por otro lado, los niños crecen sin compasión y empiezan a exigir más tiempo; de hecho, según investigaciones locales, para cuando terminan la primaria ya ha pasado más del 50% del tiempo que pasaremos juntos en nuestra existencia—duro, ¿no? Es así que entramos a la época más intensa de paternidad: parques, museos, presentaciones, tareas, juegos por las noches y su interés por cualquier cosa que papá esté haciendo. El año pasado también le había puesto más "juicio" a los juegos de mesa, aunque este resultó no ser un factor importante para no leer este año por dos razones: la búsqueda de trabajo afectó los juegos más severamente y, de aún mayor importancia, H perdió algo de interés, sobretodo por los juegos complicados. Además, el 2017 había dejado el estándar muy alto tanto en calidad como en cantidad, empezando por Elena Ferrante y su magnífica tetralogía. 

Sin embargo, el año estuvo mucho mejor de lo esperado. El comienzo no fue del todo promisorio, pues estuve enredado por varios meses con El Idiota de Dostoyevski (pun intended). Es la historia de un joven miembro de la aristocracia rusa, caído en desgracia por una enfermedad nerviosa que lo llevó fuera del país y consumió su fortuna. Vuelve el príncipe a su terruño y se encuentra con que su sensibilidad está fuera de sintonía con la sociedad y es objeto de burlas y maltratos; poco a poco recupera su estatus, solo para verse enredado en un macabro triángulo amoroso. El libro me gustó, aunque el estilo empieza a sentirse repetitivo: cada sección suele centrarse en una reunión a la que se van sumando más y más personajes y termina con un climax bochornoso. Dostoyevski logra capturar la esencia de la idiotez y me arrancó carcajadas, lo cual fue valioso y asombroso a la vez. El libro fue mejor que Los Demonios, así que se ubica segundo después de los Hermanos Karamazov entre los grandes mamotretos del autor. Aún así, me tomó tiempo avanzar, quizá por la lentitud de la historia y algo en la prosa que no me atrapó, por lo que casi seis meses se fueron en él. No quedé con ganas de leer en 2019 Crimen y Castigo para acabar con sus grandes novelas y, peor aún, me enteré de que hay una quinta obra de largo aliento de Dostoyevski con la que no contaba—El Adolescente—lo que me quitó el incentivo de la completitud. Por lo pronto, no he comprado ninguno de los dos. 

Luego siguieron un par de novedades colombianas que venían muy recomendadas: La Perra de Pilar Quintana y Lo que no aprendí de Margarita García Robayo. Las dos están bien escritas y estructuradas, y sus historias funcionan. De todas maneras, sigo teniendo el mismo problema expresado en años anteriores: los temas de las novelas colombianas me tienen sin cuidado y su corta extensión me parece problemática. No son cuentos, pero para mí tampoco se sienten como novelas. Igual seguiré leyendo las novedades como una de las pocas cosas que hago como colombiano. 

En el mismo sentido, hace muchos años me prestaron La novia oscura de Laura Restrepo, la cuál me había dado pereza coger porque Delirio, de la misma autora, no me gustó. Para peor, las tetas en la portada no ayudan a leerlo en los trenes. Me decidí a devolverlo, así que le puse la cubierta del libro de García Robayo y por fin logré acabarlo. Este es un libro más ambicioso que los dos anteriores, aunque el tema es de lo más escabroso: la vida de una misteriosa prostituta de pozo petrolero en épocas de explotación extranjera y violencia. La caricatura grotesca funciona para presentar problemáticas sociales que puede que tengan aún vigencia—o al menos merezcan ser recordados—pero es tan abigarrado el retrato que cansa. La historia de amor que conecta las páginas no estuvo mal. En conclusión, mejoró un poco el concepto que tenía de Restrepo.

También tuve tiempo de agarrar el segundo libro de la trilogía africana de Chinua Achebe: Me alegraría de otra muerte. Cuenta la historia de un joven nigeriano educado en Inglaterra gracias al apoyo de su tribu, quien vuelve al país lleno de ideas progresistas y justicieras sólo para caer de nuevo en las garras de la cruda realidad. A pesar de ser corta como las novedades colombianas, se sintió sólida y satisfactoria. Me hace pensar que el problema que tengo con la literatura colombiana es de otra índole. Espero en el futuro, con más años de reseñas, psicoanalizarme mejor.

El gran acontecimiento del año fue la Trilogía de los Tres Cuerpos de Cixin Liu. Esta fue una recomendación del año pasado por Tyler Cowen del blog Marginal Revolution la cual, por estar disponible en español para el Kindle, compré por impulso, todo lo cual agradezco enormemente. Los libros narran como la tierra entra en contacto con una sociedad extraterrestre tecnológicamente más avanzada pero en una situación precaria, junto a la cual la humanidad desarrolla todo su potencial hasta llevarlo a los confines espacio-temporales del universo. Los libros son apasionantes, de ritmo rápido y llenos de sorpresas. El último tomo es innecesariamente largo para mi gusto, pero la historia es redonda y fascinante. Súper recomendada para todos los públicos, no solo a quienes les gusta la ciencia ficción. El trasfondo de China como centro del mundo es de cierta forma refrescante. 



Se suponía que este año iba a leer más literatura en japonés por aquello de que muy posiblemente iba a tener que empezar a enseñar en ese idioma, pero esto se quedó en intenciones pues solo se colaron dos libros: Las Amigas de la Esposa de Mariko Koike y El Festival del Fondo del Lago de Tsumao Awasaka. Eso sí, los dos libros excelentes. El primero es una colección de cuentos alrededor de las vidas de las mujeres, con un aire de Munro, con un toque negro, detectivesco. Hay una historia en particular, "La caída", que empieza con un suicidio muy bien logrado. 



El segundo es una novela quasi-erótica a cuatro voces con un trasfondo social que, ahora que lo pienso, se parece en algo al de Laura Restrepo: la construcción de una represa, la oposición de la comunidad que desaparecerá con sus tradiciones, y las tácticas de la constructora para avanzar con los planes. No es una obra muy conocida pero a mí se me hizo una joya. De sólo acordarme me dan unos agradables escalofríos. Lamentablemente, creo que no existen traducciones. 


En las vacaciones de verano, mientras esperábamos para entrar al cine, le compramos a K el primer volumen de Dragon Ball para entretener el rato, y de ahí hasta hoy no ha habido pausa. No lo podía dejar leer solo, así que he ido siguiendole el paso, aunque ya veo que en cuestión de nada me dejará tirado. Tarde recordé de que la historia tiene sus momento morbosos, pero creo que K los ignora y no pide explicaciones. En el tomo 17 pasa del Dragon Ball clásico al Z, el cuál parece que no le ha interesado tanto. En un año sabremos si terminamos con los 42 tomos—¡y si empezamos otros!


Para cerrar, este año no leí mucha no-ficción no relacionada con el trabajo (creo que estaría bien inventar un acrónimo para este género). Empecé un par de libros pero no reseño libros sin terminar. La mención de honor va para Ghosts of the Tsunami de Richard Lloyd Parry, un libro sobre la única escuela primaria en Japón que erró en la evacuación después del terremoto de 2011 con sus fatídicas consecuencias. El libro fue escogido el mejor del año pasado por The Economist, lo cual es muy merecido. El autor ha vivido por mucho tiempo en Japón y logra esquivar todos los lugares comunes y retrata de manera franca los sufrimientos de las familias que perdieron sus hijos en la catástrofe. El libro me sacaba lágrimas cada vez que lo abría, así que pensé que no lo terminaría. Valió la pena perseverar. 


Paradójicamente, el 2019 está lleno de incertidumbre en cuanto a lecturas. Por fortuna conseguí un trabajo que parece estable, pero ahora que vivimos en provincia, ya no cuento con el tiempo en el transporte público para leer. Ojalá no tome mucho tiempo crear nuevos hábitos de lectura. Desde abril empiezo a enseñar en japonés, así que ahora sí toca ponerle toda la fuerza al idioma, pero preveo que el tiempo se irá en libros técnicos. La pila tiene varias cosas atractivas, pero las ganas de seguir haciendo descubrimientos no cesa. Tengo muchas ganas de leer el libro de cuentos Su Cuerpo y Otras Fiestas de Carmen María Machado. Por otro lado, me quedé con las ganas de volver a escribir—algún día o tal vez nunca. 

Que el 2019 esté lleno de buenas noticias y que se lo puedan disfrutar al máximo.